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jueves, 2 de marzo de 2017

ESTADOS UNIDOS QUIERE ENVENENAR EL MUNDO

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Existen diversos medios efectivos para controlar a grandes cantidades de población.
Desde el “poder blando”, es decir a través de medios culturales e ideológicos hasta el uso de la fuerza desmedida, utilizando costosos despliegues militares. Dentro de esta escala existe una modalidad basada en el control de la producción y distribución alimentaria que ha afectado a millones de personas en el mundo. En efecto, un puñado de empresas en su mayoría de origen estadounidense, se han encargado del diseño de semillas genéticamente modificadas (o GMO por sus siglas en inglés) que tienen el propósito de limitar la producción de alimentos y acabar con la soberanía alimentaria en regiones como América Latina.
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Para el gobierno de los Estados Unidos es una prioridad estratégica apoyar la investigación de empresas que trabajan con la transformación de los alimentos. La razón fundamental es que esto significa una intervención directa sobre la salud y la dieta de las poblaciones. En otras palabras, es un arma poderosa que silencia a millones de personas en el mundo sin necesidad de utilizar las armas. Como estrategia de superioridad global, las GMO son para las empresas norteamericanas un negocio redondo en la medida en que no sólo producen las semillas modificadas, sino que además venden los “antídotos” contra las plagas. Si un campesino compra las semillas de empresas como Monsanto está obligado a gastar también en los herbicidas e insecticidas de la misma corporación.
El objetivo de empresas como Monsanto, Dupont o Bayer es dirigir un ataque en contra de la cultura y las tradiciones de millones de campesinos. De hecho, para muchas comunidades la semilla es sinónimo de fertilidad, diversidad y multiplicación de la vida. Concepto que ha sido desechado por las denominadas semillas “terminator” que a causa de su modificación están diseñadas para que no tengan una reproducción futura. De este modo, el cambio en los alimentos ha generado la pérdida progresiva de la soberanía alimentaria, esto es, la autonomía de los pueblos para definir su propia política agraria sin tener que luchar en contra de empresas que buscan monopolizar la producción de los alimentos (http://www.nadasantosobremonsanto.com/soberania-alimentaria/).
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Esta ha sido justamente una lucha constante en diversos países de América Latina. La llamada “ley Monsanto” que promueve los derechos de autor en la propagación de semillas con transformaciones genéticas, ha ocasionado en muchos casos la criminalización de los campesinos. La paradoja se basa en que la utilización de semillas patentadas de Monsanto por parte de agricultores que no declaren su uso, pueden ser castigadas, incluso con cárcel. (http://www.jornada.unam.mx/2007/02/08/index.php?section=sociedad&article=047n1soc).
Esto sugiere a todas luces una estrategia de control sobre aquellos que se encargan de alimentar a millones de personas en el mundo. Los grupos económicos buscan restringir al máximo la diversidad y riqueza de los alimentos para que decidir sobre la salud de la población. Lo peor y más preocupante es que las empresas tienen a su favor la ley y la fuerza para cumplir con sus disposiciones.
Una de las grandes amenazas para los países de Latinoamérica es no poder definir su política alimentaria. Cada gobierno debe diseñar una estrategia para alimentar a su población de acuerdo a criterios de equidad y distribución. Sin embargo, con el advenimiento de empresas estadounidenses que buscan el control en la producción alimentaria, los términos de la seguridad y la soberanía han ido disminuyendo considerablemente. A Estados Unidos ya no le basta con el control fáctico sobre el territorio mediante la instalación de bases militares, sino que ahora ha buscado nuevas estrategias para generar presión económica y política a través de la regulación de procesos agroindustriales y la creación de una compleja legislación que protege a sus multinacionales.
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El propósito de las grandes empresas de alimentos es mostrar la utilidad y beneficios que supuestamente las GMO pueden traer al mundo. Según los primeros estudios, estas semillas “mejoradas”, aumentaban la fertilidad y reducían ciertos gastos de producción. No obstante, en un estudio elaborado a largo plazo por científicos latinoamericanos se ha demostrado todo lo contrario. En primera medida, la calidad de la tierra ha disminuido dramáticamente, incluso perdiendo su uso y nutrientes. En segunda instancia, los científicos comprobaron que los productos de Monsanto y empresas similares traen daños irreversibles para la salud de las personas, evidenciándose incremento en casos de cáncer, malformaciones congénitas, daños genéticos, entre otros (https://www.grain.org/bulletin_board/entries/5555-latin-american-scientists-reject-letter-from-nobel-prize-laureates-in-support-of-gmos). Así pues, las aparentes ventajas de las semillas tratadas genéticamente no se comparan con los daños y perjuicios que le han causado a la salud humana y a la biodiversidad de los ecosistemas.
En un acto de soberanía, científicos del subcontinente latinoamericano enviaron una carta al comité del Premio Nobel que fue otorgado a investigadores por su avance en las semillas genéticamente modificadas, hecho que ha sido inadmisible para quienes consideran los grandes daños que estas empresas han traído a América Latina (http://www.march-against-monsanto.com/prominent-latin-american-scientists-say-bill-gates-gmo-golden-rice-is-a-total-failure/). Pero las críticas no sólo han sido dirigidas por parte de científicos latinoamericanos, la Universidad de Virginia en Estados Unidos realizó un estudio en el que se comprueba que los herbicidas e insecticidas producidos por Monsanto han causado importantes daños ambientales, incluso en el crecimiento de plantaciones de maíz (http://sustainablepulse.com/2016/09/18/largest-ever-gmo-crops-study-shows-massive-environmental-damage-in-us/#.WDl7FObhC01).
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Pese a todas las denuncias realizadas en contra de las multinacionales, estas siguen empeñadas en continuar con “investigaciones” que favorezcan al capital privado. De hecho, Monsanto invierte millones de dólares al año en abogados para evitar un decrecimiento en las ventas. El negocio es redondo pues no sólo limitan la producción alimentaria, criminalizando a todos aquellos que intercambien semillas, sino que reducen el mercado para que sean unas pocas empresas las que se lleven todas las ganancias. De este modo, regiones tan ricas en biodiversidad como América Latina que, por poner un ejemplo cuentan con más de 4000 variedades de papa, han visto cómo sus campesinos tienen que iniciar movilizaciones para evitar que la diversidad sea llevada a la cárcel.
Por esa razón, bajo una lógica criminal empresas como Monsanto, Dupont, Cargill y Bayer se han apropiado del patrimonio intelectual e inmaterial de millones de generaciones de campesinos cuyo legado ha sido reducido a unas cuantas semillas modificadas genéticamente que generan graves enfermedades. Algunas ONG como Pesticide Action Network International (PAN) han denunciado constantemente los daños de los químicos usados por estas empresas. En un completo estudio realizado por la asociación, se demostró las consecuencias del uso del glifosato para erradicar plagas (http://pan-international.org/wp-content/uploads/Glyphosate-monograph.pdf). Esto demuestra que Monsanto está empeñado en continuar con la comercialización de sus productos a pesar que se han comprobado efectos desfavorables para la salud de las personas y para los ecosistemas de distintos países. Lo que estas empresas están haciendo es envenenar el mundo a cambio de cuantiosas sumas de dinero.
Por si fuera poco, en septiembre del presente año, se realizó un anuncio que estremeció al mundo. Las multinacionales Monsanto y Bayer han decidido fusionarse para crear un megaimperio en la producción y distribución de alimentos (http://www.commondreams.org/news/2016/09/14/five-alarm-threat-our-food-supply-monsanto-bayer-merger-advances). Con el pretexto de estar preocupados en torno a cómo se van a alimentar 3000 millones de personas para el año 2050, las corporaciones han puesto en común un capital que asciende a 66 billones de dólares. El objetivo de fondo es poner en marcha un plan para el dominio mundial que arrasará con la multiplicidad de especies animales y vegetales y que pondrá a millones de personas a consumir productos químicos, previamente diseñados en laboratorios.
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Si Estados Unidos logra que la legislación de países latinoamericanos apruebe el uso de semillas GMO como lo ha hecho hasta ahora, se podría hablar de un control hegemónico sobre un recurso vital como la alimentación. Esta circunstancia superaría con creces otras formas de dominio dirigidas por el Pentágono, pues ello implicaría que Washington podría disponer a su antojo de la población mundial. En efecto, después de la cadena de fusiones y absorciones similares a de Monsanto/Bayer como es el caso de Dow/Dupont, el mercado de semillas ha quedado acaparado por unas tres megacorporaciones que tienen el monopolio mundial de agroquímicos y semillas transformadas (http://www.commondreams.org/views/2016/06/03/six-questions-monsanto). Detrás de estas empresas están los intereses del gobierno de los Estados Unidos por no perder la supremacía mundial. Los costos para ello serán, sin embargo, gigantescos pues la Casa Blanca está promoviendo el envenenamiento gradual del mundo.
Como en muchas ocasiones, América Latina se ha convertido en el laboratorio de Estados Unidos. Todas las políticas del gobierno del norte han tenido fuertes impactos en élites políticas condescendientes que han permitido el ingreso de leyes que atentan en contra de los derechos de los campesinos. Por esa razón, múltiples asociaciones como La Vía Campesina han iniciado una importante lucha para evitar que Monsanto y sus socios sigan destruyendo el medio ambiente (https://viacampesina.org/es/). No obstante, como se ha mencionado con anterioridad, la lucha por parte de los campesinos no ha sido fácil, toda vez que las multinacionales tienen a su favor la ley, la autoridad y la represión. De hecho muchas de las manifestaciones han terminado con las fuerzas del orden a favor de multinacionales que poco o nada las benefician.
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Además, muchos campesinos se han visto abocados por la falta de alternativas, a utilizar esta serie de productos nocivos. Así pues, las corporaciones crean un círculo vicioso de dependencia hacia sus insumos, pues una semilla Monsanto sólo puede germinar a partir de ciertos fertilizantes y controlados con determinados insecticidas. El acuerdo con Bayer sin duda tendrá que ver con la creación de nuevos productos que sólo podrán ser utilizados en el campo si se compran las semillas de la multinacional, pues de lo contrario se estaría violando las patentes y creando un peligro para el capital de estas empresas. La supuesta ventaja de los productos de Monsanto son su durabilidad en el tiempo, con lo cual, las personas pueden consumir un alimento en largos periodos, solucionando el problema de acceso a los mismos. Empero, ¿qué efectos secundarios podrían tener alimentos rociados con glifosato? De ahí que antes que la cantidad de alimentos, los gobiernos deberían preocuparse por no envenenar a las poblaciones con productos genéticamente modificados.
Artículo escrito por RODRIGO BERNARDO ORTEGA

lunes, 27 de febrero de 2017

Estudio destaca que el maíz transgénico y el maíz convencional no son sustancialmente equivalentes

Por GINA-MARIE CHEESEMAN – NATURALLYSAVVY / La Gran Época
Investigadores encontraron recientemente que un tipo de maíz transgénico para ser tolerante al herbicida glifosato tiene diferencias moleculares significativas con el maíz convencional. Los resultados del equipo de investigación, dirigido por el Dr. Michael Antoniou en el King’s College de Londres, fueron publicados en la revista científica Nature.
El estudio evaluó si el maíz genéticamente modificado (GM) conocido como NK603 es equivalente al maíz tradicional sobre una base molecular. Encontraron que “un total de 117 proteínas y 91 metabolitos fueron alterados en el maíz debido al proceso de transformación genética”.
Concluyeron que el maíz NK603 no es “sustancialmente equivalente” al maíz convencional. En otras palabras, el maíz GM no es el mismo a nivel molecular que el maíz no GM.

Un técnico sostiene semillas de maíz que fueron exploradas por su calidad en la sede de Monsanto en San Luis en 2009
“Nuestro estudio demuestra claramente que el proceso de transformación GM da lugar a profundas diferencias de composición en el NK603, lo cual demuestra que este maíz transgénico no es sustancialmente equivalente a su contraparte no OGM”, dijo el Dr. Antoniou.
Nuestros resultados exigen una evaluación más completa de seguridad a largo plazo para el consumo del maíz NK603.
Monsanto, fabricante de cultivos transgénicos y del herbicida glifosato, sostienen que el maíz GM es equivalente al maíz no GM. La empresa declaró en un resumen de seguridad del maíz NK603 que es “comparable al maíz tradicional con respecto a alimentos, nutrientes y seguridad ambiental”. Monsanto en su sitio web dice que los cultivos GM fueron probados más que cualquier otro cultivo sin evidencia creíble de daño contra seres humanos o animales”.
Las agencias reguladoras gubernamentales usan la información proporcionada por compañías como Monsanto para evaluar la seguridad de los cultivos transgénicos.
Las agencias reguladoras gubernamentales usan la información proporcionada por compañías como Monsanto para evaluar la seguridad de los cultivos GM. La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) concluyó que el maíz NK603 es “equivalente en la composición del maíz convencional, excepto en la presencia de proteínas CP4 EPSPS”. Esas son las proteínas que hacen que el maíz GM tolere al glifosato.
La mayor parte del maíz en Norteamérica está genéticamente modificado. La superficie de maíz transgénico en Estados Unidos en 2016 fue el 89%, comparado al 10% en 1997, según el Departamento de Agricultura de Estados Unidos.
Aunque el gobierno canadiense no registra la cantidad de maíz transgénico que se cultiva en Canadá, la Red Canadiense de Acción Biotecnológica (CBAN, por sus siglas en inglés) estima que en 2015 más del 80% del maíz de grano en el país era GM. Ni Estados Unidos ni Canadá exigen que los alimentos modificados genéticamente se etiqueten.
Gina-Marie Cheeseman es una escritora freelance y con una licenciatura en periodismo comprometida y aoasionada por la vida sana. El artículo fue publicado originalmente en NaturallySavvy.com

lunes, 9 de enero de 2017

David vs Goliat: la historia del pequeño pueblo que expulsó a Monsanto

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Cuando la trasnacional Monsanto se propuso instalar una planta de maíz transgénico en una pequeña localidad argentina, nunca habrá pensado en encontrarse con tanta resistencia y -menos aún- en posibilidad de ser expulsada.
Se trata de Malvinas Argentinas, un poblado de aproximadamente 10.000 habitantes, ubicado a 14 kilómetros de la capital de la ciudad de Córdoba.
Luego de más de 3 años de acampes permanentes frente a la obra de la planta, de manifestaciones, presiones y resistencias, el pasado 3 de agosto la intendenta de Malvinas Argentinas anunció que Monsanto confirmó que desmontaría de planta de acondicionamiento de semillas de maíz para siembra, que comenzó a emplazar en 2012.
Monsanto se fue para nunca más volver a Malvinas Argentinas, y esto, gracias al esfuerzo de los vecinos.

La historia que marcó un precedente

Todo comenzó el 15 de junio de 2012, cuando se anunció oficialmente la construcción de la planta de Monsanto más grande de Latinoamérica, bajo la promesa de cuidar el ambiente, aumentar las fuentes de trabajo y el crecimiento regional.
Monsanto es una gran corporación trasnacional dedicada a la producción de agroquímicos y biotecnología, especializada en ingeniería genética y vinculada a numerosos escándalos y sustancias de usos bélicos.
Ni bien tomaron conocimiento de la inminente llegada de esta empresa al pueblo, los vecinos de Malvinas Argentinas comenzaron a organizarse…
Ni bien tomaron conocimiento de la inminente llegada de esta empresa al pueblo, los vecinos de Malvinas Argentinas comenzaron a organizarse hasta formar la Asamblea de Vecinos Malvinas Lucha por la vida.
Así fue como esta coalición formada por distintos activistas y vecinos que no querían verse obligados a irse de su casa por la contaminación, investigaron sobre el proyecto y el precario estudio de impacto ambiental presentado por la trasnacional y comenzaron a concientizar a la población, mediante entrega de folletos y charlas abiertas.
El 18 de septiembre de 2013, los vecinos organizaron un acampe en el que se hacían turnos para mantener en guardia el predio las 24 horas del día y así detener el paso de los materiales de construcción a la planta. Hubo personas que se instalaron casi definitivamente en el lugar por la causa.
Del mismo modo para ese tiempo –año 2013- organizaron un festival en la entrada del predio de la compañía (30 hectáreas sobre la ruta 88) llamado “Primavera sin Monsanto”, en el que participaron destacados músicos y hubo discursos de concientización sobre los efectos inmediatos y residuales de la instalación de la planta.
Desde su conformación y activismo, la Asamblea ha contado con el apoyo de influyentes personalidades como el premio Nobel de la Paz argentino Adolfo Pérez Esquivel o la periodista francesa Marie-Monique Robin, de artistas como Gustavo Cordera, Ricardo Mollo, Elena Roger, de las bandas Calle 13, Las Pelotas, Café Tacuba y de las organizaciones cívicas internacionales Avaaz y Greenpeace.
Asimismo las universidades de Córdoba, la Católica y la de Río Cuarto se pronunciaron, rechazando la instalación de la planta.
Por supuesto que en todo este tiempo sucedieron muchos acontecimientos y algunos de lamentar, como represiones que sufrieron los asambleístas en el acampe, con amenazas y golpes para que abandonaran el lugar.
No obstante ello, continuaron firmes y -en enero de 2014- consiguieron el aval legal para que se detenga la construcción de la planta, lo que constituye el primer revés social y público de Monsanto en Argentina.
El fallo –proveniente de la Sala II de la Cámara del Trabajo- declaró la inconstitucionalidad de los permisos emitidos por la Municipalidad y la provincia.
Luego, en febrero de ese mismo año, la Secretaría de Ambiente provincial rechazó el estudio de impacto ambiental de Monsanto por contar con graves carencias técnicas.
Sin embargo, Monsanto permanecía allí en el predio y, a pesar de que la obra estaba detenida, la amenaza continuaba. Por lo tanto los asambleístas persistieron y el bloqueo se mantuvo durante tres años.
Este año, cuando Monsanto se fusionó con la empresa alemana Bayer, comenzaron a circular versiones sobre la venta del predio. Sin embargo, no había ninguna confirmación oficial.
Hasta que ese día de agosto la intendenta de Malvinas Argentinas habló con el programa Bajo el Mismo Sol (Radio Nacional Córdoba) y confirmó que otra empresa  había adquirido el predio de 30 hectáreas. Esa fue la confirmación oficial que faltaba.
Así, Monsanto desmanteló las pocas estructuras que aun seguían en pie y se fue para nunca más volver.
Desde la compañía, alegaron en una nota oficial que decidieron terminar con la obra por un cambio de modelo agropecuario en la Argentina…
Desde la compañía, alegaron en una nota oficial que decidieron terminar con la obra por un cambio de modelo agropecuario en la Argentina que ya dejó de ser rentable para ellos, por lo que con la única planta que tienen trabajando en provincia de Buenos Aires, en la localidad de Rojas, les alcanzaría para satisfacer las necesidades de producción de la empresa.
Para los miembros de la asamblea, la resistencia continúa a pesar del éxito, ya que ahora hay que tratar de mitigar los efectos que está dejando el glifosato en los campos de la Argentina y la cantidad de enfermos de cáncer producto de las fumigaciones.
Si bien los asambleístas se mantienen en guardia, el 4 de diciembre se reunirán para festejar en Malvinas Argentinas con música, baile y comida.
Sin duda, tienen mucho para festejar. Fue una victoria de un David hacia un Goliat, ya que gracias a su perseverancia lograron algo que parecería imposible: desterrar de su localidad a la principal compañía de agronegocios del mundo.

domingo, 4 de diciembre de 2016

Activistas franceses protestan contra Monsanto

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Por Hispan Tv
Activistas francesas con máscaras y trajes de protección protestan contra compañía estadounidense de Monsanto por sus productos químicos, 4 de diciembre de 2016.
Los activistas han realizado protestas contra Monsanto, actos que se realizan anualmente con la finalidad de expresar el rechazo hacia el principal productor de agrotóxicos del mundo.
Esta actividad tiene como objetivo crear conciencia sobre el peligro de los Organismos Genéticamente Modificados (OGM) y de los productos químicos como el glifosato, los cuales son producidos por la empresa estadounidense.
En todo el mundo la lucha contra Monsanto congrega a cientos de miles de personas, ya que es una de las caras más visibles de la agricultura basada en transgénicos y agrotóxicos.

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viernes, 18 de noviembre de 2016

Alarmantes niveles de glifosato en los alimentos de mayor consumo en los Estados Unidos

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Por Barbara H. Peterson / farmwars.info
Aunque no quiera ingerir glifosato, el herbicida más utilizado en todo el mundo fabricado por Monsanto, y conocido como Roundup, no va a poder evitarlo. Lo va a ingerir de todos modos.
Aquellos alimentos que se promocionan como sanos y nutritivos, incluso los considerados ecológicos y sin ingredientes transgénicos, contienen un ingrediente extra añadido por el gigante de la Industria Química y de la Agricultura Industrial, Monsanto, en su desayuno, en la comida, en su cena y cualquier otro alimento que tome entre comidas. Sí, es una cortesía de las Agencias de Regulación el que este herbicida esté omnipresente en nuestros alimentos, provocando una contaminación a gran escala y sin precedentes.
Historia del glifosato
Son 3 las patentes del glifosato: fue patentado por primera vez en 1964 por Stauffer Chemicalcomo un quelante de metales comercial que se utilizaba para limpiar o descalcificar las calderas y tuberías (2). El glifosato se une y elimina minerales como el calcio, magnesio, el manganeso, el cobre y el zinc, que son vitales para nuestra salud.
Las segunda patente fue presentada en 1974 por Monsanto para uso como herbicida (3). Monsanto afirma que el glifosato, que mata a las plantas al interrumpir la vía shikimato, no tiene ningún efecto sobre los seres humanos porque los mamíferos no disponen de la vía shikimato. Sin embargo, un reciente estudio revisado por pares (4) afirma:
El glifosato inhibe la enzima citocromo P450 (CYP), algo que se ignora de su toxicidad para los mamíferos. Las enzimas CYP juegan un papel crucial en las funciones biológicas, una de las cuales es la de desintoxicar los xenobióticos (sustancias químicas extrañas). Por lo tanto, el glifosato aumenta los efectos dañinos de otros residuos químicos presentes en los alimentos y toxinas ambientales. El impacto negativo en nuestro organismo es persistente y se manifiesta lentamente con el tiempo, ya que la inflamación daña los sistemas celulares de todo el cuerpo”.
En el año 2003, Monsanto solicitó una nueva patente sobre el glifosato como antimicrobiano para el control de parásitos o como antibiótico (5). Esta patente se concedió en 2010. Se propone que el glifosato se utilice como un tratamiento contra las infecciones microbianas y el control parasitario de diversas enfermedades, como la malaria. Un estudio revisado en 2013 decía que el glifosato mata la flora intestinal beneficiosa de los pollos ya en cantidades tan bajas como 0,75 ppm (partes por millón) (6).
Justo lo que necesitamos para el desayuno
El informe publicado por Food Democracy Now y el Proyecto Detox ofrece un alarmante panorama de los alimentos contaminados, de los que probablemente nos alimentemos y se los demos a nuestros hijos.
Glifosato: inseguro en cualquier plato
Un destacado laboratorio de evaluación alimentaria registrado por la FDA ha encontrado niveles extremadamente altos de glifosato procedente de los herbicidas en los productos alimentarios de mayor consumo en los Estados Unidos.
El glifosato, ingrediente activo de Roundup de Monsanto, es el herbicida más utilizado en todo el mundo en la producción agrícola y alimentaria, como resultado de la adopción generalizada de los cultivos transgénicos, con más de 71 millones de hectáreas cultivadas en los Estados Unidas, y más de 440 millones de hectáreas en todo el mundo.
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En este mapa se muestra el aumento en la utilización de glifosato en los Estados Unidos, entre 1992 y 2014.
Los nuevos estudios científicos revelan daño probable para la salud humana, algo que podría ya producirse a niveles tan reducidos como 0,1 partes por mil millones. Los alimentos más consumidos fueron analizados para comprobar la presencia o no de glifosato, encontrándose entre 289,47 partes por mil millones hasta niveles tan altos como 1.125, 3 partes por mil millones.
Las pruebas y los análisis fueron realizados por Anresco Laboratories, de San Francisco, un laboratorio registrado por la FDA, que lleva realizando análisis alimentarios desde 1943. El laboratorio encontró que los productos más consumidos, por ejemplo, Cheerios, tenía un contenido en glifosato de 1.125, 3 partes por mil millones. Otros niveles también altos de glifosato se encontraron en las marcas Oreo, Doritos y Ritz Crackers, entre los 29 alimentos analizados.
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Actualmente, las Agencias de Regulación de Estados Unidos permiten la presencia de unos niveles muy altos de residuos de glifosato en los alimentos. El límite de la ingesta diaria admisible (IDA) está establecida en 1,75 mg/kg de peso corporal al día en los Estados Unidos, mientras que en la Unión Europea es de 0,3 mg/kg de peso corporal. Las tolerancias se han establecido mediante estudios patrocinados por las Empresas y la influencia ejercida por la Industria en el proceso de reglamentación.
La nueva investigación muestra que el herbicida Roundup causa daños en el hígado y los riñones de las ratas, como se refleja en los cambios en las funciones de 4.000 genes con una ingesta de sólo 0,05 partes por mil millones, lo que indicaría la producción de un daño.
Estudios adicionales han encontrado que niveles tan bajos como 10 partes por mil millones pueden tener efectos tóxicos en el hígado de los peces y causar daño significativo a los hígados y riñones de las ratas a 700 partes por mil millones, que es el nivel permisible de glifosato en el agua potable de los Estados Unidos.
Las evidencias científicas independientes y revisadas por expertos muestran que los daños en la salud humana podrían comenzar a niveles tan bajos de glifosato como 0,1 partes por mil millones.
Estos innovadores descubrimientos, que unos cereales de una marca emblemática en los Estados Unidos, contengan niveles tan altos como 1.125,3 partes por mil millones, debería suponer una llamada de atención para todas las personas respecto a los niveles inaceptables de residuos de plaguicidas en los alimentos. [En este sentido, puede consultarse el informe publicado recientemente por Ecologistas en Acción sobre la presencia de plaguicidas disruptores endocrinos en los alimentos de España: “Directo a tus hormonas: guía de alimentos disruptores”]. Estos hallazgos son especialmente preocupantes, ya que los últimos estudios científicos independientes, durante los cuales un equipo internacional de científicos ha reevaluado los mismos datos previamente utilizados por las Agencias de Regulación, solicitan una Ingesta Diaria Admisible (IDA) más baja, debiéndose fijar en 0,025 mg/kg de peso corporal por día, es decir, “doce veces inferior a la IDA establecida actualmente en Europa y 70 veces menor al nivel actualmente permitida por la EPA en los Estados Unidos”.
Es importante que las personas y los padres comprendan que la contaminación por glifosato no se puede eliminar por lavado y no se descompone al cocinar. Los residuos de glifosato pueden permanecer estables en los alimentos durante un año o más, incluso si los alimentos se congelan o procesan.
Las pruebas y análisis de realizaron a petición de FOOD DEMOCRACY NOW, en coordinación con THE DETOX PROJECT, que ha reunido evidencias científicas adicionales en todo el mundo e incluyendo un compendio de investigación independiente sobre el glifosato, en el que se recogen los análisis de Anresco Laboratories.
Basándose en esta nueva información, FOOD DEMOCRACY NOW está solicitando una investigación federal sobre los probables efectos nocivos del glifosato en la salud humana y el medio ambiente, y también solicita una investigación sobre las relaciones entre las Agencias de Regulación y la Industria, a raíz de la exposición a la que están sujetas las personas y considerando los niveles de glifosato que los científicos señalan como perjudiciales para la salud humana.