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lunes, 7 de mayo de 2018

Brasil. El fuego y el odio

El incendio y derrumbe del edificio Wilton Paes de Almeida, en el centro de Sao Paulo, donde cerca de 400 trabajadores vivían, es posiblemente la más dramática alegoría de nuestros días. Son más de 40 personas todavía no encontradas que pueden estar bajo los escombros. Aquellos que no murieron perdieron todo. Ayudantes, sirvientes, limpiadoras, cuida-coches, […]
El incendio y derrumbe del edificio Wilton Paes de Almeida, en el centro de Sao Paulo, donde cerca de 400 trabajadores vivían, es posiblemente la más dramática alegoría de nuestros días. Son más de 40 personas todavía no encontradas que pueden estar bajo los escombros. Aquellos que no murieron perdieron todo. Ayudantes, sirvientes, limpiadoras, cuida-coches, motoqueros, manicures. Brasileros, angolanos, bolivianos. Negros, casi todos.
Contra ellos, los más explotados y pauperizados en el país, se vuelve el proyecto de supresión de las pocas garantías del pacto constitucional de 1988. Son familias que dependen, para sobrevivir precariamente, de los Beneficios de Prestación Continuada (BPC), de los salarios mínimos de jubilación, de las pensiones por muerte, del bolsa-familia. Son familias sometidas al régimen de tercerización e informalidad del trabajo, todavía más reforzado en tiempos de contrarreformas. Son familias que hacen filas de espera en guarderías, escuelas y hospitales, todavía más extensas en tiempos de corte de inversión social.
Ellos son aquellos que ven derruir su dignidad humana también por el proceso nefasto de criminalización de la pobreza. El día 1° de mayo de 2018, Día de los Trabajadores, se tornó un verdadero festival de odio contra los trabajadores. Odio que no se atuvo a las tentativas de viralizar noticias falsas por la extrema derecha, como el MBL (Movimiento Brasil Libre) y Bolsonaro [1] que calumniaron cuanto pudieron al MTST (Movimiento de los Trabajadores Sin Techo), alegando que la ocupación era parte de la “mafia” de Guilherme Boulos para aprovecharse de las familias, pero también prosiguió en los discursos de los políticos responsables por la ciudad y el Estado.
João Dória (PSDB) habló de la situación dramática de los sin-techo, diciendo que eran miembros de una “fracción crminal”. La única muerte lamentada por Bruno Covas (PSDB), actual alcalde de Sao Paulo, fue la del edificio, al cual la alcaldía daría un “uso debido” caso que hubiese una reintegración de la posesión antes. Y Márcio França (PSB), gobernador sustituto de Alckmin, insinuó que los ocupantes “pedirán” por la tragedia ocurrida. En cuanto eso, las principales emisoras de televisión, en especial la Rede Globo, lanzaron incesantemente reportajes con tonos de nítida acusación a los movimiento de vivienda.
Entre el discurso neofascista de odio a los pobres, a los trabajadores, a las mujeres, a los negros, a los nordestinos, a la izquierda, y las declaraciones de las principales instituciones del poder del Estado, no hubo diferencias significativas. Uno toma progresivamente el papel de introductor del otro, incluso cuando anuncia combatir excesos y radicalismos.
Así fue también cuando la noticia de la ejecución política y racista de Marielle Franco.
La gran cuestión es que, para llevar adelante ese proyecto anti-pueblo, el gran capital y sus gobernantes precisan de prevenciones políticas. Y la más violenta de la prevenciones es criminalizar el blanco de sus ataques, provocar el odio, desprecio o, en lo mínimo, indiferencia de la sociedad. Cocinar inmovilismo, calentar intolerancia, quemar posibles revueltas.
De este modo, los números de la ciudad de Sao Paulo vienen siendo esterilizados: un millón y 200 mil personas viviendo en casas precarias. Dos millones de metros cuadrados sin uso. Apenas 1% de la población controlando 45% del valor inmobiliario. Menos de 250 millones de reales para las políticas habitacionales. Y más de 100 mil millones de deuda activa de grandes empresas con el municipio.
La avalancha de manifestaciones de odio y la propagación de noticias falsas a partir del drama de la ocupación del Largo do Paissandú no vinieron por casualidad. En este período histórico en que el capital financiero precisa ampliar su medios de reproducción, la vida en los grandes centros urbanos se viene tornando insoportable a los trabajadores. El nivel de expoliación urbana afecta cualquier espacio y tiempo de vida. No se trata de tener o no calidad de vida, sino de chances de existir, donde prima la vocación de ser mercadería.
La reacción necesaria a ese proceso de ataque permanente contra los trabajadores más pobres de las grandes ciudades, viene ocurriendo, espontáneamente o de marea organizada. El Movimiento de los Trabajadores Sin Techo, desde junio de 2013, ha sido una referencia importante en el enfrentamiento a la mercantilización de las ciudades y a la situación económica del pueblo pobre heredada por la crisis. Lo que era un proyecto de organización popular para la creación de alternativas al contingente creciente de sin-techos, se tornó uno de los polos más dinámicos en el combate al golpe parlamentario de 2016 y a todos los ataques contra los derechos de la clase trabajadora. No es por acaso el lugar donde la cuerda se estira en este momento político.
Es por imposición esta realidad de ataques sociales y económicos -pero también antidemocráticos e ideológicos- que la candidatura presidencial por el PSOL (Partido Socialismo y Libertad), de un líder sin-techo, Guilherme Boulos, junto a una líder indígena, Sônia Guajajara, ocurre ahora, presentando un programa radical en defensa de la vida en detrimento del lucro.
La reorganización de los trabajadores y de la izquierda para la lucha en las calles, no puede continuar siendo un anuncio. No elegimos el momento. Pero sólo sobreviviremos si transformamos la indignación que sentimos en acción organizada. Es hora de máxima solidaridad con las familias que perdieron sus seres queridos y con aquellas que perdieron sus hogares y lo poco que tenían. Es momento de apoyo a las ocupaciones amenazadas por los desalojos de la alcaldía y el estado. Pero es hora también de redoblar la apuesta en la resistencia, como hacen decenas de millares de familias sin-techo en lucha en todo el país.
Traducción: Ernesto Herrera, para Correspondencia de Prensa.
Nota de Correspondencia de Prensa
[1] Jair Messias Bolsonaro, ex militar, político de ultraderechista.​ Es diputado federal desde 1991 por Río de Janeiro y candidato presidencial por el Partido Social Liberal. Todas las encuestas lo ubican en el segundo lugar detrás de Lula.
Fuente (del original en portugués): https://esquerdaonline.com.br/2018/05/03/o-fogo-e-o-odio/

Foto: Edificio Wilton Paes de Almeida, en el momento de la tragedia. (Créditos: Esquerda Online)

viernes, 5 de enero de 2018

Condenado a prisión neonazi por incitación al odio a través de una foto en Facebook

Imagen de archivo de la entrada del campo de exterminio nazi de Auschwitz. EFE
Imagen de archivo de la entrada del campo de exterminio nazi de Auschwitz. EFE
Un tribunal de primera instancia de la localidad alemana de Hohenstein-Ernstthal (este del país) ha condenado a 18 meses de prisión a un hombre que publicó en internet la foto de una réplica del campo de exterminio nazi de Auschwitz poco antes de la Nochebuena de 2016.
Según publica este viernes el diario Bild, el hombre, de 32 años, colgó la imagen en su página de Facebook con un mensaje: “Bueno, es hora de encender la casita de humo”, nombre de los clásicos quemadores de incienso en forma de casa en los que el humo sale por la chimenea.
La “casita” en cuestión era una réplica del campo de exterminio de Auschwitz, incluso con la inscripción “El trabajo libera” iluminada en la puerta de entrada.
El hombre fue denunciado por otro usuario de Facebook y el tribunal lo condenó este jueves por incitación al odio y también por lesiones, ya que también estaba siendo juzgado por agredir a tres estudiantes el año pasado.
Según el diario regional Freie Presse, la policía registró su domicilio tras la denuncia y halló dos modelos idénticos del campo de concentración que, según el joven, había diseñado para él otra persona a la que no quiso identificar.
Al investigar su página de Facebook, la policía encontró un fotomontaje para felicitar el año nuevo en el que aparecía el dictador Adolf Hitler con uno de los tradicionales cohetes de nochevieja junto a una cruz gamada.
El joven reconoció haber colgado la foto con simbología nazi, algo castigado penalmente en Alemania. “Siempre presto atención para que no se vea por ningún sitio ninguna cruz gamada; ésa se me pasó poco después de medianoche”, señaló ante el juez para explicar su comportamiento.
El hombre, según Freie Presse, tiene numerosos antecedentes policiales por lesiones, daños e injurias y fue condenado por resistencia a la autoridad tras participar en 2015 en una protesta contra la llegada a la cercana localidad de Meerane de unos autobuses en los que viajaban solicitantes de asilo.
(Con información de Público)

miércoles, 13 de septiembre de 2017

ATACAN UNA ESTATUA DE CRISTÓBAL COLÓN EN NUEVA YORK

Unos desconocidos han vandalizado el monumento de Cristóbal Colón en Central Park de Nueva York.
La figura ha aparecido con las manos ensangrentadas, mientras en el pedestal en el que se apoya se puede leer la frase “El odio no se tolerará” y un enigmático ‘hashtag’ indicando que “algo va a pasar”.
Sectores de la sociedad neoyorquina consideran a colón un símbolo de odio.

jueves, 31 de agosto de 2017

Islamofobia y crímenes de odio en Europa

Los refugiados y las minorías étnicas musulmanas que radican en las naciones europeas se enfrentan cada día a la creciente violencia.
Por TerceraInformación
La tendencia islamofóbica se incrementa en Europa a medida que se registran ataques terroristas en esa región.
Contra musulmanes se cometen crímenes de odio por motivos islamófobos, lo que aumentan la violencia y agresividad hacia este grupo religioso.
La extrema derecha alega que estos casos tienen que ver con la llegada masiva de los refugiados de la guerra en Medio Oriente. Grupos neonazis juegan un papel importante en promover el odio y extender el cerco islamófobo.
¿Por qué han incrementado los crímenes de odio en Europa?
Los refugiados y las minorías étnicas musulmanas radicadas en las naciones europeas se enfrentan cada día a la creciente violencia agravada luego del incremento de ataques terroristas.
Los crímenes de odio buscan intimidar a sectores de esa comunidad, sin embargo, para la justicia aunque ciertos actos de violencia se asemejan, los atentados contra musulmanes no son noticias.
Para el analista y experto en temas internacionales, Basem Tajeldine, la extrema derecha y sus aliados se aprovecharon políticamente de esta situación para responsabilizar a la derecha que históricamente ha gobernado Europa, y de cierta forma ocultar los problemas de fondo: una fuerte crisis estructural capitalista que alcanza lo económico pero también lo social.
En conversación con teleSUR, Tajeldine explicó que los grupos de extrema derecha se aprovechan de esta crisis para hacer ver en la islamofobia una especie de chivo expiatorio que le permite de forma más fácil culpar a la comunidad musulmana de todos los males que enfrentan, en este caso en las naciones de Europa.
El dato: ¿Qué es la islamofobia?: Actitud hostil hacia el islam y hacia los musulmanes porque se fundamenta en la creencia de que “amenazan la seguridad”.
“No solamente es el pueblo judío, sino es el pueblo musulmán, son los musulmanes que han ido buscando refugio en Europa y los que han vivido allí por mucho tiempo y es entonces a ellos a quienes responsabilizan por una crisis que en realidad es producto de la mediática brutal imperialista de Estados Unidos”, afirmó el analista internacional.
La Europol contabilizó en 2016 un total de 142 ataques contra la comunidad musulmana, incluyendo los ejecutados y los fracasados.
Los grupos extremistas realizaron cerca de 99 ataques. Los reivindicados por grupos terroristas ascienden a 13 en el último año, cuatro menos que en 2015. De esos 13, seis fueron conectados al autodenominado Estado Islámico (Daesh, en árabe).
Las víctimas de la islamofobia
A la crisis estructural de carácter político, económico, social e incluso cultural, por la que atraviesa el sistema capitalista se suma el fenómeno migratorio hacia Europa y los miles de desplazados por la guerra, que es percibido por la sociedad como una “amenaza de islamización”.
Tanto en Estados Unidos como en Europa las medidas de seguridad se centran en prevenir ataques de musulmanes extremistas, a pesar de que los ataques a esta comunidad por parte de nacionalistas blancos han resultado violentos y hasta incluso mortales.
Según un informe de la Europol, los delitos relacionados con motivos religiosos o raciales incrementaron en un 41 por ciento entre 2016 y 2017.
El Ministerio del Interior en Alemania estima que cada día se producen cerca de diez ataques en centros de acogida a refugiados en el país. Igual sucede en Francia, donde la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNCDH) contabiliza más de 400 ataques contra musulmanes en el último año, lo que supone un incremento anual del 223 por ciento.
Cada vez que el autodenominado Estado Islámico (Daesh, en árabe) u otros grupos extremistas cometen actos terroristas en territorio europeo, la islamofobia vuelve a ser tema central e intenta transmitir una imagen de fuerza en sus territorios ocupados, en países de Europa en los que muchos musulmanes ya se sentían ciudadanos de segunda, los medios alimentan políticas de extrema derecha y fortalecen a los partidos políticos que convierten la islamofobia en ideología.


lunes, 21 de agosto de 2017

(Yihadismo, supremacistas blancos, neonazis…) La Internacional del odio

El motor del yihadismo es el odio, como lo es en los supremacistas blancos de EEUU, los neonazis y toda esa caterva de movimientos fascistas que agitan el rechazo del otro.
Los ataques de Las Ramblas y Cambrils impactan y conmueven especialmente, más allá de la empatía con las víctimas, porque consiguen que todos nos sintamos vulnerables. El terror low cost emplea herramientas difíciles de detectar, como el alquiler de vehículos, que reducen casi a cero los espacios de seguridad mental. ¿Quién no ha caminado por un bulevar, la acera de un puente o una calle peatonal?
La mayoría de los atentados yihadistas en Europa los han cometido ciudadanos europeos. Las propuestas de cerrar las fronteras son inútiles. Es un hagamos algo porque no sabemos qué hacer. Son inútiles porque los terroristas no vienen de fuera, están dentro, han nacido aquí. Son belgas, franceses, británicos, españoles. No viajan en patera ni saltan vallas, porque entran por los aeropuertos con su pasaporte, como usted y como yo.
Cuesta manejar la idea de la existencia de un enemigo invisiblecomo los miembros de la célula de Ripoll porque multiplica nuestra vulnerabilidad. Para manejar ese sentimiento, tendemos a acotarlo en una raza, una religión, una nacionalidad. De ahí nacen la islamofobia y el racismo.
El objetivo del terror es aterrorizar, generar un pánico indiscriminado que anule la capacidad colectiva de pensar. Toda reacción desde las tripas representa una victoria porque nos iguala. Logra que todos, víctimas y verdugos, estemos juntos en un mismo espacio emocional.
De ahí la importancia del No tinc por. No solo es una declaración –no tenemos miedo–, es un grito que refuerza la pertenencia, nos ayuda a sentir que no estamos solos. Somos parte de una comunidad que no se rinde, que está dispuesta a la resistencia.
Antes de seguir, una pregunta: ¿qué es terrorismo?
Despreciar al enemigo, considerarlo bárbaro o tonto, es el camino más fácil hacia la derrota. Para vencer es necesario aceptar que nos enfrentamos a personas inteligentes que tienen un plan y unas razones. Atacan a nuestros civiles porque sienten que nosotros bombardeamos a los suyos. Atentan porque sienten que atentamos contra sus países. Es necesario enfrentar su narrativa con otra narrativa. No bastan las declaraciones pomposas, por lo general, huecas.
Una lectura obligada sobre estrategia: El arte de la guerra, de Tsun Tzu.
Nos movemos en una guerra de percepciones. La de la seguridad, la del miedo. La percepción de que todos somos objetivo. Es un campo propenso para la manipulación política.
Les recomiendo el artículo “As Vehicle Attacks Rise, an Ordinary Object Becomes an Instrument of Fear”, de Amanda Taub en The New York Times. Cita el trabajo de Marc Hetherington y Elizabeth Suhay, dos expertos en Ciencia Política. Sostienen que cuando las personas más propensas a confiar en el otro se sienten en riesgo de sufrir un ataque, suelen ser las más dispuestas a sacrificar parte de sus libertades a cambio de seguridad.
Recuerdan que en EEUU mueren entre 30.000 y 40.000 personas al año en accidentes de automóvil, muchos más que los muertos por terrorismo en todo el mundo. Pero nadie se siente amenazado al subirse a un coche. No percibimos el accidente de tráfico como un riesgo inminente. Pero nuestra cabeza no funciona igual con los atentados.
El miedo nos empuja a dividir el mundo entre “ellos” y “nosotros”, a levantar muros físicos y muros de prejuicios.  La primera victoria de los terroristas es que no sepamos diferenciar entre asesinos y víctimas.
Un estudio del think thank Chatham House, citado por Taub, revela que más de un 50% de los europeos están de acuerdo con prohibir la inmigración procedente de países musulmanes. Igual que Donald Trump. El virus de la intolerancia también está entre nosotros, no solo afecta a los yihadistas.
Por qué nos atacan
Para el universo salafista, del que surgen Al Qaeda y Estado Islámico, España pertenece a la coalición que libra una guerra contra el islam. José María Aznar nos puso en el mapa con su foto en las Azores. Es increíble que el hombrecillo insufrible tenga la indecencia de seguir dando consejos en lugar de pedir perdón e irse de una vez a su casa. España ha tenido tropas en Irak y en Afganistán, y mantiene instructores en Irak. Somos parte de “los cruzados”, como nos llaman.
Las empresas europeas del sector vendieron en 2016 armas por valor de 80.000 millones de euros. De esa cantidad, 25.000 millones proceden de ventas a Arabia Saudí, que apenas tiene 30 millones de habitantes. España vendió a Riad por valor de 116 millones de euros, de los que 34,7 fueron en municiones. Arabia Saudí es uno de nuestros grandes socios no importa quién esté en la Moncloa. Gran parte de esas armas y municiones sirven para matar personas en Yemen y Siria. No somos inocentes.
Francia y Reino Unido participan, junto a EEUU, en misiones de bombardeo en Siria. Por muy inteligentes que sean las bombas que lanzan, mueren civiles. Tan civiles como los nuestros.
Este vídeo de Vice sobre Estado Islámico de Irak y Siria (ISIS o Dáesh) sigue siendo esencial para captar el ambiente ideológico en el que se mueven:
Nuestros aliados en Oriente Próximo
Nuestro principal aliado en la zona es nuestro principal problema: Arabia Saudí. Le compramos petróleo y le vendemos armas sin preguntar demasiado. Parece un buen negocio. Arabia Saudí gasta miles de millones en extender por el mundo su versión rigorista del islam, el wahabismo, que empezó como una corriente herética dentro del islam suní, pero si tienes mucho dinero te puedes comprar que deje de serlo. El año que el ISIS conquistó Raqqa, su ‘capital’ en Siria, utilizó libros de texto saudíes para las escuelas. Están en la misma frecuencia ideológica.
Riad financia a miles de asociaciones políticas y organizaciones religiosas. De ese universo surgen los grupos armados y gran parte del terrorismo actual. Esa red tenía dos objetivos, extender el wahabismo y la hegemonía saudí en la región frente a Irán, el país de referencia de la otra gran corriente del islam, el chiísmo, y alejar lo más posible a los grupos más radicales. No funciona porque la monarquía saudí también es un objetivo de los más radicales.
Durante el mandato de Barack Obama se produjo un importante cambio estratégico. Tras la firma del pacto nuclear con Irán, este país obtuvo de Occidente el reconocimiento indirecto de aliado potencial. No puede ser automático porque aún pesan décadas de odio y animosidad. Pero la tendencia era reconocer que Irán es el país que mejor defiende nuestros intereses en la zona. Es la vanguardia, junto a los kurdos, de la lucha contra el ISIS en Irak y Siria. Irán y Arabia Saudí son enemigos mortales. Si nos acercamos a uno, nos alejamos del otro. Nadie trabaja los puentes.
La llegada de Trump a la Casa Blanca ha devuelto el protagonismo a los saudíes. Y la confianza como para lanzarse contra Qatar, al que ha impuesto sanciones y un embargo. Qatar tampoco es inocente en la financiación del salafismo y de grupos armados en Siria y Libia. El problema no es ese, sino que Doha apoya a los Hermanos Musulmanes, rivales del wahabismo. Además, Qatar comparte una gran reserva de gas con Irán y también algunas ideas sobre el mapa de la región, algo que irrita a Riad. En la partida por la hegemonía en el mundo árabe suní, Doha se mueve según sus propios intereses.
La Internacional del Odio
No es una guerra contra nuestro estilo de vida y nuestras libertades, como dicen algunos políticos especializados en el disparate.
De los 72.000 muertos en atentados yihadistas entre los años 2000 y 2014, más 63.000 son musulmanes. Un tercio de los 86 muertos en el atentado de Niza eran musulmanes. Entre las víctimas de Barcelona, muertos o heridos, hay musulmanes. ¿Contra qué tipo de valores atentan los yihadistas cuando matan musulmanes?

Los delitos no los cometen las religiones, las razas, los sexos o las nacionalidades. Los delitos los cometen las personas.
El motor del yihadismo es el odio, como lo es en los supremacistas blancos de EEUU, los neonazis y toda esa caterva de movimientos fascistas que agitan el rechazo del otro.
Lo llamo la Internacional del Odio porque están en la misma frecuencia ideológica y moral. Como lo están muchos de los tuiteros, políticos y periodistas que han tuiteado basura en las redes sociales. ¿Cómo vencer al odio con más odio? Muchos han quedado retratados.
Buscan mezclar terroristas con refugiados sirios, a los que hemos cerrado la puerta. Estos refugiados huyen de atentados como el de Barcelona o los del 11M. Solo existe una diferencia: los suyos son diarios. Más de la mitad de la población siria se ha visto forzada a dejar sus casas por la violencia de una guerra en la que tenemos mucha responsabilidad.
Tres lecturas necesarias:
– Siria, el país de las almas rotas, de Mónica García Prieto y Javier Espinosa.
– La semilla de odio, de la invasión de Irak al surgimiento del ISIS, de los mismos autores.
– Oriente Medio, Oriente roto, de Mikel Ayestaran.
Cuál puede ser la respuesta
No existen las soluciones mágicas. No existe una solución militar. Haber derrotado al ISIS en Mosul, y estar más o menos cerca de conseguirlo en Raqqa, no garantiza nada. Se trasladará a otra zona de Siria. Por si toda falla han activado el plan B: el ISIS busca la manera de asentarse en Afganistán en competencia con los talibanes.
Una hipotética pérdida total del territorio les dejaría sin una pieza esencial en la construcción de la narrativa del Califato, que es el principal atractivo del ISIS, y la principal diferencia con Al Qaeda. Su alternativa sería potenciar la vía del terrorismo masivo, como el que ya practicó en sus orígenes en Irak.
Puede dar la impresión de que el ISIS está más débil, pero no es lo que dicen los datos. En 2017 llevamos 3.950 muertos en atentados yihadistas: Afganistán (849), Irak (647), Siria (602). A cola de la lista, la Unión Europea (50), sin contar los de Barcelona y Cambrils. No somos el objetivo por mucho que se empeñen los supremacistas españoles.
Es necesaria una respuesta policial, anticiparse como se ha hecho en España desde 2004. Ha tenido éxito hasta el jueves. La seguridad total no existe.
Es necesario buscar la implicación de las comunidades musulmanas europeas. Los atentados de París y Bruselas pusieron de manifiesto la paupérrima cooperación entre las policías de un mismo país y entre las del resto de la UE. Esa cooperación y la de los servicios secretos es clave. Debería haber una especie de FBI europeo.
No puede ser que la gran mayoría de los imanes que predican en Europa estén formados en países extranjeros no democráticos. ¿Qué tipo de valores de tolerancia pueden predicar los que han sido educados en la intolerancia? Arabia Saudí es el principal controlador de esas mezquitas legales, como la de la M30. Hay que pactar con las comunidades musulmanas que los imanes se eduquen en Europa, en nuestros valores, para que puedan enseñar convivencia. La investigación de Ripoll ya tiene su imán salafista en el centro de la radicalización. Estos son los que vienen de fuera. Y están las mezquitas clandestinas.
¿Perseguimos a todos los imanes que predican el odio? ¿Haríamos los mismo con el arzobispo de Alcalá y otros que atacan derechos, leyes y personas?
Hay que trabajar en la educación y en el apoyo de los jóvenes sin empleo ni esperanza de tenerlo. Si nuestro gobierno no se preocupa de los jóvenes blancos, católicos o excatólicos, ¿cómo pedir ayudas específicas para vivienda y empleo en las comunidades magrebíes?
Es necesaria un política de integración mutua, que las dos partes recorran la mitad del puente para que el encuentro sea posible.
Los minutos de silencio ayudan a vencer el miedo, a sentir la pertenencia de la que hablaba al principio. Pero ayudan más cinco minutos de acción política más allá del postureo, la propaganda y los prejuicios.