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domingo, 11 de septiembre de 2016

Los venezolanos recurren al trueque 2.0 para hacer frente a la guerra económica

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Por RT
Las redes sociales se han convertido en el aliado de la economía familiar de los venezolanos frente al alza de los precios. Facebook, Instagram y los grupos de Whatsapp funcionan como sitios de intercambio de productos de primera necesidad: sin dinero, sin especulación.
Lo primero que sorprende es la oferta: variada, disímil, abundante. Lo segundo, la cantidad de grupos que existen. Lo tercero, es que escapa del control público o privado.
El trueque se ha convertido en la nueva alternativa para los venezolanos que padecen los estragos de la guerra económica. El sistema, que existe desde tiempos inmemoriales, cobra fuerza en el país suramericano con característica singular: está fuertemente mediada por las redes sociales.
La caída de los precios del petróleo, desde el año pasado, se ha traducido en escasez de divisas para el país monoexportador. La consecuencia más visible ha sido la merma de inventarios en los anaqueles, no sólo de productos de la cesta básica sino de rubros para la higiene y cuidado personal. Mientras los empresarios exigen más dólares para importaciones, el gobierno ha enfocado sus esfuerzos en centralizar las compras prioritarias y diseñar un sistema de distribución con ayuda de las comunidades. En el ínterin, persisten las colas y los venezolanos “le dan la vuelta” a la situación.
Una de las iniciativas es la creación de grupos cerrados de Facebook en los que se solicitan y ofertan productos a cambio de otros, así como cuentas en Instagram que funcionan con el mismo propósito. En paralelo, ciudadanos se organizan para conformar redes a través de WhatsApp no sólo para trocar rubros sino para compartir información sobre los sitios donde se expenden alimentos, medicinas o artículos de tocador a precios subsidiados.

Producto por producto

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Una imagen con cinco desodorantes y una caja de pastillas anticonceptivas acompaña la leyenda: “Cambio por leche, azúcar, harina pan, pasta y arroz”. La oferta se encuentra en el grupo de Facebook “Truekes en CCS”. 
Para integrar el grupo, que ya tiene 31.387 miembros, hay que enviar una solicitud y esperar la admisión por parte del administrador. Las reglas son claras: sólo se cambia producto por producto. No hay compras ni ofertas de “bachaqueo”, que es como se denomina a la reventa de rubros regulados a precios especulativos, que pueden alcanzar hasta 1000% de su costo real.
“En algunos grupos, por ejemplo en Instagram, son severos con quienes quieren utilizar esos espacios descaradamente para bachaquear: vender bultos de primera necesidad a precios de locura. Se ponen medio moralistas y todo”, dice Manuel Palma, un padre de familia con dos hijos pequeños que ha recurrido a los trueques como un sistema para conseguir productos escasos.
“Es una opción válida porque a veces no sólo es que no consigues lo que necesitas, sino que cuando tienes alguito de plata, no encuentras el producto”, agrega. Por eso recurre a los catálogos digitales en búsqueda -principalmente- de pañales y comida, y revisa lo que puede trocar a cambio de ellos en su despensa.
Sin embargo, a veces hay riesgos. “En Facebook, para evitar estafas, han creado grupos muy herméticos. Una vez que te agregan, te dictan una cartilla de normas, siempre bajo la vigilancia rigurosa de quienes administran los grupos”, cuenta.

Socialismo consumista

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Para William Castillo, analista político y actual presidente de la Comisión Nacional de Telecomunicaciones (Conatel), este fenómeno ocurre pero permanece marginado “porque la Revolución aún no ha desarrollado una reflexión profunda y liberadora sobre el tema del consumo. Somos un socialismo consumista que apenas ahora descubre la noción de producción”.
Las normas del trueque las hacen y las cumplen quienes entran en el sistema. Fuera del Estado, fuera de los capitales privados: se pacta el intercambio, se efectúa en un sitio público y no hay dinero de por medio. Es una respuesta espontánea y colectiva, con sus patas cojas, para afrontar una situación extraordinaria.
Pero Venezuela no es el único país en el que revive el trueque. Durante la crisis económica en España, el mecanismo se presentó como una alternativa que ya es de vieja data en Holanda, Reino Unido, Dinamarca y Suecia. EnArgentina, la inflación ha hecho resurgir el sistema de intercambio de mercancías sin que medie el dinero.
“El trueque pone patas arriba la noción de mercancía y su valor de cambio. El valor de una cosa no es el precio tal como lo propone el capitalismo sino la percepción de la utilidad (su valor de uso) que tiene quien lo adquiere”, añade Castillo.

Resuelvo por WhatsApp

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Pero no todos confían o usan redes sociales. La opción para ellos son los grupos de mensajería instantánea como Whatsapp. Un administrador agrega a los miembros y allí se comparte todo tipo de información sobre intercambios de productos o sitios de expendio de bienes de consumo a precios regulados por el Estado.
La opción cobra cada vez más popularidad en los conjuntos residenciales, los vecinos se organizan para ofertar: “he hecho trueque en mi urbanismo. Por Whatsapp tenemos un grupo y cada quien oferta lo que tiene y dice por qué cosas está dispuesto a cambiarlo”, dice Siodelys Arredondo, una joven de 30 años.
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“Yo he intercambiado harina por pasta de dientes, arroz por pañales. El grupo está integrado por los habitantes de mi conjunto residencual. Cero dinero, sólo trueque. Por allí se resuelve cualquier apuro”, insiste.
Los grupos familiares y laborales también son espacios predilectos para el trueque. Catherine Bazó, una joven con dos hijos, confiesa que jamás ha trocado productos por las redes sociales “pero sí con los compañeros de trabajo: comida, jabón, toallas sanitarias. En las oficinas es muy común”.

No es bachaqueo

¿Por qué crece esta tendencia? Permite prescindir del dinero, evitar las colas y es una opción contra el llamado “bachaqueo”.
En Venezuela, desde el pasado 1 de septiembre, el salario mínimo aumentó a 22.576,60 bolívares más Bs. 44.000 en bono de alimentación. Los “bachaqueros” pueden pedir hasta 1000% más por los productos de la cesta básica que están escasos.
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Por eso, muchos venezolanos han optado por comprar productos a precios regulados cuando tienen oportundiad, aunque no los necesiten, para poder trocarlos después por los que sí requieren. Hombres adquieren toallas sanitarias, mujeres sin hijos compran pañales o jóvenes no dejan pasar las latas de fórmula materna. Esos rubros se pueden cambiar por pasta, arroz o jabón.
Esa estrategia le tumba el negocio a los “bachaqueros” y golpea menos la economía familiar, en un país que -según las estimaciones del Fondo Monetario Mundial (FMI)- podría cerrar este año con 700% de inflación. Como dice Palma, el trueque “es una opción válida para aguantar”.
Nazareth Balbás

martes, 25 de agosto de 2015

Vivir del Trueque, una nueva forma de SER Feliz…sin dinero.

Vivir del Trueque, una nueva forma de SER Feliz...sin dinero.
Tiene 73 años y hace 20 que vive del trueque. Se trata de Heidemarie Schwermer, una psicóloga alemana que intercambia trabajo por hospedaje, comida o ropa. No usa dinero. Cree que es una forma más justa de estar en un mundo donde conviven la pobreza y la opulencia. “La gente hace muchas cosas que no son buenas para ellos, con el único objetivo de ganar dinero. Se convierten en esclavos y pierden su felicidad”, asegura.
El dinero no mueve el mundo. Los billetes son apenas papelitos de colores; recuerdos de lo que, alguna vez, supo ser el líder indiscutido. Nadie se esclaviza por él. Nadie corre, ni se encierra, ni compite, ni odia, ni envidia para poder “ganarse el pan” o “crecer” o “ser rico”, porque el pan llega sin esfuerzo, se crece siguiendo el corazón (y no acumulando bienes) y es rico el que el que da, con las manos y el corazón abiertos. Así sería, en resumidas cuentas, el mundo ideal de Heidemarie Schwermer, una psicóloga alemana de 73 años que hace dos décadas que vive exclusivamente del trueque. Todo comenzó como un experimento que, creyó, duraría un año, pero hoy ya lleva 20 intercambiando trabajo por hospedaje, comida y ropa. Cuida chicos, limpia casas, da  charlas y brinda asistencia psicológica. A cambio ha recibido todo lo que necesita para vivir y algunas cosas más también.
Tiene amigos en distintas partes del mundo y va donde se la invite. En ocasiones sola y en otras acompañada por la directora noruega Line Halvorsen, directora de Vivir sin dinero (Living without Money), un documental basado en la vida de Heidemarie.
Hace casi 20 años que emprendió este camino. ¿Recuerda cuál fue el momento en que decidió empezar esta nueva forma de vida? Porque si bien quizás esta transformación llevó un tiempo, siempre hay un momento donde se produce una epifanía.
En 1994 fundé un grupo de trueque llamado “Centro para dar & recibir” en Dortmund (Alemania). Comenzamos a compartir y a hacer un montón de cosas sin recurrir al dinero y así fue que noté que cada vez necesitaba menos dinero. Así fue que decidí intentar vivir un año sin dinero. Mi “experimento” ya lleva casi 20 años. Descubrí un nuevo mundo maravilloso lleno de amor, que vivo desde el corazón.
¿Qué pensó su familia en aquel entonces y cómo se lo toman ahora?
Al principio nadie estaba seguro de que fuera a funcionar; ni siquiera yo. Pero ahora hay mucha gente que está tratando de hacer algo especial, porque ven lo sencilla que es la vida. Ahora mi familia y amigos aprueban lo que estoy haciendo. Tengo dos hijos y tres nietos. A veces nos reunimos y en otras ocasiones nos contactamos por Internet, teléfono y correo. Al comienzo estaban preocupados, pero ahora ven que mi camino es bueno.
¿Cómo era su vida antes de emprender este proyecto?
Era psicoterapeuta, tenía mi propio consultorio y ganaba bastante bien. Antes de eso me desempeñaba como docente. Tenía dinero y seguridades pero vivía con una preocupación en mi corazón.
Según leí en otras entrevistas, su objetivo es transmitir un concepto solidario de “dar y recibir”. ¿Podría explicar un poco más este concepto?
Creo que debemos cambiar algo en el mundo. La brecha entre pobres y ricos se hace cada vez más grande. Por un lado hay gente muriendo de hambre, y en el otro extremo, se vende un cuadro de Picasso que vale 159 millones de dólares. También está la cantidad de comida desperdiciada. ¡El sistema es una vergüenza! El concepto de “dar y recibir” es una respuesta alternativa a toda esa locura. Con este nuevo sistema todo el mundo empieza a hacerse responsable de sí mismo, del mundo y de otra gente. En vez de competir y envidiar, compartimos, ayudamos a los otros y queremos a nuestros vecinos y a los demás. La idea es hacernos preguntas para conocernos más a nosotros mismos y a los demás. Por ejemplo: ¿qué es lo que realmente necesito? ¿Quién soy y qué es lo que verdaderamente me gusta? Las próximas preguntas deberían ser: ¿por qué no me agrada esa persona? ¿Qué puedo hacer para sentirme mejor respecto de él o ella? Los demás son un espejo para nosotros mismos, nos ayudan a conocernos mejor a nosotros mismos.
Luego de todo esto uno debería cuestionarse qué puede hacer por la sociedad, dónde puedo encontrar algo que pueda compartir con los demás y cuál es mi lugar en este mundo. Y finalmente: ¿confío lo suficente en la vida? ¿Puedo sentir esta nueva visión del mundo que tiene que ver con entender que es la propia humanidad la que nos hace dignos y no las posesiones o los actos. La idea de “dar y recibir! Tiene cuatro tonos que representan las preguntas: 1. De mí para mí. 2. De mí para tí. 3. De mí para ustedes. 4. De mí para el todo.
¿Cree que ha hecho del mundo un mejor sitio por vivir de esta manera?
Mucha gente, de diferentes partes del mundo, me escribe y me dice que mi historia les da valentía y esperanza. Hay personas que empiezan a vivir de otro modo.
¿Cómo describiría su mundo ideal?
Me imagino a un mundo sin dinero, donde la gente vive con otra visión, otros valores. Un lugar donde todos viven con dignidad y amor. Nadie quiere ser rey, reina, o mejor que nadie. Nadie tiene la necesidad de demostrar que él o ella tiene razón ¡sino que entiende que cada camino está bien!
La gente hace muchas cosas que no son buenas para ellos, con el único objetivo de ganar dinero. Se convierten en esclavos y pierden su felicidad.
Según contó en otras oportunidades, seguir este camino no fue siempre fácil. Tuvo que pasar algunos momentos complicados. ¿Se refiere a falta de comida o lugar para dormir o a otras cuestiones?
Nunca tuve problemas para conseguir comida o un lugar para dormir. El mayor problema, a veces, surge al compartir con otras personas. Somos todos tan diferentes que, en ocasiones, hay gente que repudia mi visión y se terminan generando grandes problemas. Uno de los desafíos más importantes que tenemos que encarar en el futuro es aprender a entender las diferencias de cada uno. Yo me convertí en psicoterapeuta justamente para comprender esto.
¿De qué modo le gustaría ser recordada?
Cada uno de nosotros es muy valioso por el hecho de ser humano. No debemos querer probar nada. Si hacemos las cosas desde el corazón, en el mundo habrá amor en vez de guerras.
¿Es feliz?
Sí, soy feliz porque vivo una vida más justa (a mi parecer). Y les entrego a otros todo el dinero que me llega a mí. No compro cosas que no necesito (no compro nada, de hecho). Las cosas que necesito vienen a mí de un modo impensado. Tengo mucha confianza en la vida espiritual y eso me hace feliz.
Trailer de Vivir sin dinero (Living without money), el documental basado en la vida de Heidemarie Schwermer
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