sábado, 6 de septiembre de 2014

China y Estados Unidos una guerra inevitable


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6 de septiembre de 2014.-En palabras del Pentágono, el episodio “no estuvo en consonancia con las relaciones” que mantienen los militares de ambos países y que Estados Unidos busca establecer con China. Sin embargo, las relaciones políticas entre las dos potencias tampoco son muy robustas.
Muchos analistas, tanto en Estados Unidos como en China, han advertido sobre el “punto de inflexión” en el que se encuentran las relaciones entre China y Estados Unidos, así como sobre la inevitabilidad de un conflicto armado, por lo cual ambas potencias han comenzado a prepararse, apunta en su artículo para el rotativo ‘Japan Times’ Mark J. Valencia, analista naval y político.
Pero más allá de este punto de inflexión, la mentalidad nacional y las decisiones políticas inexorablemente se inclinan hacia el conflicto.
Tal choque de titanes no sería un fenómeno nuevo. Según la teoría realista clásica, las potencias establecidas se esfuerzan por mantener el statu quo que asegura su posición en la parte superior de la jerarquía de los Estados y ven las potencias emergentes como una amenaza potencial, apunta Valencia.
Por su parte, los países emergentes temen que las potencias dominantes traten de hundirlos antes de que se convirtieran en una amenaza existencial para ellos.
Tucídides describió este proceso de “natural”, con respecto a Atenas y Esparta, como una combinación de “ascenso” y miedo, una mezcla que inevitablemente lleva a la guerra. ¿Serán capaces China y Estados Unidos de evitar este desenlace?
El predominio ideológico, político, cultural y económico de Estados Unidos en la palestra inevitablemente se vería erosionado y reemplazado por el de China. América ya no sería el único país “excepcional” y envidiable del mundo, si es que realmente lo es. Incluso el modo de vida estadounidense será desacreditado a ojos de todo el mundo.

“En resumen, podemos estar presenciando un fracaso estrepitoso de la política exterior de Estados Unidos en Asia del Este. Estados Unidos  no ha sido capaz de unificar los 10 miembros de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático contra China, no ha podido detener la asertividad de China y ni siguiera mejorar la estabilidad en el mar de China Meridional”, aseguró el analista.

El cacareado nuevo enfoque de la política de Estados Unidos en la región asiática del Pacífico (la estrategia llamada ‘pivote‘ asiática) ha convertido esta área en la más inestable y en manzana de discordia entre Estados Unidos  y China.

El jefe del Estado Mayor Conjunto de Estados Unidos, Martin Dempsey, cree que el riesgo de guerra en Asia aumentará en los próximos 10 años a medida que disminuya la superioridad militar de Estados Unidos sobre China. 

Una muestra evidente de este cambio de mentalidad es el despliegue en Guam, por parte de la Fuerza Aérea de Estados Unidos, de más bombarderos furtivos B-2 y bombarderos estratégicos B-52H actualizados.

En una clara alusión a China, el secretario de Defensa estadounidense, Chuck Hagel, lanzó una advertencia a aquellos que violan la integridad territorial de las naciones por “la fuerza, la coacción y la intimidación”.

Mientras tanto, China busca una imagen diferente y a largo plazo. En su opinión, las placas tectónicas del sistema político internacional global están cambiando inexorablemente, y Estados Unidos y China se encuentran en lados opuestos de la brecha y, tal vez, de la historia.

Los líderes chinos creen que China representa el futuro, no solo en lo referente a la fuerza militar, sino también en la economía, la cultura y los valores. De hecho, los líderes chinos creen que el destino de China es recuperar su protagonismo (si no la preeminencia) en la región y tal vez, con el tiempo, en el mundo entero.

Solo una demostración de “flexibilidad” estratégica por ambas partes podría evitar el peor escenario. Los dos Estados tienen diferencias fundamentales e intereses nacionales  contradictorios, y no parece probable que ni EU ni China estés dispuestos a ceder en nada.

“Tal vez ya se haya alcanzado el punto de inflexión. De ser es así, los analistas políticos y los propios políticos no estarían haciendo más que ‘reordenar las sillas en la cubierta del Titanic‘”, concluye el analista.

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