martes, 19 de abril de 2011

La derecha de Hungría impone una nueva Constitución ultraconservadora. Gitanos denuncian persecución y asesinatos

El derechista Fidesz, el partido del primer ministro Viktor Orban, impuso ayer en el Parlamento la nueva Carta Magna sin haberla consensuado con nadie. Hungría, un país donde, entre otras cosas, turbas fascistas asesinan gitanos con bastante frecuencia.
Piotr Kowalski | Prensa
El país que preside la Unión Europea estos meses se ha dotado de una nueva Constitución que ensalza los valores cristianos, el papel de la familia tradicional, mientras rechaza el aborto y las parejas homosexuales. El derechista Fidesz, el partido del primer ministro Viktor Orban, impuso ayer en el Parlamento la nueva Carta Magna sin haberla consensuado con nadie gracias a tener dos tercios de los escaños que ganó en las urnas el año pasado.
La nueva Constitución de carácter muy conservador hace explícitas referencias a Dios, al cristianismo y a la familia tradicional. El texto tuvo el apoyo de los 262 diputados del Fidesz. La extrema derecha (Jobbik) votó en contra de la Carta Magna porque considera que no ampara suficientemente la soberanía de Hungría. Los socialistas del MSZP y el partido ecologista de izquierda LMP decidieron boicotear el voto a un texto que los medios críticos con el actual Gobierno han calificado de "Constitución Orban".
"Hoy hemos vivido un momento histórico en el Parlamento", porque "el texto reconoce el cristianismo como base de nuestra civilización, pero la Constitución garantiza la libertad moral", manifestó ayer el presidente de la Cámara Baja, Laszlo Köver. Hasta la fecha, Hungría tenía una Carta Magna de 1949, aprobada durante el anterior régimen comunista y reformada el 23 de octubre de 1989 después de la caída de la dictadura.A principio de este año, Budapest, que ejerce la presidencia de turno de la Unión Europea, provocó un profundo malestar en Bruselas al aprobar una ley sobre medios de comunicación que, según sus detractores, limita la libertad de expresión. Ante las numerosas críticas y protestas ciudadanas en Hungría y otros países de la UE, el Ejecutivo de Orban tuvo que retroceder y suavizar los aspectos más controvertidos de la ley.
Los socialistas denunciaron el "drástico recorte de derechos sociales" y los demás grupos de izquierda así como los liberales mantuvieron que la Carta Magna merma los derechos civiles. La polémica Constitución defiende el "papel del cristianismo en la historia milenaria de Hungría", y encomienda "a Dios la Corona de Hungría, el orgullo patrio, la cristiandad y la familia tradicional".
El texto hace una explícita defensa de la familia monógama convencional y los valores tradicionales. La Constitución protege el "matrimonio, porque es la unión de base más natural entre un hombre y una mujer y el fundamento de la familia", señala. El nuevo texto también bloquea la posibilidad legal de interrumpir el embarazo y de los matrimonios homosexuales y adopción de niños por parejas de gays y lesbianas. "Desde su concepción, la vida merece ser protegida como un derecho humano fundamental. La vida y la dignidad humanas son inviolables", señala la nueva ley de leyes magiar.
En el marco de esta reforma, el Gobierno pretende dar a las madres con niños pequeñosvotos suplementarios en las elecciones. Según explicó el diputado de Fidesz, József Szájer, el Ejecutivo de Orban se inspira en un concepto desarrollado en 1986 por el demógrafo estadounidense Paul Demeny, que consideraba que "no se puede privar a nadie de derechos civiles durante 18 años", que es cuando se fija la mayoría de edad en el mundo occidental. El proyecto ley, que se discute al margen de la Constitución aprobada ayer, pretende dar a las madres un voto por cada niño para proteger los intereses de "las generaciones futuras que no están representadas en los procesos de decisión", declaró Szájer.
El Parlamento también aprobó una serie de medidas de austeridad para hacer frente a la crisis económica, como el recorte de la prestación por desempleo a 90 días de duración, en lugar de los 270 actuales.
Según la ONG pro derechos humanos TASZ, una Constitución que ha sido aprobada por un solo partido "no conviene a un Estado de derecho".La nueva Constitución, que será ratificada por el jefe del Estado, Pal Schmitt, el próximo 25 de abril y entrará en vigor el 1 de enero de 2012, ha sido criticada en masivas protestas callejeras en Budapest en los últimos días por partidos de la oposición y diversos colectivos sociales e intelectuales. El líder de los socialistas húngaros, Attila Mester, considera que el texto es una "traición a la patria".
El colectivo homosexual Magyar LMBT Szövetség manifestó su "inquietud" por los derechos de gays y lesbianas. "Creemos que la Constitución tiene que prever los derechos fundamentales tales como la dignidad humana y el derecho a la igualdad", aseguró ayer. Considera que el texto "viola la dignidad humana de las parejas de gays y lesbianas".
Grupos de ciudadanos reunidos en Facebook calificaron de "liberticida" la Constitución, mientras responsables de organizaciones feministas y Amnistía Internacional denunciaron la naturaleza "discriminatoria y antidemocrática" de la Carta Magna, porque está dominada por "una ideología de derecha cristiana".
El politólogo Andras Mink denunció "el golpe constitucional" de Orban. Por su parte, el politólogo Gabor Török rechazó también el texto y lo comparó con la anterior Constitución de la etapa comunista reformada hace 21 años, que, según dijo en su blog, "aunque nadie la quería de verdad, tenía por lo menos la virtud de haber sido elaborada con la participación de todos los actores públicos".
Los detractores del texto señalaron que la Constitución "viola las libertades fundamentales" y es "un instrumento a favor de que Orban pueda asentar su poder". Hace unos días, el primer ministro dejó claro que no pensaba hacerle caso a la oposición: "Si protestan, que protesten. Hungría quiere ser un país moderno, un país europeo. Y para eso necesitamos todas estas reformas". Después, moderó el tono y se mostró "dispuesto" a que la Comisión Europea evalúe el texto de la nueva Carta Magna. Un portavoz de Bruselas expresó su deseo de que la nueva Constitución húngara sea "conforme a los valores europeos".
Del comunismo al capitalismo
Hungría es un país en crisis que fue rescatado por el Fondo Monetario Internacional (FMI) y otras instituciones financieras y donde al menos el 30% de la población vive en situación de pobreza. La crisis política le costó el puesto al primer ministro socialista, Ferenc Gyurcsany, un antiguoaparatchik  de las Juventudes Comunistas que tras el cambio de sistema abrazó la economía de mercado con el fervor de los conversos y se dedicó a los negocios hasta convertirse en multimillonario.
Gyurcsany dejó el poder a un primer ministro de transición de corte tecnocrático, Gordon Bajnai, que fue derrotado por Orban en las elecciones legislativas del 25 de abril de 2010. Desde el día de su triunfo electoral, el controvertido primer ministro no ha perdido tiempo para dar un cambio radical al país hacia la derecha.

EN HUNGRÍA NOS ESTÁN MATANDO

Unión Romaní 
Berlusconi nos persigue y su policía destruye nuestras barracas. Sarkozy nos deporta y nos echa fuera de sus fronteras. Pero en Hungría nos están matando como a conejos.
La situación de la comunidad gitana en Hungría es sumamente alarmante. La extrema derecha triunfadora en las últimas elecciones y los racistas que no ocultan su condición, nos persiguen, meten fuego a nuestras casas y matan a nuestros hijos. Y todo esto se ha agravado desde  que el partido ultraderechista JOBBIK  consiguió el 17% de los votos y 47 diputados convirtiéndose en la tercera fuerza parlamentaria en las pasadas elecciones legislativas. JOBBIK (Movimiento para una Hungría Mejor), fundado en 2003, está liderado por  Gábor Vona, un racista que se mueve alentado por el fascismo más negro y represor y la doctrina de los nazis húngaros que fueron amigos de Hitler.
Llueve sobre mojado en Hungría, especialmente desde que el año pasado se dispararon todas las alarmas por el asesinato de un gitano,  Róbert Csorba, de 27 años y de su hijo Robert  de cinco.  Los autores del asesinato planearon perfectamente el ataque: mientras uno lanzó bombas incendiarias contra la casa de la familia gitana, otro esperó agazapado cerca de la puerta para disparar al padre y a su hijo cuando trataban de escapar de las llamas.
Y la violencia no cesa. Llevamos contabilizados más de 50 ataques de una violencia extrema. Unos con armas y otros con cócteles molotov que han costado la vida de varias personas. El último ataque asesino ocurrió el pasado mes de noviembre, cuando  dos hermanos fueron asesinados  en la localidad de  Nagycsécs, en el este del país, de la misma forma en que fueron asesinados el padre y el niño gitanos.
János Farkas, hombre de respeto y jefe de la comunidad gitana de  Gyöngyöspata, declaró a un periódico local:  "Estamos asustados. No puedo olvidar a esos hombres uniformados y con botas negras─Se refiere a los seguidores de JOBBIK─  que  desfilaban por las calles del barrio donde vivimos entonando cantos militares". La mayoría de estos hombres violentos son antiguos miembros de Magyar Garda (Guardia húngara), un grupo paramilitar ilegal que se inspira en la estética y la ideología de Cruz Flechada, el partido fascista húngaro de antes de la Segunda Guerra Mundial. Por esa razón una gran parte de los niños dejaron de ir a la escuela, por miedo de encontrarse con los racistas nazis uniformados.
Lo más grave es que JOBBIK, el partido racista, tiene seguidores en sitios impensables. Recientemente organizaron una manifestación en  Hejoszalonta, a unos 180 kilómetros de Budapest. Una parte de la élite local encabezada por el director de la escuela pública se manifestó con los ultras, mientras que el alcalde,  Jozsef Anderko, se solidarizó con los gitanos, junto con militantes proderechos humanos.
En el mes de marzo, el líder nacional del JOBBIK, el diputado  Gábor Vona, pronunció un discurso ante 1.500 paramilitares. La mayoría llevaban el uniforme negro de la  Szebb Jövoert. Y entre ellos se podían ver a individuos agresivos, uniformados y con la cabeza rapada, portando hachas o fustas, flanqueados por perros pitbull. Ante este panorama las familias gitanas ni siquiera se atrevieron a llevar a sus hijos al colegio.
El Gobierno de centro derecha de  Viktor Orban  se ha visto desbordado por tanta violencia, mientras la eurodiputada gitana,  Lívia Járóka  es la cara más visible de los esfuerzos políticos que a nivel europeo se están dando para corregir esta situación. Para nosotros siguen vivas las palabras del anterior Comisario de Empleo y Asuntos Sociales, Vladimir Spidla:  "En algunos Estados miembros parece que los gitanos se han convertido en el blanco de la violencia racista organizada, alimentada por un populismo político, una retórica del odio y la moda mediática. En algunos casos, los gitanos están siendo convertidos en chivos expiatorios de problemas sociales mayores".
Y los gitanos de todo el mundo seguimos preguntándonos: ¿hasta cuando, Señor, tendremos que soportar esta cruz?
Juan de Dios Ramírez-Heredia
Presidente de Unión Romani

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