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lunes, 2 de abril de 2018

Las redes no son gratis, las pagas con tus datos


A pesar de que Google, Facebook, Twitter, WhatsApp, Instagram y otras redes más pequeñas como Snapchat sean las encargadas de recopilar los datos, el estudio y la sistematización de los mismos se hace en empresas que normalmente operan fuera del radar de la mayoría de los usuarios.
Toda interacción con Internet crea datos que en su mayoría son resguardados en un lugar que desconocemos. Al colocar una foto de perfil en cualquier red social, ese archivo se guarda efectivamente en un servidor privado bajo unos esquemas de privacidad que no son auditables por el usuario. Así como pasa con las fotos también sucede con las conversaciones, los correos, los archivos e información de uso: como el tiempo que se pasa en una página, el contenido de las búsquedas, los historiales de compras en Internet, datos geográficos, preferencias musicales, grupo etario y más.
Las operaciones de mercadeo que suelen derivar de la información tan detallada que cada usuario publica en Internet fueron sólo el comienzo. En un principio se supo de empresas privadas que modificaban sus estrategias de mercado teniendo en cuenta las opiniones que las personas tenían de la marca en redes sociales, pero para obtener esos datos no revisaron perfil por perfil, sino que compraban a la red social de turno toda la información que necesitaban, fuese privada o pública; mensajes directos, descripciones de fotografías o comentarios.
Más recientemente esa información ha servido para crear perfiles electorales, de forma que puedan ser utilizados para vender ya no una marca, sino un candidato a presidente o una propuesta en especial. Vale acotar que estos perfiles individuales no paran de crecer, cada vez son más detallados y completos, incluyendo actualmente el reconocimiento facial y las rutas transitadas, elementos clave para el control social.
A pesar de que Google, Facebook, Twitter, WhatsApp, Instagram y otras redes más pequeñas como Snapchat sean las encargadas de recopilar los datos, el estudio y la sistematización de los mismos se hace en empresas que normalmente operan fuera del radar de la mayoría de los usuarios, como Cambridge Analytica y detrás de ésta el SCL Group, quienes describen sus actividades de la siguiente forma:
“SCL Group proporciona datos, análisis y estrategias a gobiernos y organizaciones militares de todo el mundo. Durante más de 25 años, hemos llevado a cabo programas de cambio de comportamiento en más de 60 países y hemos sido reconocidos formalmente por nuestro trabajo en defensa y cambio social”.

El escándalo

Estas empresas ya no están más en las sombras, desde el escándalo mediático que se armó cuando un antiguo miembro fundador de Cambridge Analytica declaró que Facebook había entregado datos de 50 millones de perfiles para ser explotados con fines electorales por parte del comando de campaña de Donald Trump en las más recientes elecciones presidenciales de los EEUU.
Por un lado estos señalamientos generaron una caída importante de las acciones de Facebook, así como también sirvió para mermar aún más la confianza en las instituciones tradicionales del Estado-nación, ahora tachadas de manipuladoras y corruptas, con bastantes razones.
Cambridge Analytica es sólo un chivo expiatorio, el golpe real es contra la política tradicional
Se infiere a través de las miles de noticias que se han generado que sin esta “ayuda” adicional de Cambridge Analytica, los triunfos electorales del Brexit y de Donald Trump no hubiesen sido posibles, pero no se detienen allí, sino que algunos bodrios desinformativos como Televisa e Infobae también se atreven a relacionar a Rusia con el escándalo, aun cuando públicamente Facebook declarase que no están involucrados en absoluto.

¿Qué hay detrás de esta escaramuza controlada?

Las operaciones psicológicas no fueron inventadas hace dos años, son una herramienta más dentro del esquema de guerra generalizada en todo el planeta. A pesar de que el término Big Data se pusiera de moda luego del triunfo electoral de Trump, el uso de esta herramienta para estudiar y posteriormente manipular conductas colectivas se remonta a la guerra de Estados Unidos contra Vietnam.
Entonces el problema no parece estar en las herramientas sino para qué se las usa, ya que desde todos lados han comenzado a aparecer nexos de Cambridge Analytica con instituciones colombianas, mexicanas, argentinas y otras más, pero en ningún caso se ha hecho tanto alboroto como con el Brexit o la presidencia de Trump, dejando implícito que justo esos dos acontecimientos fueron especialmente incómodos para los que hoy patrocinan tantas acciones legales y mediáticas para demeritarlos, al punto de reducir al electorado a un puño de “zombies manipulados” y destruir la credibilidad de Cambridge Analytica en el proceso, como si esa fuese la única empresa que realiza ese tipo de asesoría. Aquí cabe recordar el caso de la empresa consultora de JJ Rendón como un ejemplo cercano y reciente de este tipo de iniciativa.
Adicionalmente, este tipo de linchamiento mediático tiene muchos parecidos con los Panamá Papers y la trama de Odebrecht, como se dijo antes, en tanto sirven para engrosar el expediente de la crisis institucional del Estado-nación. Cabe preguntarse de dónde viene el señalamiento y cuáles son las motivaciones, porque generalmente estos escándalos son distribuidos desde generadores de opinión auspiciados por los más interesados en debilitar aún más las capacidades de los Estados para que las corporaciones y los grandes capitales privados no tengan trabas geográficas, políticas, arancelarias o jurídicas en su accionar.
Diluir los Estados es una operación multidimensional de largo aliento. Actualmente Cambridge Analytica es sólo un chivo expiatorio, el golpe real es contra la política tradicional, aunque en este caso también se puede notar un fenómeno descrito por el historiador e intelectual ruso Andrei Fursov en una entrevista, en la que afirma que los grandes capitales amasados recientemente por sujetos como Mark Zuckerberg, Steve Ballmer o Bill Gates, serían expropiados de una manera u otra, siempre bajo una razón moralmente justificable por la opinión pública y dejando implícita la idea de que se está haciendo justicia.
Este golpe económico y mediático que recibió Facebook hace evidente que ese periodo descrito por Fursov ha comenzado. Eso no quiere decir que Facebook vaya a desaparecer, pero sí habla de un hecho real y palpable: Facebook no se manda solo, en el momento que se contradiga los intereses de los dueños del mundo, sin importar qué tan grande sea la empresa o el personaje, va a recibir su oportuno correctivo.

jueves, 1 de marzo de 2018

La democracia de Google, Facebook y YouTube. Apuntes sobre el sesgo ideológico de los motores de búsqueda

La política de las grandes empresas de la red, así como su vinculación con gobiernos y grupos poderosos, no contribuye a la libre elección de los contenidos digitales por parte de los ciudadanos.
Si los motores de búsqueda de Internet pueden ser calibrados con sesgos ideológicos, la neutralidad de la red es un deseo pero no una realidad. La política de las grandes empresas de la red, así como su vinculación con gobiernos y grupos poderosos, no contribuye a la libre elección de los contenidos digitales por parte de los ciudadanos
Cuando Mark Zuckerberg decidió ofrecer a las naciones emergentes Internet.org, la rabia no tardó en estallar. Como explica acertadamente Daniel Leisegang en “Facebook salvará al mundo”, este proyecto surgido en 2013 tenía una mascarada humanitaria: permitir acceso a Internet a una enorme cantidad de ciudadanos del Tercer Mundo que aún están fuera de la aldea global. Por supuesto, la idea era romper las barreras que impiden, por ejemplo, que dos tercios de la población india se puedan unir a Facebook.
Además de la India, el proyecto aspiraba a un total de 100 naciones más. Acusada de violar la neutralidad de la red, Facebook tuvo que cambiarle el nombre: de Internet.org pasó a llamarse Free Basics y de la India debió irse en 2015 debido a la gran cantidad de críticas que recibió. ¿Por qué? Porque Facebook no estaba ofreciendo Internet a secas, sino que se trataba de una aplicación para teléfonos móviles a través de la cual los sectores de menores recursos de ese país podían acceder a una versión recortada de Internet. La idea, originalmente impulsada con el espíritu de que “la conectividad es un derecho humano”, terminó exhibiendo que lo que se proponía Zuckerberg es apropiarse de la gigantesca masa de datos de una significativa cantidad de los pobres del mundo (para monetizarlos).
¿Quién decidía qué servicios están disponibles en la aplicación? Según Chris Daniels, el vicepresidente de la compañía, la decisión la toman Facebook, el gobierno de cada país y el operador de telecomunicaciones asociado. Con razón, podríamos afirmar que si «Internet es un derecho humano», con Free Basics Facebook sólo aspira a regular los «derechos humanos recortados» de la mitad de la población mundial (la que no tiene acceso a Internet). Estas políticas que agrandan la brecha digital poco tienen que envidiarle al modelo de Corea del Norte, donde la mayoría sólo tiene a acceso a una modesta Intranet local que apenas tiene 28 páginas webs disponibles con contenidos fiscalizados por el gobierno de Kim Jong Un (la excepción la constituye, como es obvio, la élite gobernante). Free Basics, que se encuentra en una fase muy embrionaria, sumaba en noviembre de 2016 unos 40 millones de usuarios.
En América Latina, Free Basics ya ha sido implementado en 3 países (sobre veintitrés a nivel mundial que se han unido): Colombia, Guatemala y también Bolivia, cuya inclusión en este programa pone de relieve la insuficiente discusión de los problemas del monopolio de la información en la era digital por parte del populismo continental (o en este caso, su colaboración/subordinación con esos monopolios).
Free Basics no permite ingresar a Google, el buscador más popular de todo el mundo, sino a Bing (el buscador de la competencia, Microsoft, que posee acciones en Facebook). Ahora bien, ¿qué ocurre con el 49,6% (3700 millones de personas)que sí tenemos acceso a Internet a secas, sin (aparentes) restricciones, y del cual más del 90% somos usuarios de Google? ¿Podemos realmente jactarnos de utilizar un Internet realmente libre y «neutral»?
Efecto de la Manipulación de los Motores de Búsqueda
La expresión «Efecto de la Manipulación de los Motores de Búsqueda» (Seme, por sus siglas en inglés), fue utilizada en agosto de 2015 por Robert Epstein y Ronald E. Robertson, dos académicos de estadounidenses que demostraron que se podía decantar el voto de un 20% o más de indecisos en función de los resultados que ofreciera Google. En varios artículos y entrevistas, Epstein se refiere a su estudio y afirma que “en algunos grupos demográficos, hasta un 80% de los votantes” pueden llegar a cambiar sus preferencias electorales según los resultados que ofrece Google. En febrero de 2016, los medios ingleses fueron el terreno de una polémica sobre la injerencia del buscador en las elecciones de los votantes.
Este no es solamente un problema de la democracia occidental. Según la intelectual francesa Barbara Cassin, autora de «Googléame: la segunda misión de los Estados Unidos», Google habría cedido al gobierno de China perfiles de sus usuarios en ese país, «lo cual permitió identificar e incluso arrestar a disidentes». Para ilustrar el sesgo ideológico de los motores de búsqueda de manera clara, Cassin afirma que «si, en un país que no sea China, uno escribe en el Google Tiananmen, obtendrá datos sobre la represión a manifestantes en esa plaza de Beijing, en 1989, que dejó centenares de muertos: pero, si lo escribe en China, no obtendrá más que pacíficas referencias urbanísticas a la plaza».
Por supuesto, Google no admite este sesgo ideológico implícito en su sistema, pero las recientes políticas de la empresa para ayudar a «combatir el terrorismo» en general y al Estado Islámico (ISIS) en particular, exhiben concretamente el modo en que funciona su poder sobre las decisiones de las personas en la actualidad. Es el caso de Jigsaw, un programa piloto de Google basado en su sistema de publicidad personalizada, pero con un objetivo cero comercial, sino político. El plan es localizar usuarios proclives al mensaje del ISIS y ofrecerles una serie de anuncios específicos para ellos, a través de los cuales se los redirige disimuladamente a contenidos que refutan las tesis del ISIS y que podrían ayudar a quitarles de la cabeza la idea de unirse al ’Califato’. Pocos podrían objetar que Google convenza a las personas de rechazar a ISIS, pero es evidente que esto revela que Google está lejos de ser «neutral» u «objetivo» y, por el contrario, llama la atención sobre las posibilidades de manipulación sobre el usuario.
¿Batalla contra las fake news o censura 2.0?
Los tiempos han cambiado, y con ellos también lo que hallamos en internet. En 2010, al buscar sobre política en Google, solo un 40% de los resultados los proveían medios de comunicación. Ya en 2016, ese porcentaje rozaba el 70%. El 25 de abril de 2017, Google anunció que había implementado cambios en su servicio de búsqueda para dificultar el acceso de los usuarios a lo que llamaron información de “baja calidad” como «teorías de conspiración» y «noticias falsas» (fake news). Facebook también aplicó una política similar.
Google aseguró que el propósito central del cambio en su algoritmo de búsqueda era proporcionar un mayor control en la identificación de contenido considerado objetable. Ben Gomes, a título de la compañía, declaró que había «mejorado nuestros métodos de evaluación e hizo actualizaciones algorítmicas» para «hacer emerger contenido más autorizado». Google continuó: «actualizamos nuestras directrices para evaluar la calidad de búsqueda para proporcionar ejemplos más detallados de páginas web de baja calidad para que los evaluadores marquen adecuadamente». Estos moderadores tienen instrucciones de marcar «experiencias molestas para el usuario», incluidas páginas que presentan «teorías de conspiración». Según Google, estos cambios rigen a menos que «la consulta indique claramente que el usuario está buscando un punto de vista alternativo».
Desde que Google implementó los cambios en su motor de búsqueda, menos personas han accedido a sitios de noticias de izquierdas, progresistas, u opositoras a la guerra. Con base en la información disponible en análisis de Alexa, algunos de los sitios que han experimentado bajas en el ranking incluyen WikiLeaks, Truthout, Alternet, Counterpunch, Global Research, Consortium News, WSWS, la American Civil Liberties Union y hasta Amnistía Internacional. También en el caso de Facebook, el editor de KRIK, un medio independiente serbio, publicó sus quejas en The New York Times, explicando como cambios para combatir (aparentemente) las fake news, los perjudicaron seriamente.
Llamativamente, poco antes de esa decisión de Google, The Washington Post había publicado un artículo, “Los esfuerzos de propaganda rusos ayudaron a difundir noticias falsas durante las elecciones”. Allí se citaba a un grupo anónimo conocido como PropOrNot que compiló una lista de sitios de noticias falsas difundiendo «propaganda rusa». El 7 de abril de 2017, Bloomberg News informó que Google estaba trabajando directamente con The Washington Post para verificar los artículos y eliminar las «fake news». Esto fue seguido por la nueva metodología de búsqueda de Google: de los 17 sitios declarados como noticias falsas por la lista negra del Washington Post, 14 cayeron en su clasificación mundial. La disminución promedio del alcance global de todos estos sitios es del 25 por ciento, y algunos sitios vieron caerlo hasta un 60 por ciento. La sospecha de que Google se haya aliado con estos medios tradicionales potentes para discriminar a medios alternativos e independientes cobra fuerza al hilar estos hechos.
Además de su propio buscador, Google posee el control de YouTube, empresa que compraron en 2006 (un año después de su fundación). YouTube paga a los productores de videos a partir de una cierta cantidad de visualizaciones por colocar anuncios (ads) sobre ellos, actuando de intermediario entre las grandes empresas y ellos. El cambio más serio de YouTube se produjo a raíz de informes como el de The Wall Street Journal de que los anuncios aparecían en los videos de YouTube que mostraban extremismo y odio. Cuando grandes anunciantes como AT&T y Johnson&Johnson retiraron sus anuncios, YouTube anunció que trataría de hacer que el sitio sea más aceptable para los anunciantes al «adoptar una postura más dura respecto del contenido ofensivo, ofensivo y despectivo». Con estos nuevos algoritmos, Google perjudicó a productores de videos progresistas e independientes, provocando lo que estos denominaron the adpocalypse (apocalipsis de los anuncios). Básicamente, el mecanismo implementado terminó por condenar aquellos contenidos alternativos y empuja a los productores de videos a evitar opiniones o puntos de vista objetables… según los estándares políticos de Google/YouTube.
Basado en su estudio, Epstein había cuestionado que Google y Facebook decidan que noticias son falsas y cuales. Considera que su posición monopólica los transforma en un super-editor periodístico mundial. Las prácticas de Google en relación a los algoritmos que regulan los motores de búsqueda no sólo tuvieron implicancias políticas sino también fines comerciales. En el marco de su regulación anti-trust, la Comisión Europea multó a Google con $ 2.7 mil millones por manipularlos para dirigir a los usuarios a su propio servicio de compras, Google Shopping, haciendo uso de su posición dominante.
La oscuridad de los algoritmos: problema democrático elemental
Cathy O’Neil, cientista de datos y autora del libro «Armas matemáticas de destrucción», alerta sobre la «confianza ciega» depositada en los algoritmos para obtener resultados objetivos. La arquitectura de internet tiene una influencia tremenda sobre lo que se hace y lo que se ve; los algoritmos influyen sobre qué contenido se extiende más en Facebook y cual aparece encima de las búsquedas de Google. Sin embargo, los usuarios no están prevenidos de esto ni capacitados para entender el modo en que se recolectan los datos y el modo en que estos se clasifican.
Si Free Basics fue criticado por intentar que los desconectados del Tercer Mundo accedan a una conexión de segunda clase creyendo que Internet es igual a Facebook, no puede negarse que para la ciudadanía digital de primera clase Google es prácticamente lo mismo que Internet, pues es la que nos posibilita acceder organizadamente a los contenidos de ella. De este modo, la oscuridad de los algoritmos se constituye en un problema democrático elemental. Tras un decenio de gobiernos populistas o progresistas en América Latina, no se han tomado medidas que controlen el poder de estos monopolios de la información, en tanto que la discusión sobre este tópico se encuentra completamente atrasada. Incluso la izquierda de las naciones desarrollados no ha llegado a proponer un programa de conjunto. Quizás, una de las tareas más urgente consista en politizar esta cuestión.

miércoles, 28 de febrero de 2018

INSÓLITO Google hace control de armas en su tienda virtual y borra productos de Guns N’ Roses y Sex Pistols

Este martes, los usuarios estadounidenses del servicio Google Shopping encontraron que en los resultados de sus búsquedas no aparecía ningún artículo que contuviera los términos ‘arma’ (‘gun’, en inglés) y ‘pistola’ (‘pistol’).
No se trataba únicamente de armas de fuego, sino de cualquier producto cuyo nombre incluyera estas palabras: desde pistolas de agua o de pegamento hasta artículos relacionados con bandas musicales como Sex Pistols o Guns N’ Roses, informa RT en español.
Las búsquedas que “no coincidieron con ningún resultado de compra” alarmaron a los usuarios, quienes empezaron a especular en las redes sociales sobre si Google estaba tomando enérgicas medidas contra la venta de armas de fuego en su web.
Cabe destacar que esto se da en medio del debate generado por el reciente tiroteo en una escuela secundaria de Florida, pero estas medidas no habían salido como se esperaba.
No obstante, desde Google han desmentido todos estos rumores. “Estamos experimentando un error en nuestros resultados de compra y estamos trabajando para solucionar este problema”, han asegurado a Business Insider representantes del gigante informático.
Asimismo, Google ha destacado que no está haciendo ningún cambio en su política de Google Shopping.

domingo, 20 de agosto de 2017

Mundo. El nuevo algoritmo de Google limita el acceso a sitios web de izquierdas y progresistas

En los tres meses desde que Google, el monopolio de Internet, anunciara planes para impedir que los usuarios accedieran a “noticias falsas”, ha caído significativamente el posicionamiento global de tráfico de un amplio abanico de organizaciones izquierdistas, progresistas, contrarias a la guerra y de los derechos democráticos.
El 25 de abril de 2017, Google anunció que había implementado cambios en su servicio de búsqueda para dificultar que los usuarios accedieran a lo que llamó información “de baja calidad” tales como “teorías de la conspiración” y “noticias falsas”.
La compañía dijo en un post en un blog que el propósito central del cambio en su algoritmo de búsqueda era darle al gigante de las búsquedas un mayor control para identificar contenido considerado objetable según sus pautas. Declaró que había “mejorado nuestros métodos de evaluación e hizo actualizaciones algorítmicas” con el objeto de “hacer aflorar más contenido fiable”.
Google continuó, “El mes pasado, actualizamos nuestras Pautas para el Posicionador de Calidad de las Búsquedas para proporcionar ejemplos más detallados de páginas de baja calidad para que los posicionadores los señalicen adecuadamente”. Esos moderadores tienen instrucción de señalizar “experiencias de usuarios molestas”, incluyendo páginas que presentan “teorías conspirativas”, a no ser que “la búsqueda indique claramente que el usuario está buscando un punto de vista alternativo”.
Google no explica con precisión qué quiere decir con la expresión “teoría de la conspiración”. Usando la categoría amplia y amorfa de las noticias falsas, el objetivo del sistema de búsquedas de Google es restringir el acceso a sitios web alternativos, cuya cobertura e interpretación de eventos entra en conflicto con los de medios del establishment tales como el New York Times y el Washington Post.
Señalizando contenido de manera que no aparezca en las dos primeras páginas de resultados de una búsqueda, Google es capaz de bloquear de hecho el acceso de los usuarios a él. Dado que enormes cantidades del tráfico web son influidas por los resultados de las búsquedas, Google puede de hecho esconder o enterrar contenido que no le conviene mediante la manipulación de los posicionamientos de las búsquedas.
Justo el mes pasado, la Comisión Europea multó a la compañía con 2700 millones de dólares por manipular los resultados de las búsquedas para dirigir a los usuarios de manera inapropiada a su propio servicio de comparación de compras, Google Shopping. Ahora, parece que Google está usando esos métodos criminales para impedir que los usuarios accedan a puntos de vista políticos que la compañía considera objetables.
El World Socialist Web Site ha sido blanco de los nuevos “métodos de evaluación” de Google. Mientras que en abril de 2017 se originaron 422.460 visitas al WSWS en búsquedas en Google, la cifra ha bajado a unas estimadas 120.000 este mes, una caída de más del 70 por ciento.
Aún utilizando términos de búsqueda como “socialista” y “socialismo”, lectores nos han informado de que lo tienen cada vez más difícil para localizar al World Socialist Web Site con sus búsquedas en Google.
Según el servicio de herramientas de administración de sitios web de Google, el número de búsquedas que desembocaron en que el usuario viera contenido del World Socialist Web Site (es decir, que apareciera un artículo del WSWS en una búsqueda hecha en Google) cayó desde 467.890 al día a 138.275 a lo largo de los tres meses pasados. La posición media de artículos en búsquedas, mientras tanto, cayó de 15,9 a 37,2 a lo largo del mismo período.
David North, director de la Junta Editorial Internacional del WSWS, declaró que Google está implicada en la censura política.
“El World Socialist Web Site existe desde hace casi 20 años”, dijo, “y ha logrado reunir a una vasta audiencia internacional. Durante la primavera pasada, el número de visitas individuales al WSWS cada mes superó los 900.000.
“Mientras un porcentaje significativo de nuestros lectores entra al WSWS directamente, muchos usuarios de la web acceden al sitio mediante buscadores, de los cuales Google es el más ampliamente utilizado. No hay ninguna explicación inocente para esta caída extraordinariamente aguda en lectores, casi de la noche a la mañana, provenientes de búsquedas en Google”.
“La pretensión de Google de que está protegiendo a los lectores de las ‘noticias falsas’ es una mentira motivada políticamente. Google, un monopolio masivo, con muy estrechos vínculos con el Estado y agencias de inteligencia, está bloqueando el acceso al WSWS y a otros sitios web de izquierdas y progresistas a través de un sistema de búsquedas amañadas”.
En los tres meses desde que Google implementara los cambios en su buscador, menos gente ha accedido a sitios de noticias de izquierdas o que se oponen a la guerra. En base a información disponible en Alexa analíticas, otros sitios que han experimentado drásticas caídas en el posicionamiento incluyen a WikiLeaks, Alternet, Counterpunch, Global Research, Consortium News y Truthout. Incluso grupos prominentes de los derechos democráticos como American Civil Liberties Union y Amnesty International parecen haber sido afectados.
Según Google Trends, el término “noticia falsa” casi se cuadruplicó en popularidad a principios de noviembre, en torno a la época de las elecciones estadounidenses, cuando los demócratas, medios del establishment y agencias de inteligencia intentaron achacar a la “información falsa” la victoria electoral de Donald Trump sobre Hillary Clinton.
El 14 de noviembre, el New York Times proclamó que Google y Facebook “se enfrentaban a una crítica creciente acerca de cómo las noticias falsas en sus sitios podrían haber influido el resultado de las elecciones presidenciales”, y estarían tomando medidas para combatir las “noticias falsas”.
Diez días más tarde, el Washington Post publicaba un artículo, “Esfuerzo de propaganda ruso ayudó a difundir ‘noticias falsas’ durante las elecciones, dicen los expertos”, que citaba a un grupo anónimo conocido como PropOrNot que compiló una lista de sitios de “noticias falsas” que difundían “propaganda rusa”.
La lista incluía varios sitios categorizados por el grupo como “izquierdistas”. De manera significativa, puso en su mira a globalresearch.ca, que reproduce a menudo artículos del World Socialist Web Site.
Después de la crítica generalizada de lo que era poco más que una lista negra de sitios que se oponen a la guerra y al establishment, el Washington Post se vio obligado a publicar una retractación, declarando “el Post, que no nombró a ninguno de los sitios, como tal no respalda la validez de los hallazgos de PropOrNot”.
El 7 de abril, Bloomberg News informó de que Google estaba trabajando directamente con el Washington Post y el New York Times para “comprobar los hechos” de los artículos y eliminar las “noticias falsas”. A esto siguió la nueva metodología de búsqueda de Google.
Tres meses después, de los 17 sitios declarados como de “noticias falsas” por la lista negra desacreditada del Washington Post, 14 vieron caer su posicionamiento. El declive medio del alcance global de todos esos sitios es el 25 por ciento, y algunos sitios vieron caer un 60 por ciento su alcance global.
“Estas acciones por parte de Google constituyen una censura política y son un ataque descarado a la libertad de expresión”, dijo North. “En momentos en los que es generalizada la desconfianza pública hacia los medios del establishment, este gigante corporativo está explotando su posición monopolística para restringir el acceso público a un amplio espectro de noticias y análisis críticos”.
Fuente: https://www.wsws.org/es/articles/2017/07/31/goog-j31.html
www.cctt.cl/nuevocorreo/2017/08/18/el-nuevo-algoritmo-de-google-limita-el-acceso-a-sitios-web-de-izquierdas-y-progresistas/

Google, Facebook, y otras plataformas virtuales declaran la guerra a grupos de odio y neonazis en Internet


Después de que un neonazi matara con su automóvil a una joven en Charlottesville e hiriera a 20 personas, varias firmas decidieron frenar la actividad de estos movimientos a través de suspensiones de cuentas o prohibiciones en su uso.
Tras los disturbios racistas del sábado pasado en Charlottesville (Virginia), algunas firmas tecnológicas han declarado esta semana la guerra a grupos de odio y neonazis que utilizaban sus servicios en Internet, un paso al frente que reabre el debate sobre los límites de la libertad de expresión.
Después de que un neonazi matara con su automóvil a una joven en esta localidad e hiriera a 20 personas, y de la consiguiente respuesta presidencial ante el ataque, Google, Facebook y otras firmas decidieron frenar la actividad de estos movimientos a través de suspensiones de cuentas o prohibiciones en su uso. De hecho, ya antes de que se produjera la manifestación en Charlottesville, Airbnb impidió reservar habitaciones a aquellos que creía serían participantes de la marcha. 

Un día después de los disturbios, el servidor GoDaddy echó de su plataforma a la popular web del movimiento neonazi The Daily Stormer, que había publicado un artículo de burla hacia la activista atropellada, Heather Heyer. Tras el traslado de esta web a Google, el gigante tecnológico también la rechazó, y Twitter suspendió sus cuentas. Además, Cloudfare, un servicio que protege de ciberataques, dejó de actuar sobre este portal.
La organización de defensa de los derechos digitales The Electronic Frontier Foundation (EFF) calificó en su blog las acciones emprendidas por estas tres compañías, que controlan buena parte del discurso ‘online’, como “peligrosas” porque sus consecuencias tienen impactos “de largo alcance”. “Cada vez que una compañía saca de la Red a un vil sitio neonazi, miles de decisiones menos visibles son tomadas por compañías con menos supervisión o transparencia”, señaló EFF, que propone establecer “líneas rojas” para evitar suspensiones “arbitrarias” sin un proceso detrás.
Desde el ámbito financiero, firmas como Apple Pay o Paypal también están privando de medios de pago a tiendas o páginas relacionadas con grupos de odio. GoFundMe, una popular plataforma de crowdfunding, ha retirado estos días varias iniciativas de apoyo al presunto conductor en el ataque de Charlottesville, James Alex Fields Jr., acusado de asesinato en segundo grado. Incluso aplicaciones de ocio, como Spotify, han prohibido la publicación de música que “favorece” o “incita la violencia contra raza, religión, sexualidad u otros”.
Tras las declaraciones del presidente de EEUU, Donald Trump, en las que “equiparó” a los manifestantes antirracistas con los neonazis, algunos nombres destacados de Silicon Valley, más allá de sus compañías, han contradicho públicamente el discurso oficial. Tim Cook, consejero delegado de Apple, dijo a sus empleados por correo que, independientemente de sus filiaciones políticas, debían “permanecer unidos” ante la idea de que “todos somos iguales”.
Mark Zuckerberg, máximo responsable de Facebook, desde donde se convocó a los manifestantes bajo el lema “Unamos a la derecha”, declaró que vigilaría la situación “de cerca” por su “potencial para más protestas”. La red social ha suprimido de su plataforma las cuentasde una serie de grupos supremacistas blancos y neonazis desde los disturbios.
En el centro del debate sobre la libertad de expresión se encuentra ahora Google, que eliminó de su tienda por contravenir sus políticas de contenido a Gab, una red social utilizada por la “nueva derecha”. El jefe de comunicación de Gab, Utsav Sanduja, se desmarcó ante CNBC de estas organizaciones y dijo que pretende dar a la gente “la libertad de hablar, la libertad de disentir”.
La disputa pone de manifiesto la responsabilidad que recae sobre estas firmas tecnológicas, que en los últimos meses han incrementado sus esfuerzos para atajar contenidos moralmente cuestionables. No obstante, advirtió EFF, “estaríamos cometiendo un error si asumimos que ese tipo de decisiones de censura nunca se volverán en contra de causas que amamos”.

jueves, 10 de agosto de 2017

Venezuela: La “resistencia” se subasta en dólares

La oposición intentó impedir que los ciudadanos salieran a votar el pasado 30 de julio en Venezuela, pero sus violentos sabotajes fracasaron. Foto: Reuters.
La oposición intentó impedir que los ciudadanos salieran a votar el pasado 30 de julio en Venezuela, pero sus violentos sabotajes fracasaron. Foto: Reuters.
Nadie puede acusar a Google de “chavista”. Tampoco de “neutral”. Pudiéramos decir que por las filiaciones de las empresas de servicios en la web con el Pentágono, el Departamento de Estado y la Casa Blanca, son más bien opuestas a la Revolución Bolivariana. Tomamos una de sus herramientas, el Google Trends, para ver la correlación entre tres conceptos: fascismo, protestas y violencia en las búsquedas de Venezuela los últimos 5 años.
La primera coincidencia de crecimientos en las búsquedas de estos tres conceptos lo encontramos la semana del 14 al 20 de abril de 2013 cuando se efectuaron las elecciones presidenciales de ese añoHenrique Capriles, derrotado en el sufragio, desconoció los resultados y convocó a sus seguidores a salir a las calles y “descargar la arrechera” (ira). Fueron asesinadas 11 personas, todas chavistas, entre ellas dos niños.
La segunda la encontramos en febrero de 2014, cuando la oposición venezolana emprendió acciones terroristas y paramilitares conocidas como “La Salida”. Convocaron a la población a levantar barricadas, la mayoría con fuego, hasta que “logremos sacar a los que nos están gobernando” (palabras textuales de Leopoldo López el 12 de febrero de 2014). Las acciones insurreccionales contemplaron la actuación de grupos armados durante varios meses. Fallecieron 43 personas y 875 resultaron lesionadas, según cifras del Ministerio Público.
Se observan nuevamente fluctuaciones entre los tres conceptos a partir de abril de 2017. Redujimos el período temporal de búsquedas archivadas, para poder observar con mayor detenimiento esas variaciones. En 2017, se hace evidente la reserva para identificar a las protestas con la ideología fascista. Dicha categoría está siendo solapada por la incursión de un nuevo término: el terrorismo.
Quisimos entonces profundizar en las búsquedas venezolanas alternando sólo a factores que habíamos considerado inicialmente como calificadores y no como conceptos matrices. Las búsquedas web sobre terrorismo, guarimba y fascismo, los últimos tres meses, guardan una notoria sincronía.
Los escépticos alegarán que el terrorismo, la guarimba y el fascismo son conceptos que han sido vinculados entre sí por el chavismo.
Desde hace meses vengo haciendo seguimiento desde la versión gratuita de un monitor web que registra incidentes de terrorismo a nivel mundial basado en distintas fuentes de información. Desde el inicio de las protestas, el Global Incident Map ha señalado alertas sobre nuestro territorio. Dos hechos han generado variaciones en los estudios recientes desde ese portal: el ataque terrorista efectuado por Oscar Pérez y la incineración de varias toneladas de alimentos en Anzoátegui.
Más allá de lo que digan los medios, existe una reflexión social que es real, pero invisibilizada en los debates públicos y comunicacionales, porque el objetivo es la alienación de nuestra sociedad en la violencia.
Podrán alegar los que reprodujeron el mensaje del terrorista en sus redes sociales que fueron retribuidos en sus cámaras de eco con expresiones como “Me gusta” y “Corazones” del Instagram, pero en el mundo real disparar y atacar con granadas desde un helicóptero a civiles es un acto terrorista.

Conflicto y violencia: admitido por los propios dueños

Un manifestante durante una marcha de protesta contra el Gobierno de Nicolás Maduro en Caracas, Venezuela, el 26 de julio de 2017. Foto: Carlos Garcia Rawlin / Reuters.
Un manifestante durante una marcha de protesta contra el Gobierno de Nicolás Maduro en Caracas, Venezuela, el 26 de julio de 2017. Foto: Carlos Garcia Rawlin / Reuters.
Las protestas opositoras han sido reconocidas como “conflictivas” y “violentas” por su principal auspiciante: Estados Unidos.
El día 10 de julio, la embajada norteamericana publicó un comunicado en el que advertía de la violencia frecuente en los llamados trancazos. Sugería a sus ciudadanos mantenerse a distancia de los bloqueos de vías y manifestaciones porque -con frecuencia- degeneran en actos violentos.
Reeditó los mismos conceptos el día domingo cuando emitió otro comunicado en el que instaba a sus ciudadanos en Venezuela a tener en la alacena comida para dos o tres días y agua. Y ellos deben estar muy claros de los planes considerando que el mismísimo jefe de la CIA, en el foro de seguridad de Aspen, reconoció que sus agentes están trabajando en Venezuela, en alianza con los gobiernos de México y Colombia.
El día que el sitio web de la diplomacia estadounidense emitió su primer comunicado, un grupo opositor detonó un artefacto explosivo en Altamira provocando severas heridas en un grupo de Guardias Nacionales Bolivarianos.
Diez días después, la oposición convocó a un paro que derivó en varios episodios de confrontación entre opositores debido a que el mismo fue impuesto por coacción a la población. El video de una mujer que se indigna ante el secuestro para revestir de éxito a la acción política se viralizó.
Otra mujer resultó lesionada al intentar limpiar una barricada que impedía el tránsito en su urbanización en el estado Carabobo. Una fuerte discusión se generó entre los opositores de la comunidad. Dos mujeres jóvenes concluyen el video diciendo una “yo no voto por esta vaina”, a lo que la otra responde “¿qué más dictadura que esto?”, haciendo referencia a los bloqueos.
El periodismo fue blanco de agresiones durante el paro. El partido Primero Justicia, uno de los promotores del secuestro, tuiteó con la etiqueta “Dejen pasar a los periodistas”: curiosa protesta contra sus manifestantes.
Ese día nuestro canal (VTV) fue atacado sin considerar que en las instalaciones se encuentra un centro de educación inicial. Uno de los lesionados fue Winston Delgado, jefe de planta del canal privado Globovisión, de tendencia opositora. Fue rescatado por funcionarios de la GNB y trabajadores de VTV.
Miembros de la llamada “resistencia” se exhibieron con armas largas. Al ocaso de la jornada en Venezuela se lloraba a dos víctimas fatales.
Sin embargo, la prensa no condena la violencia: por el contrario, la glorifica. La estructura discursiva de los medios tradicionales y todo el andamiaje de distribución de información para el consumo masivo y la cultura que desarrollan para el promedio de la población se ha esmerado en convertir a la violencia política en una moda, es decir, darle glamour al odio de clase.
Un estudio de L. Rowell Huesman titulado “El impacto de la violencia en los medios electrónicos: teoría científica e investigación” confirma que la exposición de imágenes violentas en los nuevos medios, así como en los tradicionales, inciden en comportamientos violentos a corto y largo plazo. Es evidente que la situación se agrava cuando los medios ensalzan la violencia.
Citamos a red58.org: “En este ambiente de guerra psicológica surgen los grupos de exterminio, a la vista de todos, con la activa legitimación de los dirigentes de oposición y las transnacionales mediáticas”.
La naturalización de la violencia en Venezuela ha pasado también por limpiarle de componentes ideológicos al fascismo y por revestir de heroicidad el terrorismo. El márketing exige que se otorguen virtudes al producto que vas a colocar en el mercado: la “resistencia” es, hoy, una mercancía que se subasta en dólares.
No conforme con la inversión de algunos sectores de la oligarquía nacional, de las instituciones internacionales, y los dólares de los contribuyentes estadounidenses que se donan a estos grupos armados, la violencia opositora incursiona como producto de “conciencia” en las plataformas de “micromecenazgo” o crowdfunding, según una investigación difundida por Misión Verdad.
Hay experiencias muy precarias como la petición “Venezuela: La Hora Cero” en el sitio web Go Fund Me, en el que solicitan dinero para blindar de insumos a los grupos de choque. Tal vez, expresiones más francas, obtienen mejores resultados. La petición “Abraza a Nuestros Héroes Venezolanos”, que busca fondos para gastos clínicos y “para la cobertura periodística” ha recolectado más de 10 mil dólares.
Misión Verdad alerta que estas estrategias son un “mecanismo de intervención indirecta y el blanqueo de dinero” que tiene como intención “armar un ejército irregular, soporte de la llamada ‘Hora Cero’ que tanto anuncia la MUD en su desespero interno y presión internacional por concretar un golpe de Estado contra el chavismo”.
Mientras a los militantes de oposición en Venezuela los hacen pactar con prácticas violentas y propias del fascismo, otros, en el exterior están incursionando en el lucrativo negocio de la guerra.
(Tomado de Misión Verdad)