Miles de personas asistieron a una manifestación cerca de un edificio de la ONU en Damasco protestando contra el ataque estadounidense a la base aérea de Shairat realizado el viernes pasado, informó un corresponsal de Sputnik que se encuentra en el lugar.
“Llegamos para protestar contra la terrible agresión de EEUU contra Siria; nuestro Ejército lleva seis años luchando contra los terroristas mientras que los países occidentales continúan apoyándolos y pasan por alto la muerte de los sirios”, dijo a Sputnik un manifestante, estudiante de la Universidad de Damasco, Marzen Farhat. La manifestación duró cerca de una hora.
Después en el lugar se quedaron unas decenas de personas gritando consignas antiestadounidenses.
En la madrugada del 7 de abril, EEUU lanzó 59 misiles de crucero Tomahawk desde los buques de guerra emplazados en el Mediterráneo contra la base aérea de Shairat, en la provincia siria de Homs.
El ataque fue una represalia al uso de sustancias tóxicas en la ciudad de Jan Sheijun, provincia de Idlib, del que Washington culpa a Damasco.
El Gobierno de Siria niega toda implicación en el incidente que, según la Organización Mundial de la Salud, causó 84 muertos y 545 intoxicados el 4 de abril.
De momento el ataque químico sigue sin ser investigado, y aunque Washington asegura tener unas pruebas irrebatibles de sus acusaciones, no contestó a la solicitud de Rusia de presentarlas.
El vicecanciller sirio, Faisal Mikdad. Foto: Prensa Latina.
Los grupos armados, Reino Unido, Francia, Turquía y Arabia Saudí están detrás del crimen del ataque químico en la ciudad de Khan Sheikhun, en la provincia de Idleb, afirmó hoy el vicecanciller sirio Faisal Mikdad.
En declaraciones a la prensa divulgadas en Damasco, reiteró que el Gobierno proporcionó informaciones fidedignas sobre la introducción en territorio sirio de sustancias químicas, para almacenarlas y utilizarlas, por parte de la llamada Junta para la Liberación del Levante, liderada por el otrora Frente al Nusra.
“Los grupos armados y sus operadores en Gran Bretaña, Francia, Turquía y Arabia Saudí son los que cometieron este crimen” dijo; y precisó que las discusiones de la conferencia de Bruselas que se celebrarán este miércoles serán para fabricar acusaciones falsas contra Siria.
Mikdad subrayó que el hecho de sacrificar la vida de los civiles sirios de esta forma para lograr objetivos políticos se enmarca en la política barata, refiriéndose así a la declaración del presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, y añadió que “nos ha llamado la atención esa declaración, siendo él quien ha propiciado la muerte de decenas de miles de sirios”.
“Estamos ante una de las ofensivas que han venido repitiéndose durante las últimas semanas y meses”, dijo Mikdad; y agregó que el ejército sirio no tiene armas químicas, y jamás las ha utilizado.
El vicecanciller indicó que Siria ha puesto en marcha todas sus obligaciones y compromisos con la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas y esta última lo ha reconocido.
En ese sentido llamó al enviado especial de la ONU a Siria, Staffan de Mistura, “a ejercer su misión con prudencia y llevar a cabo su papel de intermediario de manera honesta y no ser partidario del terrorismo”.
Estas nuevas acciones contra Siria son provocadas por “la victoria de Alepo y los logros del ejército sirio en las proximidades de Damasco y Hama”, ratificó el vicecanciller.
El neoyorquino Thomas Webber se mudó a Siria hace 41 años para ser profesor de ciencias en un colegio privado. Pese a la guerra civil, no se arrepiente de su elección.
Según los medios estadounidenses, Thomas Webber, de 71 años, podría ser el último ciudadano de Estados Unidos que permanece en Siria, aún en tiempos del sangriento conflicto que, según estimaciones de la ONU, se cobró más de 250.000 vidas el año pasado.
“Me siento más seguro en Damasco que en cualquier ciudad grande de Estados Unidos. Pensarán que estoy loco con este comentario, pero es verdad”, comentó el hombre a ‘La Tercera’. No obstante, Webber no niega la existencia de los peligros que hay en la capital siria. Hace un año quedó atrapado en un fuego cruzado de disparos de cohetes fuera de su casa.
Webber se trasladó a Siria a los 30 años cuando le ofrecieron un puesto de profesor de ciencias en un colegio privado de Damasco y desde entonces se convirtió al islam y se casó con una siria. Ahora tiene tres hijos, 11 nietos y un bisnieto, y da clases de inglés en el colegio Lycée Français Charles de Gaulle.
Contando sobre la vida en Siria, el hombre señala que pese a los desafíos económicos y la inflación, los precios del combustible son bastante bajos y en la ciudad hay muchas frutas frescas y verduras. Sin embargo, agrega que la relativa tranquilidad de Damasco se ha visto afectada en los últimos meses debido a que los partidos opositores abandonaron las negociaciones de paz en Ginebra y ahora sobre la ciudad se ven aviones a diario.
Además, tanto en Damasco como en Alepo ha aumentado el número de atentados con coches bomba. Cada día el hombre revisa su auto y de vez en cuando se asegura de tener una ruta de escape desde su casa.
Durante los días de paz en Siria, Jobar era un populoso municipio de Damasco, pero ahora se ha convertido en una zona completamente devastada por los severos enfrentamientos entre el Ejército del Gobierno oficial y los rebeldes.
Antes de que estallara el conflicto en el país en esta parte de la ciudad vivían unas 300.000 personas, sunitas en su mayoría, que se vieron obligados a abandonarla y trasladarse a la región de Guta, en la parte oriental de la capital.
Jobar albergaba monumentos históricos como la famosa Sinagoga Verde, la más antigua del mundo, o la tumba del profeta Elías. Pero ahora esta zona de importancia estratégica está sumida en el caos. Las calles y las casas están controladas por diferentes grupos islamistas. Al mismo tiempo, pese a los numerosos intensos de las fuerzas gubernamentales de retomar el territorio, la misión es difícil debido a la existencia de una red de pasos subterráneos que permite a los rebeldes refugiarse de los bombardeos.
Los periodistas presentes en los alrededores de Damasco, donde continúan los combates entre los militantes extremistas y el Ejército sirio, destacan que estos recuerdan la gesta de Stalingrado, donde zonas florecientes quedaron reducidas a ruinas y escombros.
El corresponsal de RIA Novosti dio testimonio del difícil avance del Ejército sirio.
Defensores no invitados
La región de Darayya está al suroeste de Damasco y colinda con otra región “desfavorecida”, llamada Maadamiyeh, poblada antes de la guerra civil por musulmanes suníes, hecho que propició que los militantes islamistas ubicasen aquí sus bases.
Los musulmanes suníes resultaron ser un caldo de cultivo para la propaganda contra el presidente Bashar Asad; en estas zonas había muchas personas que simplemente estaban disconformes con la pobreza y el bajo nivel de vida.
No obstante, la mayor parte de los suníes que en algún momento apoyó a los islamistas, huyó al comprender que los militantes no podían ofrecer a la población civil nada constructivo a cambio de una guerra interminable contra las autoridades legítimas y entre ellos.
A “defender” a los suníes locales acudieron de todas partes del mundo, asesinos profesionales, y pronto quedó claro que a los yijadistas les importan poco las relaciones de los suníes y el Gobierno sirio, así como el destino del país.
2.000 militantes en la región de Darayya
Darayya está separada de Damasco por dos kilómetros de tierra incinerada, ruinas y solares yermos que es necesario atravesar rápido para no ser blanco de las balas de los francotiradores o un mortero casual.
En el punto de control del Ejército un oficial revisa meticulosamente los documentos de la prensa. Además del visado especial de periodista se requiere el permiso del Ministerio de Defensa sirio y el Ministerio de Información.
Además, en los documentos debe estar inscrito un traductor profesional acreditado ante estas mismas instituciones, sin cuya compañía a ningún periodista se le permite llegar al frente.
Cuando concluyen todas las formalidades, los periodistas marchan a Darayya, donde tiene lugar la ofensiva de la 4ta División del Ejército sirio y donde el corresponsal de RIA Novosti se encontró con un grupo de oficiales de Irak que visitaron a su sus vecinos con el objetivo de adquirir “experiencias de avanzada” en la lucha contra los terroristas.
Los militares se enfrentan a todo un abanico de organizaciones terroristas, tales como el Frente Al Nusra, filial siria de Al Qaeda, y otras organizaciones menores.
Después de tomar Darayya y Maadamiyeh en 2011 y 2012, estos grupos no se dedicaron a construir el luminoso futuro islamista sino a robar almacenes, casas de la población civil y repartirse las esferas de influencia, pasando bien pronto a las guerras intestinas.
Los militares en esa zona se enfrentan a cerca de 2.000 militantes, pero durante los ataques del Ejército sirio reciben refuerzos, y no solo por tierra, sino por medio de una extensa red de pasos subterráneos.
Maldiciones que inspiran optimismo
En la zona no queda ni un edificio en pie, las calles están cubiertas de escombros, las viviendas bombardeadas se han convertido en barricadas tras las cuales es posible esconderse tanto del enemigo como de los calores.
En las camas sacadas de las casas destruidas, protegidas por los guardianes, descansan tras los combates nocturnos soldados sucios cubiertos de polvo, que llevan días, cuando no semanas, sin ver la retaguardia.
En esa misma calle, un poco más lejos, los blindados esperan la orden de ataque.
Hasta no hace mucho estas posiciones pertenecían a los militantes, sobre las paredes semidestruidas, agujereadas por esquilas y disparos, se pueden apreciar inscripciones en árabe, con maldiciones y amenazas contra el presidente Asad y los militares; en algunos lugares pueden leerse maldiciones contra Rusia.
Sin embargo, estas inscripciones no despiertan miedo sino optimismo en los militares, ya que hasta hace poco estas zonas estaban ocupadas por los militantes y eso significa que la ofensiva en Darayya continúa, lenta pero segura.
Casa a casa, calle a calle, los militares sirios poco a poco van ganándole territorio a los yihadistas.
Gracias a los bombardeos de la aviación rusa las comunicaciones en la retaguardia enemiga se han interrumpido, la base material y el espíritu decaen, lo cual permite el avance de los militares.
Cómo explorar ofendiendo
Periódicamente surgen breves escaramuzas, aunque los combates serios, con lanzagranadas y morteros pueden durar dos o tres horas.
A veces a lo lejos, más allá de la línea del frente, se pueden escuchar explosiones; si se mira cuidadosamente fuera del refugio se puede ver cómo sobre un edificio ocupado por militantes se alza una columna de humo, tras un ataque de un helicóptero del Ejército sirio.
A pesar de que la aviación rusa no participa en los combates de esta zona, los combatientes de la 4ta división muestran un estado de ánimo evidente mejor, ya que sienten el apoyo de Rusia, y la iniciativa ha pasado a mano de las fuerzas gubernamentales.
Durante los momentos de calma los militantes “divierten” a los militares con ofensas que gritan desde sus posiciones.
“No reaccionamos, porque se trata de provocaciones”, explica un oficial, que añade que “si comenzamos a gritar o disparar en respuesta, los militantes sabrán cuáles son nuestras posiciones y nos atacarán con granadas o se nos acercarán bajo tierra”.
Durante los años de guerra los militantes han adquirido experiencia militar, confiesa el oficial.
“Reciben ayuda del exterior, a nuestro país han venido asesinos profesionales de todo el mundo, y aunque ahora la iniciativa, gracias a la aviación rusa, esté del lado del Ejército sirio, no será una victoria fácil”, señala el militar sirio.
Siria vive desde marzo de 2011 un conflicto armado que ha causado más de 250.000 muertos, según estimaciones de la ONU.
Las tropas gubernamentales se enfrentan a distintos grupos armados, entre ellos el EI y el Frente al Nusra, vinculado con Al Qaeda.
A finales de septiembre, Rusia inició una operación aérea contra el EIy realizó hasta el momento 930 vuelos de combate, destruyendo puestos de mando, campos de entrenamiento, arsenales, nudos de comunicación y plantas de explosivos.