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sábado, 30 de septiembre de 2017

Y sus ideas no murieron… 30 aniversario de la muerte de Sankara.

La figura del líder burkinés, de cuyo asesinato se cumplirán tres décadas el próximo 15 de octubre, se ha convertido en un mito vigente que trasciende las fronteras de África. Mientras, su muerte sigue sin estar clara.
Su rostro está en camisetas, chapas y pegatinas allá donde se mire. Sus discursos se escuchan una y otra vez en la sede de movimientos ciudadanos y en las aulas de las universidades. Dirigentes de todos los rincones del continente, estudiantes y campesinos citan sus frases. Fue el presidente de un pequeño y pobre país africano tan solo durante cuatro años, pero su legado revolucionario ha traspasado las fronteras de Burkina Faso y está hoy presente y vivo en el mundo. Este 15 de octubre se cumplen 30 años de su muerte por orden de su amigo y compañero de armas, una traición en toda regla. Aún se busca su cadáver. Si Latinoamérica tuvo a su Che Guevara, África vibra con su Thomas Sankara.
Sentado sobre una precaria silla de un maquis (bar) que se asoma a la avenida Babanguida de la capital burkinesa, Fidèle Toé saborea una bebida fría. Amigo personal de Thomas Sankara, del que fue su director de gabinete y luego ministro de Trabajo, sonríe cuando le preguntan por él. “¿Su legado? Es inmenso y está muy presente, no sabría por dónde empezar”, asegura. Basta con cruzar la calle y caminar un poco para llegar a la sede del Partido Sankarista, que se proclama heredero de sus ideas. Tanto como los jóvenes que forzaron la caída de Blaise Compaoré con un alzamiento popular en noviembre de 2014 y que le tenían presente en cada discurso, en cada ceremonia. Como los actuales gobernantes del país, que pretenden hacer justicia sobre su muerte tras tres décadas de silencio y bloqueo. Como cantantes, artistas e intelectuales de media África. Todos lo reivindican.
Referente de todos
En Dakar, el rapero Didier Awadi compone y graba sus canciones en su estudio llamado ‘Sankara’. El -reggaeman marfileño Tiken Jah Fakoly se considera de la generación del capitán burkinés y le rinde homenaje en cada concierto, en cada entrevista. “Le llevaremos siempre en el corazón”, dijo recientemente. Hace solo un año, el expresidente ghanés Jerry Rawlings, su amigo personal, lo expresó con nitidez en -Uagadugú durante el 29º aniversario de su muerte: “Sus ideas están de actualidad”. Y el economista senegalés Ndongo Sylla le considera un “precursor de la buena gobernanza y un modelo de la gestión virtuosa de las finanzas públicas”. Pero, ¿cuáles son esas ideas?, ¿qué fue lo que hizo para que su legado siga vivo pese a que fue intencionadamente ocultado y arrastrado por el barro?
En 1983, el joven capitán -Sankara, con solo 33 años, se convertía en presidente de Alto Volta tras un golpe de Estado. Además de destacado miembro de la Agrupación de Oficiales Comunistas, era un antiimperialista, panafricanista y feminista convencido. Creía en las capacidades del continente y de sus gentes, pero sabía que había que empezar por uno mismo. Sus políticas definían un pensamiento claramente revolucionario: renombró a su país como Burkina Faso (el país de los hombres íntegros), confiscó las tierras a los latifundistas para dárselas a los campesinos, organizó grandes campañas de alfabetización y vacunación, prohibió la mutilación genital femenina y los matrimonios forzosos…
Si alguien conoce bien en España su figura ese es el escritor Antonio Lozano, autor de la galardonada novela El caso Sankara. “Muchos fueron los logros de la revolución sankarista”, explica, “la lucha contra la corrupción fue uno de los más espectaculares y el primero en dar ejemplo fue él mismo, manteniendo su modesto sueldo de capitán, adoptando como coche oficial el más barato del país en ese momento, dejando claro que los tiempos del nepotismo quedaban atrás al prohibir a sus familiares directos el acceso a la función pública. La lucha en favor de la igualdad de género fue otra de las grandes batallas de Sankara y las medidas que tomó en ese ámbito revolucionaron la situación de la mujer en la sociedad burkinesa. Los avances en el campo de la economía –con una reforma agraria que logró el autoabastecimiento en cereales–, de la educación o de la sanidad fueron objetivos clave de la profunda renovación del país que Sankara se había propuesto”.
No fue solo el Renault 5 como coche oficial, también ordenó a sus ministros viajar en clase turista (“Vais a llegar al mismo tiempo que los demás”, les dijo) y les instó a vestir y consumir productos locales, empezando por él mismo. En julio de 1987 intervino en una cumbre de la Organización para la Unidad Africana (OUA) en Adís Abeba para pedir a los líderes africanos que se negaran a pagar la deuda externa, un yugo que impedía avanzar a los jóvenes estados. Y añadió: “Si Burkina Faso es el único país que lo hace, yo no estaré en la próxima conferencia”.
Tres meses después lo habían asesinado de manera brutal junto a 12 de sus colaboradores y a instancias de su camarada y amigo Blaise Compaoré. Para entonces, su discurso generaba inquietud en el exterior y sus acciones habían pinchado en hueso en el interior. Él sabía que su final podía estar cerca. “Aunque los revolucionarios, como los individuos, puedan ser asesinados, nunca se podrá matar sus ideas”, había dicho días antes.
La revolución de las ideas
A juicio de Lozano, “quizá fue en la transformación de las mentalidades donde la obra de Sankara ha pervivido con más fuerza. El burkinés pasó de ser el eslabón más bajo de la cadena de la miseria saheliana para convertirse en el protagonista de una aventura política insólita que despertaba la admiración de millones de africanos. Sankara era el presidente que todos querían para sí, el referente que demostraba que África sí puede avanzar en la transformación política y social por sus propios medios”. Precisamente por eso lo asesinaron, opina el escritor afincado en Gran Canaria.
Para entonces, “la revolución vivía ciertas derivas, como juicios populares sin posibilidad de defensa, ejecuciones o despidos masivos”, asegura Toé, “era imposible controlar a todos los colaboradores, la gente estaba entusiasmada y se cometieron excesos”. Y los enemigos del régimen, la clase media amenazada, aquellos que defendían intereses extranjeros o los jefes tradicionales que vieron recortados sus privilegios, aplaudieron la desapa-rición de Sankara. Sin embargo, para la combativa izquierda africana fue un impacto brutal. Al igual que Sylvanus Olympio, -Patrice Lumumba, o Amílcar Cabral, otro líder africano que se había atrevido a alzar la voz frente a Occidente caía asesinado. Tres décadas después, su cadáver sigue sin aparecer.
A juicio de Bruno Jaffré, considerado su mejor biógrafo, “Sankara fue el último dirigente revolucionario de la África contemporánea. No es fruto del azar que la única primavera africana que realmente terminó con la caída de un dictador estos últimos años tuviera lugar en Burkina Faso en 2014. El lema de esta insurrección popular fue ‘La Patria o la muerte’, el eslogan de Sankara. Su mensaje se trasmitió a las siguientes generaciones, permaneció vivo en la memoria de los burkineses y fue esta memoria la que salió a la luz durante la caída del régimen de Compaoré, la que dio fuerza a los manifestantes. Pero también es una leyenda para una parte de la juventud de otros países africanos. Su nombre es conocido por todos, incluso si no se conoce en profundidad la amplitud de las reformas que puso en marcha”, según dijo en una reciente entrevista concedida al periódico Liberation.
Su cuerpo y los de una docena de colaboradores con los que estaba reunido fueron desmembrados y enterrados, supuestamente, en una fosa común localizada en el cementerio de Dagnoën, en Uagadugú, a donde cada 15 de octubre acuden miles de personas a rendirle homenaje. Sin embargo, el silencio y el bloqueo impuestos por el nuevo régimen impidieron que avanzara la investigación sobre su muerte hasta que la sublevación popular de noviembre de 2014 derroca a Compaoré y el camino queda expedito para localizar sus restos.
En busca de la verdad
El proceso de identificación del cadáver se inicia en 2015 con la exhumación de los cuerpos, la toma de muestras y la realización de pruebas de ADN, primero en Francia y luego en un laboratorio de Santiago de Compostela. Sin embargo, los resultados no son concluyentes y no se puede establecer ningún perfil genético. Para mayor embrollo, un estudio topográfico realizado en marzo pasado en los terrenos del Conseil de l’Entente, el lugar donde asesinaron a Sankara y a sus camaradas, revelaba la existencia de tumbas no identificadas. Automáticamente, el juez de instrucción François Yaméogo abre una investigación. La paradoja es que este descubrimiento se produce a raíz de los trabajos previos para la construcción de un memorial en honor de Sankara.
Considera Jaffré en la citada entrevista que su pensamiento está vigente porque “cuando releemos su discurso sobre la deuda externa encontramos las problemáticas que se imponen ahora a numerosos países europeos, como Grecia. ¿No es la deuda un instrumento de sumisión? El discurso de Sankara recoge los argumentos de quienes militan contra la legitimidad de esas deudas. Rechazó someterse al FMI y la ayuda condicionada a las reformas dictadas desde el exterior. Era antiimperialista sin ser dogmático. La mundialización, la omnipresencia de los dictados del FMI y del Banco Mundial siguen siendo desafíos del mundo actual. Por otra parte, Sankara, influido por el ecologista René Dumont, es el primer dirigente político que denunció la responsabilidad humana en la degradación del medioambiente. Pero también defendió la emancipación de las mujeres, rechazó la alienación cultural, lo que no significaba la negación de la cultura dominante pero sí la valorización de una doble cultura, y se preocupó por la dependencia económica de su país, impulsando la industria de transformación del algodón, principal recurso de Burkina Faso”.
Para Antonio Lozano, “el discurso de que África no puede salir adelante sin la tutela occidental sigue vivo, y así seguirá mientras los recursos naturales del continente sean indispensables para el funcionamiento de la maquinaria industrial del Norte. Aceptar referentes como el de Sankara contradice a las claras ese discurso que tanto ha calado en el imaginario de la ciudadanía occidental, como ya antes lo habían hecho los estereotipos fabricados para justificar la esclavitud primero, la colonización después. Sankara debía desaparecer para dejar de ser la esperanza de los pueblos africanos, la voz que reclamaba la unidad del continente, que clamaba contra la injusticia de la deuda externa y se oponía a su pago”.
A su juicio, “el nombre de Compaoré ha terminado hundido en el lodo de los dictadores corruptos africanos, mientras que el de -Sankara, hoy más que nunca, se sigue alzando como uno de los referentes indispensables de la política del continente, aunque por desgracia no exista en estos momentos nadie en Burkina Faso con el carisma necesario para tomar el relevo de la profunda transformación emprendida por el presidente de los pobres en los años 80. En torno a él y a su obra se elevó un muro de silencio que aún permanece en pie y que tiene el objetivo de que su nombre no signifique nada fuera de las fronteras del continente negro, donde sigue siendo el líder que todos querrían para sus pueblos. Con vistas al 30 aniversario de su asesinato, desde diferentes ciudades del mundo se sigue trabajando para abrir en ese muro fisuras que dejen pasar la voz del hombre que dio a su país el nombre de aquello en que lo quiso convertir: la tierra de los hombres íntegros”.

miércoles, 19 de octubre de 2016

Hace 29 años caía asesinado Thomas Sankara, el Che Guevara africano

Burkina Faso comenzó esta semana a exhumar los restos del líder que fundó el país en 1984. Buscan esclarecer el complot que terminó con su vida, tras cuatro años de un gobierno totalmente revolucionario.
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Thomas Isidore Noël Sankara nació el 21 de diciembre de 1949 en lo que hoy es Burkina Faso, pero que en ese momento se llamaba Alto Volta, y era todavía una colonia francesa. Al terminar la escuela secundaria, comenzó a los 19 años una prolífica carrera militar, que estaría inextricablemente ligada a la política.
Apenas 14 años después, Sankara daba un golpe de Estado y asumía, por medio de las armas y de un enorme apoyo popular, el gobierno del país. En ese momento, ya era un símbolo en todo el continente.
Gracias a una combinación de histrionismo, carisma, arrojo y lucidez, y a su indiscutible talante revolucionario y contestatario, en todo el mundo se empezaba a hablar de el “Che Guevara africano”. Al igual que el guerrillero argentino, tuvo una muerte joven y trágica, signada por la traición de su gran compañero de armas.
A 28 años de su asesinato, y luego de que comenzaran los trabajos de exhumación de sus restos para develar el misterio sobre su final, Infobae entrevistó al escritor español Antonio Lozano, uno de los mayores estudiosos del líder burkinés. Como corolario de sus investigaciones, publicó en 2006 El caso Sankara (Ed. Almuzara), una novela que combina rigor histórico y ficción, para contar la apasionante trama de su vida y su muerte.
La construcción de un revolucionario
“Sankara quería ser médico, ésa era su vocación. Pero procedía de una familia pobre y la única forma de seguir estudiando era a través de la academia militar. Entonces ya tenía en su pensamiento una base cristiana, y en algún momento pareció que su destino era el sacerdocio, porque la Iglesia en África intentaba incorporar a los alumnos más inteligentes. Finalmente se inclinó por el Ejército, pero esa impronta cristiana siempre formó parte de su ideología”, cuenta Lozano.
“Sorprendentemente -continúa-, en esa época muchos de los profesores que se encontró en la academia eran de formación marxista, así que allí tuvo su primer contacto con esas ideas. Al terminar la primera instancia de los estudios, sus buenas calificaciones le permitieron seguir formándose como oficial del Ejército en Madagascar, un país que entonces estaba muy convulsionado por revueltas populares”.
Cuando regresó a Alto Volta, Sankara ya tenía un pensamiento consolidado y se había convencido de que era imperioso intervenir para transformar la realidad de su nación, que era una de las más pobres del planeta. Los mandos militares lo enviaron a la ciudad de Pô, donde comenzó su carrera militar y política. Primero, adoctrinando a los soldados que tenía a su cargo. Y segundo, trabajando con la población, ganándose el respeto y la admiración de los más pobres.
“Después fue a hacer un curso a Rabat, Marruecos, donde conoció a Blaise Compaoré, que se convirtió en su gran amigo y compañero de armas, con el que llevaría adelante su revolución. Cuando volvió a Alto Volta, participó de una breve guerra con Mali, en la que brilló por una incursión que hizo con sus hombres, y que lo volvió un personaje muy popular y reconocido por la población”, dice Lozano.
En 1981 ocupó su primer cargo público. El nuevo gobierno, surgido de un golpe de Estado, lo nombró secretario para la Información. Duró sólo seis meses en el puesto. Se fue dando una explosiva conferencia de prensa, en la que denunció el autoritarismo y los intentos de “amordazar al pueblo”. Ese gesto terminó de posicionarlo como la figura más popular del país.
En esos años había formado, junto a Compaoré y a otros miembros de las Fuerzas Armadas, la Agrupación de Oficiales Comunistas. Fueron ellos los que dieron el siguiente golpe: el 7 de noviembre de 1982 derrocaron al Gobierno y llevaron a la presidencia a Jean-Baptiste Ouédraogo. Sankara fue designado primer ministro en enero de 1983.
“Fue su verdadera primera incursión en política -dice el escritor. Muammar Khadafi (que gobernaba Libia y era entonces uno de los máximos referentes del socialismo árabe) lo invitó a su país y lo adoptó como líder revolucionario. En esa época, cada mitin que hacía en Alto Volta congregaba a miles de personas”.
“Pero -continúa- por las presiones de Francia y de la facción de derecha de la coalición gobernante, fue encarcelado. En ese momento se pusieron en marcha Compaoré y sus aliados, y Sankara terminó siendo liberado, con la ayuda de manifestaciones populares”.
El 4 de agosto de 1983 tomaron el Estado por las armas. Con sólo 33 años asumió la presidencia y así comenzó la Revolución Sankarista.
La fundación de un nuevo país
“Puso en marcha un proceso revolucionario absolutamente inaudito en el África de aquellos años. El 4 de agosto de 1984 cambió el nombre de Alto Volta por el de Burkina Faso, que significa ‘Patria de los hombres íntegros’, señal de que una de sus prioridades era la lucha contra la corrupción, mal endémico de los gobiernos africanos. Empezó él mismo dando el ejemplo: se mantuvo el sueldo de capitán del Ejército, vendió todos lo autos de lujo que estaban al servicio del Estado y adoptó como vehículo oficial al más barato del mercado, el Renault 5“, cuenta Lozano.
Redujo los salarios de todos los funcionarios públicos, prohibió el uso de chóferes y obligó a sus ministros a viajar en clase turista. Se dice que hasta se negó a instalar aire acondicionado en el despacho presidencial. Para limitar el nepotismo, impidió a sus familiares acceder a cargos estatales.
La austeridad con la que vivió hasta el último día de su vida es algo que nadie discute y que lo diferenció de cualquier otro mandatario africano. “Cuando murió -dice Lozano- las únicas posesiones que tenía eran una casa hipotecada y tres bicicletas. Su madre todavía era vendedora en un modesto puesto de especias en un mercado de Uagadugú, la capital”.
El segundo eje de su gestión fue el fortalecimiento de la educación y la cultura. “Logró que el índice de alfabetización pasara de 12 a 36% en un año, y que después siguiera subiendo gracias a las escuelas rurales que creó a lo largo del país”, dice el escritor.
También avanzó muchísimo en salud. Creó comandos de vacunación que en pocos meses lograron cubrir a la totalidad de los niños burkineses contra enfermedades infecciosas que estaban causando mucho daño.
Pero es difícil encontrar un campo en el que haya sido más revolucionario que en los derechos de la mujer, muy postergados en esa región del continente. “Fue el primero -continúa- en abolir la ablación femenina. Le dio una fuerza muy especial a la celebración del 8 de marzo, como día del mercado para los hombres, a los que invitaba a hacer las compras. Incorporó a mujeres en todos los ámbitos de la administración pública”.
Los cambios más polémicos se dieron en el plano económico. Impulsó un programa muy radical que, con éxitos y fracasos, generó malestar en algunos sectores de la sociedad y adhesiones en otros.
“Llevó a cabo una reforma agraria que redistribuyó la tierra, con reparto de abonos y de semillas a los campesinos, y la creación de pequeñas represas de agua. Así consiguió que Burkina Faso se convirtiera en uno de los pocos países de la región en adquirir la autosuficiencia en cereales, base de la alimentación popular”, cuenta Lozano.
“Puso en práctica un programa para potenciar la industria textil local. En sus discursos decía que había que vestir con prendas hechas en el país. Obtuvo grandes logros, aunque el país no pudo salir de su delicada situación, y siguió siendo el cuarto más pobre del mundo”, agrega.
Sankara estaba convencido de que para hacer realidad su programa de reformas debía tener “independencia económica”. Esta premisa lo llevó a enfrentarse con el sistema financiero internacional y con Francia, de la que Burkina Faso se había independizado en 1960, pero que aún conservaba una enorme influencia. El no pago a la deuda externa, que había sido contraída por los gobiernos anteriores, se convirtió en una de sus banderas.
“En su último gran discurso, que dio en septiembre de 1987 en el marco de la Asamblea General de la Unión Africana, defendió una vez más estas ideas y dijo que si lo dejaban solo en esa batalla, al año siguiente ya no estaría allí. Efectivamente, en el encuentro de 1988 ya no pudo estar”, dice el novelista.
Entre la revolución y la dictadura
Si bien nadie puede acusarlo de usar las riquezas del país para beneficio personal, y su gestión tuvo logros indiscutibles, que mejoraron la calidad de vida de la población, a Sankara le ocurrió lo mismo que a todos los revolucionarios comunistas: su gobierno se volvió cada vez más autoritario.
Entre otras medidas, prohibió la libertad de prensa y los sindicatos independientes, y reprimió toda forma de disidencia política. Nunca estuvo en su horizonte la posibilidad de habilitar elecciones libres.
“Es verdad que Sankara cometió errores importantes -reconoce Lozano. Por ejemplo, echó a la calle a entre 2.000 y 3.000 maestros por haber participado en una huelga. Fue un acto de autoritarismo, y un error antidemocrático, porque dejó sin profesores al país, y tuvo que sustituirlos por gente joven, de formación rápida e insuficiente”.
“La represión pasaba por los comités de defensa de la revolución, que tenían el objetivo de controlar que sus medidas llegaran a todos los rincones del país, y de controlar a quienes se oponían. Eso de por sí implicaba una cierta represión. En muchos casos, los comités utilizaron el poder que se les dio en su propio beneficio, y cometieron abusos. Fue una institución fallida, pero Sankara cometió el error de mantenerlos, porque consideraba que su papel era fundamental”, agrega.
Sankara se fue quedando solo. Si bien hasta el final mantuvo un importante apoyo popular, había abierto demasiados frentes dentro y fuera del país, y sus enemigos crecían en fuerza y en número.
“El final era algo que él mismo veía venir. En una entrevista concedida 15 días antes de su muerte a un periódico belga, cuando le preguntaron por un posible complot en su contra, dijo que el único capaz de matarlo, porque lo conocía mejor que nadie, era Blaise Compaoré. En su entorno le insistían una y otra vez para que terminara con él, porque era una amenaza. Pero su respuesta era siempre la misma: no podía hacerlo por la amistad que había entre ellos, eran como hermanos”, cuenta el escritor español.
Compaoré era el segundo hombre de la revolución. Fue vicepresidente y, en la última etapa, primer ministro. Pero no estaba de acuerdo con muchas de las políticas de Sankara. Especialmente, con las restricciones que había impuesto para los funcionarios públicos.
El 15 de octubre de 1987, un grupo armado ingresó en su despacho, mientras mantenía una reunión con los 12 integrantes del Consejo Nacional de la Revolución. Sankara, que en ese momento tenía 37 años, fue asesinado junto al resto de los asistentes.
Al mismo tiempo, Compaoré ejecutaba un golpe de Estado que lo convertiría en el nuevo presidente de Burkina Faso. Se mantuvo en el poder durante 27 años, hasta que una serie de revueltas lo obligaron a renunciar y a huir del país, en octubre de 2014.
“Nunca hubo una explicación oficial del asesinato. Las demandas de los familiares de Sankara fueron denegadas por las autoridades judiciales, bajo el pretexto de que el acta de defunción, que fue falsificada, decía que había muerto por causas naturales. Nunca se pudo probar quién lo mató, de dónde vino la orden. Pero todos saben que fue obra de Compaoré, con la complicidad de los servicios de inteligencia de Francia y Costa de Marfil”, dice Lozano.
“Compaoré quería el poder para disfrutarlo en su propio beneficio y en el de su familia. La excusa que dio para el golpe fue una deriva autoritaria, pero la represión durante su gobierno fue tremenda, con miles de muertos y encarcelados. El enriquecimiento de él y de su familia fue inmenso, y se convirtió en un dictador más entre otros de África“, agrega.
Actualmente hay en Burkina Faso un Gobierno de transición, a cargo de Michel Kafando, que inició una revisión del régimen de Compaoré, y que tiene la intención de esclarecer lo que ocurrió con Sankara.
“Se cree que lo enterraron en el cementerio de Dagnoën, al este de la capital. Es un lugar desangelado. Aunque otras teorías sostienen que en realidad no estaría ahí. Eso se develará con los trabajos de exhumación que se están realizando en el lugar desde el lunes pasado. Recién sacaron algunos restos humanos, pero aún no hay precisiones sobre a quién pertenecen”, cuenta Lozano.
“No se sabe lo que va a resultar de esto, pero lo positivo es que por fin se haya puesto en marcha este proceso que, esperemos, llegue al esclarecimiento de la verdad“, concluye.


resumenlatinoamericano.org/2016/10/17/hace-29-anos-caia-asesinado-thomas-sankara-el-che-guevara-africano/

viernes, 16 de octubre de 2015

Se cumplen 28 años del asesinato del líder revolucionario Thomas Sankara

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Este jueves se conmemoraron 28 años del asesinato impune del Presidente de Burkina Faso, Thomas Sankara, quien lideró un proceso revolucionario para la autodeterminación en esta nación africana, ubicada al oeste del continente.
El también conocido como “Che Negro”, o “Che Guevara africano”, fue asesinado en su cuarto año de mandato presidencial, en 1987, cuando solo contaba con 37 años. Sin embargo, el tiempo en el poder fue suficiente para mostrar de qué se trataba la Revolución Democrática y Popular que instaló en su país en 1983 tras la toma del poder junto a otros militares. Entre ellos, paradójicamente, figuraba el mismo que lo mandó a asesinar: Blaise Compoaré, personaje que luego instalaría un régimen derrocado por revueltas populares a finales de 2014, 27 años después.
Con ideas basadas en las teorías marxistas y leninistas, alimentadas por las luchas de Ernesto Guevara, Nelson Mandela o Fidel Castro, entre otros, Sankara, convencido de que para lograr la justicia social el poder debía estar en manos del pueblo, además de pasar obligatoriamente por la reivindicación del rol de la mujer, se propuso impulsar reformas agrarias, educativas e institucionales.
Este nuevo escenario de reivindicaciones al pueblo no fue del agrado de las transnacionales, dedicadas a explotar los recursos minerales y humanos de Burkina Faso, y mucho menos a los intereses de Francia, país que había mantenido al país africano como colonia hasta 1960.
Aquel 15 de octubre de 1987, Sankara fue asesinado por disparos junto a otros funcionarios. Al siguiente día su certificado de defunción diría que había fallecido de “muerte natural”, un dato creíble en un momento en el que la expectativa de vida en el país africano rondaba los 40 años.
A un año del derrocamiento del ex-dictador y presunto asesino intelectual de Sankara, Compaoré, y a pocas semanas de haber derrotado un golpe de Estado –perpetrado por simpatizantes del mismo Compaoré, asilado en Costa de Marfil desde 2014– que pretendía torcer su camino hacia la restauración de la democracia, el pueblo burkinés conmemora la muerte física de Tom Sank, como lo llamaban, con conciertos, conferencias y proyecciones de películas en la capital, Ouagadougou, dedicados a enaltecer su legado.
Por su parte, los familiares de Sankara, en compañía de políticos revolucionarios de Burkina Faso, continúan exigiendo el esclarecimiento del crimen que acabó con la vida de líder africano, petición que Compaoré negó en sus casi tres décadas de gobierno con la excusa de que las circunstancias del asesinato ya eran ampliamente conocidas por todos.
Radio del Sur

sábado, 1 de noviembre de 2014

Burkina Faso: Bajo la memoria de Sankara

El poder cambia de manos en Burkina Faso: El presidente Campaoré, que llegó al poder en 1987 en un golpe diseñado en Occidente, se refugia en el sur del país.
Una revuelta popular con centenares de miles de ciudadanos en la calle y que ha dejado entre cuatro y treinta muertos, según las fuentes, ha acabado con los 27 años de presidencia de Blaise Campaoré en Burkina Faso (antes Alto Volta), uno de los países más pobres del mundo.
Radio Omega, una emisora local de Uagadugú, la capital del país, informó poco después de medio día de la dimisión del presidente, “a fin de permitir un proceso de transición con elecciones libres en un plazo máximo de noventa días”.
Aunque la situación es algo confusa porque el general Honoré Traoré, jefe de las fuerzas armadas, dice haber asumido el poder, el abandono del presidente Campaoré parece definitivo. Un convoy fuertemente armado de sus partidarios le ha trasladado a la ciudad de Po, junto a la frontera con Ghana, en el sur del país.
La ciudad es sede de una unidad militar que es particularmente afín al presidente saliente, lo mismo que el mencionado general Traoré. Precisamente por eso, para evitar una continuidad camuflada, las manifestaciones populares, que este jueves tomaron por asalto e incendiaron el parlamento y la sede de la televisión, continuaron este viernes vilipendiando al nuevo general y aclamando a otro militar retirado, Kuamé Lugué, muy popular en la calle.
Clave para la gran revuelta popular ha sido el malestar ante el proyecto de modificación constitucional de Blaise Campaoré. Desde hace meses la oposición contestaba la reforma del artículo 37 que limita a dos quinquenios el mandato presidencial. Ese límite impedía a Campaoré, de 63 años, volverse a presentar en 2015.
La indignación no se entiende sin tener en cuenta que el presidente ya había reformado en dos ocasiones, en 1997 y en 2000, ese artículo, primero anulando la limitación, luego introduciéndola con un tope de dos mandatos de siete años, y finalmente, en 2005, estableciendo dos mandatos de cinco años, lo que le permitió volver a poner el contador a cero. Esa cuenta caducaba ahora en 2015 y se quería volver a reformar para perpetuarse en el poder monopolizado durante 27 años. Resultó demasiado.
En París, frente a la embajada de Burkina Faso, en el boulevard Haussman, la oposición “burkinabé” organizaba una manifestación de júbilo.
“Lo que ha pasado no ha sido inesperado, hacía años que las organizaciones de la sociedad civil y los partidos políticos fortalecían su acción para echar a Campaoré”, explica el doctor Didier Ouedraogo, presidente del movimiento burkinabé por los derechos del hombre y coordinador de la manifestación parisina, que reunió a gente bailando al ritmo de los tambores en plena calle.
Blaise Campaoré llegó al poder el 15 de octubre de 1987, en un golpe de Estado en el que se asesinó a sangre fría al popular presidente anterior, Thomas Sankara, y a otros doce de sus partidarios. Fue una traición, pues Campaoré era entonces el brazo derecho de Sankara. La muerte y memoria de aquel extraordinario presidente revolucionario africano, un hombre que fue a contracorriente de su época, ha perseguido a Campaoré a lo largo de estos 27 años, y también ha inspirado a la oposición.
Nacido en 1949, Thomas Sankara fue el artífice de la revolución del país, que entonces se llamaba Alto Volta, del año 1983. El suyo fue un movimiento claramente a contracorriente de la época: cuando el bloque del Este comenzaba su definitiva quiebra, y mientras en el mundo occidental se afirmaba la involución neoliberal de los Reagan y Thatcher, asumida poco después por la socialdemocracia, en Francia claramente a partir de aquel mismo año por Mitterrand.
Sankara cambió el nombre del país, un producto semántico-geográfico de la colonización, para adoptar el de Burkina Faso, que significa el país de los hombres íntegros en una fórmula que mezcla palabras de dos de las lenguas del país. Sankara renunció al estilo tradicional del gobernante africano en sintonía con el neocolonialismo. Uno de sus primeros gestos fue vender la flota de Mercedes de los funcionarios del gobierno. Él se movía en un viejo Renault 5. Potenció la producción local y la autosuficiencia, combatió la corrupción y animó la emancipación femenina y el trabajo de los agricultores.
“El equipo que rodeaba a Sankara era gente voluntariosa y muy comprometida, pero con un nivel de cultura universal muy bajo y un horizonte muy pequeño”, explica el periodista Pedro Canales, uno de los españoles que vivió aquellos años en Burkina Faso, organizando la prensa local, el diario Sidwaya y la revista Carrefour Africain. “Sankara era diferente; un idealista apasionado, con un sentido de la vida muy profundo, que cantaba y bailaba en los bailes populares a los que acudía con su mujer Mariam y sus dos hijos, Philippe y Auguste”, dice Canales.
“Pese a sus debilidades, Sankara dio una clara esperanza a la población, su política era una ruptura con el control de las potencias extranjeras sobre nuestro país”, dice el doctor Didier Ouedraogo. “Esa tendencia hay que relanzarla y es plenamente actual para toda África y para Burkina Faso. Sankara no pudo realizar la soberanía, pero con Blaise hemos ido claramente hacia atrás”, opina.
Gracias a una relativa libertad de expresión y pluralismo político, Campaoré se hizo presentable en París y ha mantenido padrinazgos estables en el Partido Socialista francés, como los que se le atribuían ante la ministra de Ecología y Energía, Ségolène Royal. El presidente saliente ha sido una pieza disciplinada de la llamada Françafrique, el siempre turbio orden neocolonial de complicidades, corruptelas y dependencias políticas y económicas existente entre París y sus ex dominios africanos. Desde hace años, ese orden se siente amenazado por la competición y creciente presencia en África de países como China e India, explica el politólogo de origen egipcio-senegalés Aziz Salmone Fall, profesor de la Universidad de Quebec en Montreal (UQAM).
Comenzando por Libia, Sudan, Argelia y Níger, Estados Unidos está desplegando desde el año pasado tropas en 35 países de África, ¿por qué ese nuevo interés imperial por África representado por la división africana del Pentágono, el Africom, creado en 2008 y con centro de mando en Stuttgart, Alemania?, preguntamos a este especialista.
“Los países africanos se ven tentados por nuevos socios comerciales, y en ese contexto el continente comienza a ser escenario de esa estrategia de lucha contra el terrorismo, véase la desestructuración de Libia, mediante la cual nuestros ejércitos son poco a poco controlados por los estados mayores occidentales”.
“Los grupos islamistas apoyados por los países del Golfo han sido utilizados para justificar la presencia de la OTAN en suelo africano, porque los países de la región pueden ahora encontrar ayudas de países fuera de la OCDE, países grandes que la prestan sin condicionalidad, sin la condición de abrazar el consenso de Washington, del Banco Mundial, del FMI, etc. También porque los países estaban a punto de avanzar hacia una mayor unidad, hacia una consolidación de su integración económica y política, gracias a países como Libia, Argelia y Sudáfrica, y eso va contra sus intereses”, dice Salmone Fall.
Este profesor de nacionalidad canadiense anima desde hace años, el “Comité Justicia para Thomas Sankara” y reivindica el panafricanismo de aquél. Desde 1997, el comité ha presionado internacionalmente para que se investiguen las circunstancias del golpe contra Sankara que encumbró a Campaoré en 1987, así como para que se identifique el lugar de su enterramiento en el cementerio de Dagnoen. En 2006 el Comité de Derechos Humanos de la ONU asumió esa petición. Durante el juicio internacional por las masacres de Sierra Leona, los esbirros de Charles Taylor, el presidente de Liberia condenado a cincuenta años por crímenes contra la humanidad, declararon que el golpe contra Sankara fue diseñado por Francia y la CIA.
Sankara, “tenía una idea muy clara de las limitaciones de su revolución, sabía que no podría triunfar aislada y era un internacionalista convencido”, explica el periodista Pedro Canales. “Su táctica era desarrollar la cultura, todo tipo de conocimiento, para evitar que la revolución acabara como tantas otras. Mientras se limitó a Burkina, los franceses le dejaron hacer, pero cuando se lanzó a apoyar a grupos similares al suyo en Costa de Marfil, Togo, Benin y Sierra Leona, las cosas comenzaron a torcerse. París se puso manos a la obra. No se quería asesinar a un presidente con tanto carisma y se organizó de tal manera que lo hicieran los propios burkinabés. Sembraron la cizaña dentro del grupo dirigente y se provocó un golpe de estado”, recuerda el periodista.
La Asamblea Nacional francesa ha ignorado hasta el momento la reclamación de investigación del Comité Justicia para Thomas Sankara, presentada en París en dos ocasiones, el 20 de junio de 2011 y el 5 de octubre de 2012. Tanto el Presidente François Hollande como su ministra de justicia, Christiane Taubira, han ignorado los correos que se les ha hecho llegar, señalan fuentes del comité.
“Thomas Sankara comprendió muy rápido que para salir del agujero había que contar sobre los propios recursos y sobre una autonomía colectiva panafricana”, explica el profesor Salmone Fall. “Dio poder a los campesinos, a las mujeres, a los que hacen funcionar la economía de verdad, y quiso poner a la elite en una lógica patriótica, es decir apartada del enriquecimiento ilimitado y de la corrupción de los fondos públicos. Comprendió la necesidad de crear unas nuevas relaciones con las potencias occidentales, con intercambios equitativos y protección de nuestros mercados interiores. En el fondo no hizo más que poner en práctica las ideas de Patricio Lumumba, Mejdi Ben Barka, Gamal Abdel Nasser y Amilcar Cabral, todos ellos asesinados o combatidos. Por eso fue asesinado”, concluye este experto.
Francia tiene hoy en Uagadugú la principal base de fuerzas especiales de la lucha contra el terrorismo y ha integrado al país en la zona de intervención de la operación “Barkhane”, recuerda la asociación “Survie” en un reciente comunicado dedicado a la crisis en Burkina Faso.

viernes, 31 de octubre de 2014

Manifestantes toman Parlamento y TV Pública de Burkina Faso

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El Gobierno de Burkina Faso, tras el surgimiento de grandes manifestaciones que fue acompañada con la muerte de un manifestante y el incendio del Parlamento, ha anulado este jueves el voto de una reforma constitucional que permitiría prolongar el mandato del presidente, Blaise Compaoré, tras 27 años en el poder.
El edificio del centro legislativo del país fue incendiado en la ciudad capitalina de Uagadugú por los insatisfechos cuando los diputados debían votar por la mañana la polémica reforma.
En entrevista para el programa “Rebelados” transmitido por La Radio del SUR, el periodista Carlos Martínez precisó el contexto de la actual situación en Burkina Faso.
En 1983 una revolución popular llevó al poder a Thomas Sankara, un revolucionario que optó por primeras medidas no pagar la deuda exterior, detuvo la explotación de los recursos naturales y los nacionalizó y mantuvo una política ecologista con la plantación de miles de árboles “es un Revolucionario a la altura de los grandes líderes de américa Latina” afirmó el Periodista.
En ese sentido, sus acciones lo hicieron molesto ante los intereses de naciones como Francia, que sin dudarlo llevó acabo un golpe de estado patrocinado por el gobierno francés de Mitterand en el que lograron el vil asesinato del Revolucionario Thomas Sankara, desde ese día, el “Asesino y Dictador Blaise Compaoré tiene 27 años en el poder” precisó Carlos Martinez.
Burkina Faso, nombre creado por Thomas Sankara el cual significa “Tierra de los hombres libres” ha hecho honor a su nombre, cuando miles de manifestantes se han echado a la calle y han tomado la TV pública y la sede del Parlamento, donde se llevaría acabo la votación para permitir al Dictador Compaoré presentarse a las elecciones y continuar cinco años más en el poder
Banderas rojas de sindicatos en las manifestaciones de Burkina Faso se han dado a conocer, liderados por Benewende Sankara, quien según datos oficiales obtuvo 4,8 % de los votos figurando como segundo partido de la oposición, este partido que está encabezando la revolución es bien reconocido por ser seguidor del legado de Thomas Sankara, “una izquierda laica, una izquierda revolucionaria y antiimperialista” concluyó Martinez
El Pueblo de Burkina Faso despierta ante la opresión, dichas manifestaciones que se iniciaron el lunes en Uagadugú al grito de “Veintisiete años es suficiente”, llevaron al Gobierno a suspender el voto previsto este jueves de la reforma, que busca revisar el artículo 37 de la ley fundamental para que Compaoré, que debe abandonar el poder en 2015, pueda extender su mandato 15 años más.
Radio del Sur

jueves, 16 de octubre de 2014

Thomas Sankara, el ‘Che Negro’ que sembró la revolución en Burkina Faso

Este 15 de octubre se conmemoraron 27 años del asesinato del capitán africano y líder de Burkina Faso, Thomas Sankara, conocido como el “Che Negro”.
Sankara nació el 21 de diciembre de 1949. A los 17 años comenzó su carrera militar, ocupación que lo llevó a Madagascar a principios de la década de los 70. En ese país pudo conocer los levantamientos populares contra un gobierno que permanecía sometido a Francia, pese a haber conseguido la independencia en 1960.
Su estadía en Madagascar lo acercó a los movimientos revolucionarios y a las teorías de Marx y Lenin; además de conocer las luchas de Ernesto “Che” Guevara, Nelson Mandela, Fidel Castro, entre otros, que le sirvieron para sus posteriores acciones.
El 4 de agosto de 1983, el visionario Sankara, junto a otros militares que compartían su visión, lideró la denominada Revolución Democrática y Popular en Alto Volta, antigua colonia francesa, que pese a conseguir su independencia en 1960, permanecía bajo el dominio de los colonizadores y el saqueo de las transnacionales.
Esta revolución popular tomó el poder. Con Sankara como presidente del país, se cambió el nombre de Alto Volta a Burkina Faso, compuesto por dos palabras que combinan los dos idiomas principales del país. En la lengua Mooré “burkina” significa íntegro, y en Bamanank, “Faso” se traduce por Patria; por ende, Burkina Faso significa País de los hombres íntegros.
Sankara comenzó un gobierno antiimperialista, como lo dejó claro en su Discurso de Orientación Política, emitido en octubre de 1983. Y dedicó sus esfuerzos a combatir el hambre y la corrupción; dando prioridad a la educación y la salud de los habitantes de Burkina Faso.
Además de modificar el nombre del país, Sankara escribió un nuevo himno nacional: Une Seule Nuit (Una Sola Noche). En este canto, al final del coro se entona: ¡Patria o Muerte, Venceremos!
Sankara sostenía que “para los africanos vivir como tales es la única manera de vivir libres y dignamente”. Tenía claro que “la llamada ayuda extranjera sólo produce desorganización y servilismo”.
Enfatizaba que “el objetivo de la revolución es que el pueblo ejerza el poder”.
Cuatro años después de la instauración de la Revolución Democrática y Popular, Sankara fue asesinado. El hecho ocurrió el 15 de octubre de 1987, tras el golpe perpetrado por Blaise Campaoré (actual presidente de Burkina Faso), quien juraba lealtad al proceso.
AVN