viernes, 2 de diciembre de 2016

Tesla logra que toda una isla del Pacífico funcione solo con energía solar

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Por RT
Los 600 habitantes de esta isla del Pacífico consumían alrededor de 415.000 litros anuales de combustible diésel.
La compañía estadounidense Tesla y su filial SolarCity han logrado que toda una isla del Pacífico funcione solo con energía solar.
Hasta la fecha, los 600 habitantes de Ta’u (Samoa Americana, Estados Unidos) dependían de unos generadores que consumían alrededor de 415.000 litros anuales  de combustible diésel.
Sin embargo, ahora obtienen el 100 % de la energía que necesitan de más de 5.300 paneles solares —capaces de producir 1,4 megavatios— y disponen de 69 baterías, que pueden almacenar energía hasta un máximo de tres días.
El proyecto “no es una postal del futuro”, sino “una muestra de lo que se puede hacer hoy mismo”, asegura el cofundador de SolarCity, Peter Rive.
Este empresario hace hincapié en que la energía renovable “es una solución económica y práctica para un número creciente de lugares y necesidades energéticas”, como algunas islas que dependen de combustibles fósiles.

¿Una guerra contra los medios de información alternativos?

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Por Jason Hirthler / dissidentvoice.org
Las noticias falsas no son noticias. Se trata de una estrategia que ya fue utilizada quizás en la antigua Atenas. Platón consideraba a los sofistas, rivales de Sócrates, como unos charlatanes, es decir una primera versión del engaño y del disimulo mediático. Este problema también hizo acto de presencia en la América colonial. Escuche si no lo que dijo Thomas Jefferson al respecto:
“Los mecanismos más eficaces para mantener la paz en una nación son los medios públicos de comunicación… Un Gobierno despótico mantiene siempre a un ejército permanente de periodistas que, sin considerar la verdad o lo que podría ser la verdad, inventan y escriben aquello que pueda servir a su Régimen. Esto es suficiente para la gente que no sabe distinguir lo falso de las noticias ciertas de un periódico”.
Uno podría añadir también que la información pública es un motor muy eficaz para provocar indignación en una nación, como ya demostró la Comisión Creel de Woodrow Wilson.
Pero se han añadido nuevos artefactos en esta sórdida historia de propaganda, creados por nuestra prensa liberal que se autocongratula. Los medios de comunicación dominantes han publicado últimamente un aluvión de información sobre las noticias falsas: Mark Zuckerberg, fundador de Facebook, se ha comprometido a acabar con las noticias falsas; el Presidente Obama alertó en Alemania sobre los peligros del periodismo ajeno a los hechos y demonizan a personas e instituciones. Se trata, por supuesto de una de las mayores hipocresías del impulsor de una Segunda Guerra Fría.
Sin embargo, esta estrategia supone una amenaza, ya que podría servir fácilmente como pretexto para silenciar a los medios alternativos y combatirlos más activamente en Internet. Este podría ser el resultado de este ciclo electoral: unas serie de medidas estatales para imponer un control del pensamiento en la red. Podría servir muy bien de ejemplo de lo que Naomi Klein denomina “doctrina del shock”: la élites en los momentos de crisis aturden a la población para provocar una serie de cambios ideológicos impulsados bajo el paraguas del populismo. Oportunismo en el momento más adecuado. Como después de un tsunami los magnates de los bienes inmuebles se apropian de las valiosas propiedades de los pescadores frente al mar. Después de un ataque terrorista, se usa la Seguridad como pretexto para avanzar hacia un Estado de emergencia o para aumentar el aparato de vigilancia. Y después del período de aturdimiento electoral, se utiliza el pretexto de las noticias falsas en Internet para censurar la prensa digital diciendo que se trata de una forma de proteger la Democracia.
Dios los cría y ellos se juntan
El asunto de las noticias falsas circula por los medios de comunicación corporativos, y es una señal, independientemente de algún mea culpa en algunos editoriales sobre las erróneas interpretaciones del público estadounidense, de que no han aprendido absolutamente nada, ni nunca han tenido la mínima intención de hacerlo. Ahora The New York Times pide la censura de las “noticias falsas” y su columnista Nicholas Kristof cree que el principal problema con los medios de comunicación es que no mantienen contacto con la clase obrera. Es cierto, pero Kristof dice esto en medio de un anuncio que denuncia las noticias falsas en los medios alternativos, sin que aborde las mentiras desenfrenadas en los medios corporativos. Pero, claro, estas noticias falsas deben pasarse por alto porque sirven para ocultar los delitos de los poderosos intereses de estos medios de comunicación. Como escribió recientemente el periodista Glen Greenwald: “La religión suprema de la prensa estadounidense es la reverencia al poder”.
Al mismo tiempo que esta crítica de los medios de comunicación corporativos sobre las “noticias falsas”, también existe un miedo a la propaganda rusa, que se confunde con noticias falsas, bajo la rúbrica de un Internet peligroso y oscuro. Pero un ejemplo de una tergiversación más descarada es la que ofrece la portada del Washington Post, que da crédito a la teoría de la conspiración por parte de Vladimir Putin como una estrategia de propaganda nefasta que ha logrado “sembrar la desconfianza en la Democracia estadounidense y en sus líderes”. A continuación hace referencia a un par de oscuros Informes de este complot del Kremlin que amenaza a la gente. Uno de los Informes pertenece a un grupo llamado PropOrNot, donde se dice que se trata de investigadores “independientes”, que parecen considerar que cualquier reportaje no hostil a la política exterior de Moscú es propaganda rusa. No ofrece ningún hecho para invalidar el contenido de estos sitios: como no se trata de propaganda proimperialista, a favor de la guerra y pro-Washington, entonces se trata de mentiras. En ese Informe se ofrece un listado de varios sitios web de la izquierda, que no serían otra cosa que agentes soviéticos, tales como truthdig.org, truth-out.org, greanvillepost.com, counterpunch.org, globalresearch.ca y muchos otros. Por supuesto, el artículo del Washington Post da una visión muy favorable del periodismo, del que dice que es de interés público. 
PropOrNot define la propaganda como:
“Una forma sistemática de persuasión que intenta influir en las emociones, las actitudes, las opiniones y las acciones de determinado grupo de gente con fines políticos, ideológicos y religiosos, a través de la transmisión controlada de mensajes falsos, selectivamente omitidos y unilaterales (que pueden ser o no actuales) a través de los canales de los medios de masas o directamente”.
Esta definición absurdamente inclusiva acusa a cada corriente del país y cualquier medio alternativo de izquierdas o derechas que posea unos valores de antemano. En otras palabras, la opinión misma se convierte en vil propaganda. Entonces, ¿quién debe informar u opinar sobre las noticias? ¿Se puede confiar en alguien para presentar hechos objetivos sin que se produzca un sesgo en determinada dirección? ¿Y quién decidirá? ¿No se trata en realidad de un ataque directo a la libertad de prensa, a la libertad de expresión?
Otro gesto de gran hipocresía es el del Parlamento Europeo que codificó la propaganda occidental en una resolución que denuncia la desinformación y la propaganda hostil y señala que la propaganda rusa socava la noción misma de información objetiva y la ética del periodismo. Alguien debiera decir a la UE que quien socava la ética del periodismo son aquellos que difunden propaganda en masa a través de grupos occidentales, tales como Robert Creel, Walter Lippmann y Edward Bernays. La UE también debiera recordar que debe su existencia a la propaganda masiva a favor de la UE, que disipó los temores públicos de que las naciones perdieran su soberanía bajo el paraguas de la UE, que es precisamente lo que sucedió. Del mismo modo, la propaganda rusa sería cualquier información que se niegue a adoptar un punta de vista anti-ruso, o critique las política imperial de Washington.
Pero hay mucha gente que no cae en la trampa de esas artimañas. ¿Recuerda el ejército permanente de periodistas de Jefferson? Ron Paul se tomó la molestia de hacer una lista. Sin duda, cualquier lista seria de medios que publican noticias falsas tendría que comenzar con los siguientes medios de comunicación, entre otros muchos:
  • The New York Times
  • The Washington Post
  • Fox News
  • CNN
  • MSNBC
Pero cuando hablamos de noticias falsas no estamos hablando de medios panfletarios de supermercado que afirman que Michelle Obama ha sido secuestrada por extraterrestres, o sobre el plan de Obama de convertir Estados Unidos en un gran califato islámico. Es mucho más sutil que todo eso. El periodista Jay Tabar escribe:
“Aunque los medios de comunicación convencionales informan, no resulta comprensible esa información, dejando fuera lo que es esencial para un conocimiento que permitiría a los lectores formar su propio juicio, en lugar de consumir las distorsiones corporativas y la propaganda estatal”.
Otro efecto adverso de este pernicioso concepto no es sólo que puede fomentar la censura de los sitios alternativos de noticias, sino que puede implicar, aunque sea por extensión, que sólo los medios corporativos son los que ofrecen noticias reales. Resulta difícil mantener este argumento después de décadas de dirigismo corporativo y la absoluta falta de escrúpulos para demonizar a los enemigos. La idea es empujar a las Empresas de los medios digitales y redes sociales, tales como Twiter, Google y Facebook, hacia una autocensura. Cualquiera que haya trabajado alguna vez en una Corporación sabe que no existe el discurso libre dentro del Santuario corporativo, al menos sin repercusiones graves por desafiar las líneas del partido. Lo cual nos lleva a otro asunto que todavía colea después de los años pasados: la era McCarthy.
Difamando a los medios estatales
En la era del Gobierno de las Corporaciones, la idea de que los medios de propiedad estatal son más peligrosos o partidistas que los medios de propiedad Corporativa no debiera ser motivo de la mínima atención. Pero esta miserable afirmación sigue circulando, y la última vez en boca del portavoz del Departamento de Estado, John Kirby, ante las preguntas de un periodista de RT sobre sus acusaciones contra Rusia. En primer lugar, se negó a dar pruebas para respaldar sus afirmaciones de que los rusos atacan los hospitales sirios. Luego, como periodista estadounidense, se alzó para defender su derecho a plantear dicha cuestión, pero Kirby saca de repente a colación los medios nacionales para desacreditar a RT.
¿Cuál es exactamente, señor Kirby, la diferencia entre los medios de propiedad estatal y los de propiedad corporativa? ¿Por qué se desprecia a los primeros y a los segundos se los trata como si fueran un faro de pureza periodística? A pesar de mi repugnancia por la ineficacia de los Gobiernos contra la corrupción, hay que admitir que los medios corporativos son los falsificadores más eficientes y persuasivos de la realidad. Décadas de hostilidad y falsedades han dado a las Corporaciones una ventaja comparativa en el negocio de la manipulación. La propaganda estatal sigue siendo algo más torpe en este sentido.
Resulta aún más absurda cuando se piensa en la miríada de órganos de propaganda del Estado estadounidense, que dicen ser ONG, entre ellas la Fundación Nacional para la Democracia y sus excrecencias capilares, como el Instituto Republicano Internacional (IRI) y el Instituto Nacional de la Democracia (NDI). Pero estas organizaciones, nominalmente no partidistas, están infestadas por ideólogos del Congreso y están financiadas por el Departamento de Estado. La verdad es que cualquier medio corporativo, o del Estado, o medio alternativo, desde el Washington Posta RT, desde Black Agenda Report a Counterpounch, debieran escudriñarse para comprobar la veracidad de sus contenidos. El intento de Kirby de lanzar sospechas sobre los medios estatales puede ser un hecho aislado, pero usó esta estrategia para desviar la atención antes su falta de pruebas.
Sesgo en las confirmaciones y adicción a las falsedades
Como consecuencia de los ritos funerarios y las lágrimas derramadas después de las elecciones, se ha producido un raquítico aumento en el número de suscripciones al Establishment de las publicaciones liberales. The AtlanticThe New York TimesThe Nation y Mother Jones, han recibido, de una a otra costa, numerosas voces clamando una respuesta. El pensamiento de estas gentes de las Corporaciones que se dirigen hacia espacios ideológicos seguros, resulta hasta divertido, hasta que usted piensa en lo que realmente está sucediendo. Estos medios canalizan a sus aterrorizados acólitos hacia los pliegues de la Democracia, habiendo de por medio cuatro años de una demente desregulación republicana para apuntalar el cadáver momificado del Partido Demócrata. Los votantes nunca aprenderán mientras se aferren al megáfono de los medios corporativos. A menos que la burguesía (empresarios liberales) no se liberen de su dosis de MSM IV, las campañas como las de Jill Stein no alcanzarán el umbral de 5%, el cambio radical seguirá en el limbo, sólo un ruido de fondo detrás del estruendo de las reformas simbólicas proclamadas por los demócratas del futuro.
Un círculo vicioso
Afortunadamente, sólo el 32% de la gente de este país tiene una fuerte confianza en los medios de comunicación. Algo parecido parece que está sucediendo con las gentes de otros países [en España, según un estudio realizado por el Instituto Reuter para el Estudio del Periodismo, y publicado en junio de este año, el nivel de confianza de los españoles en los medios de comunicación sólo alcanzaría el 34%]. Sin embargo, si los monolitos corporativos lograsen arrinconar a los medios alternativos, entonces los Demócratas lograrían hacerse de nuevo con el poder. Hay una grieta que se ha abierto en el complejo de los medios de comunicación, donde una corriente, que si bien es dominante, está desacreditada, sumida en su propia ignorancia y en su autocontemplación, y que dice querer hacer otro tipo de periodismo, una promesa que nadie se cree. La línea de falla puede abrirse por la izquierda o por la derecha. Pero se dispone de poco tiempo. Las fuerzas que están detrás de los medios corporativos ya están utilizando el pretexto de las noticias falsas para poner palos en las ruedas de los medios disidentes. ¿Qué nuevas medidas se adoptarán para frenar aún más la libertad de expresión e imponer formas de control del pensamiento? Los llamados medios liberales quien construir un muro, no entre México y los Estados Unidos, sino entre los votantes y la verdad, y lo que es más importante, la libertad de búsqueda de la verdad.
Se supone que el Cuarto Estado debe rendir cuentas. Como lo expuso Joseph Pulitzer: “consolar al afligido y afligir al acomodado”. Lo irónico es que los medios de comunicación dominantes han abdicado de su propósito original, y ahora ofrecen consuelo al acomodado y ocultan la condición abyecta de los afligidos. La disidencia es el hilo de Ariadna de la Democracia. Si perdemos este hilo, nos encontraremos perdidos en un laberinto de desinformación, que la corriente dominante presente arramblar, pero sin herramientas para ofrecer alternativas de un pensamiento más libre.
Jason Hirtler es escritor, un veterano que lleva trabajando 15 años en la Industria de la Comunicación. Ha escrito en diferentes medios de comunicación. Vive y trabaja en la ciudad de Nueva York. Puede ponerse en contacto con él en: jasonhirthler (a) gmail.com
Visto en : Noticias abajo  y Sott.net

EEUU: Trump asegura que no continuará “derrocando regímenes”

El multimillonario aseguró que su objetivo es "la estabilidad y no el caos" y anunció que ha ofrecido el puesto de secretario de Defensa al general jubilado que aplicó mano dura en Oriente Medio, apodado como "perro loco".trump-ohioEl presidente electo de Estados Unidos, Donald Trump, aseveró este jueves que su administración no continuará la política intervencionista e imperialista, basada en el “derrocamiento de regímenes”.
“No vamos a derrocar regímenes ni Gobiernos. ¿Recuerdan los 6 billones de dólares en Medio Oriente? Nuestro objetivo es la estabilidad y no el caos”, dijo Trump en Ohio, donde intervino en el primer mitin celebrado tras ganar la presidencia el 8 de noviembre.
El multimillonario volvió el jueves a sus raíces de campaña en su primera aparición masiva desde que ganó las elecciones. En una puesta en escena que recordó a sus inicios esperpénticos como candidato, Trump se plantó ante sus miles de seguidores y aprovechó la ocasión para anunciar que había ofrecido el puesto de secretario de Defensa al general jubilado del Cuerpo de Marines, James Mattis. Trump dijo que se supone que revelaría la noticia hasta el lunes, y luego le pidió a los asistentes en tono de broma: “No se lo cuenten a nadie”.
Durante la campaña electoral, el republicano criticó que la administración del presidente estadounidense Barack Obama “gaste 6 billones de dólares en guerras en Medio Oriente, mientras que el país vuelve a la ruina”. Por lo cual, el empresario oriundo de Nueva York aseguró que es tiempo de “reconstruir” a los Estados Unidos.
En su discurso, reiteró su intención de destruir al Daesh (Estado Islámico) y de construir un muro en la frontera con México.
La parada en Ohio fue la primera de la gira de agradecimiento -“USA Thank You 2016” (Estado Unidos gracias)- que el futuro presidente llevará  a cabo en los próximos días, para agradecer a los ciudadanos que decidieron votar por él.

El “Mad Dog” del Pentágono

James Mattis, apodado como ‘Mad Dog’ (perro loco), es considerado un militar de mano dura. Fue uno de los primeros en pisar Afganistán después de los atentados del 11 de septiembre de 2001, y estuvo al frente de una de las divisiones que invadió Irak en 2003.
Mad Dog’ es genial, es genial”, dijo Trump en su primer mitin después de la victoria electoral del 8 de noviembre.
Durante el mandato de Barack Obama, Mattis fue jefe del Comando Central, encargado de las operaciones en Oriente Medio, en sustitución del general David Petraeus, quien fue designado jefe de la Agencia Central de Información (CIA).
Mattis abandonó este puesto en 2013, antes de lo previsto, y por eso se especuló que había sido forzado a retirarse por las tensiones de la administración de Obama. Sin embargo, Mattis es considerado un militar ortodoxo, disciplinado y menos radical y político que el  elegido por Trump como asesor de Seguridad Nacional, el también general retirado Michael Flynn.
Ambos están obligados a entenderse y a aconsejar a Trump sobre asuntos de seguridad nacional, como el conflicto sirio, la influencia del Daesh en Irak y al norte de África o las relaciones con Irán, luego de haberse opuesto abiertamente al acuerdo de Estados Unidos.
El Ciudadano

Dakota: Dos mil veteranos de guerra protestan contra oleoducto

La Policía ha confirmado que no hará uso de la fuerza para retirar a los concentrados.
La Policía ha confirmado que no hará uso de la fuerza para retirar a los concentrados.
Las fuerzas del orden han vuelto a pedir a los organizadores que abandonen el lugar para facilitar la llegada del Cuerpo de Ingenieros del Ejército estadounidenses responsables de preparar el terreno para la extensión del oleoducto.
Más de 2.000 veteranos de guerra llegaron a Dakota del Norte, con el objetivo de reforzar las protestas de los miles de personas que llevan días concentradas a la gélida intemperie, contra los planes de expansión de un oleoducto que amenazan la reserva histórica de los indios sioux de Standing Rock.
La organización de Veteranos en Defensa de Standing Rock, levantará barricadas para resguardar a los manifestantes de las inclemencias del tiempo en el campamento de Oceti Sakowin, y coordinará con los organizadores de las protestas la formación de una cadena humana frente a la Policía.
Las fuerzas del orden han vuelto a pedir a los organizadores que abandonen el lugar para facilitar la llegada del Cuerpo de Ingenieros del Ejército estadounidenses responsables de preparar el terreno para la extensión del oleoducto.
Por su parte la Policía ha confirmado que no hará uso de la fuerza para retirar a los concentrados.
La presencia de estos veteranos de guerra no cuenta con el beneplácito de organizaciones locales de excombatientes, como el Consejo de Coordinación de Veteranos de Dakota del Norte, entidad que ha denunciado el ocasional comportamiento violento de los militares.
La llegada de las temperaturas glaciales está incrementando la tensión en Cannon Balldonde, donde el termómetro bajará hasta los menos dieciséis grados centígrados (-16º) la semana que viene.
A esa temperatura, el impacto de un chorro de agua a presión, como los que la Policía ha empleado habitualmente para despejar las protestas, podría tener gravísimas consecuencias para la salud.

Julian Assange reclama libertad tras fallo de la ONU a su favor


El fundador del sitio Wikileaks, Julian Assange, reclamó hoy al Reino Unido y a Suecia que le dejen salir de la embajada ecuatoriana en esta capital, tras un fallo de Naciones Unidas a su favor.
Ahora que se agotaron todas las posibilidades de apelación, espero que ambos países cumplan con sus obligaciones internacionales y me liberen, dijo el periodista australiano después de que la ONU rechazara recientemente una apelación británica y ratificara un dictamen a su favor.
‘Es una obvia y gran injusticia detener durante seis años a alguien que no ha sido inculpado’, agregó el ciberactivista.
El gobierno de Reino Unido expresó este jueves su decepción por el rechazo de su recurso.
En febrero pasado el Grupo de Trabajo sobre Detenciones Arbitrarias de Naciones Unidas determinó que la detención de Assange era ilegal y pidió a estas naciones que acabasen con ella.
El programador informático se encuentra refugiado en la legación de Quito en la capital británica desde hace más de cuatro años para evitar su extradición a Suecia, donde se le acusa de presuntos delitos sexuales que él niega.
Hace 15 días, la Fiscalía del país nórdico lo interrogó sobre una denuncia de violación presentada en su contra en 2010.
El pasado agosto prescribieron tres de los cuatro cargos sexuales por los que Estocolmo reclamaba a Assange -dos de acoso sexual y uno de coerción ilegal-, tras cinco años desde que supuestamente se produjeron.
La acusación más grave, que le involucra en una violación en grado menor (por tener relaciones sexuales desprotegidas con una joven mientras dormía), continúa vigente hasta 2020.
Assange rechaza su extradición a Suecia, pues teme que esto sea una maniobra para enviarlo a Estados Unidos, donde sería juzgado por difundir información confidencial sobre la seguridad nacional norteamericana, y podría ser condenado a cadena perpetua o a muerte.
PL

jueves, 1 de diciembre de 2016

Coca-Cola y Pepsi compran a organizaciones sanitarias para que no les vinculen con la obesidad

Entre 2011 y 2014, Coca-Cola gastó de media más de seis millones de dólares (unos cinco millones de euros) al año en este tipo de acciones. PepsiCo gastó tres millones y la Asociación de Bebidas de EE UU, un millón, según el estudio.
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Coca-Cola y Pepsi destinan millones a evitar que sus nombres queden vinculados a los cada vez más crecientes índices de obesidad. Así, un estudio acaba de publicar la lista de asociaciones científicas, médicas, universidades y agencias del Gobierno a los que pagan los gigantes de los refrescos en EEUU para tapar su vínculo con lo que ya se empieza a considerar como una epidemia en dicho país.
El consumo de bebidas azucaradas ha quedado constatado como una de las grandes causas de obesidad. Cada lata de refresco contiene 40 gramos de azúcar, densidad bastante más alta que la de los 25 diarios que la Organización Mundial de Salud (OMS) considera adecuada.
Un nuevo estudio publicado por el American Journal of Preventive Medicine detalla que dos de los principales fabricantes de bebidas azucaradas a nivel mundial, Coca-Cola y PepsiCo, financiaron en EE.UU. a 96 organizaciones clave en la promoción de hábitos saludables y la lucha contra la obesidad o la diabetes. Y ello con el fin de limitar las críticas científicas a los refrescos y restar apoyos a las leyes que limitan su consumo.
La Asociación de Diabetes de EE UU, la Fundación de Investigación de la Diabetes Juvenil o la Sociedad Americana de Cáncer figuran en la relación de entidades receptoras de fondos. En ella también aparecen la mayor asociación de médicos del país, la AMA, la Cruz Roja, o incluso el Centro de Control de Enfermedades, órgano dependiente del gobierno estadounidense que vela por la promoción de hábitos sanos.
Práctica extendida nivel mundial
“Nos hemos centrado en EEUU, pero el número de entidades que reciben fondos de estas dos empresas en todo el mundo debe ser mucho más alto”, explica Daniel Aaron, investigador de la Facultad de Salud Pública de la Universidad de Boston y coautor del estudio.
La investigación resalta el caso de la ONG Save the Children, que apoyaba los impuestos a los refrescos, pero que dejó de hacerlo en 2010 después de recibir más de cinco millones de dólares de Coca-Cola y PepsiCo en 2009.
Entre 2011 y 2014, Coca-Cola gastó de media más de seis millones de dólares (unos cinco millones de euros) al año en este tipo de acciones. PepsiCo gastó tres millones y la Asociación de Bebidas de EE UU, un millón, según el estudio.
Sin embargo, otras como la Academia de Dietética y Nutrición o la Academia de Pediatría de EEUU rechazaron cualquier tipo de inyección económica procedente de ambas multinacionales de bebidas.

ROCK AGAINST RACISM: cuando la sociedad se defiende con guitarras

Por Julen Figueras Cuarenta años después del primer concierto que inició el movimiento social llamado Rock Against Racism (Rock Contra el Racismo), las causas que lo motivaron siguen plenamente vigentes. El movimiento, que tuvo lugar en el Reino Unido en los últimos años de la década de los setenta, consiguió hacer de la música un […]
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Por Julen Figueras
Cuarenta años después del primer concierto que inició el movimiento social llamado Rock Against Racism (Rock Contra el Racismo), las causas que lo motivaron siguen plenamente vigentes. El movimiento, que tuvo lugar en el Reino Unido en los últimos años de la década de los setenta, consiguió hacer de la música un motor para la lucha social, movilizando a miles de personas de distintas razas y clases sociales contra el racismo cada vez más evidente en el país. Recuperamos la historia, y la pensamos a la luz de los nuevos movimientos y de la música reivindicativa de nuestros días.

¿QUIÉN DISPARÓ AL SHERIFF, ERIC?

La mecha prendió en el mes de agosto de 1976. Eric Clapton estaba sobre el escenario del Birmingham Odeon, y había bebido de más, aunque no más que de costumbre. En una pausa entre canciones, balbuceó sus ya famosas palabras sobre la inmigración en el país: “Enoch tenía razón. Deberíamos echarlos a todos”. Enoch Powell, diputado conservador, había alcanzado popularidad casi una década antes, con un vomitivo discurso en el que abogaba por mantener Gran Bretaña blanca y por evitar que se convirtiera en una colonia negra.
A Enoch lo apartaron del poder poco después de su discurso, pero sus ideas racistas se abrieron paso en sucesivas elecciones. El Frente Nacional continuaba ascendiendo con su discurso abiertamente xenófobo, a la par que las agresiones a minorías raciales se intensificaban. Por eso, tras el arranque de sinceridad ebria de Clapton, la respuesta no tardó. El fotógrafo de rock y activista político Red Saunders escribió a varios medios la carta abierta que inició todo.
“Vamos, Eric, admítelo, la mitad de tu música es negra. Eres el mayor colonizador del rock. Eres un buen músico, pero ¿dónde estarías de no ser por el blues y el R&B? (…) Queremos organizar un movimiento de base contra el venenoso racismo en la música. Os animamos a que apoyéis Rock Against Racism”.
La carta, enviada por Saunders pero firmada por un puñado de activistas más, terminaba con una posdata punzante: “¿Quién disparó al sheriff, Eric? Seguro que no fuiste tú”. Tras un par de semanas, el mensaje recibió más de seiscientas respuestas y, para noviembre de ese mismo año, Rock Against Racism (RAR) estaba ya funcionando en el circuito de conciertos. Desde ese momento, y durante cinco años, el movimiento se desarrolló en conciertos y manifestaciones de diferente tipo. Cuando, en 1978, se organizó el Carnaval Contra el Racismo en la capital británica, el movimiento congregó a más de 80.000 personas.
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Manifestación de RAR en Trafalgar Square, 1978. Foto: Sarah Wyld
Lejos de ser una organización robusta y centralizada con una hoja de ruta determinada, RAR se configuraba como una red solidaria de artistas, promotores, salas de conciertos y audiencia. Una red que se extendía, de forma no siempre ordenada, por toda la geografía británica. Aunque auspiciado por el Partido Obrero Socialista (SWP) y la Liga Anti-Nazi (ANL), el movimiento se concibió desde el comienzo como una red autónoma, apartidista, con el objetivo de aglutinar a personas de adscripciones y orígenes diferentes frente al ascendente racismo. La ausencia de unos márgenes bien definidos de lo que era y no era RAR jugaba más a su favor que en su contra, haciendo del movimiento algo flexible y apropiable por cualquier colectivo que compartiese agenda.
En esa red, cualquiera podía ser parte de RAR, bastaba con querer serlo y constituirse como tal. Surgieron así multitud de nodos, desde los barrios de inmigrantes (los más amenazados) hasta los pueblecillos más inhóspitos. Entre 1976 y 1981, Rock Against Racism fue el nombre con el que se celebraron cientos de conciertos de punk y de reggae en los que el contenido de la música no era tan importante como los espacios seguros que se creaban. Allí no habría agresiones ni consignas intolerantes, sólo gente diversa haciendo música en comunidad.

HAZLO TÚ MISMA

Uno de los principios que guió al movimiento RAR fue el del hazlo tú misma (do it yourself o DIY), extendido en el punk y en los movimientos de base desde los que RAR emergió. Haciendo fortaleza de la escasez de recursos con que contaban, aguzaron la imaginación como necesidad y como principio. Así, casi sin advertirlo, RAR creó una estética propia, mezcla heterodoxa influenciada por el constructivismo soviético y el pop-art norteamericano.
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Cartel de uno de los carnavales promovidos por RAR y la ANL.
Durante meses florecieron panfletos, cuartillas, pancartas y hasta una revista propia, la Temporary Hoarding, que complementaban lo que pasaba sobre las tablas. En lugar de contratar a compañías de diseño y distribución, RAR puso a las personas a hacer por sí mismas, apartándolas del papel de espectadoras. En contraste con las campañas teledirigidas que se popularizarían años después, en Rock Against Racism los límites los ponían quienes participaban en él. Todo era posible, siempre desde el placer y el disfrute del hacer en común.
Cuando le preguntaban por ello, David Widgery, uno de los promotores de la iniciativa, afirmaba: “Las formas en las que se encuentra el placer o el entretenimiento son las mismas que llevan a encontrar la identidad sexual y política”. Se trataba, por tanto, de romper la división ficticia que se encuentra entre la alta y baja cultura, entre el compromiso y el disfrute, entre la política y la música popular.
De esta forma, el movimiento de Rock Against Racism promovió en Gran Bretaña una política del día a día, localizada y corpórea. A través de conciertos y manifestaciones, de carnavales y festivales, RAR buscaba pasar de una cultura del consumo y entretenimiento a otra que entendiese que el ocio puede ser tan político como lo que más. En pocas palabras, se trataba de tomar las calles, ocupar la cultura de masas y la música pop, porque es ahí donde está la vida real.
Este discurso no se quedaba en el panfleto o en las letras de alguna canción: se materializaba en las actividades y performances de las personas participantes en el movimiento. No era raro encontrarse a mujeres, asiáticos y negros compartiendo espacios con los blancos que habían dominado tradicionalmente el espacio público. De esta forma, no sólo se promovían los espacios mixtos y el mestizaje, sino que se exorcizaba todo intento de las nuevas generaciones nazis de co-optar la música popular y el descontento social.

NO SÓLO ROCK, NO SÓLO RACISMO

El nazismo británico que avanzaba a finales de los setenta no tenía como único objetivo aterrorizar a inmigrantes. Entre sus víctimas estaban también mujeres, pobres u homosexuales. Por eso mismo, la diversidad por la que abogaba RAR no trataba sólo de combatir el racismo, sino también la homofobia, el clasismo y el sexismo. Al fin y al cabo, todas ellas eran manifestaciones de un mismo proyecto de exclusión.
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Logo de 2Tone: blanco y negro, blancos y negros.
De la misma forma, RAR no se limitaba al rock. De hecho, su lema apuntaba mucho más lejos: “reggae, soul, rock and roll, jazz, funk y punk: nuestra música”. Quizá por la agenda política que guiaba a RAR, la mayoría de bandas que se unieron al movimiento venían del punk y del reggae. Si el punk era la expresión de una juventud desencantada de visiones políticas variadas e incluso incompatibles, la expansión del reggae era efecto del colonialismo que la propia Gran Bretaña había practicado en el Caribe. Entre los nombres que destacaron en los conciertos de Rock Against Racism, se pueden encontrar los de The Specials, The Clash, Stiff Little Fingers, The Ruts o Sham 69, entre otros muchos. En el caso de The Specials, el compromiso político se materializaba también en la propia formación, mezcla de blancos y negros, que dio pie al renacimiento del ska bajo el nombre de 2 Tone.
¿Y el rock clásico? En parte por los prejuicios de activistas que escuchaba con mejores oídos a bandas de punk y reggae, en parte por el desinterés de las bandas de rock clásico, progresivo y heavy metal de la época, los sonidos más duros quedaron fuera del mapa. Nada de lo que sorprenderse, en todo caso, teniendo en cuenta que, en contraste con las letras y actitud punk, las del rock clásico volvían la mirada hacia el hedonismo y la fantasía principalmente.
El punk tenía, además, características que favorecían su apropiación por las masas. En tanto que género que se oponía de forma insistente al virtuosismo técnico de las bandas rock de estadios, cualquier persona en la audiencia podía hacer su propia banda de punk. No hacía falta saber cantar o tocar bien un instrumento, bastaba con tomar el micrófono. Así, no era necesario que la juventud recurriera a un género musical existente: éste podía ser creado sobre la marcha.
A diferencia del rock clásico, tendente a la mitomanía y al entretenimiento espectacular, el punk buscaba tirar abajo la barrera entre público y artista, hacer a la audiencia parte del concierto. Acabar con los ídolos para poner a la gente a hacer por sí misma. De alguna forma, el punk era la materialización de ese principio del “hazlo tú misma” que impregnaría todo el movimiento.

LOS RESTOS DE ROCK AGAINST RACISM HASTA HOY

Tras cinco años de música y activismo en las calles, RAR se diluyó en 1981. En el camino, contribuyó a desenmascarar el fascismo del Frente Nacional, reduciendo su presencia política hasta la marginalidad, si bien parte de su agenda acabó siendo adoptada por el nuevo gobierno de Margaret Thatcher. Un resultado decepcionante sólo si excluimos sus efectos sobre la sociedad británica de las siguientes décadas.
En un momento de malestar social, cuando la balanza se podría haber desequilibrado en contra de las minorías, RAR contribuyó a que ser antirracista fuese aceptable y deseable. A través de sus conciertos y manifestaciones, se logró normalizar las relaciones entre razas. Puede que no atrajera a tanta gente negra y asiática a los espacios públicos, pero desde luego hizo lo posible por dejarles la puerta abierta. Aunque hoy en día esté ya normalizado, el de Rock Against Racism fue el primer momento en que artistas y bandas tomaron una posición explícitamente política, haciendo igualmente de la música una herramienta para la política.
Como un rayo en mitad de la noche, Rock Against Racism pasó rápido. Tampoco estaba destinado a durar para siempre: el movimiento escapó del peligro de convertirse en un movimiento rutinario y no peligroso atándose a un momento y lugar concretos donde sus acciones tuvieron el mayor efecto posible. Entrados los ochenta y más allá, los ecos de Rock Against Racism se materializaron en otros movimientos e iniciativas con más o menos éxito.
Red Wedge fue un intento de artistas como Billy Bragg y Paul Weller de instrumentalizar la música para aupar al partido laborista al gobierno. En contraste con la política apartidista de RAR, la agenda de Red Wedge venía demasiado marcada por los objetivos institucionales. En ese sentido, el poder transformador de las clases populares quedaba reducido al voto. Un modelo que sería repetido hasta nuestros días y del que artistas como Bono, Bruce Springsteen o el propio Weller han abusado hasta la saciedad.
Los primeros años del siglo XXI vieron la reproducción más fiel de RAR a través de Love Music Hate Racism(LMHR), un movimiento nacido en respuesta al ascenso -de nuevo- de un partido de carácter marcadamente racista, el British National Party. LMHR, que cogía su nombre de un lema de RAR, contó en sus conciertos con bandas como The Libertines o Babyshambles. Sin embargo, quizá por apoyarse demasiado en un movimiento desaparecido veinte años atrás, o por no contar con un equivalente cultural al punk hacia el que LMHR pudiera recurrir, el movimiento se descafeinó en una exaltación de la multiculturalidad sin incidir de forma directa en las relaciones de poder que seguían amenazando a las minorías.
Finalmente, y de forma más notoria, el Live Aid (y su secuela en el nuevo milenio Live8) inauguró otra manera de actuar políticamente. La macrocelebración de solidaridad de Bob Geldof ha pasado a la historia como un evento mucho más potente que cualquiera de los demás, pero también de efectos más vacuos. En su intento por situar a África en el mapa de la pobreza, Geldof no buscó en ningún momento crear un movimiento que pudiera hacer frente a las causas de la pobreza: bastaba con paliar sus consecuencias. Si Rock Against Racism trataba de aterrizar la política en la vida cotidiana, en el disfrute popular y en las salas de conciertos, lo del Live Aid era espectáculo al cuadrado, teatralizar una solidaridad entre pueblos que se parecía más a la caridad que a la acción efectiva. No es casualidad que, en esa búsqueda de lo espectacular, el cartel lo conformaran artistas como Queen o U2 en lugar de bandas africanas que viviesen la miseria en sus carnes.
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Live Aid: 95% espectáculo, 5% compromiso

ROCK PARA COMBATIR EL RACISMO EN NUESTROS DÍAS

Aunque Rock Against Racism contribuyó a la desaparición del Frente Nacional, el racismo en sus múltiples formas sigue avanzando. Aunque sea bajo una crítica a la multiculturalidad, a la precariedad laboral o la inseguridad ciudadana, la agenda racista, homófoba y sexista sigue teniendo demasiados seguidores y representantes políticos, tanto en los Estados Unidos como en Europa. ¿Qué hace la música al respecto?
Poco. Si bien es cierto que hay artistas que, individualmente, han levantado su voz frente a los atropellos de la nueva derecha reaccionaria, parece que faltan mimbres para reeditar algo comparable al movimiento británico de los últimos setenta. Hay, sí, un montón de conciertos benéficos, pero son casi siempre una réplica en pequeña escala del modelo Live Aid, y no una búsqueda por crear un circuito musical políticamente comprometido. Otros, como los que Bon Jovi o Bruce Springsteen han protagonizado en los EE.UU. en apoyo al partido demócrata, son poco más que un gancho para cambiar la orientación de un voto.
Aunque no es posible reproducir un movimiento de hace cuarenta años en la coyuntura política actual, Rock Against Racism sentó precedentes para pensar la acción política desde la música. Una acción que tenga en cuenta lo que sale por los bafles, pero que también ponga en el centro a quien interpreta la música, a quien la escucha, los lugares en los que la música es interpretada, y sus efectos. ¿Cómo sería un movimiento así en 2016?
Al igual que se han creado redes de solidaridad popular en distintas partes del Estado para dar apoyo a las capas sociales empobrecidas, un movimiento musical comprometido buscaría la creación de un circuito de confianza que contase con artistas y promotores, con salas y con público. Hay ya esbozos de algo parecido en algunas ciudades, algunos promotores comprometidos, espacios autogestionados y minifestivales para el apoyo mutuo. En 1976, todo empezó con Clapton y una carta al director.
Las fiestas locales de más de un municipio, como el de Pamplona o Vallecas, están pavimentando el camino para los eventos lúdicos que busquen la diversión libre de agresiones. Encontrar y fomentar espacios así, abriéndolo a minorías que puedan tomar parte activa, es otro de los pilares básicos para un movimiento robusto. Todo el mundo debe ser bienvenido.
No faltarán -nunca lo hacen- los partidos políticos que busquen apuntarse un tato. En ese sentido, la firmeza de las experiencias del ciclo de movilizaciones del último lustro (15M, Occupy, Syntagma) dan pistas sobre la importancia de mantener una agenda independiente, tanto de políticos como de músicos de renombre que puedan robar el protagonismo a las bases. Desde abajo se construye mejor.
¿Y la música? Hace falta, claro, música, pero no tiene por qué ser necesariamente subversiva. Basta con que sea apropiable, que hable a la sociedad de esta década, no a la de hace cuatro. Lo que funcionó en los setenta puede ser ahora completamente fútil. Hoy, el movimiento puede tener banda sonora de rock, o punk, o reggae, pero también de hip hop o de techno. Puede ser Nacho Vegas o Melendi, pero también Moby o Beyoncé. O todo a la vez.
Y, sobre todo, no nos olvidemos de disfrutar. La política en la música no tiene por qué ser aburrida ni oscura. En las revoluciones también tiene que poderse bailar.

Referencias:

- Frith, S., & Street, J. (1992). Rock Against Racism and Red Wedge: from music to politics, from politics to music, en Rockin’ the boat: Mass music and mass movements, R. Garofalo (ed.)
- Goodyer, I. (2009). Crisis music: the cultural politics of rock against racism. Palgrave.
- Rachel, D. (2016). Walls come tumbling down. The music and politics of Rock Against Racism, 2 Tone and Red Redge. Pan MacMillan.

El autor, Julen Figueras, es un apasionado de la música, de la política, y todo lo que las atraviesa. Aunque el rock pueda con todo, disfruto tanto con el soul como con el blues, con el metal como con el pop. Abogado del diablo. Defensor de pleitos pobres. Todavía empeñado en encontrar esperanza en el rock y en la palabra como armas para la subversión. Si no quema, no es arte.
También escribe sobre música y feminismo para Pikara Magazine.
http://info.nodo50.org/ROCK-AGAINST-RACISM-cuando-la.html