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lunes, 17 de septiembre de 2018

Suramérica vira hacia la izquierda: ¿Por qué Haddad debe imponerse sobre Bolsonaro en las próximas elecciones?

Brasil es un país clave en el esquema geopolítico de la región y el resultado de las próximas elecciones influirá en eje político gravitacional del continente. El proceso eleccionario no ha estado exento de polémica, pues se ha dado en medio de incidentes, como el encarcelamiento de Lula y el ataque al candidato de la extrema derecha, Bolsonaro. Con la mejor posibilidad transferida por Lula al nuevo candidato del PT (Haddad) y su más cercano competidor víctima de un atentado, el escenario ideológico queda  profundamente dividido.
A menos de un mes de celebrarse la elección presidencial en Brasil, el panorama va tomando forma. El fallo final del Tribunal Supremo dejó, como se esperaba,  fuera de la contienda al expresidente,  quien designó como candidato en su representación a Fernando Haddad, también miembro del Partido de los Trabajadores (PT).
A pesar de que Lula fue condenado en segunda instancia a 12 años y 1 mes de prisión por supuesta corrupción pasiva y lavado de dinero, lideraba con más del 50% la intención de voto de los brasileros.
LULA Y HADDAD
Víctima de una persecución política, el líder sindical tenía todas las papeletas para volver a subir la rampa del Palacio de Planalto. Sin embargo el próximo presidente de Brasil está entre dos nombres: el de su hombre de confianza, Fernando Haddad y el del exmilitar y ultraderechistaJair Bolsonaro.
Recordemos que el PT es un partido disciplinado, por lo que existe una gran posibilidad de que la intención de voto de Lula se transfiera a Haddad. Por ahí pasa la apuesta del PT, que la popularidad de Da Silva sea transferida a su compañero de partido.
Según una encuesta del Instituto Brasileño de Opinión Pública y Estadística (Ibope), sin Lula en la contienda, los votos nulos y los indecisos ganarían con 28% la primera  vuelta del próximo 8 de octubre. Esta cifra está seis puntos por encima de la de Bolsonaro, quien hasta el momento es el candidato mejor posicionado con 22%. Todo esto sin Lula, claro.
Esta situación se da vuelta con el repunte que se espera de Haddad en las próximas cuatro semanas, ya que incluso antes de ser nombrado candidato contaba con el 9% de preferencia, momento en el competía con Lula. Ahora, Da Silva debería pedir a sus votantes que apoyen Haddad y con eso asegurar el triunfo del PT frente a Bolsonaro.
Bolsonaro y Haddad representan polos opuestos, afines a corrientes políticas muy distintas, por lo que le panorama electoral brasilero está profundamente radicalizado.
TANTO SUS GESTOS COMO SUS PLANES POLÍTICOS SON SIMILARES

El Trump brasilero

El abanderado del Partido Social Liberal (PSL), Jair Bolsonaro, ha sido bautizado como el  Donal “Trump brasilero” por su perfil conservador y sus polémicas declaraciones, que lo asemejan al presidente norteamericano.
El candidato ultraderechista, que acumula un largo historial de declaraciones machistas, homofóbicas, racistas  y a favor de la dictadura militar ha endurecido su discurso en el inicio de campaña, con el fin de captar la simpatía de los votantes hastiados de la corrupción, el desempleo y la crisis política y económica que enfrenta Brasil.
El capitán de 63 años, lleva desde 1991 en el Parlamento y ha sido catalogado como el típico diputado de segunda fila, que no se ha caracterizado por presentar iniciativas legislativas que puedan resolver los problemas del pueblo.
Sin embargo, ese poco protagonismo le ha permitido escapar ante los ojos de algunos electores del caos de corrupción que involucra a los más conocidos legisladores de derecha.
BOLSONARO CUENTA CON UN 44% DE RECHAZO ENTRE LOS ELECTORES Y ESPERA QUE EL ATAQUE LE SIGNIFIQUE REPUNTAR EN LAS ENCUESTAS

Apuñalado en campaña

Un hecho que marcó un antes y después en su candidatura, es el ataque que sufrió el pasado viernes cuando fue apuñalado en el estómago durante un acto de campaña, por lo que tuvo que ser hospitalizado.
Este suceso causó controversia y fue duramente criticado por todos los sectores de la sociedad. Para los analistas el ataque puede contribuir a polarizar aún más el panorama político, ya que está siendo usado por Bolsorano para hacerse la víctima y causar simpatía.

El representante de la ultraderecha tiene cuesta arriba subir en las encuestas, ya que cuenta con un 44% de rechazo entre los electores.
Tampoco lo ayudan las nuevas normas electorales, que restringen el financiamiento, el acceso a los medios, el tiempo y los actos de campaña.
Como pertenece al PSL, que es partido minoritario dentro del  Parlamento, sólo dispondrá durante su campaña de 30 segundos diarios en televisión.
Quizá por este motivo, prefiere culpar de todos los males de Brasil al Partido de los Trabajadores y evita criticar directamente a Michel Temer, ya que de resultar ganador, tendrá que pactar con sus diputados para poder gobernar.

Promesas controversiales

En su discurso Bolsonaro incluyó promesas controversiales como la inclusión de militares en el gabinete, políticas de mano dura para luchar contra el crimen y el retiro de Brasil en el Acuerdo de París sobre el cambio climático.
En materia de seguridad  propone liberar el porte de armas,  poner fin a la reducción de las penas de prisión,  garantizara la  legítima defensa  e instaurar la mayoría de edad penal a los 16 años y mayor inversión en tecnología e inteligencia militar.
En lo económico aún no ha definido propuestas concretas, pero plantea la privatización de 147 empresas y la creación de un único Ministerio de Economía, unificando Hacienda, Planificación e Industria y Comercio.

El intelectual de izquierda

Fernando Haddad  de 55 años, llegó a la política como miembro del centro de estudiantes de la Facultad de Derecho de la Universidad de Sao Paulo, y se afilió al Partido de los Trabajadores (PT) en 1983.
Este político y académico tiene un máster en Economía y un doctorado en Filosofía, y cuenta con una amplia experiencia  ya que fue ministro de Educación durante el Gobierno de Lula Da Silva y parte del de Dilma Rousseff.
Durante su gestión logró expandir el sistema educativo, impulsar un programa de becas universitarias para estudiantes de bajos recursos,  impulsó la alfabetización de adultos, la reformulación del examen para acceder a las universidades, la implementación de índices para medir la calidad educativa, y el programa antidiscriminatorio Brasil Sin Homofobia.
En 2012 ganó las elecciones y se convirtió en alcalde de Sao Paulo, ciudad en la que promovió una modernización urbana hasta que concluyó su mandato en 2016.
El hombre de confianza de Lula, tomó su testigo y ahora es el encargado de defender la propuesta  “Brasil feliz de nuevo“, que llama a la inclusión, la igualdad y el desarrollo social del pueblo.
Aunque tendrá cuatro semanas para convencer al electorado para que vote por en las elecciones del 8 de octubre, parte con la ventaja de ser el abanderado del exmandatario, quien para muchos representa la esperanza de un mejor futuro.
Tendrá el apoyo del líder indiscutible de PT, que cuenta con una poderosa maquinaria electoral. Además dispondrá del segundo mayor tiempo de exposición gratuita de radio y televisión (10 minutos).
Su principal reto será llegarle con su mensaje a los partidarios de la centro derecha y consolidar la preferencia entre los trabajadores.
El diario Página 12  destaca el “apoyo espectacular” con que cuenta Haddad en las nueve provincias del nordeste, una región que siempre ha sido decisiva en las cuatro victorias electorales nacionales del PT.
También plantea que agrupa el 33% de la preferencia de los electores, mientras que otro 16% dice que seguramente votará por él.
“Lo cual, de entrada, ya coloca a Haddad en la segunda vuelta, como favorito para ganarle de Bolsonaro, pero que abre incluso la posibilidad de una victoria en primera vuelta”, señala este medio.  

Políticas sociales

La oferta electoral de Haddad tiene un marcado acento en lo social y en la atención de las necesidades de los brasileros.
Plantea revocar la congelación del gasto público y la flexibilización de la legislación laboral, aprobadas por Michel Temer.
Bastaron dos años para que Brasil volviera al mapa del hambre” y “todo lo que han hecho hasta ahora fue desestabilizar, traer el caos, el desorden y la intolerancia  para pueblo que solo quiere trabajar”, dijo en su primer acto de campaña.
La prioridad para Haddad será disminuir la pobreza extrema y mejorar el acceso a la salud y educación gratuita.
También prevé un mejor plan de jubilación, la reducción de impuestos a las familias con bajos ingresos, y condiciones  más justas en el pago de intereses a los bancos.
Además, propone interrumpir las privatizaciones, garantizar la participación de Petrobras en proyectos petroleros en aguas profundas, impulsar el retorno del empleo y el combate a la evasión fiscal.
Su plataforma  incluye mejores controles a las armas de fuego, despenalizar las drogas y reforzar los programas de prevención del consumo de sustancias ilícitas.
Llama a redoblar esfuerzos para  hacer frente al crimen organizado y el comercio internacional de drogas. No obstante plantea la posibilidad de implementar alternativas diferentes al encarcelamiento.

Relación con América Latina y el mundo

Un punto que marca la diferencia entre ambos candidatos es la visión que tienen sobre la relación que debe tener Brasil con las naciones de América Latina y el resto del mundo.
Para el ultraderechista Bolsonaro, el centro debe ser Brasil  por lo que no respalda la integración con la región.
Se ha declarado en contra de las asociaciones comerciales como el Mercosur  y  ha dejado claro que alejará a Brasil de países que considere “gobernados por dictadores de izquierdas”
Con relación a la vecina Venezuela, es más que probable que siga la línea de Temer y ceda a los intereses de Washington, para desde la Organización de Estados Americanos (OEA) presionar cada vez más al Gobierno de Nicolás Maduro.
Mientras tanto, propuso la creación de campos de refugiados “para acoger a los venezolanos que llegan a Brasil”.
Sin embargo, aclaró que “Brasil no puede ser un país de fronteras abiertas”.
Bolsorano cree un “Brasil liberal, que comercie con todo el mundo sin ideología”, por lo que está a favor más de las relaciones y negociaciones binacionales  y no en bloque.
Asimismo, no oculta su admiración por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y se le ha ofrecido como un “socio confiable” tanto en Brasil como en el ámbito internacional.
De llegar al poder, prometió dejar de “encomiar a dictaduras asesinas y de despreciar y atacar a democracias importantes como las de Estados Unidos, Israel e Italia”.

Integración Sur-Sur

En el caso de Haddad, el perfil es lo opuesto, ya que su objetivo será reanudar la política exterior activa, centrándose en el diálogo multilateral.
De este modo, será  vital rescatar la integración latinoamericana y la cooperación Sur-Sur, por lo que se prevé que fortalezca el papel de Mercosur y la Unasur.
Tal y como planteó Lula Da Silva,  se espera que Haddad llame a acelerar los mecanismos de integración en la región para enfrentar y superar las crisis  y dará prioridad a la tarea de concretar acuerdos internacionales que impulsen el comercio de Brasil.
Con respecto a Venezuela, el abanderado del PT defenderá una política de no injerencia y de respeto a la autodeterminación.

Impacto de las elecciones

Quien resulte ganador en las elecciones tendrá la tarea de levantar la economía brasilera, superar el déficit fiscal, el aumento del desempleo,  la pobreza y la violencia.
Quizá el reto más grande será devolverle al pueblo la confianza en la política y en las instituciones, ante la ola de corrupción y el irrespeto a la voluntad popular.
El desenlace de estos comicios también tendrá un impacto en América Latina, teniendo en cuenta que Brasil es el país más grande y la mayor economía de la región.
En un momento en que los sectores neoliberales quieren volver a imponer su orden, la victoria en las urnas de un candidato de ultra derecha o de uno progresista puede marcar la diferencia, e incidir en la decisión que deberán tomar los pueblos de Bolivia, Argentina, Uruguay, El Salvador, Panamá y Guatemala, al elegir a su presidente en 2019.

viernes, 6 de abril de 2018

Los enjuiciamientos politizados que buscan poner en jaque a líderes de izquierda de América Latina

Resultado de imagen para dilma y cristinaDilma Rousseff, Cristina Kirchner, Fernando Lugo y Manuel Zelaya tienen algo en común: además de carrera en la presidencia de sus países e ideología de izquierdas, todos han sido enjuiciados por la derecha de manera injusta, sectaria y parcializada, acusados de ilícitos para sacarlos o acorralarlos en el juego político. La intención detrás: neutralizar a los dirigentes de izquierda judicializando la política.
El retroceso de América Latina en los últimos años ha sido inminente luego del golpe contra Lugo y Rousseff, la derrota electoral de la izquierda en Argentina y el giro ideológico del actual gobierno ecuatoriano de Lenín Moreno.

En este sentido, la lucha anticorrupción ha servido de estrategia para tergiversar y crear caos, dada su rentabilidad política. “Quien llama a otro corrupto, lo convierte en el honesto y eso se expande”, advirtió Rafael Correa, ex presidente de Ecuador, recientemente, razonando sobre el peligro que se ha instalado en la región. La complicidad de los medios de comunicación, muchos de ellos en manos de grandes grupos económicos, ha sido clave y crucial en este desenlace.
En Brasil, Dilma Rousseff fue acusada de cometer crímenes de responsabilidad, de alterar los presupuestos mediante tres decretos no autorizados por el parlamento y por usar préstamos de bancos públicos para ocultar déficit en el presupuesto y cubrir programas sociales, o lo que los medios decidieron señalar como “violación de normas fiscales para maquillar las finanzas del país”.
Aunque lo negó categóricamente fue destituida y el abogado Michel Temer ocupó la presidencia interina, llevando a cabo un gobierno salpicado por denuncias de corrupción y tráfico de influencia (de las que ha salido airoso por sus pactos). Un mandato que verá su fin tras las presidenciales de octubre, si los militares no se imponen pues amenazan con dar un golpe de Estado si no se encarcela al también ex presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva.
A Dilma se le achacó una práctica prohibida por la Ley de Responsabilidad Fiscal, obviando en anteriores ocasiones a gobiernos que han hecho lo mismo con impunidad. Tanto fue el ensañamiento, que se le juzgó por supuestos delitos cometidos en sus dos períodos de gobierno, acción considerada por ésta como un golpe de Estado impulsado por la derecha.
Su defensa negó que Rousseff firmara varios de los puntos de cuenta por los que era señalada y alegó que el presidente de Diputados, Eduardo Cunha -ahora suspendido por el Supremo Tribunal de Justicia al enfrentar varias denuncias de corrupción, incluido el cobro de sobornos y ocultamiento de cuentas en el exterior-, actuó por “venganza”.
Por otro lado, la expresidenta de Argentina, Cristina Kirchner, también ha sido blanco de una derecha empeñada en desacreditarla. Se le ha acusado de asociación ilícita y lavado de dinero, manejo de fondos intervenidos y cobro de dos jubilaciones (la de ella y la de su esposo), traición a la patria, administración fraudulenta y, más recientemente, por negociaciones incompatibles con la función pública, luego de que Aerolíneas Argentinas (controlada por el Estado) contratara 26 mil noches en el Hotel Alto Calafate, propiedad de la ex presidenta, sin seguir los mecanismos de compra previstos por la ley. Muchos de estos procesos están aún abiertos sin pruebas que determinen la culpabilidad definitiva de la líder.
Fernando Lugo, en Paraguay, es otro de los ejemplos de este orden. Destituido el 22 de junio de 2012, se le acusó de ejecutar un mal desempeño de sus funciones, tras un golpe parlamentario del Senado. Para garantizar su salida definitiva se le responsabilizó de los enfrentamientos en la provincia de Curuguaty, en los que murieron 11 campesinos y 6 policías, durante el desalojo de los trabajadores rurales que ocupaban un territorio en protesta por la escasez de tierras para el cultivo. La policía y fuerzas militares que procedieron a ejecutar dicho desalojo, lo llevaron a cabo de manera ilegal, abusando de su fuerza, y generaron un revuelta que valdría la salida de Lugo. La derecha hizo fiesta y se impuso en un nuevo gobierno con complicidad del parlamento.
Otro caso resonado en el que un mandatario de izquierda fue destituido, desprestigiado y acusado de ilícitos, ocurrió en Honduras con Manuel Zelaya Rosales, luego de que la Procuraduría General de la República solicitara un embargo precautorio a su casa en Tegucigalpa.
MANUEL ZELAYA
La medida se tomó luego de que Zelaya separara a la entonces presidenta del Banco Central, Gabriela Nuñez, de su cargo por negociar, presuntamente, la devaluación de la moneda con el Fondo Monetario Internacional.
La madrugada del 28 de junio del 2009 obligaron a Zelaya a abandonar su casa y lo enviaron al exilio a Costa Rica, tras un golpe militar avalado por orden del Congreso. Ocurrió justo en el momento en el que éste pretendía reformar la Constitución en favor de las clases más desfavorecidas.
Todos estos casos han sido calculados por la derecha para acorralar a los líderes políticos de izquierda en Latinoamérica, sacarlos del terreno de la lucha y de posibles reelecciones presidenciales con juicios totalmente viciados, apoyados por los emporios comunicacionales que han realizado una excesiva campaña de desprestigio internacional.

viernes, 29 de diciembre de 2017

Argentina. Dos años de gobierno Macri: Se necesita una alternativa popular y de izquierda

Después del triunfo de Cambiemos El triunfo en las elecciones de medio término y el inminente cumplimiento de los primeros dos años de gobierno de Cambiemos constituyen una ocasión propicia para avanzar en la caracterización del gobierno, en el análisis de los modos y herramientas para oponerse a sus políticas, y en los caminos aptos […]
Después del triunfo de Cambiemos
El triunfo en las elecciones de medio término y el inminente cumplimiento de los primeros dos años de gobierno de Cambiemos constituyen una ocasión propicia para avanzar en la caracterización del gobierno, en el análisis de los modos y herramientas para oponerse a sus políticas, y en los caminos aptos para proyectar esa oposición hacia una perspectiva emancipadora, de transformación radical de nuestra sociedad.
Diciembre de 2015 marcó el inicio del primer gobierno constitucional  liderado por un partido de derecha, con fuertes puntos de identificación con las fuerzas sociales, políticas y culturales que hasta el pasado reciente tuvieron a los golpes de Estado como única vía de ascenso al poder. Eso se trasluce en una reducción de las mediaciones entre poder económico y poder político. No se trata de que en otros gobiernos no hubiera períodos de estrecha identificación entre gobierno y gran capital, sino de que ahora se trata de un vínculo orgánico. Se da una suerte de traspolación del personal de dirección y los métodos de organización y funcionamiento de las grandes empresas, al campo estatal. Ser un alto ejecutivo de una gran empresa local o trasnacional, o un directivo de una ONG de orientación empresarial, son las mejores credenciales para acceder a altos cargos de gobierno.
Esa nueva “elite” tiene una coincidencia de intereses e ideológica fundamental: Incrementar sus niveles  de ganancia y aumentar  el poder del gran capital, a costa de los salarios y las condiciones de vida y trabajo y la capacidad organizativa y de lucha de las clases explotadas.  También reformular la acción del aparato estatal, reduciendo impuestos y restricciones para las grandes empresas; incrementando tarifas, suprimiendo empleos.
Las políticas económicas y sociales del gobierno de Cambiemos llevan de modo ineludible a la persistencia y/o al aumento de la pobreza y la indigencia y, al mismo tiempo, conduce a una agudización de las diferentes desigualdades: política, económica, social, cultural, educativa. En este marco, cabe preguntarnos sobre las estrategias que utilizará el gobierno para “gobernar” y “controlar” al volumen significativo de personas y grupos que se hallan sin el acceso a los bienes básicos para poder sobrevivir. La reciente expansión del crédito en variadas formas, las obras públicas “de cercanía”, incluso el incremento de planes y asignaciones ya están en su repertorio de acciones, como se vio en vísperas de las elecciones de este año.
En el plano internacional, el gobierno Macri estuvo desde el primer día orientado a lo que sus miembros sintetizan como “volver al mundo”, lo que se entiende como integrarse a los grandes centros del poder económico mundial; las grandes corporaciones, los organismos financieros internacionales, los gobiernos del “primer mundo” identificados con las grandes empresas capitalistas. Los resultados son  conocidos: Un ritmo desenfrenado de endeudamiento externo, no acompañado por inversiones productivas, y todo tipo de facilidades para las inversiones extranjeras, dispuestas hasta ahora más a la especulación que a  arriesgar capitales.
En el área latinoamericana “volver al mundo” significó en primer lugar derribar los puentes establecidos con los gobiernos del arco “bolivariano”, abandonar o minimizar la participación e instancias de integración como UNASUR o CELAC, expulsar a Venezuela del Mercosur. Al mismo tiempo  se proyecta estrechar lazos con el reaccionario gobierno de Brasil, acatar de nuevo el liderazgo norteamericano sobre la región, con sus prioridades económicas y de “seguridad” y acercarse o incluso integrarse a la Alianza del Pacífico, formada por los países que son contracara de la experiencia bolivariana.
Este gobierno tan identificado con el gran capital ganó sin embargo las elecciones de octubre en un comicio en el que jugó el rol de única fuerza con representación en todo el territorio nacional.
Lo hizo arrostrando condiciones en principio difíciles para afrontar una consulta electoral: Niveles muy bajos de crecimiento económico después de una prolongada recesión, que afectó sobre todo a las ramas vinculadas al consumo popular, inflación que se mantuvo en cotas elevadas, incrementos muy acentuados de las tarifas de luz, gas y otros servicios públicos, endeudamiento acelerado, tipo de cambio sobrevaluado que facilitó el ingreso de bienes y servicios importados y dificultó las exportaciones, por ende fuerte déficit de la balanza comercial. 
En parte superó todo eso con un afiatado manejo de las expectativas, buscando que se confíe en un futuro de crecimiento y mejoras, para lo cual hay que soportar un presente de sacrificios, que se vuelven imperiosos por culpa de lo que se presenta como un funesto pasado encarnado en el gobierno anterior. En ello jugó un gran papel la elaboración discursiva del gobierno, acompañada casi sin fisuras por los grandes medios de comunicación.
La alianza Cambiemos salió muy fortalecida de las elecciones. Ya no es la coalición que debió esperar a la segunda vuelta para superar por escaso margen al candidato del FPV en 2015, sino una fuerza política que logró ganar su segunda elección consecutiva.
Con esa legitimación renovada, ha decidido avanzar rápido y sobre varios frentes. A pocos días de las elecciones, inició el impulso de una serie de cambios, en general por vía legislativa, acordes con el programa de máxima del gran capital. Inauguró esta nueva etapa anunciando que el momento marcaba un “ahora o nunca” y que debía avanzarse en un “reformismo permanente”. A partir de allí los funcionarios de las áreas respectivas anunciaron las grandes reformas para el futuro inmediato: Reforma tributaria, nuevo pacto fiscal, reforma previsional y reforma laboral, esta última la más importante en orden a la satisfacción directa de los intereses del gran capital.
En materia laboral presentó un proyecto que incluyó fuertes cambios en la ley de contratos de trabajo, casi todos en sentido de debilitar la protección del trabajador y aumentar el grado de libertad de las empresas para establecer las reglas sobre el desempeño de sus trabajadores. A ese proyecto lo acompaña un propósito particular de disminuir el salario, forzar la firma de convenios a la baja, suprimir o reducir derechos sectoriales estigmatizados como “injustos privilegios”.
El anuncio de avances por la vía legislativa fue luego matizado para buscar un acuerdo con la dirigencia de la CGT. De todos modos, subsisten el “blanqueo laboral” muy ventajoso para los empresarios, las restricciones a las indemnizaciones por despido; la “renunciabilidad” de ciertos derechos, así como la disposición a imponer por convenio clásulas perjudiciales para los trabajadores.
El proyecto de reforma previsional presentado por el gobierno está inspirado  en un ataque brutal para los jubilados. Con un incremento de haberes con la inflación como base casi exclusiva, la mayoría que cobra la mínima, hoy ya muy baja, queda condenada a vivir al borde de la indigencia. Por añadidura, vía disminución o supresión de aportes patronales, puede abrise un camino de pérdida de recursos de la Anses que termine en una nueva ronda de privatización total o parcial del sistema jubilatorio.
También se habla de reforma del Estado, basada en buena parte en el supuesto  “exceso de personal”. A partir de esa toma de posición, herramientas conocidas: Retiros voluntarios, jubilaciones anticipadas y lo más grave, despidos. El gobierno hizo un prolongado estudio de “dotaciones óptimas”, para dar un aspecto de solvencia técnica a su plan de reducción de personal.
Con contornos por ahora menos definidos, o bien a cargo de los gobiernos locales, se anuncian reformas en el terreno educativo y de la salud, orientadas a disminuir la presencia pública en ambos ámbitos, con el consiguiente favorecimiento de las empresas capitalistas que actúan en esos sectores.
Un tinte autoritario  aparece en la aspiración de “limpiar las calles” de piquetes y otras acciones de protesta. Prodigar prisiones preventivas tiene un aire de castigo arbitrario, más allá de los actos reales de corrupción del gobierno anterior. Dar “luz verde” a las fuerzas “de seguridad” para utilizar la fuerza, con balas de plomo incluidas, va en el mismo sentido. Las muertes de Santiago Maldonado y Rafael Nahuel son el claro testimonio de ese accionar represivo, inspirado en las directrices norteamericanas sobre las “nuevas amenazas”.
Estas reformas van más allá de sus propios enunciados. Se dirigen a instaurar el muy mentado “cambio cultural”, de un sentido individualista, por el que los trabajadores confíen sólo en su propio esfuerzo, abandonen hasta el menor atisbo de cuestionamiento al orden capitalista y de autoorganización, y dejen de centrar esperanzas en la mejora colectiva. El gobierno actual, y el gran capital en su conjunto, quieren entenderse con individuos más que con colectivos.

Resistencia en las calles y la necesidad de una alternativa popular y de izquierda
Pocos días después de cumplir dos años de gobierno, se comprobó que el principal obstáculo que se opone el avance del macrismo es la conciencia popular organizada y la capacidad de autoconvocarse por parte de nuestro pueblo. Una gigantesca movilización en Plaza Congreso fue dispersada con una feroz represión, pero el gobierno no pudo evitar que la resistencia se prolongara en cacerolazos en distintas calles de Buenos Aires y concentraciones y protestas en las principales ciudades del país. El macrismo aprobando a sangre y fuego la Reforma Previsional ha dilapidado una parte de su consenso político y queda enfrentado a un escenario complicado para afrontar las próximas reformas propuestas. Al desnudarse su carácter antipopular, todo su andamiaje represivo y comunicacional parece insuficiente. El forjamiento de nuevos espacios de unidad en la acción, con un fuerte peso de los trabajadores, que se expresaron en que la consigna más coreada fue “Unidad de los Trabajadores, y al que no le guste, se jode, se jode”, quita al gobierno espacios para el chantaje y la negociación.
Como quedó demostrado en la batalla contra la reforma previsional, en la lucha contra las reformas proeempresariales y de ajuste sobre los trabajadores y el conjunto de la población, se necesita la más amplia unidad de acción de los trabajadores y todos “los de abajo”, más allá de diferencias o incluso antagonismos en los planteos más generales. Enfrente se tendrá al gobierno nacional, y a buena parte de los que apuestan a un peronismo “renovado”, además de los gremialistas de eterno oficialismo, siempre dispuestos al trueque de derechos de los trabajadores por prebendas para sus organizaciones, salvo que sus bases le impongan otra cosa.
En algún momento puede sobrevenir una ofensiva general sobre las organizaciones sindicales. Aún con sus enormes rasgos negativos, el movimiento obrero argentino, con niveles de afiliación relativamente elevados, sindicatos poderosos, y vida gremial intensa en el nivel de las bases, constituye un límite a la hora de implantar un control empresario más amplio en la vida de los lugares de trabajo, en imponer la productividad y la “competitividad” en el hilo conductor de todo el proceso laboral.
Las dos CTA,  las comisiones internas y delegados opuestos a las conducciones burocráticas, sectores combativos de la CGT, la CTEP, los movimientos de base territorial que nuclean a pobres y desocupados, el movimiento estudiantil y toda la variadísima gama de organizaciones populares que por fortuna existen en nuestro país, deben ser el eje fundamental de la resistencia frente al “reformismo permanente” del gobierno.
Esa amplia unidad de acción con todos los sectores dispuestos a combatir las políticas antipopulares y su ataque a una vasta gama de derechos, es indispensable, pero no suficiente. Nuestra sociedad tiene un déficit respecto a la conformación de una alternativa política popular, anticapitalista, orientada a la democracia directa, de vocación latinoamericana. Y una manifiesta necesidad de construir modos de organización y acción más plurales y horizontales, que aúnen el plano social y el político, ligados al día a día del movimiento social real, que construyan modos de convivencia que prefiguren una sociedad igualitaria y justa.
Partimos de considerar que la articulación que estamos construyendo, puede y debe nuclear a compañeros de diferentes militancias y tradiciones; el kirchnerismo, el peronismo en general, las diversas izquierdas. Necesitamos desarrollar modos de trabajo con los distintos sectores y con los grupos hasta ahora independientes que están en la búsqueda de una expresión política semejante a la que procuramos construir.
Sin duda los sujetos políticos han cambiado mucho en las últimas décadas. Un imaginario basado en la clase obrera industrial como sujeto prioritario de cualquier lucha emancipatoria necesita ser, al menos, matizado. Los debates en torno a la preeminencia de los movimientos sociales por sobre la clase trabajadora organizada, o las propuestas que, por el contrario, privilegian el rol protagónico que asumirán las organizaciones sindicales, deberán ser parte de nuestro trabajo político e intelectual como organizaciones del campo popular.
En el plano latinoamericano; Cuba, Venezuela y Bolivia, cada cual a su modo, constituyen referencias a la hora de pensar un proyecto de sociedad distinta a las basadas en la explotación y la alienación, de vocación cuestionadora frente al capitalismo y el imperialismo. Las nuevas síntesis a construir en nuestro país requieren promover una identidad de alcance latinoamericano, que incorpore una lectura histórica de los procesos de lucha y rebelión que llevan siglos, junto con una mirada de futuro de construcción continental.
Esa alternativa no puede constituirse en base a la fantasía del retorno al “pasado venturoso” de los doce años de gobierno de Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner. Esa experiencia no sólo nunca apuntó a superar el capitalismo ni los estrechos límites de la “democracia representativa”, sino que está ahora privada de las condiciones que permitieron sus políticas redistributivas, como lo fueron los altos precios de alimentos y materias primas exportables. La “demonización” de los gobiernos anteriores encuentra eco social, no solamente por la labor propagandística del gobierno, sino por la huella impresa por sus muchas falencias, corrupción incluida. Decididamente no hay “edad dorada” a la cual regresar, existe un futuro  diferente a construir.
El FIT, más allá de sus propósitos revolucionarios y la indudable importancia de su presencia electoral  y en las lucha cotidianas, tampoco constituye una alternativa. Su proclamado rol de vanguardia y  su ​política ajena a la unidad de acción del conjunto de las fuerzas populares así lo muestran. Van en la misma dirección sus posicionamientos contrarios a los procesos latinoamericanos que pelean por la emancipación de sus pueblos. Son todos factores que lo alejan de la construcción de una verdadera fuerza alternativa y le establecen por tanto un techo relacionado con posiciones electoralistas.
Nuestra sociedad necesita una propuesta política nueva, dispuesta a desenvolverse en todos los terrenos de lucha, sin desdeñar el electoral; que despliegue un modo de organización y debate horizontal y plural, y una práctica cotidiana que prefigure la vocación de igualdad y libertad que es inseparable del ideal socialista. Que incorpore diversas tradiciones políticas; diferentes culturas militantes, múltiples y distintas prácticas cotidianas. Y adopte una perspectiva de mediano y largo plazo que apunte contra todos los modos de explotación y alienación, y las relaciones jerárquicas en cualquiera de sus formas y en todos los campos. Se necesita partir de las identidades anteriores hacia una nueva síntesis, que abarque tanto el ámbito social como el político. No puede separarse la construcción social de la que se da en el campo institucional, incluido el político-electoral. Es imprescindible tomar nota de los vastos cambios que ha experimentado el sujeto social en las últimas décadas; modificar a fondo la estructura de los sindicatos y las  demás  organizaciones populares, de modo de ponerlas en línea con propósitos de transformación social de largo alcance. El cuestionamiento de la propiedad privada de los medios de producción, de las relaciones laborales alienantes, del régimen del patriarcado en la relación entre los géneros, son marcas de identidad, distintivos de una verdadera perspectiva de izquierda anticapitalista, antiimperialista y antipatriarcal.
Sólo un proyecto de tales características puede apuntar a una transformación económica, social, política y cultural de nuestra sociedad, que se vuelva totalmente incompatible con la explotación y la alienación, que recupere las mejores tradiciones de acción colectiva y rebelión popular de nuestro país. Únicamente desde esa base se podrá aspirar con posibilidades de éxito a producir una derrota estratégica del gran capital, cuya realización y consolidación requerirá rebasar los límites de nuestro país, para situarse de modo perenne en una perspectiva latinoamericana.
La acción cotidiana y los grandes objetivos necesitan iluminarse mutuamente, en una articulación que ponga en consonancia el desenvolvimiento diario y la perspectiva estratégica
Primeras firmas (en orden alfabético)
Coordinadora Resistir y Luchar
Corriente Politica de Izquierda
Corriente Surcos
El Transformador
Emancipacion Sur ( CABA)
Izquierda Latinoamericana Socialista
FPDS
FPDS-CN
MULCS
MOI
RED Riosal
Varones Inconvenientes de Oeste
Norberto Bacher
Mauro Berengam
Daniel Campione
Aldo Casas
Nora Ciapponi
Julio Gambina
Miguel Mazzeo
Sergio Nicanoff

Beatriz Rajland