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miércoles, 29 de noviembre de 2017

Trump comparte vídeos contra los musulmanes de un grupo de extrema derecha británico

El presidente de EEUU, Donald Trump, compartió este miércoles tres vídeos publicados en la red social Twitter por la líder del movimiento ultranacionalista Britain First del Reino Unido, Jayda Fransen.
Las imágenes muestran lo que Fransen afirma que es un islamista golpeando a un adolescente hasta la muerte, así como supuestos musulmanes que destruyen una estatua de la Virgen María y otros que atacan a un niño holandés con muletas.
Fransen respondió con entusiasmo, agradeciendo a Trump por retuitear sus publicaciones: “Dios te bendiga, Trump”.
Los medios británicos informaron que Fransen actualmente afronta cargos por lenguaje y comportamiento amenazante, abusivo o insultante en los últimos discursos que dio en Belfast, capital de Irlanda del Norte, y comparecerá ante la Justicia en dos semanas.
Britain First es un grupo político ultranacionalista y de extrema derecha que comparte vídeos en las redes sociales de supuestos episodios de violencia por parte de miembros de la comunidad musulmana.
Sputnik Novosti

miércoles, 22 de noviembre de 2017

Levantan en Alemania un monumento del Holocausto ante la casa de un líder de extrema derecha

Un grupo de artistas afirmó este miércoles haber construido una réplica del memorial berlinés al Holocausto delante de la casa de un dirigente de la extrema derecha alemana, con el fin de denunciar unas declaraciones del político.
Björn Höcke, perteneciente al ala más radical del partido Alternativa para Alemania (AfD), provocó un escándalo el pasado enero al calificar al monumento berlinés de “memorial de la vergüenza”.
Además, denunció la política de arrepentimiento que llevaba a cabo Alemania frente a los crímenes del nazismo.
“Tendrá que disfrutar de esta vista todas las mañanas mientras mira por la ventana, ya que, como aprendiz del Führer, considera el memorial del Holocausto como un monumento de la vergüenza”, explicó Philipp Ruch, responsable del grupo Centro por la Belleza Política, autor de la iniciativa.
Esta organización instaló al amanecer las 24 lápidas de hormigón bajo las ventanas de Höcke y en el terreno de la casa vecina, que alquilaron hace 10 meses, en Bornhagen (Turingia).
También puso en marcha una recogida de fondos por valor de 28.000 euros con el fin de mantener el monumento durante dos años, un objetivo que alcanzó rápidamente.
Las declaraciones de Höcke en enero fueron fuertemente criticadas en Alemania y pusieron además en evidencia las divisiones dentro de la AfD.
Ciertos dirigentes de su propio partido quisieron apartarle, pero finalmente se impusieron los más radicales, llevando a la AfD a un éxito electoral sin precedente en Alemania, con cerca del 13% de los votos en las elecciones legislativas de septiembre.
EFE

martes, 10 de octubre de 2017

El joven agredido en Valencia: “No hubo enfrentamientos, era la extrema derecha de cacería”

Vicente, el joven que paró una de las agresiones contra la manifestación del 9 d’Octubre en Valencia, señala que la Policía no estaba preparada para proteger a las personas de los grupos ultras.
No eran enfrentamientos entre grupos. Era un grupo cargando contra otro. “Una cacería de la extrema derecha”. Así lo describe Vicente D, el joven que paró una de las agresiones producidas el pasado lunes por los grupos ultras en Valencia.


Grupos ultraderechistas, entre los que destacaron los ‘Yomus’, protagonizaron la tarde del lunes 9 d’Octubre una contramanifestación para acosar a la izquierda valenciana que cada año convoca una marcha. El lema de la de este año era ‘Sí al valencià’ y coincidía con otra manifestación convocada por la CUP. La convocatoria de los ultras no estaba autorizada y se tenía constancia de ella por las redes sociales.

Antes de comenzar la protesta autorizada, los grupos extremistas acudieron a la plaza de San Agustín con ánimos violentos. Según cuenta Vicente, que no milita en ninguna de las asociaciones convocantes, al llegar a la plaza, los ultras ya se encontraban allí, insultando e increpando a quienes iban llegando. Ataviados con banderas rojigualdas, con algún toro pero sin simbología fascista evidente, les gritaban y escupían constantemente.
A los pocos minutos, narra a este diario, llegó la Policía para hacer un cordón e intentar protegerles. “No eran suficientes para pararlos a todos”, lamenta. Y así se vio pocos minutos después, cuando algunos ultras sortearon el cordón policial y comenzaron las agresiones.
La estampida,  como se ha visto en centenares de vídeos que circulan por redes y medios de comunicación, fue aprovechada por los neofascistas para cargar contra los grupos de izquierda antes de que la Policía reaccionara. El joven, de apenas 18 años, intentó parar una paliza de cinco hombres a una pareja mientras todo el mundo corría. Segundos después, un grupo se lanzó contra él. “La Policía tardó poco en llegar”, admite, “pero no tenían capacidad suficiente para reaccionar. Eran pocos efectivos y los nazis eran muchos más”.
Una vez controlada la estampida y comenzada la manifestación, el joven estudiante explica que fueron acosados durante todo el recorrido por los ultras, pese a la protección de la Policía, que fue escoltando la marcha. “Nos gritaban ‘hijos de puta’, ‘catalanistas, esto es España’, y a las chicas ‘os vamos a follar”, señala.
“Uno de los momentos más tensos fue cuando nos rodearon y se pusieron a cantar ‘A por ellos”. El joven cuenta que habría varios centenares de personas increpando, amenazando y escupiendo. Algunos de edad muy avanzada, que “sabes que no te van a pegar, pero violentan el ambiente”. Al acabar la concentración, en la Puerta de la Mar, todavía persistían grupos extremistas y la Policía tuvo que escoltarles hasta el barrio de Benimaclet.
“Lo que más rabia me da es que digan que eran enfrentamientos. No hubo enfrentamientos, eran ataques. Era una cacería de la extrema derecha”, concluye.

Laura Martínez

sábado, 9 de septiembre de 2017

Fuerzas Armadas infiltradas por la Extrema Derecha: 4 detenidos de la British Army en Operación Antiterrorista

El 5 de septiembre, la policía de West Midlands comunicó que en la operación contra los presuntos miembros del grupo terrorista de extrema derecha Acción Nacional habían sido arrestados 5 miembros.

Sorpresivamente en la misma comparecencia el Ministerio de Guerra del Reino Unido confirmó el informe policial: cuatro de ellos son soldados en activo de la Brithis Army.
En el informe de acusación se vincula a Acción Nacional con el asesinato de la diputada Jo Cox en junio de 2016, por apología de Thomas Mair. Este fue condenado a perpetuidad después de ser encontrado culpable de asesinar a la diputada Jo Cox. Disparó y apuñaló repetidamente a Cox durante la campaña del referéndum por el Brexit en junio e 2016. En el juicio la corte escuchó expresiones como: “Esto es por Gran Bretaña”, “Hay que mantener a Gran Bretaña independiente”, y “Gran Bretaña primero”.
Nadie quiere pronunciarse sobre la participación de las Fuerzas Armadas en las actividades de Extrema Derecha. Como sucede en Alemania se habla de “casos aislados” y “conductas inadmisibles”. Los medios tienen pánico de hablar de complot en las Fuerzas de seguridad. Pero los datos reflejan una correspondencia significativa entre ambos grupos y una permisividad flagrante que raya con la subversión sedictiva. No es exageración, ilegal o no Acción Nacional se atreve a amenazar a los propios parlamentarios.
Repetimos: grupos de extrema derecha están usando al ejército como plataformas. Si le sumamos la estrategia del Europarlamento para financiar una red de partidos fascistas por toda Europa por medio del sistema de financiación electoral de partidos tanto nacionales como europeos encontramos los orígenes reales de los problemas. Así se fraguan las tragedias.
Se sospecha que los nacionalsocialistas en el ejército están afiliados al movimiento identitario “Identity Movement”, con conexiones con Alemania y Estados Unidos.

martes, 11 de julio de 2017

La extrema derecha europea hace de la islamofobia el eje de su discurso

La extrema derecha en Europa ha adoptado una nueva agenda que pasa por sostener, casi en exclusiva, postulados islamófobos.
El último informe de Europol sobre el panorama terrorista en la Unión Europea señala que “los actos criminales xenófobos y racistas se han incrementado en número y en nivel de violencia” en el 2016.
Los Estados y las instituciones que estudian estos fenómenos suelen agrupar los actos de islamofobia –Alemania, como una excepción, sí ha creado un archivo específico para estos casos– dentro de un cajón temático mayor: el de los delitos de odio. Por ello existen muy pocas estadísticas en las que se presenten segregados los actos penales islamófobos del resto de los conocidos como delitos de odio.
La ausencia de registros pormenorizados de este tipo de ataques en la mayoría de Estados de la UE revela que la amenaza de actos como el atropello de fieles al salir de una mezquita en Londres el pasado 19 de junio, donde una persona murió y diez resultaron heridas, no ha sido del todo ponderada por los gobiernos. Esa carencia alcanza otra dimensión si lo que se mide son actos o actitudes de aparente baja intensidad contra musulmanes, como las protestas contra la instalación de una mezquita en un determinado barrio o localidad, según informa la Vanguardia.
La extrema derecha busca tanto en la oleada de inmigrantes y refugiados llegados estos últimos años a Europa –especialmente a Alemania– como, entre otros, en los atentados de signo yihadista ocurridos en París, Niza, Bruselas o Berlín, pretextos para justificar su discurso radical y, en algunos casos, sus actos violentos.
Ciertos ataques con artefactos explosivos de mayor o menor complejidad a mezquitas u otros lugares en los que se concentran musulmanes –restaurantes halal, por ejemplo– demuestran que podría empezar a darse cierto grado de organización dentro de algún grupo de extrema derecha. Sin embargo, según estas fuentes, los actos xenófobos están protagonizados principalmente por individuos aislados o por grupos que no tienen una estructura fija. Son agrupaciones que carecen de un líder carismático que consiga darles más entidad y atraer a más adeptos. Además, tienen muchos problemas internos.
www.ain.com.ar/nota.php?nota=14743

jueves, 30 de marzo de 2017

La “Máscara de Izquierdas” de la Extrema Derecha Europea – obreros que votan a la derecha

En Europa, los partidos anti-inmigración se presentan como los únicos y verdaderos defensores de la clase trabajadora.Logrando avances en las zonas obreras en declive económico e incluso han superado a los socialdemócratas. Para conseguirlo utilizan las reivindicaciones tradicionales de la izquierda
A principios de los años ochenta, Jean-Marie Le Pen se enorgullecía de ser llamado “el francés Ronald Reagan” [1]. Al igual que las autoridades fiscales de la Inquisición española, el entonces líder del partido de extrema derecha Frente Nacional hizo una llamada a la reducción radical del  Estado franceses [2] a sus funciones básicas de “vigilante” (ejército, policía, justicia, diplomacia) [de acuerdo con la “Doctrina Rumsfeld”, 3]. Los impuestos y los gastos debían reducirse. El gobierno, dijo, debe quedar “fuera de nuestras espaldas y fuera nuestros bolsillos”.
Treinta años más tarde, su hija Marine, que le sucedió como líder en 2011, está pidiendo que los ricos sean gravados, critica los impactos del “ultraliberalismo” global y sostiene que un “Estado estratega” fuerte  es la única forma de Luchar contra el aumento de la desigualdad [¿?].
En toda Europa, los partidos anti-inmigración como el Frente Nacional en Francia, el Partido por la Libertad (PVV) de Geert Wilders en los Países Bajos y UKIP en el Reino Unido se presentan como los únicos y verdaderos defensores de la clase trabajadora. Al igual que Donald Trump, han logrado avances significativos en las zonas obreras que sufren un declive económico, e incluso han superado a los partidos socialdemócratas en los votos de la clase trabajadora.
Para lograr esto, muchos de ellos se han vestido con la ropa de la izquierda: oponerse a las privatizaciones, defender los derechos del estado de bienestar, y abogar por el reinado de las finanzas. Para la mayoría de estos partidos, este es un cambio radical en la agenda liberal que persiguieron en el pasado. Sin embargo, su aparente giro a la izquierda en lo economico es en gran medida un mero escaparate: cuando los votantes no miran a menudo se les encuentra alineados con los intereses empresariales y atacan los derechos de los trabajadores.
De Estado Vigilante a Estado Fuerte
La orientación hacia el libre mercado de la derecha radical europea en sus comienzos puede remontarse a los orígenes de sus líderes. Sus políticos tendían a ascender a puestos prominentes dentro de partidos conservadores o liberales defendiendo los intereses de los negocios y de la pequeña burguesía. Jean-Marie Le Pen fue elegido por primera vez al parlamento en 1956 por el partido de Pierre Poujade [Partido Popular Francés PPF], que defendió una insurgencia fiscal en nombre de pequeños comerciantes contra el llamado “Gestapo fiscal”.
Wilders, por su parte, fue un protegido del político liberal Frits Bolkestein, un defensor de Reaganomics que como comisionado de la unión europea continuó reclamando una desregulación radical del mercado laboral europeo. Es ampliamente recordado por una directiva que propone que las empresas puedan emplear trabajadores en un país (por ejemplo Luxemburgo) y pagarles los salarios de su país de origen (por ejemplo, Polonia).
El UKIP en el Reino Unido es otro ejemplo que surge de los movimientos liberales. Su fundador, Alan Sked, fue miembro del Partido Liberal y representó al partido en el Parlamento en 1970. También fue miembro inicial del “Bruges Group” de Margaret Thatcher, fundado sobre la base de un discurso que ésta pronunció en 1988 sosteniendo que los Tories [Conservadores] “No habían logrado retirar las fronteras del Estado en Gran Bretaña, sólo para verlas reimpuestas a nivel europeo”. De adecuado con sus raíces, el UKIP fue inicialmente liberal, oponiéndose al desarrollo de la Unión Europea en lo que consideraba un “superestado”.
Para los partidos anti-establishment [sin cargos relevantes en las instituciones], especialmente en la Europa socialdemócrata, la economía de libre mercado una vez ofreció una cualidad de insurgente. La reducción de impuestos, la reducción del gobierno y la privatización de los servicios públicos avanzaron como una forma de eliminar el poder de aquellos que controlaban el estado. En la década de 1980, Le Pen vio las Reaganomics como una oportunidad para desafiar a la élite política francesa, que supervisaba un gran estado de bienestar y las industrias de propiedad del gobierno.
Geert Wilders, fundador del Partido Holandés por la Libertad, vio un atractivo similar en el conservadurismo fiscal de estilo estadounidense. En 2005, después de que desertase del VVD, hizo un viaje de estudios a Estados Unidos donde se reunió con Grover Norquist [4], la Fundación por la Herencia “Heritage Foundation”, el Instituto Americano de la Empresa “American Enterprise Institute”, y el Partido liberal “Libertarian Party”.
Él mismo reconoció los límites de la importación de este programa a Europa, pero estableció una conexión entre su programa antiinmigrante y los recortes de impuestos: ya que la inmigración aumenta las demandas de seguridad social, razonó, reduciendola sepodrían bajar los impuestos. Debido a que no había ningún partido holandés que abogara por radicales reducciones de impuestos, hubo una oportunidad para él de combinar un programa anti-inmigración y anti-impuestos, y para que su partido apareciera algo más que un grupo anti-islamista marginal .
Pero para el año 2011, con la crisis económica en pleno apogeo, una misión de investigación similar para Marine Le Pen tuvo un impacto más limitado. Aunque encontró un terreno común con el congresista liberal Ron Paul en el aislacionismo de la política exterior, estubo mucho menos influida por sus ideas económicas. El programa económico del Frente Nacional era, en ese momento, muy diferente al de las posiciones liberales.
Hoy en día, sostiene medidas para aumentar los subsidios de pensión para los ancianos, reducir los impuestos para los tres deciles más pobres, aumentar el crédito para los ingresos bajos, introducir controles de precios de gas y electricidad, mantener la semana laboral máxima a treinta y cinco horas – establecida por el Partido Socialista en la década de 1990 – y las sanciones para los CEOs de las grandes compañías que participen en prácticas similares a los cárteles.
El Frente Nacional ha hecho los movimientos más llamativos a la izquierda de todos los partidos de derecha radical, pero otros también divergen de sus raíces de libre mercado. El UKIP es un sorprendente ejemplo reciente. Su nuevo líder, Paul Nuttall antes abogaba por la privatización del Servicio Nacional de Salud “NHS”, escribiendo que “como todos los monopolios estatales, es costoso, ineficiente y lleno de burócratas”, y que su existencia ahogaba a la competencia. Después de suceder a Nigel Farage como líder, se desdijo su posición anterior, comprometiéndose a mantener al NHS público e incluso haciéndolo uno de sus temas centrales en la elección parcial de Stoke [su demarcación electoral].
Cuando antes el UKIP abogaba por un impuesto uniforme (regresivo) y propuso el desmantelamiento del sistema estatal de pensiones [5], hoy apoya la imposición progresiva y campañas para “proteger los subsidios” [6]Esta reversión encaja bien con su nuevo electorado. La encuesta [7] muestra que el 79 por ciento de sus votantes apoyan la nacionalización de las compañías de energía y el 73 por ciento respaldan la nacionalización de los ferrocarriles.
Cómo llegaron los trabajadores a elegir la extrema derecha
Esta cambio de imagen de la derecha radical ha ocurrido en un momento en que está atrayendo cada vez más votos de la clase obrera. Los obreros son el grupo social donde Marine Le Pen goza del nivel más alto de apoyo (con un 44%) [8] para las próximas elecciones presidenciales francesas. Constituyen el grupo más importante del electorado del Frente Nacional. Esto está ligado a cambios fundamentales en los patrones de votación de clase en Europa. Durante gran parte del siglo XX, existía una clara división política entre la base y la punta superior de la jerarquía social. En general, la clase obrera votó por partidos socialdemócratas y comunistas; y la clase dirigente y la pequeña burguesía apoyaron a partidos liberales y conservadores.
Sin embargo, desde finales de la década de 1980, estos alineamientos de partidos de clase han cambiado considerablemente. La clase obrera ha abandonado masivamente a los partidos socialdemócratas y optó por la abstención o la derecha radical en base a sus preocupaciones sobre la inmigración y la globalización [por su relación directa con la disponibilidad de trabajo y salario]. En todo el mundo industrializado, las diferencias de participación entre ricos y pobres han aumentado, haciendo que los grupos de bajos ingresos sean menos atractivos para los estrategas de los partidos y, a su vez, más difíciles de movilizar.
Los partidos socialdemócratas en Europa han atraído cada vez menos a la clase obrera. En sus encarnaciones más exitosas han podido confiar en el voto de la creciente base de las clases medias empleadas en el sector público y en las industrias creativas. Más comúnmente se han convertido en fracasados “Partidos atrapalotodo” atrayendo un nivel medio de apoyo entre varias clases pero sin la capacidad de movilizar ninguna de ellas de manera efectiva. Mientras tanto, con los partidos de centro-izquierda alejándose de ellos, muchos votantes de la clase obrera han recurrido a partidos que proponen la seguridad económica y cultural a través del nacionalismo en lugar de la socialdemocracia.
Hay muchos ejemplos de este cambio en el vínculo entre clase y partido. Henin-Beaumont, una antigua ciudad minera del norte de Francia, había sido controlada por el Partido Socialista durante setenta años. Se convirtió en el municipio insignia del Frente Nacional cuando eligió a un alcalde de extrema derecha en 2014. En las antiguas “banlieues rojos” [barrios rojos] de París, históricamente controladas por el Partido Comunista, la FN ha hecho avances significativos, aunque aún esté lejos de igualar los niveles de su bastión histórico de la Cote d’Azur y el desindustrializado norte.
En nuestra investigación [9], analizamos la proporción de votantes de la clase trabajadora en el electorado de partidos de derecha radical en siete países, mirando no sólo a los trabajadores de la industria y comercio, sino también a los trabajadores de servicios. Los empleos de baja cualificación en servicios, a empleos ocupados por mujeres, constituyen ahora una proporción aún mayor de empleo que industria en la mayoría de los países. Las condiciones de empleo en estos sectores suelen ser peores que en la industria manufacturera, donde los trabajadores pueden confiar en una tradición más larga de movilización sindical.
En casi todos los países que observamos, la proporción de votantes de la clase trabajadora dentro del electorado de partidos de derecha radical aumentó con el tiempo. Los votantes de la clase trabajadora ahora representan entre el 60 y el 75 por ciento del electorado de la derecha radical en Austria, Francia, los Países Bajos y el Reino Unido, mientras que representan sólo entre 44 y 54 por ciento de todos los votantes de estos países. También encontramos una clara representación excesiva de los trabajadores entre el electorado de los partidos de derecha radical en Dinamarca y Suiza. La Lega Nord en Italia es una excepción, ya que es el único partido donde los trabajadores no están sobre-representados.
Por otro lado, la proporción de votantes de la clase trabajadora que votan por partidos de izquierda ha disminuido. En varios países los trabajadores continúan siendo sobre-representados entre el electorado de la izquierda pero hoy en día hay más votantes de la clase obrera dentro del electorado de la derecha radical que de la izquierda.
Participación de los votos de la clase trabajadora. Ver foto más grande aquí.
Si se considera en una perspectiva diferente pero complementaria el comportamiento electoral de la clase obrera (y no sólo la composición de clase de los partidos), también surgen nuevos patrones de votación de clase. Los trabajadores de la producción y de servicios [9] dan un claro apoyo por encima de la media a la derecha radical, mientras que esto no sucede con la izquierda. En una muestra de nueve países europeos, el 31 por ciento de los trabajadores de la producción y el 25 por ciento de los trabajadores de servicios votaron por la derecha radical en el período 2002-2014, mientras que sólo obtuvo 18,8 por ciento de los votos dentro de la población en su conjunto.
La dificultad del centro-izquierda para movilizar a su electorado central no es sorprendente. El giro de los partidos socialdemócratas hacia las políticas de la Tercera Vía defendidas por Tony Blair y Gerhard Schröder [socialdemócratas] en los años noventa ha llevado a una desilusión generalizada. Pero el creciente interés por las cuestiones de identidad también ha sido un factor, y más sorprendente si se lo compara con el reciente giro de la derecha radical hacia las cuestiones de seguridad económica, una reorientación que coincidió con sus recientes éxitos.
Falso Socialismo
Sin embargo, este cambio hacia una imagen  de izquierdas de los partidos de extrema derecha no debe tomarse como real. Hay un abismo entre lo que dicen y lo que votan. Incluso cuando en su programa y su retórica afirman defender a los trabajadores, la derecha radical a menudo toma partido con el capital cuando se trata de legislación.
Francia
La última reforma laboral aprobada por el gobierno francés en 2015 es un buen ejemplo. Su objetivo era facilitar aún más los despidos por razón de negocios y dar más flexibilidad a las empresas para la fijación de salarios. Oficialmente, el Frente Nacional pidió su retirada, denunciándola como un ataque a la seguridad laboral de los trabajadores franceses. Le Pen lo llamó otro “diktat ultra-liberal de Bruselas”. Al mismo tiempo, sus senadores presentaron enmiendas:
– para eliminar los derechos de representación de los trabajadores en las pequeñas empresas,
– eliminar la obligación de impartir capacitación,
– reducir la capacidad de los trabajadores de trabajos extenuantes para reclamar la jubilación anticipada y
– reducir los impuestos sobre las horas extras.
– A continuación, atacaron a los derechos sindicales: pidiendo que se eliminara el monopolio de los sindicatos en las negociaciones salariales, lo que permitiría a las empresas negociar salarios con grupos no sindicalizados.
Al final, las enmiendas fueron retiradas y los parlamentarios fueron culpados cor ello. Cuando los sindicatos organizaron manifestaciones masivas contra de la ley, Marine Le Pen pidió que fueran prohibidas (Francia estaba oficialmente en estado de emergencia después del ataque de Bataclán), reconociendo más tarde finalmente su “legítimo derecho a protestar”. Por entonces, ella ya sabía que la mayoría de sus propios votantes apoyaban las protestas [10].
Holanda
Este doble discurso está muy extendido dentro de la derecha radical, que pretende representar tanto a los trabajadores como a la pequeña burguesía – circunscripciones con intereses opuestos. En el período previo a las elecciones de 2010, Geert Wilders proclamó que el aumento de la edad de jubilación obligatoria era una cuestión sobre la que nunca se comprometería. Al día siguiente de la elección, dijo que esto ya no era un obstáculo para las negociaciones de la coalición. Más tarde, fue denunciado [11] por haber dicho en privado que este gambito sólo tenía por propósito de atraer el apoyo de los votantes de la clase trabajadora del Partido Socialista.
Incluso cuando Wilders reivindica representar a la gente común, su partido a menudo vota por políticas que benefician a los ricos. Por ejemplo, el PVV ha sido un fuerte defensor de los descuentos fiscales para los propietarios de viviendas. Además de contribuir a hacer los hogares holandeses los más endeudados del mundo industrializado, se ha demostrado que este descuento beneficia solo al 20% más rico de los hogares [12], que se benefician de la mitad de la reducción total de impuestos.
Su partido también se opone a la negociación colectiva y a los derechos sindicales. La mayoría de los trabajadores holandeses están cubiertos por la negociación colectiva sectorial en la que el gobierno extiende los términos de las negociaciones entre empleadores y sindicatos para que sean obligatorios para todos los trabajadores de un sector económico. El PVV ha propuesto desmantelar este sistema [13], dejando a los individuos negociar solo con su empleador.
Suiza
Esta tendencia se repite en toda Europa: en Suiza, el Partido Popular suizo proclama que protege a los trabajadores suizos de la inmigración, pero se opone firmemente a las sanciones para los empleadores que explotan a los inmigrantes. Sus diputados han empleado ilegalmente a solicitantes de asilo sin pagar impuestos por ellos [14].
Austria
En Austria, el Partido de la Libertad (FPÖ) apoyó una serie de leyes para debilitar a los sindicatos y desregular el mercado de trabajo mientras estuvieron en el gobierno entre 2000 y 2007.
Esto no debería sorprender de una tradición política que defiende un programa hostil a la solidaridad colectiva que encarnan los derechos sindicales y la negociación colectiva. El tipo de solidaridad que defienden los partidos de derecha radical está subordinado a los valores nacionalistas y conservadores.
Mientras que la Izquierda hace campaña para expandir el estado de bienestar, la derecha radical habla más frecuentemente de reducirlo: limitando los beneficios sociales a los nacionales, o como proponía el PVV de Wilders, oponiéndose a los subsidios para las familias de más de dos hijos porque se cree que las familias musulmanas tienen más niños. Cuando se trata de derechos sociales, han sido partidarios de siempre de un enfoque punitivo al bienestar. Las sucursales locales del PVV en Rotterdam y La Haya quieren obligar a los desempleados a trabajar en invernaderos para reemplazar a los trabajadores inmigrantes [15].
La división entre “nosotros” y “ellos” que usa la derecha radical cuando habla de inmigración se transpone en sus políticas de bienestar: “nosotros” somos contribuyentes trabajadores y “ellos” inmigrantes, pero también desempleados y defraudadores de la Seguridad Social.
Los límites del engaño
Está claro que el voto de la clase obrera a la derecha radical ha aumentado junto con un desplazamiento de la defensa del libre mercado a las plataformas económicas izquierdistas. Pero gran parte de este cambio ha sido retórico. En la práctica, los partidos de derecha radical en Europa funcionan principalmente para convertir los votos de la clase trabajadora en políticas de derecha. Su verdadera naturaleza pro-capitalista sólo sale a la luz en las reuniones del gabinete o en los comités legislativos, cuando los votantes no están prestando la misma atención.
Este juego sin embargo tiene límites. Los votantes no pueden ser engañados indefinidamente. Después de su primer período en el gobierno, el FPÖ austriaco perdió dos tercios de sus escaños. El PVV perdió un tercio después de que apoyara a un gabinete conservador comprometido a implementar una amplia austeridad. Su apoyo electoral es volátil, y esto explica de algún modo su cambio hacia la izquierda en la economía. La mayoría de los votantes de la derecha radical se preocupan principalmente por la inmigración – y muchos ni siquiera conocen la posición de sus partidos sobre economía. Pero si alguna vez fueran a ir más allá de un solo tema demográfico, necesitarán un mensaje social más amplio.
Este ejercicio de lavado de imagen puede y debe ser evitado. La migración de los votantes de la clase obrera a la derecha radical es una preocupación inmediata para la izquierda, que debe ser contrarrestada por el reenganche con los trabajadores, la base histórica de la política progresista. En este sentido debemos buscar ejemplos en España y Portugal [16], donde la extrema derecha sigue siendo marginal, y donde los partidos de izquierda han sido capaces de movilizar un fuerte voto contra el establecimiento [¿? primera noticia].
Alexandre Afonso es profesor asistente en la Universidad de Leiden, Países Bajos.
Line Rennwald es investigador postdoctoral del Instituto Universitario Europeo de Florencia.
NDT: el término ‘libertarian’ es el equivalente de liberal, no de libertario, un término que en inglés crea mucha confusión.

jueves, 26 de enero de 2017

La extrema derecha alemana crece y es cada vez más militante y violenta

La extrema derecha alemana crece y es cada vez más militante y violenta

Según registros policiales y de los servicios secretos, el número total de personas con ideología ultraderechista superó el año pasado los 23.000 individuos, 500 más o un 2,2 % más con respecto a 2015

La extrema derecha alemana está creciendo y es cada vez más militante y más violenta, publica hoy el diario Tagesspiegel citando fuentes de las fuerzas de seguridad.
Según registros policiales y de los servicios secretos, el número total de personas con ideología ultraderechista superó el año pasado los 23.000 individuos, 500 más o un 2,2 % más con respecto a 2015.
Además, la cifra de ultraderechistas dispuestos a emplear la violencia se elevó el año pasado hasta las 12.100 personas, lo que supone un incremento de 300 personas, o del 2,5 %, en comparación con el año anterior.
Entre las nuevas personas que se han incluido entre los potenciales violentos, destaca el rotativo, se encuentran algunos que hasta el momento ni siquiera estaban registrados como extremistas o miembros de grupos radicales por la policía o la inteligencia alemanas.
En general, a juicio de las fuerzas de seguridad citadas por el Tagesspiegel, la extrema derecha en su conjunto se está volviendo cada vez más “intrincada” y difícil de analizar, una “masa en ebullición” que “se percibe como realizadora de la voluntad popular”.
Por último, la agresividad de estos círculos también crece, apuntan desde la policía, como evidencia el incremento en el número de ataques a centros de refugiados que se han registrado en los últimos dos años en Alemania.

lunes, 12 de diciembre de 2016

Austria: Un respiro, pero ¿por cuanto tiempo?

Resultado de imagen para Austria: Un respiro, pero ¿por cuanto tiempo?
El 4 de diciembre, el candidato independiente y ex líder del Partido Verde Alexander Van der Bellen ganó la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Austria, con más del 53% de los votos. Esta victoria supone sin duda un alivio para la izquierda y los demócratas en Austria, pero no puede ocultar el hecho de que el peligro de la llegada al poder de la extrema derecha es más acuciante que nunca. Pero también debido a la campaña electoral de Van der Bellen.
¿Por qué nuevas elecciones presidenciales?
El 22 de mayo de 2016, el ex líder del Partido Verde, que se presentó como independiente, Alexander Van der Bellen, ganó la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Austria. Después de haber reconocido en un principio su derrota, el candidato del Partido de la Libertad (FPÖ, extrema-derecha), Norbert Hofer, cuestionó el resultado alegando irregularidades. Ante el recurso del FPÖ, el Tribunal Constitucional de Austria abrió una investigación que llevó a la cancelación de las elecciones del 22 de mayo.
El Tribunal anuló las elecciones por cuestiones de procedimiento, pero subrayó que no encontró ninguna manipulación del resultado de la votación. En otras palabras, la Corte Constitucional dio una segunda oportunidad a la extrema derecha, lo que no sólo es políticamente problemático, sino que va en contra de la Constitución de Austria. Las nuevas elecciones deberían haberse celebrado el 2 de octubre, pero debido a un error de impresión, las papeletas estuvieron listas. De hecho, en 2002 la imprenta estatal fue privatizada bajo el gobierno de coalición de los conservadores (OVP) y la extrema-derecha (FPÖ), y desde entonces la empresa ha sido conocida por sus despidos y el aumento de la presión sobre los trabajadores restantes. Por último, la repetición de la segunda vuelta de las elecciones se llevó a cabo el 4 de diciembre.

Una aparente polarización
En la medida en que las elecciones del 22 de mayo estuvieron muy polarizadas, la nueva campaña ha estado marcada ante todo por el reto de los candidatos de cómo movilizar de nuevo a su electorado. Teniendo en cuenta el margen de error de las encuestas, ambos candidatos han permanecido empatados durante la campaña electoral.
En el contexto de la crisis de las políticas de acogida de los emigrantes y refugiados, las elecciones presidenciales se han convertido en una nueva ocasión de polarización política y ello a pesar del escaso poder real del presidente de Austria, que está fuertemente limitado por sistema parlamentario austríaco. Mientras que Van der Bellen estaba claramente a favor de acoger a los refugiados, Hofer ha basado su campaña en proteger a Austria del “islamismo y la violencia”.
Coherente con sus posiciones, el FPÖ ha organizado cabo recientemente en el exclusivo hotel Hilton de Viena su tercer “Baile del Arándano”. Desde el siglo XIX, el arándano es el símbolo de los nacionalistas alemanes, que se caracterizan especialmente por un antisemitismo virulento. En la misma línea, el arándano ha sido el símbolo del partido nazi en Austria durante los años de su clandestinidad entre 1933 y 1938. Estos ataques islamófobos y antisemitas son plenamente compatibles con la línea ideológica del FPÖ, cuyo responsable no es otro que Norbert Hofer. En un manual para los dirigentes del partido de extrema derecha, Hofer escribió que el pueblo austríaco se basa en una “comunidad étnica” que se compone de familias “nativas”.
El otro factor de polarización de la campaña ha sido la muy probable victoria de la extrema derecha en las próximas elecciones legislativas. Si ese fuera el caso, Van der Bellen ha anunciado su negativa a nombrar a un canciller del FPÖ.
La realidad de la reorientación hacia el centro
Sin embargo, esta polarización esconde la atracción que ejercen sobre ambos candidatos las políticas neoliberales. Ciertamente, el candidato de extrema derecha Norbert Hofer tiene la intención de aprovechar la victoria de Donald Trump y los buenos resultados de la extrema derecha alemana AFD para “desafíar” el poder de las “élites”. De hecho, la extrema derecha austriaca vota sistemáticamente en contra de cualquier intento de regular el sector bancario, a favor de la reducción de las cotizaciones sociales de las empresas y por el recorte de los derechos de los trabajadores. Como era de esperar, su participación en el gobierno entre 2000 y 2007 fue un período de privatizaciones y escándalos de corrupción a gran escala. La estrategia del FPÖ refleja en gran medida la “razón populista” que pretende oponerse a las “élites” en las “instituciones”, al mismo tiempo que omite los intereses de clase en la sociedad. En relación con la Unión Europea, se observa un efecto de domesticación del FPÖ. Ya no reivindica la salida de Austria de la UE, pero está a favor de la exclusión de las “economías débiles” de la zona euro. Además, Hofer ha apoyado las recientes propuestas de la Comisión Europea para avanzar hacia una creciente militarización de Europa.
En una dinámica similar de plegarse a las posiciones neoliberales, Van der Bellen ha abandonado sus posiciones sociales moderadas cuando era el dirigentes del partido Verde. Y debido a que entre los apoyos oficiales más importantes del candidato verde se encuentran una parte importante de la burguesía austriaca y sus representantes políticos del Partido Socialdemócrata y el Partido Conservador. Durante la campaña electoral, la cuestión social sólo se ha abordado a través del CETA. Mientras que Van der Bellen parecía no tener una posición clara, Hofer no ha ocultado su rechazo al Tratado de Libre Comercio en defensa de algunas empresas austriacas.
Hasta el punto que ninguno de los candidatos se ha dirigido a las clases trabajadoras para hacer frente a la caída de los salarios y el aumento de la desigualdad social en Austria. Por lo tanto, la opción en estas elecciones presidenciales se reduce a la oposición entre el sector liberal y el sector nacionalista de la clase dominante, lo que no augura nada bueno para las libertades y derechos fundamentales de las minorías en Austria.

Un presidente verde pálido, una emergencia de color rojo fuerte
Tras la anulación de la votación del 22 de mayo, el panorama político austríaco ha cambiado de forma muy preocupante. Después de la derrota del Partido Socialdemócrata en las elecciones presidenciales de mayo, el canciller Faymann (SPÖ, socialdemócrata) renunció para dar paso a al ejecutivo Christian Kern (SPÖ). Este cambio de canciller fue acompañado de un cambio de actitud de los socialdemócratas vis-à-vis la extrema derecha. En noviembre de 2016, un canciller socialdemócrata aceptó por primera vez debatir en público con el líder de la extrema derecha, Heinz-Christian Strache. Durante aquel debate televisado, el canciller Kern dijo ver similitudes entre el SPÖ y el FPÖ, ya que ambos trabajaban para “sacar al país adelante”.
Al mismo tiempo, el Partido Conservador (ÖVP) ha sufrido la pérdida de votos a favor de la extrema-derecha y ha visto como aumentaban las similitudes en las declaraciones de sus dirigentes en relación con el FPÖ.
En este contexto, la victoria de Alexander Van der Bellen en las elecciones presidenciales ha evitado, por supuesto, un importante avance de la hegemonía de la extrema derecha. O, como decía Brecht “el vientre es todavía fértil, de ahí surgió la bestia inmunda” porque la dinámica política en Austria indica claramente un creciente apoyo a la extrema-derecha.
A pesar de todo, la sucesión de elecciones presidenciales también ha ayudado a despertar a las pequeñas organizaciones dispersas de la izquierda radical. Han organizado una primera conferencia de reagrupamiento en junio de 2016 – un verdadero éxito – que ayudó a poner en marcha una campaña de acciones en todo el país bajo el lema “los ricos nos ha costado demasiado”. Según algunas encuestas, podrían alcanzar el 25% – un resultado completamente inédito tras la introducción de la democracia liberal en 1918.
Benjamin Birnbaum Politólogo. Es miembro del Consejo Editorial de la revista Période.
Fuente:
https://www.ensemble-fdg.org/content/autriche-le-soulagement-et-apres
Traducción: G. Buster