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viernes, 14 de abril de 2017

Varios jóvenes han sido asesinados en Venezuela para usar políticamente su muerte

Reivindicar a los muertos alrededor de las protestas como víctimas de la represión ignora las investigaciones y los testimonios de sus familiares.
Varios jóvenes han sido asesinados en Venezuela para usar políticamente su muerte
Carlos Garcia RawlinsReuters
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Al menos cinco personas han perdido la vida en medio de las protestas violentas protagonizadas por la oposición al Gobierno venezolano. Muertes que han servido a los partidos de la coalición opositora -Mesa de la Unidad Democrática (MUD)- para acusar al Gobierno de represor.
El pasado 6 de abril, el diputado socialista Diosdado Cabello, difundió unas grabaciones telefónicas en las que un grupo de opositores, identificado como 'Los Próceres', planifican un golpe de Estado.
Entre otros detalles, los involucrados aseguran haber "contactado" a un grupo de más de 80 policías para infiltrarlos en las protestas de grupos adversos al chavismo.
Coincidencialmente, las autoridades han informado la captura de al menos tres policías activos, involucrados en dos de los asesinatos.
El uso político que la oposición da a esas muertes no contempla un reclamo para esclarecer las circunstancias en las que ocurrieron. Culpan a Nicolás Maduro, aunque algunos de sus familiares directos no lo hagan o las autoridades capturen a los responsables.

Caso Ortiz

El 6 de abril en horas de la noche, fue asesinado en la población de Carrizal, estado Miranda, a escasos 20 kilómetros de Caracas, el joven Jairo Ortiz de 19 años de edad.
Rápidamente, las autoridades anunciaron la captura de un funcionario policial, que cumplía labores de control del tránsito vehicular (y no de orden público), como responsable del crimen, según declaró el ministro de Relaciones Interiores, Néstor Reverol.
Entrevistado por RT, Jairo Johan Ortiz Fagundez, padre del joven asesinado, explicó que su hijo no participaba en ninguna protesta, solo pasaba por el lugar de camino a su casa.
"No entiendo cómo las personas que dicen llamar a un 'cambio' en el país, quieran hacerlo sobre la sangre de los jóvenes venezolanos. Yo no creo que esos tristes y lamentables fallecimientos sean atribuibles al Gobierno, porque el Gobierno no es el que está llamando a que salgan todos estos muchachos a protestar".
Ortiz Fagundez pide que se realice una "investigación profunda" sobre la participación del funcionario policial.
"Hay que investigar por qué un policía que cumplía funciones de tránsito estaba allí. Por qué desenfunda un arma y dispara ¿Ese uniformado actuó solo, o alguien está detrás de él? Eso debe aclararse".

Caso Bryan Principal

En el estado Lara, a unos 370 kilómetros de la capital del país, el menor Bryan Principal Giménez de 14 años, recibió 3 impactos de bala que le quitaron la vida el día 12 de abril, informó el sitio web La Iguana Tv.
Opositores al Gobierno también lo cuentan como víctima, de la supuesta represión del gobierno bolivariano, aunque fue ultimado en un conjunto de edificios construidos por el programa estatal Misión Vivienda y que no estaba en protesta alguna.
No obstante, Marbelis Giménez, madre de Bryan, aseguró a RT que su hijo recibió los disparos "cuando grupos de manifestantes violentos de la derecha, ingresaron a la Ciudad Socialista Alí Primera y nos atacaron".
Señaló que considera repudiable que quieran utilizar el asesinato de su hijo para atacar al presidente Maduro.
"Repudio esos señalamientos. El presidente está fuera de todo esto y jamás lo culparía por lo que le pasó a mi hijo. Culpo a los grupos violentos de la derecha, que vinieron a atacarnos y le quitaron la vida a mi hijo, que solo tenía 14 años".
Vecinos del menor, ofrecieron detalles de lo ocurrido y los difundieron por las redes sociales.

Otros casos

Almeris Mendible, hija de una mujer de 87 años identificada como Ricarda de Lourdes, declaró al diario 'Últimas Noticias' que su madre falleció el lunes 10 abril en el sector Bello Monte de Caracas, a causa de un accidente cerebrovascular y no por los gases de las bombas lacrimógenas arrojadas por los policías a los manifestantes, como trascendió en medios locales.
En el estado Carabobo, en la región central de Venezuela, el gobernador Francisco Ameliach confirmó en su cuenta Twitter, el asesinato de Daniel Queliz (19 años), quien recibió una bala proveniente de una pistola asignada a un funcionario policial.
"Pido investigación del ataque al módulo de la Policía de Carabobo y del lamentable fallecimiento del joven Daniel Queliz. Que se aplique la Ley", escribió el gobernador Ameliach.
Luego, agregó que la "investigación preliminar de los órganos competentes determinaron que el módulo de la Policía de Carabobo fue atacado con armas de fuego".
También señaló que pudo comprobarse que "Daniel Queliz falleció por impacto de bala de un arma asignada a un Policía de Carabobo, quien será puesto a la orden del Ministerio Público".
Dos funcionarios policiales fueron capturados por este caso.
Este miércoles 12 de abril, Diosdado Cabello, informó en su programa de televisión 'Con el mazo dando', que un funcionario público identificado como Alexander José Santos Pineda, "fue detenido por el Servicio Bolivariano de Inteligencia (Sebin)", luego de que circularan en la red unas imágenes donde apuntaba hacia la manifestación opositora en el sector El Rosal, de Caracas.
El individuo fue captado en la azotea de un edificio ministerial accionando una escopeta de perdigones plásticos contra la marcha.
"Si bien la escopeta no tiene el alcance para producir daños a distancia, la imagen ha servido para sostener la tesis de la represión contra los manifestantes", dijo Cabello.
Otras dos personas, Miguel Ángel Colmenarez y Gruseny Antonio Calderón habrían fallecido en el estado Lara, pero hasta el momento las autoridades no han emitido información oficial al respecto.

Los medios

Mientras ocurren estos hechos de violencia, también se registran otros, que no pasan desapercibidos en las redes sociales.
Este jueves se difundió el video en el que un periodista del canal Globovision de Caracas, arenga a un pequeño grupo de manifestantes opositores para que griten consignas contra Nicolás Maduro, solo que no sabía que estaba siendo transmitido en vivo y en directo.
"Mira, ya va. Colaboren con nosotros, griten cosas", señala el periodista y de inmediato es sacado del aire.
Ernesto J. Navarro

lunes, 13 de febrero de 2017

Siguen los disturbios en Francia por violencia policial contra joven negro


La policía francesa arrestó a 37 personas a causa de los disturbios ocurridos durante una manifestación en apoyo al joven Theo, víctima de un polémico caso de violencia policial investigado actualmente.
En la comuna de Bobigny, del departamento Seine Saint-Denis (colindante con esta capital), alrededor de dos mil personas se concentraron el sábado para realizar una protesta en respaldo al muchacho.
Al finalizar la manifestación, un grupo de personas lanzaron petardos contra los policías, rompieron cristales, dañaron diversos elementos del mobiliario urbano e incendiaron dos automóviles.
Más tarde y hasta la medianoche, los disturbios continuaron en otras comunas del mismo departamento con incendios a contenedores de basura y degradación de locales comerciales, hechos que provocaron heridas a un policía.
En total, los agentes arrestaron a 37 personas durante la tarde y la noche, quienes fueron conducidos a comisarías locales, precisaron fuentes judiciales citadas por la prensa local.
En los últimos días se produjeron manifestaciones e incidentes violentos en diversos lugares de Francia en protesta por la situación de Theo.
El muchacho de 22 años fue arrestado por la policía hace algunos días en la comuna de Aulnay-sous-Bois, de Seine Saint-Denisen condiciones aún no aclaradas.
Los policías indicaron que la detención se produjo durante un control de droga, pero el muchacho denunció el uso de una extrema violencia durante la retención, e incluso de una violación, por lo cual debió ser ingresado en un hospital y luego operado.
Los cuatro policías involucrados en el hecho fueron detenidos y está en curso una investigación.
El caso ha despertado una intensa polémica en Francia y este martes el presidente François Hollande visitó al joven en su habitación del centro médico.
PL

jueves, 29 de diciembre de 2016

Vivimos en la Era de la Ignorancia : ¿Por qué los jóvenes son cada vez más ignorantes?

Por Alejandro Martínez Gallardo / Pijamasurf
Un destacado poeta y profesor universitario ha notado una preocupante tendencia: los jóvenes que llegan a la universidad cada vez saben menos.
En un efusivo artículo de 2012 publicado en el New York Review of Books el poeta Charles Simic declaraba que estamos viviendo en la Era de la Ignorancia. Desencantado por las manifestaciones culturales de su país, donde en algún momento el grueso de la población llegó a creer que Saddam Hussein había sido responsable de los ataques del 11 de septiembre o que Obama era musulmán, Simic denunció lo que considera es una “rebelión de mentes opacas en contra de la inteligencia”, por lo cual es acertado concluir “con Sidney Hook que la estupidez es una de las grandes fuerzas de la historia“, todo lo cual es bastante conveniente para la clase política que “resiente a todo aquel que muestra la habilidad de pensar de manera seria e independiente”.
Lo que más me llamó la atención de leer el artículo de Simic, un destacado poeta amigo de Octavio Paz, es su diagnóstico puntual, basado en su observación como profesor universitario de literatura, de que los jóvenes son cada vez más ignorantes, pasan de la escuela a la universidad sin estar preparados y sobre todo adoleciendo en conocimientos de historia. Esto mismo lo detecta Rushkoff en cierta forma en su libro Present Shock: inundados por enormes cantidades de información noticiosa, perdemos las noción de las grandes narrativas, de la continuidad del tiempo y la memoria. Todo es un perpetuo y atiborrado “ahora”. Simic escribe sobre la notable carencia que tienen los jóvenes de las grandes ideas de otros tiempos:
Hemos necesitado muchos años de indiferencia y estupidez para hacernos tan ignorantes como somos hoy. Cualquiera que haya enseñado en una universidad los últimos 40 años, como yo lo he hecho, puede decirte que los estudiantes que salen de la preparatoria cada año saben menos. Primero fue desconcertante, pero ya no sorprende a ningún instructor universitario que los amables y entusiastas jóvenes que se enrolan en las clases no tienen la habilidad de retener la mayoría del material que se enseña. Enseñar literatura inglesa, como yo he hecho, se ha vuelto más difícil cada año, ya que los estudiantes leen menos literatura antes de entrar a la universidad y carecen de la más básica información histórica del período en el que una novela o un poema fue escrito, incluyendo las ideas y los asuntos que ocupaban a las personas de ese momento.
Tengo la impresión de que esto es un fenómeno global. Hablo desde lo que observo en México, pero podemos citar también al exprofesor de Cambridge, Terry Eagleton, quien en un artículo en el mismo tenor que el de Simic denunció la influencia neocapitalista sobre la educación superior, considerando que las universidades son administradas como negocios y que las humanidades están al borde de desaparecer puesto que no pueden competir en la producción de capital con otras carreras. Las impresiones de Simic son sobre los estudiantes en Estados Unidos, el país con la presencia mediática más incisiva del mundo, a la vez también, el país que más influencia tiene el mundo, siendo una especie de oficina central de adoctrinamiento cultural global. Algunos países obtienen lo peor de los dos mundos, son colonizados culturalmente y económicamente, pero no reciben los beneficios materiales de la libre economía y se ven obligados a consumir objetos (como ropa o gadgets) y productos culturales de baja calidad.

Simic hace hincapié en que una de las cosas que se está perdiendo es el conocimiento de la historia –encandilados por el nuevo smartphone que hace desechable todo lo demás (incluyendo nuestra memoria); sin una noción histórica, el pueblo es fácilmente manipulable ya que no tiene el alcance de visión para percibir que los políticos están recurriendo a los mismos trucos o a las mismas falsas promesas que han utilizado antes sin entregar nunca resultados. Como dijo el filósofo George Santayana, “aquellos que no recuerdan el pasado, están condenados a repetirlo”. Me pregunto si, correteando las actualizaciones incesantes que nos hacen llegar nuestros aparatos, no nos estaremos programando para repetir los mismos errores del pasado, pensando que éste ya no existe, que ya lo hemos superado y con él los grandes desafíos de la condición humana. Simic considera que nuestra ignorancia, en el mundo real, nos hace presa fácil de la manipulación política e ideológica. “Para empezar, hay más dinero que ganar de los ignorantes que de las personas educadas, y engañar al pueblo es una de las pocas industrias que seguimos manteniendo en este país. Un pueblo verdaderamente ilustrado sería malo para los políticos y los negocios”.
Cómo explicarnos este incremento en la ignorancia –incremento al menos en lo referente a las bellas artes, a las tradiciones religiosas, a la historia. Simic culpa en Estados Unidos a la educación. “No hay duda de que el Internet y la televisión por cable han permitido que variados intereses políticos y corporativos diseminen desinformación a una escala antes imposible, pero para que eso sea creído es necesaria una población malamente educada y desacostumbrada a verificar las cosas que se le dicen“. Me pregunto si no existe una especie de loop de retroalimentación entre los medios electrónicos y la carencia educativa, uno magnificando el efecto de la otra. Pasamos grandes cantidades de tiempo consumiendo contenido electrónico en forma de snack, pedacería diseñada para atrapar nuestra atención y ante este contenido –hecho a la medida de nuestra dopamina– las películas de cine de arte, los libros de filosofía clásica o las novelas de autores de hace más de 50 años nos parecen aburridas. En inglés se ha creado el término “infotainment” para referirse a la información y al entretenimento como una misma (y ubicua) cosa. Hoy en día todo tiene que ser entretenido, fácil de usar y útil (en el sentido de que nos brinde un capital, algo que podamos presumir que sabemos o que podamos vender).
Hace unos días me encontré con esta increíblemente popular app llamada Blinkist, la cual tiene cientos de miles de usuarios y decenas de millones de seguidores en las redes sociales. Me pareció sintomática de lo que Simic llama la Era de la Ignorancia a la vez que, paradójicamente, denota un fuerte deseo de saber. Blinkist ofrece resúmenes de miles de libros que puedes leer en 15 minutos, una especie de resumen ejecutivo compuesto de puros “insights” de populares obras de no ficción. Promete hacerte más inteligente y ahorrarte toda la paja y la molestia de tener que realmente leer el libro. En nuestra era todos queremos ser CEOs, todos traducimos el tiempo en dinero y todos nos preparamos para pasar el examen (no para realmente aprender, sino para parecer que sabemos lo suficiente para pasar el punto de control y obtener el beneficio social o económico).
Se podrá argumentar que los jóvenes no saben menos sino que sus saberes están orientados a lenguajes científico-técnicos, como por ejemplo la tecnología de la información, a través de la cual pueden, por ejemplo, extender su memoria a la Red y utilizar la Nube como un almacén de información mucho mayor de lo que las mentes más prodigiosas albergaban en la antigüedad. Y, también, el siempre citado argumento de que las habilidades intelectuales modernas están orientadas hacia el reconocimiento de patrones y no a la memorización de información. Como si fuéramos más ligeros y estuviéramos uniéndonos a una mente global incorpórea. En algún momento esto puede llevar a creer incluso que estamos por manifestar el sueño de Teilhard de Chardin de la noósfera, la evolución de una capa de conciencia inmaterial, una especie de superalma planetaria (al menos los entusiastas editores de la revista Wired así lo creían).
El juicio que he querido exponer aquí, sin embargo, es un juicio de valor: una defensa de la calidad de la información y su capacidad de ser transformada en sentido y no de la cantidad de información que podemos manejar como individuos o en colectivo y su capacidad de ser transformada en ventaja o utilidad. A su vez, no tengo reparos en manifestar que el problema de educación que vivimos es un problema de valores, es decir un problema moral y estético. Hoy la mayoría de las personas preferirían tener una habilidad que puedan capitalizar fácilmente y no una sensibilidad que sea inútil económicamente pero que alimente al individuo de belleza y de una riqueza que no cotiza en la bolsa. Nuestras prioridades y deseos hoy son determinados en función de la economía, el éxito personal (deseo aspiracional) y el materialismo y no de la estética, la ética ni la espiritualidad.
En suma, simplemente digo aquí que para mi forma de ver el mundo –una visión tradicional– el conocimiento debe estar ligado a principios que trascienden modas y corrientes pasajeras; ideas o valores que pueden encontrarse fundamentalmente en el arte, la religión y la filosofía (también en la ciencia, pero sólo en la ciencia que es capaz de encontrar sentido, es decir, en una ciencia siempre vinculada a la filosofía, como fue en el origen). Más allá de las apariencias y las rápidas descargas del hedonismo, lo que todos deseamos es entrar en contacto con algo más duradero y profundo y lo único que sabemos de cierto que trasciende nuestra corta estancia bajo el Sol son las ideas y los valores.
Platón nos hablaría del Bien, de la Belleza, de la Unidad. Buda del Dharma (la ley de la cual el universo mismo es sólo una manifestación). Quizás lo mejor que tenemos actualmente –en un mundo fanáticamente secular– son intentos como los de Carl Sagan por encontrar belleza y sentido dentro del supuesto azar de la ciega máquina universal e incrustar nuestros procesos dentro de la madeja de la evolución cósmica desde una perspectiva de participación. Sobre lo último habría que recordar que las grandes ideas de Sagan –“somos polvo de estrellas”, “somos la forma en la que el universo se conoce a sí mismo”– son solamente ecos o reformulaciones casi exactas de nociones conocidas a través de una ciencia interna hace miles de años por diversas culturas como la védica, la griega o la egipcia, entre otras.
Intentando entender esta propagación de la ignorancia o este declive cultural –mayormente desestimado en la cresta del progreso tecnológico, puesto que, ¿cómo es posible que se hable de ignorancia cuando producimos tanta increíble, cuasidivina tecnología?– me parece ineludible dirigir la mirada a cómo hemos asimilado la tecnología o a cómo no nos hemos percatado de los efectos que tienen los nuevos medios en nuestros sentidos y en nuestra cognición. Marshall McLuhan, un autor al que todos deberíamos regresar en esta época, dijo que la tecnología es una extensión de nuestros sentidos, pero que de la misma forma que los amplifica también los amputa.
Un automóvil es una extensión de nuestras piernas (aunque alguno ha bromeado que también del pene), un teléfono de nuestros oídos y de nuestra voz (¿un smartphone es un genio o demonio atrapado en el bolsillo?), el Internet es una extensión de nuestro cerebro. No hay duda que sus alcances son enormes, su potencial maravilloso, pero hay que detenernos a observar si su mismo poder, su fabuloso encantamiento no está obnubilando o inundando algunos aspectos de nuestra percepción o por lo menos modificando algunos hábitos que determinan nuestra relación con el mundo y nuestra capacidad de conectarnos con los demás.
El sentido de la frase de McLuhan queda claramente ejemplificado en el slogan repetido incansablemente, lo mismo por compañías de telecomunicación que sitios de internet: que nos están conectando donde quiera que estemos, todo el tiempo. ¿Acaso a la vez también no nos están desconectando del mundo real y de nosotros mismos? ¿Si estamos conectados todo el tiempo a la Red podemos estar conectados a nuestro entorno y a lo que sucede fuera de la pantalla? Como dice el anarcoprimitvista John Zerzan: “está claro que las máquinas están conectadas, ¿pero no sé hasta que punto lo están los humanos? Todos están en su teléfono celular todo el tiempo, como zombis, vas por la calle y la gente choca contigo porque está tan embobada viendo sus aparatos”.
Visto en : Sott.net