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jueves, 17 de noviembre de 2016

De 2016 a 1984: Reino Unido aprueba nueva ley de vigilancia “extrema” de internet

vigilancia
El gobierno del Reino Unido ha aprobado nuevos poderes de vigilancia que opositores han tachado de “peligrosos” y “terroríficos”, indica Zack Whittaker, del sitio web ZDNet.
La nueva ley fue presentada en mayo de 2012 por la entonces secretaria de Interior Theresa May y sobrevivió a dos intentos previos de ratificación por numerosos conflictos con la anterior coalición gobernante. Cuatro años más tarde, con May ejerciendo el cargo de primera ministra, ambas cámaras del parlamento dieron luz verde al proyecto.

Organizaciones promotoras de libertades civiles han criticado el libelo, argumentando que a partir de ahora el gobierno podrá “registrar todo lo que hacemos en internet”.
La ley obliga a los proveedores de internet a grabar cada año el historial de sus clientes en tiempo real, poniendo la información a disposición de numerosas reparticiones del Estado. También concede un poder a las agencias de inteligencia para hackear computadores y aparatos electrónicos de ciudadanos, exceptuando a periodistas y otros profesionales, que contarán con protecciones marginales.
Según el director de Open Rights Group, Jim Killock, se trata de la iniciativa “de vigilancia más extrema que haya sido aprobada en democracia”, lo que generó incluso el rechazo de representantes de Naciones Unidas y empresas privadas.
Hay, eso sí, algunas garantías, ya un actor judicial independiente deberá autorizar expresamente los registros, cuyo uso estará fiscalizado por un comisionado especial de investigaciones.
El gobierno ha dicho insistentemente que la ley no es nueva sino una mera actualización de la antigua Regulation of Investigatory Powers Act (RIPA), revelada durante el escándalo de Edward Snowden, que permitía intervenir las redes.
El Ciudadano

viernes, 5 de agosto de 2016

Clint Eastwood toma partido por Donald Trump


No es ninguna novedad que Clint Eastwood es un firme defensor del Partido Republicano. En anteriores ocasiones, el cineasta ha salido a la palestra para apoyar a los candidatos republicanos en su carrera hacia la Casa Blanca… y, a pesar de sus peculiaridades, Donald Trump no ha sido una excepción.
El actor y director lo tiene muy claro: “Trump dice lo que piensa. A veces no es bueno, a veces no estoy de acuerdo con él. Ha dicho muchas cosas, pero la prensa a menudo le presenta como un monstruo sin razón. Si tengo que elegir entre él y Clinton, yo prefiero a Trump. ¿Por qué? Porque Clinton afirmó que seguiría el rumbo político de Obama”, ha afirmado en una entrevista a la revista Esquire.
En el encuentro con la publicación junto a su hijo Scott Eastwood, el veterano actor anima a los votantes estadounidenses a no quedarse con las “tonterías” que dice el magnate y a ‘superar’ los comentarios racistas de Trump. “En secreto, todo el mundo se está aburriendo de la corrección política, de hacer la pelota. Esa generación pelota es en la que estamos ahora”, declara.
“Vemos a gente acusar a otra de ser racista y todas esas cosas. Cuando yo crecí, todas esas cosas no se llamaban racistas. Y cuando hice Gran Torino, incluso mi socio me dijo ‘Es un guion realmente genial, pero es políticamente incorrecto’. Y yo dije ‘Genial, déjame leerlo esta noche’. A la mañana siguiente, llegué y lo tiré sobre su escritorio. ‘Empecemos esto inmediatamente’ le dije”.
Según Eastwood, “vivimos en una generación de maricas”, que define como aquella en la que “la gente dice ‘no puedes hacer esto, no puedes decir eso’. Supongo que son los tiempos”, añade el actor. Sobre su opinión acerca de Donald Trump, señala que “solo dice lo que piensa. Y a veces no es tan bueno. Quiero decir, puedo entender de donde viene, pero no siempre estoy de acuerdo”.
Eastwood asegura que no le apoya, ni a él ni a nadie. “No he hablado con él. No he hablado con nadie”, asegura. “Ahora, él es no racista por hacer esas valoraciones. Y sí, son tonterías. Quiero decir, predica su opinión sobre el hecho de que un hombre tiene padres mexicanos o algo así. Él dice un montón de tonterías. También lo ha hecho el resto. Ambos bandos. Pero todo el mundo, sobre todo la prensa, está como ‘Oh, bueno, eso es racista’, y le están trayendo mala suerte. Sólo superadlo. Es un momento triste en la historia”, apunta.
A pesar de las “tonterías” y las continuas salidas de tono del magnate, Eastwood, entre elegir a Hillary Clinton y Truimp en las próximas elecciones presidenciales, el actor se decantará por el polémico político republicano. “Tendría que ir a por Trump, porque ella ha declarado que seguirá los pasos de Obama. Ha sido un buen negocio demasiado para ambos lados. Ella ha conseguido mucha pasta siendo política. Estoy seguro de que Ronald Reagan renunció al dinero para ser político”, declara.
Durante la entrevista, el actor y director también fue preguntado que si tuviera que escribir un discurso para las elecciones, qué diría. “Ya basta. Dejadlo todo ya. Todas esas personas están aburriendo a todo el mundo”, señala Eastwood. “Chesty Puller, un general de la Marina, dijo una vez ‘Puedes huir de mí, puedes matarme de hambre, puedes vencerme, y puedes matarme, pero no me aburras.’ Y eso es exactamente lo que está pasando ahora: todo el mundo aburre a todo el mundo. Es aburrido escuchar toda esa mierda. Es aburrido escuchar a esos candidatos”, sentencia el actor.
Público

lunes, 15 de febrero de 2016

Como en la novela ‘1984’: Televisores inteligentes de Samsung espían a sus clientes

Por RT
Los propietarios de ‘Smart TV’ de Samsung deberán medir sus palabras en su propia casa si no quiere revelar información personal.
La política de privacidad de la compañía Samsung respecto a la tecnología Smart TV advierte que sus aparatos de televisión ‘escuchan’ cada palabra de los clientes y aconseja que los usuarios no hablen sobre información personal o condifencial cerca de sus televisores.
“Tenga en cuenta que si sus palabras incluyen información personal o confidencial, esa información estará entre los datos capturados y serán transmitidos a una tercera parte a través de la función de reconocimiento de voz (Voice Recognition, en inglés)”, reza la política de privacidad de la compañía sobre sus televisores inteligentes.
“Aunque Samsung no graba sus palabras pronunciadas, puede recopilar textos asociados y otros datos”, explica la compañía, que aclara que los usará “para poder evaluar el desempeño de la función y mejorarla”.
En definitiva, los propietarios de ‘Smart TV’ de Samsung deben medir lo que dicen en sus propias casas.
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miércoles, 15 de abril de 2015

Escalofriantes ilustraciones para una nueva edición de “1984″, de George Orwell

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Después de las revelaciones de Snowden, las ventas del clásico de Orwell se catapultaron: la relevancia actual de este texto es indiscutible.
Control, vigilancia, represión, espionaje ciudadano, autoritarismo, programación social son algunas de las palabras claves del clásico de George Orwell, que parece volverse más relevante cada día que pasa.
En el prólogo de la nueva edición de 1984, el editor del diario The Guardian, Alan Rusbridger, quien superviso la publicación de los archivos del NSA filtrados por Snowden, traza las líneas paralelas que conectan la novela de Orwell con la actualidad:
Mientras el impacto de las revelaciones de Snowden empezaba a ser asimilado, muchas personas hicieron la misma conexión, y Amazon anunció un dramático incremento en las ventas de 1984. Para algunos, el analista del NSA había revelado un mundo que era casi orwelliano; otros consideraban que había descrito un estado de la realidad que Orwell apenas podría haber imaginado.
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Las ilustraciones, a cargo de Johnatan Burton, son parte de esta nueva edición realizada por The Folio Society con la introducción de Rusbridger. Burton explica su visión del personaje Winston Smith:
Él quiere experimentar la vida y seguir sus instintos así que hay un pequeño brillo de esperanza en su amor ilegal con Julia. Está dispuesto a arriesgarlo todo para poder sentir algo real. Esto es lo que tomo del libro. Él es un hombre físicamente débil resistiendo a toda costa una sociedad donde el amor, la individualidad y la libertad de expresión están prohibidos.

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viernes, 5 de septiembre de 2014

Orwell sólo se equivocó en la fecha

Resulta irónico y a la vez sumamente inquietante, cuando uno observa cómo es el mundo que nos rodea, las similitudes que éste guarda con la distopía descrita por George Orwell en su novela 1984, texto que fue editado a finales de la década de los cuarenta.
Dando muestras de una gran intuición histórica, y tomando como argumentos hechos que por aquel entonces ya empezaban a aparecer en la sociedad (uniformidad de la información, vigilancia tendente a la omnipresencia, etcétera), el escritor británico aventura en esta novela cómo sería el mundo en el por entonces lejano año 1984 si el totalitarismo incipiente que desde principios del siglo XX asoló Alemania, la antigua Unión Soviética, Italia o España, por citar algunos ejemplos, continuase su desarrollo y expansión hasta dicha fecha. Pues bien; como decíamos al principio, es imposible evitar sentir cierto estupor al comprobar que veintitrés años más tarde del momento previsto, muchos de los horrores sociales que Orwell apuntó en su novela se implementan a marchas forzadas con el beneplácito, la pasividad o la ignorancia de demasiada gente.
Veamos algunos ejemplos de lo mencionado: en el mundo descrito en la novela, concretamente en uno de los tres Estados que gobiernan el planeta entero (donde vive el protagonista de la obra, Winston Smith), existen cuatro ministerios cuyo cometido consiste, precisamente, en manejar a toda la sociedad asegurándose la perpetuidad del sistema. Estos ministerios son los siguientes: el Ministerio de la Abundancia, encargado de cuestiones económicas y de hacer creer a la población que están pasando por una período de riqueza cuando en realidad viven con los recursos mínimos; el Ministerio de la Paz, encargado de mantener una situación de guerra constante a nivel mundial, asegurándose así de que siempre habrá un enemigo de la patria al que demonizar para que el pueblo descargue su ira contra éste y no contra quienes debería: los explotadores; el Ministerio del Amor, que se ocupa de ejercer una feroz represión contra todo elemento subversivo o bajo sospecha de serlo; y por último, el Ministerio de la Verdad, que tergiversa (cuando no miente directamente) todo lo necesario para ajustar la realidad a los designios del Estado, y que obviamente controla todo lo que se publica.
Ciertamente hoy en día no existen ministerios con tales nombres, puesto que sería algo demasiado descarado y facilitarían la labor de desenmascarar al Estado como torturador, asesino y mentiroso, pero sí que podemos afirmar tajantemente que existen organismos que cumplen funciones tremendamente similares a las de las instituciones de la novela.
Así pues, cuando empiezan a surgir las primeras voces que avisan de una posible debacle económica tras la crisis del petróleo y la crisis inmobiliaria que se avecina, los órganos y los sindicatos oficiales se apresuran a desmentirlo, asegurando que todo está controlado (“atado y bien atado”, dirían otros) y que no hay nada que temer, puesto que atravesamos un período de prosperidad eterna dulcemente dormidos sobre un lecho peligroso, el Estado del bienestar que tantas conciencias ha narcotizado. Por otra parte, atravesamos una situación de belicismo ininterrumpido a nivel global desde que comenzó la II Guerra Mundial, aunque ahora se nos dice que los ejércitos intervienen en “misiones de paz”, o peor aún, de supuesta liberación. ¿Qué paz hay en Afganistán? ¿Qué liberación proporcionó al pueblo de Oriente Medio la Guerra del Golfo? ¿Y la de Iraq?
¡Y qué decir de la represión! Mucha gente desconoce que en las cárceles se tortura y se mata, cuando no se empuja a los reos al suicidio después de hacerles soportar situaciones inhumanas, de igual modo que demasiadas personas están seguras de que quien ingresa en prisión, o quien es detenido por la policía, es porque se lo merece, porque “algo habrá hecho”. A nadie se le ocurre ya pensar que la policía, las cárceles y el ejército no son más que defensores de la tiranía del Estado y de la burguesía, y que no le hacen ningún bien al pueblo trabajador, porque eso son planteamientos desfasados y decimonónicos, según aseguran los políticos izquierdistas.
Abordemos ahora la cuestión informativa; el poder, o mejor dicho, quienes lo detentan, son personas viles y amorales pero no estúpidas, y aprenden de los errores de sus predecesores, perfeccionándose cada vez más. De este modo, no se presenta ante nosotros una Verdad unívoca de manera clara, como en el ministerio orwelliano, sino que ésta aparece soterrada bajo una aparente disyuntiva derechas-izquierdas, cuyos adalides son la COPE, La Razón o El Mundo por un lado, y El País, la SER o el canal Cuatro por el otro.
Así, el poder se ha provisto de una aparente imagen de pluralidad que le lava la cara ante la opinión pública, cuando en realidad cualquiera de los medios arriba mencionados son defensores de una misma cosa: el injusto orden establecido. No resulta extraño por consiguiente que cuando una noticia relacionada con quienes nos oponemos no sólo a las formas, sino también al fondo de este sistema consigue colarse en los medios informativos más seguidos, éstos dejen a un lado sus aparentes disputas para condenar unánimemente a esos “radicales”, “violentos”, “bárbaros” y un largo etcétera de descalificativos que sirven para evitar contar nada que tenga que ver con la realidad. Lo mismo ocurre cuando la noticia hace referencia a las tremendas contradicciones del capitalismo.
En el caso de las migraciones que se están dando desde África hacia Europa, por ejemplo, se fomenta de manera ladina el odio racial, impulso absurdo e infantil donde los haya, asegurándose así que el pueblo vea en el propio pueblo a su enemigo, de modo que todo el mundo se convenza a sí mismo de la necesidad del Estado y la represión (igual que en 1984, y a diferencia de las dictaduras tradicionales, hoy en día se procura que la gente se convenza a sí misma de aquello que al poder le conviene, en lugar de ocuparse éste de disuadir a las masas mediante la fuerza bruta, que sólo se emplea cuando las sutilezas no son suficiente, pues éstas son mucho más efectivas).
Además, y gracias en buena medida a la cultura del miedo que los medios de comunicación han estado desarrollando e imponiendo durante buena parte del siglo pasado, cada día existen más herramientas a disposición de la autoridad para controlar al individuo. Existen micrófonos diminutos casi imposibles de encontrar y que pueden servir para grabar lo que se dice en un lugar que se pensaba que era seguro, se controla toda la información que fluye por Internet, y rara es la ciudad cuyas calles principales no tienen cámaras que graban todo lo que ocurre las veinticuatro horas del día.
Acompañando a todo esto y complementando lo hasta ahora explicado, Orwell señala en su novela la existencia de la neolengua, un idioma basado en el autóctono pero plagado de eufemismos que poco a poco va desplazando al lenguaje original, y cuya función es imposibilitar el pensamiento rebelde y crítico (sobra decir que el lenguaje y el pensamiento son dos elementos íntimamente unidos, y que uno es reflejo del otro y viceversa). Una vez más observamos que algo parecido está sucediendo a nuestro alrededor, con ejemplos tan esclarecedores como el ya mencionado de que a una invasión se le llame misión de paz, o el hecho de que cuando el Estado comete un crimen a éste se le denomine “daño colateral”, “accidente laboral” o expresiones por el estilo, dependiendo de la situación.
Ante un panorama tan desolador como éste, los anarquistas no podemos contentarnos con volver la mirada hacia otro lado y relacionarnos únicamente entre nosotros, considerando al resto de los oprimidos como idiotas que veneran la autoridad, ya que tamaña irresponsabilidad entraría en conflicto con los pilares de la moral ácrata. Hemos de recuperar el terreno perdido, nuestras ideas-fuerza tienen que volver a estar presentes en las mentes de todos los desheredados, y esto sólo lo podemos conseguir mediante una labor dura y constante de difusión del anarquismo, la cultura libertaria y la acción directa desde la base, una tarea ineludible que posiblemente no será nada agradable en un principio, pero que es necesaria si de verdad deseamos alcanzar la anarquía y ver el fin de la opresión.