Arran, Endavant y Gatzara han organizado en Valencia una concentración de protesta por las agresiones de grupos ultras a manifestantes y periodistas durante la manifestación del 9 de octubre en Valencia. Cientos de personas se encuentran concentradas ante la delegación del Gobierno en Valencia, donde los asistentes piden la dimisión del delegado, Juan Carlos Moragues.
Después de los ataques a los asistentes a la manifestación, Compromiso, Podemos, EUPV e Intersindical pidieron la dimisión inmediata de Moragues por la falta de seguridad en la marcha, y condenaron los actos de violencia fascista que interrumpieron el ejercicio de la libertad de expresión de los valencianos con agresiones físicas e insultos.
También la Comisión 9 de Octubre, formada por entidades, sindicatos y partidos políticas de la izquierda y el valencianismo, pidieron a la delegación del gobierno español en Valencia que asuma su responsabilidad en las agresiones de grupos de ultraderecha por la pasividad policial.
Noam Chomsky, que siempre ha sido un ferviente defensor de la libertad de expresión, realizó unas declaraciones al periódico The Washington Examiner que el periodista tituló “El Antifa es un gran regalo para la derecha”. Traducimos los comentarios que hizo Libcom sobre las mismas, ilustrando sus afirmaciones con varios ejemplos de lucha antifascista, sobre todo de Gran Bretaña.
En EEUU hay una fuerte polémica sobre cómo se debe responder al supremacismo racial y al fascismo, envalentonados con el ascenso de Trump a la Casa Blanca. La respuesta progre (lo que en los países anglosajones denominan en inglés liberal) consistiría en ignorar el fenómeno para no darle importancia y respetar la libertad de expresión, un derecho inalienable en una sociedad que se considere libre (algo nos suena por aquí del autobús del odio de Hazte Oír).
El derecho a la libertad de expresión ha sido esgrimido por el fenónemo de ultra derecha alt-right, que utilizándolo como escudo y con una estrategia de comunicación muy adaptadas a la juventud (su ámbito principal es internet), ha sido capaz de hacerse un público, principalmente de varones blancos jóvenes. Frente a esta concepción, está la de quienes proponen responder al fascismo ahí donde intente tomar las calles, ya sea de forma pacífica, o respondiendo a la violencia que los fascistas siempre traen consigo.
Las protestas contra la toma de posesión de Donald Trump (donde el fascista de la alt-right Richard Spencer recibió un puñetazo durante una declaración ante las cámaras), contra una charla de Milo Yiannopoulos en Seattle (en las que un miembro de la IWW recibió un disparo) u otra charla del mismo sujeto en la universidad de Berkeley han dado mucho que hablar. Pero han sido las protestas contra una manifestación supremacista blanca en Charlottesville, en particular el asesinato por atropello (mismo método utilizado por Daesh) de Heather Heyer, una activista que integraba el bloque de protesta de la IWW, lo que ha conmocionado la sociedad de EEUU.
En Charlottesville pudo haber más muertes, el medio contrainformativo Unicorn riot está desvelando las conversaciones de chat fascistas en las que se organizó el evento fascista y se fantaseaba con atropellar y disparar a contra-manifestantes antiracistas. Algunos activistas pacifistas han explicado cómo anarquistas y antifascistas les salvaron de, como mínimo, una paliza, es el caso del filósofo Cornel West que declara a la periodista Amy Goodman:
CORNEL WEST: Al día siguiente, por ejemplo, los 20 que estábamos manifestándonos, muchos de ellos clérigos, hubiéramos sido aplastados como cucarachas si no fuera por los anarquistas y los antifascistas que se acercaron, más de 300 o 350 antifascistas. Nósotros eramos sólo 20. Y estamos cantando “Esta Pequeña Luz en mí”, ¿sabes a qué me refiero? De manera que la…
AMY GOODMAN: “Antifa”
CORNEL WEST: Los antifascistas, y luego, crucial, los anarquistas, porque en realidad nos salvaron la vida. Hubiéramos sido completamente aplastados, y nunca lo olvidaré. ¿Que quiero decir? Lo que significa que tengas a la policía abandonando el lugar, por una parte, así que ni siquiera pudimos ser arrestados. Estábamos allí para ser arrestados. No pudimos ser arrestarnos, porque la policía se había retirado, permitiendo que conciudadanos fueran unos contra otros, como ves, y con todas las consecuencias que se derivarían de ello.
La periodista Dahlia Lithwick recoge más testimonios en un artículo de Slate.com, como el del reverendo Seth Wispelwey:
Soy pastor en Charlottesville, y el antifa me salvó la vida dos veces el sábado. […] Tienen sus herramientas, que no son las que personalmente usaría, pero nuestros propósitos eran los mismos: bloquear esa marea violenta. […] No vi a ningún manifestante de la justicia racial con armas; En cuanto al antifa, cualquier cosa que portaran lo denominaría exclusivamente como herramientas de defensa comunitaria y nada más. Casi todo el mundo con el que hablo está de acuerdo, incluyendo la mayoría del clero.
Los sucesos de Charlottesville han sido un revulsivo para que una oleada de manifestaciones antifascistas recorran las principales ciudades de EEUU, un país con muy poca tradición de movilizaciones. Muchos ultraderechistas se han sentido molestos por la difusión de fotografías en las que se les reconocía, varios de ellos han llegado a ser despedidos de sus puestos de trabajo. Además provocó una pequeña crisis en el gabinete de Trump al renunciar cinco de sus miembros del Consejo de Asesores tras las declaraciones en las que el presidente de EEUU condenaba por igual la violencia de ambos lados.
Cada vez son más personas las que están dispuestas a plantar cara en la calle a la extrema derecha, como ocurrió hace pocos días en la ciudad universitaria de Berkeley [de fuerte tradición progresista y de organización estudiantil de izquierdas], donde miles de personas mostraron su rechazo a un acto convocado por seguidores de Trump bajo el lema “No al marxismo en América”, entre ellas unas cientos conformaban un bloque negro. A pesar de que prácticamente no hubo violencia, pues apenas aparecieron ultraderechistas, y el bloque negro siempre obró en el sentido de proteger de los ultraderechistas y la policía al resto de manifestantes, la prensa corporativa subrayó los conatos de enfrentamiento y retomó el discurso de el antifa como una organización violenta y armada que agrede a manifestantes que intentan ejercer su derecho de libertad de expresión. En ese sentido, no son pocas las voces que claman por incluir al antifa en el catálogo de grupos terroristas.
En este contexto, Noam Chomsky, que siempre ha sido un ferviente defensor de la libertad de expresión, realizó unas declaraciones al periódico The Washington Examiner que el periodista tituló “El Antifa es un gran regalo para la derecha”. Traducimos los comentarios que hizo Libcom sobre las mismas, ilustrando sus afirmaciones con varios ejemplos de lucha antifascista, sobre todo de Gran Bretaña. Quizá, como en el caso del autobús del odio de Hazte Oír, todo sea cuestión de si la libertad de expresión sirve de escudo a quienes tienen una posición de poder y privilegio para atacar a los más débiles.
6 razones por las que Noam Chomsky está equivocado con el antifa
Noam Chomsky recientemente realizó algunos comentarios sobre el antifa1 y el antifascismo militante en general, en el momento menos adecuado y sin tener la suficiente información. Compartimos lo que creemos que está mal al respecto.
Tras los sucesos de Charlottesville, se ha puesto de relieve la realidad de la violencia fascista en Estados Unidos. El asesinato de Heather Heyer es sólo el más reciente en un año que ha visto muchos otros asesinatos (como los dos en el Portland MAX en mayo y Timothy Caughman en Nueva York), con el asesinato de 2015 de nueve fieles en la iglesia de Denmark Vesey en Charleston por Dylann Roof mostrando una continuidad de la violencia de extrema derecha mucho antes de la elección de Donald Trump.
A pesar de todo esto, muchos líderes parlamentarios progres han decidido que este es el momento de condenar a los que se oponen a los fascistas. Tal vez la intervención más perturbadora, ha sido la de Noam Chomsky, dada la importancia que ha tenido en nuestra formación política en nuestra juventud. Pero, ¿en qué se equivoca Chomsky?
1. Los “predecesores” del Antifa son más significativos de lo que Chomsky cree
Chomsky describe a Antifa como “un sector minúsculo de la izquierda, al igual que lo eran sus predecesores” con “alguna similitud limitada con el Weather Underground” 2. Si bien podemos estar en desacuerdo con la descripción de Chomsky del Antifa actual, otro problema es su tergiversación de sus “predecesores”.
Están en el Grupo 43 y el Grupo 62, organizaciones dirigidas por judíos que se encargaron de aplastar los intentos de Mosley de reorganizar a los fascistas después de la Segunda Guerra Mundial. Están en la movilización masiva de habitantes de Lewisham, en el sureste de Londres en 1977, el Southall Youth Movement, que luchó contra los skinheads en las calles y en Anti-Fascist Action, quienes regularmente derrotaron a los fascistas de todo el país desde mediados de los 80 hasta finales de los noventa
2. ¿El antifa es “un gran regalo para la derecha, incluyendo la derecha militante, que es fuerte”?
Cuando la extrema derecha es aplastada por los antifascistas, no es exuberante.
Cuando los antifascistas en Liverpool barrieron la White Man March de 2015 en Liverpool, no fueron exuberantes, fueron completamente humillados.
Cuando la English Defence League fue expulsada de Walthamstow en 2012, no fueron exuberantes, fueron totalmente humillados.
El Grupo 43, el Grupo 62 y Anti-Fascist Action se enfrentaron exitosamente el fascismo organizado de la calle en el Reino Unido durante décadas después de la Segunda Guerra Mundial.
En todos estos casos, las derrotas físicas llevaron a mayores divisiones en la extrema derecha, recriminaciones mutuas y, lo que es más importante, una ruptura de la imagen de combatientes callejeros invencibles que a estos grupos les gusta cultivar para sí mismos.
Por supuesto que intentarán dar la vuelta a las derrotas haciéndose las víctimas. Pero igual que harían de cualquier marcha sin oposición una muestra exitosa de su fuerza, sobre todo si, como lo han hecho en el pasado, después de la misma van ‘de caza’. “Ignorar a los fascistas hasta que se vayan”3 sólo funciona si también tienes el privilegio de ser ignorado por ellos.
Una derrota física no es un regalo a la derecha militante. Es una de las formas más eficaces de mantenerlos débiles.
Asistentes a la White Men March no pareciendo muy exuberantes mientras se escondían en la consigna de la calle Lime de Liverpool
3. Negar una plataforma a los fascistas no es “erróneo por principio”
Tal vez la afirmación más peligrosa de Chomsky es que “Lo que el antifa hace es a menudo malo por principio —como el bloqueo de las charlas”. Decimos peligroso porque anima a proporcionar un espacio para que crezca el fascismo.
No hay nada de malo en negar a los fascistas una plataforma, ya se trate de concentraciones, manifestaciones, reuniones públicas o debates. Los fascistas usan sus plataformas para fortalecer y, a medida que crecen, atacar a sus oponentes.
No estamos obligados a dar a los fascistas un lugar para que difundan su odio. En 2002, el sindicato de conductores de trenes, Aslef, expulsó a un miembro que había sido candidato a las elecciones locales el partido de extrema derecha BNP. ¿Piensa tal vez Chomsky que esto está mal? ¿Acaso estaban obligados a aceptar a un miembro que sembraría divisiones entre compañeros blancos y no blancos? ¿ Tal vez Aslef debería haber organizado un debate público para escucharlo?
A los fascistas les encanta cuando los progres les proporcionan una plataforma. Les ayuda a difundir su mensaje para poder crecer y les da confianza para aplastar a sus oponentes —los progres incluídos.
Estas plataformas —ya sea calles de nuestras ciudades o salas de debate— no deben ser proporcionadas.
4. Las confrontaciones callejeras no las ganan siempre ‘los más duros y brutales’…
Chomsky afirma: “Cuando la confrontación cambia a la arena de la violencia, es el más dura y brutal quien gana —y sabemos quién es”. Sin embargo, la movilización antifascista de masas puede acabar con los fascistas sin ser “los más brutales”. En Liverpool, los fascistas corrieron a esconderse en la consigna de una estación de tren al verse superados en una proporción de diez a uno. En Brighton se ha conseguido que las marchas fascistas sólo se puedan realizar con una fuerte escolta policial debido a la masiva oposición local.
En última instancia, la fuerza más poderosa de la sociedad es la clase obrera. Siempre ganamos cuando nos movilizamos masivamente.
5. …y de todas formas, la extrema derecha no siempre es “las más dura y brutal”.
La extrema derecha se cree el cuento de hadas de que tiene el monopolio del uso de la violencia. La experiencia en Gran Bretaña después de la Segunda Guerra Mundial es que la extrema derecha, a pesar de toda su fanfarronería, no fue tan “buena en las calles” como creía que era. Desde el Grupo 43 pasando por el Grupo 62 hasta la AFA, machacaron frecuentemente en las calles a la extrema derecha.
Ahora, si bien es importante que nos concentremos en la construcción de amplios movimientos antirracistas de clase obrera en lugar de en escuadrones de asalto o fuerzas especiales de élite antifascistas, también es importante no perpetuar los mitos que la extrema derecha intenta crear sobre sí misma. Para empezar basta con mirar a este pringado:
6. La oposición física al fascismo no excluye al “activismo constructivo”
La afirmación de Chomsky de que uno de los “costos” de la confrontación física con los fascistas es la “pérdida de la oportunidad de educación, organización y activismo serio y constructivo” es una falsa división. Por otra parte, es una muestra una falta de contacto con antifascistas en la vida real.
En realidad, los antifascistas a menudo participan en actividades que van más allá del “antifascismo”, ya sea en solidaridad con migrantes, organización sindical, contra la vilencia policial o cualquier otra cosa. Realizan proyecciones de películas, conciertos y torneos de fútbol. El hecho de que Chomsky se pierda todo esto dice más sobre él que sobre los antifascistas.
Si la gente está dispuesta a poner sus vidas y su seguridad en primera línea para resistir al fascismo es una elección que se debe celebrar. La autodefensa comunitaria puede crear el espacio necesario para que surgan otras instacias organizativas, considerando que fascistas sin oposición no reventarán alegremente las reuniones y los actos de izquierdas.
Una gran cantidad de movilizaciones antifascistas en los Estados Unidos se han asociado con la IWW, una sindicato combativo que da gran importancia a la educación y a la organización seria y constructiva. Puedes organizarse en tu lugar de trabajo de lunes a viernes y oponerte a los fascistas cuando ocasionalmente vienen a tu ciudad el sábado, no implica renunciar a nada
En última instancia, es importante recordar que el “antifascismo” nunca será suficiente para derrotar al fascismo; de hecho, no se puede derrotar al fascismo sin derrotar al capitalismo. Eso significa construir una cultura política de clase obrera de masas que sea una alternativa a las políticas de extrema derecha y progres del “business as usual”: organizaciones sindicales vibrantes dentro y fuera de los sindicatos tradicionales, grupos comunitarios que luchan por la vivienda, contra la brutalidad policial, apoyando a las víctimas de la violencia doméstica, de solidaridad con migrantes, y de tantas cosas más que probablemente no cabrían aquí.
No debemos pensar en el antifa como un fin en sí mismo. Pero tampoco necesitamos que los intelectuales públicos más prominentes de la izquierda lo lancen bajo el autobús.
1.N del T – En los medios anglosajones se están referiendo a Antifa casi como si fuera una organización. En la traducción mantenemos el término y dejamos de lado la cuestión de si el antifascismo militante es un movimiento o una característica común a amplios sectores de la izquierda y el movimiento libertario. Traduciremos Antifa por ‘el antifa’
2.N del T – Hay que matizarlo, Chomsky menciona al Weathermen Underground porque le pregunta por él el periodista y responde, “diferían no sólo en el contexto, sino también en tácticas, casi siempre contra la propiedad, por lo menos en intención”. También añade que “quizá el antifascismo durante el surgimiento del nazismo en Alemania sea un mejor ejemplo” y aclaró que “la violencia de izquierda en Alemania apenas fue un problema”.
3.N del T – Aunque va entrecomillado, no son palabras pronunciadas por Noam Chomsky en el citado artículo.
En EEUU está creciendo un potente movimiento antifascista en respuesta a la ultraderecha en auge con la elección de Donald Trump. Publicamos un esclarecedor artículo aparecido en el NYT.
OAKLAND, California — Hace unos días, cuando se hizo la marcha “Unamos a la derecha” en Charlottesville, Virginia, un mensajero de 27 años se acercó a los manifestantes preparado para el combate. Se unió a una cadena humana frente al Parque de la Emancipación para impedir que olas de supremacistas blancos —algunos de ellos vestidos con el uniforme nazi— pudieran proseguir su marcha.
“Tan pronto como se acercaron”, dijo el joven —quien se negó a dar su nombre y pidió que lo llamáramos Frank Sabaté en honor al famoso anarquista español—, “comenzaron a enseñar palos, escudos y los puños. No me avergüenza decir que no titubeamos en defendernos”.
Sabaté es miembro de un polémico movimiento de izquierda conocido como antifa. El término, un acortamiento de la palabra “antifascista”, describe a los numerosos activistas radicales que han aparecido en distintos eventos a lo largo del país durante los últimos meses, y que se han enfrentado abiertamente contra los supremacistas blancos, extremistas de derecha y, en algunos casos, simpatizantes del presidente Donald Trump. Animados en parte por la elección de Trump, han peleado con sus opositores conservadores en marchas políticas y mítines en universidades, argumentando que una forma crucial de combatir a la extrema derecha es enfrentarse a sus seguidores en las calles.
A diferencia de la mayoría de los contramanifestantes en Charlottesville y en cualquier otra parte, los miembros de antifa no tienen ningún recelo en usar los puños, palos o latas de gas pimienta para enfrentarse al despliegue de militantes de derecha a los que definen como una amenaza fascista para la democracia estadounidense. Una decena de miembros de este movimiento explican que la nueva derecha del país exige una respuesta física.
“La gente está empezando a entender que a los neonazis no les importa si eres tranquilo o pacífico”, comentó Emily Rose Nauert, una chica de 20 años que es integrante de antifa y se convirtió en un símbolo del movimiento en abril, cuando un líder nacionalista blanco le propinó un puñetazo en la cara durante una aglomeración cerca de la Universidad de California, en Berkeley.
“Necesitas violencia para proteger la no violencia”, añadió Nauert. “Obviamente eso es muy necesario en este momento. Es la guerra frontal, básicamente”.
Otras personas de izquierda están en desacuerdo, ya que opinan que los métodos de antifa dañan la lucha contra el extremismo de derecha y le han permitido a Trump argumentar que hay dos bandos que están a la par. Los críticos de antifa apuntan al poder de la desobediencia pacífica durante la era de los derechos civiles, cuando las marchas multitudinarias y los protestas contra la segregación en los restaurantes en el Sur acabaron por erosionar la consagración legal de la discriminación.
“Estamos en contra de la violencia, de eso no hay duda”, dijo Heidi Beirich, directora del Proyecto de Inteligencia del Southern Poverty Law Center, que monitorea a los grupos de odio. “Si quieres protestar contra racistas y antisemitistas, debes hacerlo pacíficamente y de preferencia lejos de donde estos grupos se manifiestan”.
Los seguidores de antifa —algunos armados con palos y con la cara cubierta— participaron en las batallas campales en las calles de Charlottesville, pero es imposible saber cuántas personas pertenecen al movimiento. Sus seguidores reconocen que es secreto, no tiene líderes oficiales y se organiza en células locales autónomas. Es uno más de los grupos que pertenecen a la constelación de activistas que se han reunido en las últimas semanas en la lucha contra la extrema derecha.
Motivados por un gran abanico de pasiones políticas —entre ellas el anticapitalismo, el ambientalismo, los derechos de diversidad sexual y de los pueblos indígenas— el movimiento reúne a comunistas, socialistas y anarquistas que han encontrado una causa común en el enfrentamiento a los extremistas de derecha y los supremacistas blancos.
En la lucha contra la extrema derecha, el movimiento antifa se ha aliado con el clero local, los miembros del movimiento Black Lives Matter y los activistas de justicia social. También ha apoyado a grupos de nicho como los combatientes del Bloque Negro, que se enfrentaron a fuerzas de derecha en Berkeley este año, y By Any Means Necessary, una coalición formada hace más de dos décadas para protestar contra la prohibición de California a la acción afirmativa en las universidades.
George Ciccariello-Maher, catedrático de la Universidad Drexel en Filadelfia y que se reconoce como seguidor y estudioso de antifa, dijo que no tenían un origen único. El grupo tiene antecedentes en Europa, en particular en Alemania e Italia, donde sus primeros adeptos intercambiaron disparos con los nazis en la década de 1930 y lucharon contra los Camisas Negras de Benito Mussolini. Su historia más reciente tiene sus raíces en la escena musical del punk rock, las protestas en contra de la globalización de los noventa y el movimiento Occupy Wall Street.
Lo más cercano a un principio orientador que podría tener antifa es que no se puede razonar con las ideologías que identifica como fascistas o que están basadas en una creencia de inferioridad genética, y por lo tanto se les debe oponer una resistencia física. Sus adeptos desdeñan la política liberal tradicional y tienden a luchar contra la derecha con lo que llaman “acciones directas” en lugar de confiar en las autoridades gubernamentales.
“Ante esta amenaza seria y peligrosa, y la violencia que ya ha causado, ¿qué es más peligroso? ¿No hacer nada y tolerarla o confrontarla?”, preguntó Frank Sabaté. “Su existencia misma es violenta y peligrosa, así que no creo que usar la fuerza o la violencia para enfrentarla sea poco ético”.
Otra activista antifa llamada Asha, de 28 años, dijo que “la defensa del genocidio y la supremacía blanca es violencia”. Y añadió: “Si nos mantenemos al margen, les estamos permitiendo construir un movimiento cuyo objetivo final es el genocidio”.
En los días que siguieron a los sucesos violentos de Charlottesville, algunos miembros de antifa respondieron con un llamado enfurecido a tomar las armas, diciendo que no podían rendirse ante los que describieron como “agresores” de la derecha, incluso si eso significaba llegar a enfrentamientos armados.
Emily Rose Nauert se convirtió en un símbolo del movimiento antifa en abril, cuando un líder del nacionalismo blanco le propinó un puñetazo en la cara durante un enfrentamiento cerca de la Universidad de California, en Berkeley.
“Espero que nunca lleguemos a eso”, dijo un anarquista californiano de 29 años que usa el seudónimo Tony Hooligan. “Pero estamos dispuestos a hacerlo”.
No todos los seguidores del movimiento antifa son tan beligerantes, ni solo recurren a tácticas violentas. Cuando no asiste a lo que llama “grandes movilizaciones” como la de Charlottesville, Frank Sabaté organiza actividades comunitarias, defiende la reforma carcelaria y distribuye literatura anarquista en conciertos de punk rock. Otros activistas dicen que hacen lo mismo en bastiones antifa como Filadelfia, el área de la bahía de California y la región del noroeste del Pacífico.
El campus de Berkeley ha sido un caldo de cultivo de actividad antifa, y los funcionarios de la universidad han criticado al grupo. En febrero, manifestantes vestidos de negro, algunos de los cuales se identificaron como antifa, rompieron ventanas, arrojaron bombas molotov y allanaron el edificio del campus, ocasionando daños por 100.000 dólares.
“La sola idea de refutar ideas y opiniones con violencia es opuesta a la ética que representa una universidad”, dijo el vocero Dan Mogulof.
Una de las principales funciones de antifa, según sus adeptos, es monitorear las páginas web de derecha y de supremacistas blancos como The Daily Stormer y exponer a los grupos extremistas en mensajes que se publican en sus propias páginas web, como ItsGoingDown.org. Según James Anderson, quien ayuda a dirigir el sitio, el interés en la web ha aumentado desde los acontecimientos de Charlottesville, ya que se han sumado más de 4000 seguidores a los más de 23.000 que tenían.
Sin embargo, antifa “no es algo nuevo que hay que hacer porque está de moda”, añadió Anderson. Algunos de los que se enfrentaron contra los de derecha en la asunción de Trump o en eventos más recientes en Nueva Orleans y Portland, señaló, eran veteranos de acciones en la Convención Nacional Republicana de Minneapolis en 2008, donde cientos de personas fueron arrestadas, y en campamentos del movimiento Occupy en ciudades de todo el país.
No obstante, dijo Anderson, el resurgimiento de la extrema derecha con Trump ha renovado un sentimiento de urgencia.
Uno de los ejemplos más vívidos de la violencia antifa tuvo lugar en enero en la toma de posesión de Trump, donde un miembro enmascarado del movimiento golpeó al conocido supremacista blanco Richard Spencer (a quien un activista antifa roció con gas pimienta en Charlottesville). Ese golpe dio inicio a un debate nacional sobre si podía justificarse moralmente el hecho de “golpear a un nazi”.
Algunos manifestantes fueron rociados con sustancias químicas irritantes durante los enfrentamientos sucedidos en abril entre partidarios del presidente Trump y sus opositores en Berkeley, California.
Spencer, un férreo enemigo de la izquierda, todavía distingue entre las diversas facciones de sus oponentes. “Es importante diferenciar a los antifa de los liberales”, aclaró. “No creo que sea una exageración decir que el movimiento antifa cree en usar todos los medios necesarios. Tienen una vena sádica”.
Otras figuras de derecha, como Gavin McInnes, fundador de Proud Boys, una fraternidad conservadora formada por chauvinistas occidentales, dijo que el movimiento antifa no se ha hecho ningún favor al asumir que sus enemigos comparten por igual las mismas opiniones. McInnes fue invitado a Charlottesville pero dijo que rechazó la invitación por la presencia de supremacistas blancos como Spencer.
Al igual que muchos de sus opositores, algunos antifas insisten en que solo reaccionan a una agresión preexistente. “La esencia de su mensaje es la violencia”, dijo Jed, un organizador del movimiento en Nueva York que pidió que no se mencionara su nombre. “El otro lado —el suyo— solo responde”.
Sin embargo, Nauert comentó que creía que, ahora más que nunca, la “confrontación física” sería necesaria. “Al final”, concluyó, “eso es lo que hay que hacer, porque los nazis y los supremacistas blancos no están aquí para hablar”.