Mostrando entradas con la etiqueta Fidel Castro Ruz. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Fidel Castro Ruz. Mostrar todas las entradas

domingo, 8 de octubre de 2017

Fidel, Che y su inconmovible identidad

Primer encuentro de Fidel y Che desde la salida de las columnas invasoras de la Sierra Maestra y luego del triunfo revolucionario del 1ro de enero de 1959, en la Ciudad de Camagüey, 5 de enero de 1959. Foto: Fidel Soldado de las Ideas.
Primer encuentro de Fidel y Che desde la salida de las columnas invasoras de la Sierra Maestra y luego del triunfo revolucionario, Camagüey, 5 de enero de 1959. Foto: Fidel Soldado de las Ideas.
No existió en las últimas décadas del siglo XX americano, acontecimiento histórico más tergiversado y difamado que la Revolución Cubana. Desde el mismo instante del triunfo rebelde el primero de enero de 1959 la falsificación se convirtió en uno de los instrumentos más usado por sus enemigos para destruirla pero, de todas hay una que le ha correspondido el papel de ser objeto de las campañas más sistemática y constante de todas: la relación entre Fidel Castro y Ernesto Che Guevara. Falsificaresa relación condujo al montaje de una amalgama de criterios dirigidos a dos objetivos esenciales: mancillar la figura de Fidel como líder del proceso revolucionario cubano y desmontar la significación revolucionariay ética de Che para la juventud.
Parto de que la relación que existió entre Fidel y Che sólo puede ser descritabajo la total correspondencia de la identidad de enfoques y propósitos que enarbolaron sobre la base de una entrañable admiración, amistad y afecto recíprocos. De otra manera sería dejar la objetividad para ajustarnos a razones emotivas.
Fue una fría noche del mes de julio de 1955[ii] cuando en apenas unas horas de conversación Fidel decide involucrar al Che como médico de la futura expedición del yate “Granma” y lo hizo convencido que frente a él tenía a un hombre con un alto espíritu revolucionario, madurez política, voluntad de lucha e identificación con la empresa a la que estaba siendo convocado[iii];  fue en esa misma conversación donde quedó establecido el compromiso adquirido por el jefe de la Revolución de que, llegado el momento, ninguna razón de Estado impediría que el Che cumpliera la misión para la que se consideraba destinado: llevar la revolución a su patria de origen.
“Desde que estábamos en México y se incorporó a nuestro movimiento, ─afirmó Fidel─me hizo prometerle que después de la victoria de la revolución en Cuba, se le autorizaría a volver a luchar en su patria o por América Latina. Así estuvo varios años trabajando aquí en importantes responsabilidades, pero siempre pendiente de eso. Al final, lo que nosotros hicimos fue cumplir el compromiso contraído con él, no retenerlo, no obstaculizar su regreso.”[iv]
Desde esta fecha, Che comienza a descollar como uno de esos hombres que poco a poco se convierten en espiritualmente imprescindibles y, por eso no resulta difícil comprender la decisión asumida por Fidel, de no abandonar al amigo a pesar del comprometimiento que significó para la Revolución Cubana cuando declaró sus simpatías por el comunismo al ser detenido en México.  El propio Che se encargó de dar a conocer y estimar esa decisión:
“…en ningún momento perdimos nuestra confianza personal en Fidel Castro.  Y es que Fidel tuvo algunos gestos que, casi podríamos decir, comprometían su actitud revolucionaria en pro de la amistad…”[v]

che-fidel-y-dorticos
¿Por qué esta decisión del jefe de la Revolución?
En primer lugar, resulta importante comprender como a pesar de no tener el historial combativo de otros compañeros y ser argentino,  Fidel lo designa al frente de un pequeño grupo de combatientes que se entrenaba en el Rancho Santa Rosa, en México.  El propio líder del Movimiento 26 de Julio argumentaba esta decisión:
“Pero un día, por sus características de seriedad, de inteligencia, de carácter, en una casa donde había un grupo de cubanos en México, se le había designado responsable”[vi];  en la propia entrevista concedida al fraile dominico brasileño Frei Bettole expresó:“…así que cuando nosotros nos encontramos con el Che, ya era un revolucionario formado; además un gran  talento, una gran inteligencia, una gran capacidad teórica […]  A todo eso se unían también condiciones humanas excepcionales, de compañerismo, desinterés, altruismo, valentía personal”.[vii]
La etapa que se extiende desde el 17 de enero hasta el 28 de mayo de 1957 fue la espiral en la que demostró sus indiscutibles cualidades como soldado; capaz de cumplir las tareas más riesgosas que las circunstancias exigían y demostrar con su proverbial ejemplo, a pesar de su crónica asma, las magníficas condiciones y virtudes de combatiente que poseía.
Después del combate de El Uvero, el 28 de mayo se le responsabilizaba por su condición de médico al cuidado y protección de los heridos.  Luego de cumplida la encomienda, el 17 de julio se reencontraba con Fidel y el grueso de la Columna 1. No solo regresaba con los heridos curados sino también con un pequeño grupo que si bien no era el modelo ideal de lo que es una fuerza guerrillera sí era la génesis de lo que con posterioridad se convirtió en la segunda columna del incipiente Ejército Rebelde.
El 21 de julio de 1957 y a solo cuatro días de haberlo nombrado capitán [viii], Fidel “de modo informal y casi de soslayo”[ix]lo asciende a comandantedel Ejército Rebelde. Es el primero en alcanzar ese grado. Extraordinaria debió ser la impresión que causó en el jefe de la Revolución al ascenderlo de ese modo, a pesar de ser un extranjero que vino como médico en el “Granma” y por encima de otros combatientes cuyo historialrevolucionario se remontaba a los inicios de la lucha el 26 de julio de 1953.
A partir de esos momentos el proceso de organización del destacamento guerrillero adquiere un nivel cualitativamente superior.  La formación de la Columna 4, encargada de operar al este del Turquino y de la cual el Che fue su conductor constituye el inicio de la formación de un ejército semirregular, destinado a extender territorialmente la zona de operaciones y la búsqueda de un asentamiento fijo en las propias entrañas de la Sierra Maestra.  Primero El Hombrito, luego La Mesa, fueron el preámbulo de ello y no se puede escribir la historia de la lucha insurreccional sin hacer mención a estos dos lugares que definen el papel precursor de Che en la creación de una base estable de operaciones que,aunque en sus inicios no tuvo fuerzas suficientes que le permitiera defenderla, si le sirvió a Fidel de patrón para lo que más tarde se desarrolló en la comandancia de La Plata.
Un momento de peculiar trascendencia en las relaciones entre Fidel y Che lo fue la firma por miembros del 26 de Julio del llamado Pacto de Miami en octubre de 1957. La tensión y desconfianza que momentáneamentese originó por el desconocimiento de los pormenores de la firma de ese documento sirvió para que Che, con su proverbial sinceridad dejara manifiesta su posición al respecto. La dilucidación de este momento, coadyuvó, más que a todo, a fusionar y compenetrar aún más a ambos combatientes.
Che y Fidel. Foto: Raúl Corrales/Fidel Soldado de las Ideas.
Che y Fidel. Foto: Raúl Corrales/Fidel Soldado de las Ideas.
Ilustremos esos instantes con algunos pasajes extraídos de documentos facsimilares de ambos revolucionarios.
El 13 de diciembre Fidel le escribe a Che:
“Yo no sé si tú puedas pensar que yo haya sido capaz de cometer la estupidez de suscribir ese pacto que tan profundamente me hiere, no solo mis sentimientos de luchador que no vaciló un instante en afrontar esta lucha tan difícil para venir a renunciar ahora a toda su gloria cuando hemos andado ya más de la mitad del camino, sino incluso mi autoridad como líder del Movimiento 26 de Julio”. [x]
Por su parte Che le responde:
“En este momento llega el mensajero con tu nota del 13. Te confieso, que junto con la nota de Celia, me llenó de tranquilidad y alegría. No por ninguna cuestión personal, sino por lo que significa para la Revolución ese paso(…) Por eso, la noticia confirmada de un pacto de ese tipo me dejó frío, pero antes de hacerme una opinión definitiva esperé tu carta, que como te dije, fue un gran bálsamo para mí.”[xi]
Como cierre del cruce de cartas entre ambos revolucionarios y colofón de la situación dada respecto a la firma del Pacto de Miami las palabras que a continuación se transcriben son una hermosa expresión de esa peculiar admiración de Che por Fidel cuando conoce del documento [xii] enviado por el líder del Ejército Rebelde a los firmantes del Pacto de Miami.
Para acabar quiero repetirte la felicitación por el documento. Alguna vez, planteándote mis dudas sobre tu futuro, te dije que siempre tendrías el mérito de haber demostrado la posibilidad de lucha armada apoyada por el pueblo, en América.  Ahora vas por el otro camino más grande de ser uno de los dos o tres presidentes de América que llegarán al poder por una lucha armada multitudinaria; conseguido esto, solo te queda un pequeño pro para quedar único en la cima (pero al parecer terrible, porque nadie lo dio) serle fiel al pueblo.  La gente que se ha formado a tu lado en más de un año de lucha abierta tiene derecho a pedirte este último paso, por el bien de todos”. [xiii]
Transcurrido tres meses, en abril de 1958, ocurre el fracaso de la huelga general convocada como golpe decisivo al régimen batistiano y que colocó al movimiento revolucionario en una coyuntura muy difícil. Fidel decide analizar la situación creada en lo que será de hecho su primera alocución por la Radio Rebelde y es revelador el siguiente mensaje que le envía a Che días antes de trasladarse a La Mesa para hablar por la emisora de radio: “No sería malo que nos viéramos antes de perfilar definitivamente el discurso”[xiv]. Clara referencia a la confianza que depositaba en su compañero como hombre político.
Para Fidel la propaganda siempre fue una de las principales armas de lucha que trató de mantener siempre bajo su control, sin embargo, a Che le permitióponerse al frente de esta tarea con amplios poderes decisorios para lo cual dispuso de su traslado a La Plata con el objetivo precisamente, de asesorar la emisora Radio Rebelde, entre otras tareas.  Ello estaría en el centro de la actividad a desarrollar por quien prácticamente se ha convertido en su lugarteniente.
A pesar de estas importantísimas diligencias, Fidel también prevé encargarlo de la tropa destinada a la defensa del sector occidental del territorio cuando las circunstancias lo exigieran.
Todas estas decisiones adquirían una excepcional importancia estratégica y a Celia Sánchez se lo informaba el 16 de abril: “Che irá para allá conmigo para encargarse de una serie de cuestiones de mucho interés”. [xv]
A pesar de estos elementos, merece puntualizarse que la presencia de un hombre con el talento del Che al lado del Comandante en Jefe representaba un enorme apoyo para las valoraciones, análisis y en algunos casos decisiones militares y políticas que en el plano táctico-estratégico debería tomar el máximo líder ante la fuerte contienda que se avecinaba.
fidel-y-el-che
El 3 de mayo, la Dirección Nacional del Movimiento 26 de Julio se reúne en Mompié para analizar las causas que llevaron al fracaso de la Huelga del 9 de Abril y,  hombres como Faustino Pérez y René Ramos Latour (Daniel), con los cuales el Che mantuvo divergencias ideológicas y operativas, le solicitan a Fidel que lo invite a la reunión; esto confirma que, sin ser parte activa de esta dirección, no sólo el máximo jefe de la Revolución consideraba sus virtudes y méritos, sino también el resto de los compañeros.[xvi] De esta importantísima reunión emanaron todo un conjunto de decisiones políticas y organizativas dirigidas a fortalecer el Movimiento y a buscar la unidad efectiva de las fuerzas revolucionarias; los juicios e intervenciones del Che jugaron un papel determinante.
El Che no sólo se ha convertido en el estratega militar con la intuición de los grandes jefes sino también el cuadro político que era capaz en cualquier momento de la contienda, si las circunstancias lo exigían, tomar aunque fuera temporalmente, las riendas de la lucha insurreccional.
Significativo resulta el hecho, sobradamente evidenciado en los documentos que se conservan en el archivo de la Oficina de Asuntos Históricos del Consejo de Estado, de que en los días que anteceden a la ofensiva de la tiranía, Fidel va dando a conocer minuciosamente a Che los pormenores de cada uno de los planes defensivos, de las operaciones tácticas,del comportamiento de los suministros y del armamento, así como de las órdenes que dirige a los distintos jefes de pelotones.
Varias son las notas, mensajes o cartas que Fidel enviara a Celia Sánchez en plena ofensiva enemiga del verano de 1958 en la que no le indicaraque le diera a conocer al comandante argentino el contenido de las mismas.Una sola muestra ilustra lo expresado:
“Celia: Le remito a Crescencio una larga carta, en un esfuerzo por explicarle bien lo que debe hacer […] Mira a ver si entre Che y tú logran hacer algo para que las cosas se hagan correctamente.” [xvii]
No podemos soslayar tampoco las funciones asignada al Che en el descifrado de las claves que les permitía la comunicación con otras fuerzas y con el resto del país y el exilio.  En no pocas ocasiones Fidel le asignó la responsabilidad de esta trascendental tarea que llevaba consigo no sólo el descifrado de la mensajería, sino, y es lo más importante, la toma de decisiones de enorme trascendencia.  En plena ofensiva enemiga le escribió:
“Aunque dejaste aquí la clave no puedo descifrar el mensaje porque no tengo la menor idea.  Te envío clave y mensaje para que lo descifres y trates de dar alguna respuesta”[xviii] o “Te remito los papeles.  Resuelve este asunto como sea necesario…” [xix]
Según lo atesorado en el archivo, la mayoría de los documentos remitidos por el Comandante en Jefe en este período que analizamos, son una demostración diáfana de que la participación del Che en toda esta etapa de la guerra de liberación nacional fue sustancial.  En no pocos de ellos se percibe la absoluta confianza que deposita Fidel en su persona.  Sin embargo, las frases que transcribo a continuación son expresión máxima de la extraordinaria compatibilidad existente entre los dos revolucionarios:
“Hay detalles que ustedes deben resolver sin necesidad de remitirlas aquí. Toda la [agenda] de datos concretos que me preguntas sobre Humberto, Teté, Billar, etc. son asuntos que debes darle la solución que te parezca correcta como hubieras hecho en la Mesa. Quedas facultado plenamente para tomar todas las medidas de orden público e interno que estimes pertinente.
Hace además muchos días que no conversamos, y luego eso es hasta una necesidad.”[xx]
El Che siempre junto al líder de la Revolución Cubana, testimonio emblemático para el presente y el futuro de la relación de estos dos grandes revolucionarios, 1960. Foto: Oficina de Asuntos Históricos del Consejo de Estado/ Fidel Soldado de las Ideas.
El Che siempre junto al líder de la Revolución Cubana, testimonio emblemático para el presente y el futuro de la relación de estos dos grandes revolucionarios, 1960. Foto: Oficina de Asuntos Históricos del Consejo de Estado/ Fidel Soldado de las Ideas.
Desde el triunfo de la Revolución el primero de enero de 1959 hasta el primero de abril de 1965 transcurrieron seis años en los cuales Che continuó desempeñando un papel crucial.
La Ley de la Reforma Agraria constituyó, sin lugar a dudas, la medida revolucionaria más trascendental de toda la primera etapa de la Revolución, que fijó el rumbo de liberación nacional y señaló el inevitable enfrentamiento al imperialismo yanqui.  En ese proceso participó junto a Fidel un grupo muy pequeño de estrategas políticos y económicos, hombres todos en los que el jefe de la Revolución decidió confiar por su capacidad, su perspicacia, su discreción, su desarrollo intelectual e ideológico y su probada fidelidad. Che formó parte de esa reducida comisión, cuyas reuniones se efectuaban precisamente en la casa de descanso que él ocupaba en esos meses en una playa cercana a La Habana para atender su asma crónica. [xxi]
Cada vez que en estos primeros años se planteaba la amenaza de una agresión militar directa, Che era uno de los tres jefes principales, junto a Raúl y Almeida, entre los que Fidel dividía la defensa del resto del territorio nacional, mientras él permanecía en la capital o se movía al lugar de mayor peligro. Así ocurrió cuando la invasión mercenaria por la Bahía de Cochinos en abril de 1961, o cuando la Crisis de los Misiles en octubre de 1962 en la que se le encargó la responsabilidad material de la provincia de Pinar del Río.
Cuando en 1961 las tres organizaciones revolucionarias cubanas —el Movimiento Revolucionario 26 de Julio, el Directorio Revolucionario 13 de Marzo y el Partido Socialista Popular—deciden unirse en una sola entidad, las Organizaciones Revolucionarías Integradas (ORI), Che formó parte por derecho indiscutido de la dirección nacional de esta organización. De igual manera sucedió cuando hizo falta un cuadro capaz y confiable para asumir la Presidencia del Banco Nacional o la cartera del Ministerio de Industria,  o cuando la Revolución se propuso desarrollar sus relaciones con los países del llamado Tercer Mundo y Fidel lo colocó al frente de ese empeño, también estratégico para la supervivencia misma de la propia Revolución, o finalmente cuando se suscitaron los debates teóricos entre los partidarios de dos maneras de construir el socialismo, fue el Che quien encabezó el grupo de aquellos que aspiraban al predominio de los factores morales, y fue Fidel quien se solidarizó con este enfoque. De esta manera lo expresó en el XX Aniversario de la muerte de Che;
“Pero en esencia, ¡en esencia!, el Che era radicalmente opuesto a utilizar y desarrollar las leyes y las categorías económicas del capitalismo en la construcción del socialismo; y planteaba algo en que hemos insistido muchas veces, que la construcción del socialismo y del comunismo no es sólo una cuestión de producir riquezas y distribuir riquezas, sino es también una cuestión de educación y de conciencia…” [xxii]
Como colofón a estas cuartillas, dos escritos, por su trascendencia son de los indispensablespara viabilizar las intenciones de esta exposición.De ellos, uno es la conocida y desgarradora carta de despedida de Che a Fidel.  En ningún otro documento como éste, escrito en trance tan trascendental y dramático de su vida, iba a apartarse un milímetro de la más completa sinceridad que siempre lo caracterizó. La necesidad de reproducir algunos fragmentos se impone:
Fidel:
Me recuerdo en esta hora de muchas cosas, de cuando te conocí en casa de María Antonia, de cuando me propusiste venir, de toda la tensión de los preparativos.
[…] Siento que he cumplido la parte de mi deber que me ataba a la Revolución cubana en su territorio, y me despido de ti, de los compañeros, de tu pueblo que ya es mío.
Hago formal renuncia de mis cargos en la Dirección del Partido, de mi puesto de Ministro, de mi grado de Comandante, de mi condición de cubano. […].
[…]Mi única falta de gravedad es no haber confiado más en ti desde los primeros momentos de la Sierra Maestra y no haber comprendido con suficiente celeridad tus cualidades de conductor y de revolucionario. He vivido días magníficos y sentí a tu lado el orgullo de pertenecer a nuestro pueblo en los días luminosos y tristes de la Crisis del Caribe.
Pocas veces brilló más alto un estadista que en esos días, me enorgullezco también de haberte seguido sin vacilaciones, identificado con tu manera de pensar y de ver y apreciar los peligros y los principios.
[…] En los nuevos campos de batalla llevaré la fe que me inculcaste, el espíritu revolucionario de mi pueblo, la sensación de cumplir con mi más sagrado de los deberes luchar contra el imperialismo dondequiera que esté; esto reconforta y cura con creces cualquier desgarradura.
Digo una vez más que libero a Cuba de cualquier responsabilidad, salvo la que emane de su ejemplo. Que si me llega fe hora definitiva bajo otros cielos, mi  último pensamiento será para este pueblo y especialmente para ti. Que te doy las gracias por tus enseñanzas y tu ejemplo al que trataré de ser fiel hasta las últimas consecuencias de mis actos. Que he estado identificado siempre con la política exterior de nuestra Revolución y lo sigo estando.  Que en dondequiera que me pare sentiré la responsabilidad de ser revolucionario cubano, y como tal actuaré […]
Tendría muchas cosas que decirte a ti y a nuestro pueblo, pero siento que son innecesarias, las palabras no pueden expresar lo que yo quisiera, y no vale la pena emborronar cuartilla.
Y la carta concluye primero con el grito emblemático:
“¡Hasta la victoria siempre! ¡Patria o muerte!” y luego con esta elocuente línea final de despedida: “Te abraza con todo fervor revolucionario, Che.”
Finalmente, reproduzco varios fragmentos de otra carta,una de las más conmovedora y afectuosaescrita por Fidel, y muy poco conocida. Esta fue escrita y enviada al Che cuando se encontraba en Praga para persuadirlo de que regresara a Cuba a preparar la nueva gesta boliviana. Ya el Che se había despedido de Cuba, y consideraba que regresar sería denigrante y poco ético. Por eso prolongaba su estancia clandestina en la capital checa, aun a riesgo de que su paradero fuese descubierto por los servicios de inteligencia del imperialismo que estaban tras sus huellas. Le escribe Fidel:
Junio 3 de 1966.
Querido Ramón:[xxiii]
[…] me parece que, dada la delicada e inquietante situación en que te encuentras ahí, debes, de todas formas, considerar la conveniencia de darte un salto hasta aquí.
Tengo muy en cuenta que tú eres particularmente renuente a considerar cualquier alternativa que incluso poner por ahora un pie en Cuba, […]. Eso, sin embargo, analizado fría y objetivamente, obstaculiza tus propósitos; algo peor, los pone en riesgo. A mí me cuesta trabajo resignarme a la idea de que eso sea correcto e incluso de que pueda justificarse desde un punto de vista revolucionario.
[…] No media ninguna cuestión de principios, de honor o de moral revolucionaria que te impida hacer un uso eficaz y cabal de las facilidades con que realmente puedes contar para cumplir tus objetivos. Hacer uso de las ventajas que objetivamente significan poder entrar y salir de aquí, […] no significa ningún fraude, ninguna mentira, ningún engaño al pueblo cubano o al mundo. Ni hoy, ni mañana, ni nunca nadie podría considerado una falta, y menos que nadie tú ante tu propia conciencia. Lo que sí sería una falta grave, imperdonable, es hacer las cosas mal pudiéndolas hacer bien. Tener un fracaso cuando existen todas las posibilidades del éxito.
No insinúo ni remotamente un abandono o posposición de los planes ni me dejo llevar de consideraciones pesimistas ante las dificultades surgidas. […]
[…]Tú sabes absolutamente bien que puedes contar con estas facilidades, que no existe la más remota posibilidad de que por razones de estado o de política vayas a encontrar dificultades o interferencias. Lo más difícil de todo, que fue la desconexión oficial, ha sido logrado, y no sin tener que pagar un determinado precio de calumnias, intrigas, etc. […]
Espero no te produzcan fastidio y preocupación estas líneas. Sé que si las analizas serenamente me darás la razón con la honestidad que te caracteriza. Pero aunque tomes otra decisión absolutamente distinta, no me sentiré por eso defraudado. Te las escribo con entrañable afecto y la más profunda y sincera admiración a tu lúcida y noble inteligencia, tu intachable conducta y tu inquebrantable carácter de revolucionario íntegro, y el hecho de que puedas ver las cosas de otra forma no variará un ápice esos sentimientos ni entibiará lo más mínimo nuestra cooperación.[xxiv]
Imponente y enternecedora carta; no por cierto la de un jefe que ordena a un subordinado, sino la de un hermano a otro hermano. Bastaría con este documento, escrito sin la intención de que fuese hecho público —si es conocido no es porque Fidel lo hiciera, sino porque lo dieron a conocer la viuda y los hijos del Che—[xxv] para echar definitivamente por tierra las patrañas de que la salida del Che se debió a divergencias con Fidel y de que Cuba no prestó todo su apoyo al proyecto internacionalista del Che.
Han pasado muchos años desde la desaparición física de Che, aún hay quienes se aferran a falsear, desacreditar y pulverizar esa reciprocidad  que desde julio de 1955 existe entre Fidel y Che. Ellos pertenecen a la historia como paradigmas de fidelidad, respeto, hermandad y cariño, y a despecho de todas las mentiras que se han tejido jamás dejó de existir la más inconmovible identidad que se sintetizan en las conmovedoras palabras de Fidel en la velada solemne en memoria del Guerrillero Heroico cuando expresó:
“Desde el punto de vista revolucionario, desde el punto de vista de nuestro pueblo, ¿cómo debemos mirar nosotros el ejemplo del Che? ¿Acaso pensamos que lo hemos perdido? Cierto es que no volveremos a ver nuevos escritos, cierto es que no volveremos a escuchar de nuevo su voz. Pero el Che le ha dejado al mundo un patrimonio, un gran patrimonio, y de ese patrimonio nosotros —que lo conocimos tan de cerca— podemos ser en grado considerable herederos suyos.
Nos dejó su pensamiento revolucionario, nos dejó sus virtudes revolucionarias, nos dejó su carácter, su voluntad, su tenacidad, su espíritu de trabajo. En una palabra, ¡nos dejó su ejemplo! ¡Y el ejemplo del Che debe ser un modelo para nuestro pueblo, el ejemplo del Che debe ser el modelo ideal para nuestro pueblo!
Si queremos expresar cómo aspiramos que sean nuestros combatientes revolucionarios, nuestros militantes, nuestros hombres, debemos decir sin vacilación de ninguna índole: ¡Que sean como el Che! Si queremos expresar cómo queremos que sean los hombres de las futuras generaciones, debemos decir: ¡Que sean como el Che! Si queremos decir cómo deseamos que se eduquen nuestros niños, debemos decir sin vacilación: ¡Queremos que se eduquen en el espíritu del Che! Si queremos un modelo de hombre, un modelo de hombre que no pertenece a este tiempo, un modelo de hombre que pertenece al futuro, ¡de corazón digo que ese modelo sin una sola mancha en su conducta, sin una sola mancha en su actitud, sin una sola mancha en su actuación, ese modelo es el Che! Si queremos expresar cómo deseamos que sean nuestros hijos, debemos decir con todo el corazón de vehementes revolucionarios: ¡Queremos que sean como el Che!”[xxvi]
Ernesto Che Guevara junto a Fidel, y su hija Aleida Guevara. Foto: Cortesía del Centro de Estudios Che Guevara.
Ernesto Che Guevara junto a Fidel, y su hija Aleida Guevara. Foto: Cortesía del Centro de Estudios Che Guevara.
Notas:
[i]Artículo publicado en “Cinco Palma. Revista de la Oficina de Asuntos Históricos del Consejo de Estado”. Año 2017. Tercera Época, No. 3.
[ii]Ernesto Guevara: “Una revolución que comienza”, En: Escritos y Discursos, 9 t, t.II; Ed. Ciencias Sociales, La Habana, 1972, p.6.
[iii] Frei Betto. “Fidel y la religión. Conversación con Frei Betto”. Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado. La Habana, 1985. p. 281-283.
[iv]Ídem. p. 283
[v]Ernesto Guevara de la Serna: “Pasajes de la Guerra Revolucionaria” En: Ernesto Che Guevara.  OBRAS. Casa de las Américas. 1970. Tomo I. pág. 193.
[vi]Fidel Castro Ruz: “Discurso en la Comuna de San Miguel de Santiago de Chile”.  28 de noviembre de 1971.”En: CUBA-CHILE. Ediciones Políticas.  Comisión de Orientación Revolucionaria del CCPCC.  La Habana, 1972. pág. 391.
[vii]Frei Betto: “Fidel y la Religión”.  Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado.La Habana, 1985. pág. 372
[viii] Ernesto Che Guevara. “Diario de un combatiente. Sierra Maestra-Santa Clara, 1956-1958”. Centro de Estudios Che Guevara y Editorial Ocean Sur. 2011. pág. 137
[ix] Ernesto Guevara de la Serna: “Pasajes de la Guerra Revolucionaria”. En: Ernesto Che Guevara. OBRAS. Casa de las Américas. 1970. T.1. pág.291
[x]Fidel Castro Ruz. “Carta a Che”. 13 de diciembre de 1957. En Fondo Fidel Castro Ruz. Oficina de Asuntos Históricos del Consejo de Estado.
[xi]Ernesto Che Guevara. “Carta  a Fidel”. 15 de diciembre de 1957. En Fondo Ernesto Guevara de la Serna. Oficina de Asuntos Históricos del Consejo de Estado.
[xii]Consultar de Fidel Castro.  “A los firmantes del Pacto de Miami”. 14 de diciembre de 1957. En: Fondo Fidel Castro Ruz. Oficina de Asuntos Históricos del Consejo de Estado.
[xiii]Ernesto Che Guevara. Carta a Fidel. 6 de enero de 1958. En: Fondo Ernesto Guevara de la Serna.Oficina de Asuntos Históricos del Consejo de Estado.
[xiv]Fidel Castro Ruz: “Carta a Che”.  13 de abril de 1958. En: Fondo Fidel Castro Ruz. Oficina de Asuntos Históricos del Consejo de Estado.
[xv]Fidel Castro Ruz: “Carta a Celia”. 16 de abril de 1958. En: Fondo Fidel Castro Ruz.  Oficina de Asuntos Históricos del Consejo de Estado.
[xvi]Fidel Castro Ruz: “Carta a Che”. 1 de mayo de 1958. En: Fondo Fidel Castro Ruz.  Oficina de Asuntos Históricos del Consejo de Estado.
[xvii]Fidel Castro Ruz: “Carta a Celia” 11 de mayo de 1958.  En: Fondo Fidel Castro Ruz.  Oficina de Asuntos Históricos del Consejo de Estado
[xviii]Fidel Castro Ruz: “Carta a Che”  28 de mayo de 1958. En: Fondo Fidel Castro Ruz. Oficina de Asuntos Históricos del Consejo de Estado
[xix]Fidel Castro Ruz: “Carta a Che”  31 de mayo de 1958. En: Fondo Fidel Castro Ruz. Oficina de Asuntos Históricos del Consejo de Estado.
[xx]Fidel Castro Ruz: “Carta a Che”  19 de mayo de 1958. En: Fondo Fidel Castro Ruz. Oficina de Asuntos Históricos del Consejo de Estado.
[xxi]Fidel Castro Ruz. “Cien Horas con Fidel. Conversaciones con Ignacio Ramonet”. Tercera edición. Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado. La Habana, 2006. pág. 162.
[xxii] Fidel Castro. “Discurso en el acto central por el XX Aniversario de la caída en combate del Comandante Ernesto Che Guevara”. Pinar del Río. 8 de octubre de 1987. Editorial CENPES, La Habana, 1987. pág. 19.
[xxiii] Uno de los tantos seudónimos usados por el Che para burlar los servicios de inteligencia de sus enemigos.
[xxiv] Tomada del prólogo de “Pasajes de la Guerra Revolucionaria en el Congo”. Editorial Grijalbo Mondadori S.A. México, 1999. p.15.
[xxv] El prólogo de la obra citada en la nota anterior fue redactado por Aleida Guevara March, hija de Che Guevara.
[xxvi]Fidel Castro. “Discurso pronunciado en la Velada Solemne en memoria del Comandante Ernesto Che Guevara”. La Habana. 18 de octubre de 1967. En: Escritos y Discursos, 9 t, t. I; Ed. Ciencias Sociales, La Habana, 1972, p.15-16.

sábado, 27 de mayo de 2017

Espía de CIA cuenta cómo lo entrenaron para matar a Fidel Castro

Un agente de la CIA entrenado para asesinar al fallecido líder cubano, Fidel Castro, ‎reconoce que Washington no trata de ayudar al pueblo cubano.‎
“Yo era un terrorista improbable. Era delgado, asmático y estaba lleno de inseguridades”, dice Antonio Veciana en su libro “Trained To Kill” (Entrenado para matar), coescrito con el periodista Carlos Harrison y publicado por Skyhorse Publishing.
El cubano Antonio Veciana era espía de la Agencia Central de Inteligencia de EE.UU. (CIA, por sus siglas en inglés), y dedicó su vida a intentar matar a Fidel Castro y desestabilizar al gobierno comunista de Cuba. A sus 88 años, dice que la suya “es la historia de un fracaso”.
Veciana ha confesado que lo que hacía “es lo que hacen los terroristas” y cuenta cómo el agente de la CIA David Atlee Phillips (a quien él conocía como “Bishop”) lo reclutó en 1959 y lo entrenó en La Habana, capital cubana, para matar a Castro.
El exagente relata que “al principio, la idea era desestabilizar” el país creando rumores, y el más sonado fue un supuesto proyecto de ley según el cual el gobierno quitaría a los padres la patria potestad de sus hijos: provocó la separación de miles de familias.
“Entonces los padres mandaron a cerca de 14 000 personas aquí”, a EE.UU. “Muchos se reunieron después con sus hijos, pero otros no pudieron volver a verlos, porque murieron o no pudieron salir del país”.
Este éxodo pasó a la historia como la “Operación Pedro Pan“. Entre 1960 y 1962, los padres sacaron a sus hijos de Cuba a través de los oficios de la Iglesia Católica. Los niños sin acompañantes adultos eran recibidos en campamentos en Florida.
Veciana se exilió en Estados Unidos en 1961 debido a un fallido atentado contra Castro. Un siguiente intento de matar a Castro en Santiago de Chile también falló. Años después, Veciana tuvo que abandonar otro atentado. Su esfuerzo por desprestigiar a Ernesto “Che” Guevara después de su muerte en Bolivia tampoco resultó. La leyenda del revolucionario argentino se le escapó a la CIA de las manos.
“Realmente trato de no pensar mucho en eso, porque la mía es la historia de un fracaso. Cuando uno fracasa por diferentes circunstancias siente que no hizo lo correcto, o que la suerte no le ayudó, pero se siente fracasado”, explica.
Mucha historia secreta se llevará a la tumba Antonio Veciana, terrorista y criminal, participante activo en la Operación Cóndor y agente de la CIA, quien intentó varias veces asesinar a Fidel Castro y fracasó en su empeño.

jueves, 13 de abril de 2017

La llamada de Fidel y Chavez hace 15 años tras la derrota del Golpe en Venezuela

A quince años de la victoria del pueblo venezolano frente al Golpe de Estado fascista contra el Presidente Hugo Chávez, Cubadebate reproduce el texto de la llamada que hiciera el Comandante en Jefe Fidel Castro al Comandante Hugo Chávez en la mañana del 14 de abril de 2002, y que el líder de la Revolución Cubana revelara en su artículo “¿Eres o no eres?”, del 27 de marzo de 2014
Hugo Chávez y Fidel Castro
Para descargar el PDF pulse aquí
“…Padre, le dije, ¿eres o no eres o quién eres? Y mirando el Cuartel de la Montaña, dijo: ‘Despierto cada cien años cuando despierta el pueblo’.”
Esa fue la respuesta del Libertador de América a la atrevida pregunta de Pablo Neruda tras el estallido de la Guerra Civil Española, cuando los propios obreros españoles lograron impedir que los fascistas se apoderaran del Cuartel de la Montaña de Madrid.
Esos recuerdos acudían a mi mente ante los hechos que estaban ocurriendo en la hermana República Bolivariana de Venezuela. En nuestra patria solitaria, la Revolución había estallado hacía muchos años, y estábamos enfrascados en una contienda desigual y casi inconcebible contra el imperio más poderoso que había conocido la humanidad.
De repente suena el teléfono del cuarto, solo para situaciones de urgencia; la llamada procedía de la oficina de Hilda Castro, la viuda de Tamargo, el primer taquígrafo que conocí en mi vida tras el triunfo de la Revolución en enero de 1959. Habían transcurrido ya 43 años.
En esa parte de los documentos revisados comienza la transcripción de Hilda, que publico de manera íntegra:
CONVERSACIÓN TELEFÓNICA SOSTENIDA POR EL COMANDANTE EN JEFE FIDEL CASTRO RUZ CON EL PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA BOLIVARIANA DE VENEZUELA, HUGO CHÁVEZ FRÍAS. 14/04/2002 – 07:01 h
PDTE. CHÁVEZ.-…Heroína María, Fidel. (al parecer yo lo había llamado a él héroe un segundo antes)
CMDTE. EN JEFE.- ¡Ah, esa es la campeona, caramba! ¡Qué historia! ¡Qué historia!
PDTE. CHÁVEZ.- (Se ríe) ¡Esto no tiene nombre, Fidel!
CMDTE. EN JEFE.- Yo ahora estaba meditando, no me podía dormir. Me iba a dormir y no me podía dormir, cuando me suena un timbrecito ahí, y ya… ¡Qué cosa!
PDTE. CHÁVEZ.- ¡Qué día, Fidel! Estoy que… ¡es una cosa increíble, increíble! Yo todavía estoy procesando cosas. Y los muchachos… Porque yo estaba aislado; me llevaron, cuando salí de aquí, esa madrugada, como dos horas después que hablamos. Pues, entonces, por fin, como lo hablamos, yo dije: “No, yo no voy a renunciar. Voy preso, pues.” Entonces, me voy, voluntariamente. Hablé con los muchachos, que son —como tú sabes— unos guerreros, y les dije: “No se pongan a cometer locuras. Bueno, vamos a prisión y esto no ha terminado.” Porque no tenía yo ya cartas que jugar. Otras unidades leales, pero estaban lejos, ¿ve? Las que estaban sólidas, sobre todo la Brigada de Pa­racaidistas en Maracay. Baduel me llamó.
CMDTE. EN JEFE.- No, y no podían moverla, Hugo, porque se arma una batalla, ni siquiera una guerra civil.
PDTE. CHÁVEZ.- Sí, sí, exactamente. Yo le dije…
CMDTE. EN JEFE.- Yo he oído decir que ya querían venir y tú les dijiste que no.
PDTE. CHÁVEZ.- No, yo le dije: “Mantén tu posición.” Y me llamaron unos muchachos de Maracaibo, allá en Occidente, de Tanques, y me dijo Alcalá: “Aquí está mi batallón de tanques listo en columnas, y todos mis oficiales y tropas. ¡Patria o Muerte! Me voy a tomar Maracaibo.” Le dije: “No. Mantén tu posición. Me basta que mantengas la posición moral, de combate, pero mantén tu posición física también. Eso sí, artillado y listo, por si acaso te ataca la fuerza aérea, o alguna cosa.”
Y eso se fue multiplicando a nivel de los Comandantes de los Batallones de Tanques, de Infantería, un Batallón de Selva por allá en la selva. Empezaron a decir que no reconocían al supuesto gobierno este nuevo, ilegítimo. Y Baduel se convirtió en el eje, y otros generales leales se fueron para allá. Muchos de los muchachos míos que se quedaron sueltos por ahí, se concentraron en Maracay.
Yo estaba haciendo un plan después que hablé contigo. La única alternativa que me quedaba era irme a Maracay. Pero tú sabes que esas son como casi dos horas por tierra. Y entonces, bueno, no teníamos la seguridad de que pudiéramos llegar allá.
CMDTE. EN JEFE.- Era imposible, era imposible.
PDTE. CHÁVEZ.- No, no. Nos hubieran parado en la carretera, y a lo mejor se arma una batalla ahí, ¡quién sabe qué hubiera pasado! Así que, por eso, decidí entregarme.
Me llevaron a cinco sitios. Me movieron de un lado para otro. Me presionaron para que firmara la renuncia. Yo dije: “No, yo no renuncio. Yo soy preso. Soy preso, y listo. Y enjuícienme.”
Me llevaron a medianoche por allá, a un apostadero naval, y resulta que a las dos horas ya tenía ganados a casi todos los sargentos, porque son comandos de estos, paracaidistas y todo, ¿no?
CMDTE. EN JEFE.- Eso fue aquel día, eso fue el viernes.
PDTE. CHÁVEZ.- ¿Eh?
CMDTE. EN JEFE.- ¿El viernes?
PDTE. CHÁVEZ.- No, eso fue antier, el jueves por la noche.
CMDTE. EN JEFE.- El jueves. ¡Ah, eso fue…!
Pero tú estabas en Palacio.
PDTE. CHÁVEZ.- No, eso fue el viernes, perdón.
CMDTE. EN JEFE.- Sí, a las 03:50 fue que tú saliste, del viernes, antes del amanecer.
PDTE. CHÁVEZ.- Correcto.
Entonces, ahí me movieron por tres lugares ese mismo día. Y por fin decidieron —como ya la gente se estaba agolpando… Yo estaba por allá en el Regimiento de Policía Militar, preso, y la celda donde yo estaba queda como a un kilómetro de la salida del Fuerte Tiuna, y ya se oían los gritos de la gente. Porque la gente sabía que yo estaba ahí, ¿no? Yo llamé de allí, hablé con María, hablé con María Isabel y con la familia: “Díganles que estoy aquí en Fuerte Tiuna.” Y la gente empezó a irse para allá, a aglomerarse. Pero miles de personas, a gritar consignas, sin miedo…
CMDTE. EN JEFE.- ¿A qué hora del viernes?
PDTE. CHÁVEZ.- Eso fue ya en la tarde del viernes.
CMDTE. EN JEFE.- Claro. ¿Y cómo pudiste hablar con María y con el Ministro de Educación y de Trabajo?
PDTE. CHÁVEZ.- Los militares… Un militar me prestó un teléfono celular.
CMDTE. EN JEFE.- ¿En dónde? ¿En ese momento? ¿Allí en el Fuerte Tiuna?
PDTE. CHÁVEZ.- En el Fuerte Tiuna me prestaron un teléfono y empecé a hacer algunas llamadas: a mis hijos, a María Isabel… Y les pedí que hablaran con el mundo; que yo no había renunciado. Ahí fue cuando María te llama…
CMDTE. EN JEFE.- A las 10 y dos minutos me llama María. El viernes.
PDTE. CHÁVEZ.- En la noche.
CMDTE. EN JEFE.- No, por la mañana.
PDTE. CHÁVEZ.- iAh!
CMDTE. EN JEFE.- A las 10 y dos minutos me llama. Y es cuando yo le propongo que si ella estaba dispuesta a hablar ella misma. Dice: “Sí, ¡qué no haría yo por mi padre!”
Entonces le preparé inmediatamente para que hablara con Randy el periodista, y a las 12:40 lo disparamos al aire. Cuando lo disparamos al aire, se lo entregamos a las agencias y también a la CNN. Entonces la CNN empezó a darlo y cada media hora sacaba la noticia.
PDTE. CHÁVEZ.- ¿Y cuánto tiempo habló María?
CMDTE. EN JEFE.- Bueno, puede ser que ella habló… Fueron seis minutos. Hizo una historia muy bien, en seis minutos.
PDTE. CHÁVEZ.- iAh, no, pero esa es la heroína!
CMDTE. EN JEFE.- No, no, pero sí. Pero fue fenomenal, porque esta gente…
PDTE. CHÁVEZ.- No, eso fue muy, muy importante.

LA LLAMADA A MARIA GABRIELA TRANSMITIDA EN LA MESA REDONDA

CMDTE. EN JEFE.- Entonces ya Felipe fue como a las 4 de la tarde, en que estaba asediada la Embajada nuestra. Pero allí ha sido… La querían asaltar. Hubo un momento… Bueno, la orden tenía que ser, primero, disparos… Tenían que defenderse, porque los mataban a todos, y había 5 mujeres y un niño, y 17 compañeros allí. Fue muy tensa…
PDTE. CHÁVEZ.- Dicen que les quitaron hasta la luz y el agua.
CMDTE. EN JEFE.- Fue muy tensa. Les quitaron la luz, les quitaron el agua, no se podían mover, y hasta, bueno, estuvieron a punto de asaltarla. Ese fue el momento más crítico. Habría perturbado eso terriblemente. Porque de abrir una balacera…
PDTE. CHÁVEZ.- Germán estaba ahí, ¿no?
CMDTE. EN JEFE.- Germán se portó… ¡Y toda la gente se portó… pero como unos héroes de verdad! Allí. Porque estaban cercados. Una multitud. Romaní y toda la gusanera aquella. ¡Si tú ves qué discurso pronunciaba! Porque a aquellos los transmitían. Las cadenas esas transmitían todo.
PDTE. CHÁVEZ.- Claro, lo transmi-tían todo.
CMDTE. EN JEFE.- Y se pasaron todo el día calumniando y calumniando, y hablando de la renuncia, la renuncia y la renuncia.
Entonces, ellos edificaron todo su andamiaje sobre la base de la renuncia. Ahí fue donde se embarcaron p’al diablo.
PDTE. CHÁVEZ.- (Se ríe) Sí, porque empezaron a difundir un texto que yo no quise firmar, cuando me reuní allá en el Fuerte Tiuna con los generales traidores estos, que estaban comprados por la oligarquía de acá y otros sectores más.
Entonces, bueno, me llevaron. Cuando empieza la gente a aglomerarse en Fuerte Tiuna, ya en la tarde…
CMDTE. EN JEFE.- ¿A qué hora hubo unos disparos allí? Porque hubo unos disparos. Ya anocheciendo, o de noche ya.
PDTE. CHÁVEZ.- Sí. Hubo unos disparos. Parece que fue al aire.
CMDTE. EN JEFE.- Sí, porque la gente estaba acumulándose y estaba bajando de las lomas.
PDTE. CHÁVEZ.- Anjá.
CMDTE. EN JEFE.- Sí.
PDTE. CHÁVEZ.- Entonces, ahí me llevan, en helicóptero, ya de noche, ha­cia un apostadero naval que queda co­mo a hora y media de Caracas en helicóptero.
Yo no sabía para dónde me llevaban. Entonces, bueno, me monté en el helicóptero, y me llevan a un apostadero naval, donde estaba un grupo de comandos de la Marina.
CMDTE. EN JEFE.- Sí, Riuma…
PDTE. CHÁVEZ.- ¿Eh?
CMDTE. EN JEFE.- Tiene un nombre… Yo lo vi ayer por la mañana, porque un amigo, una gente de ustedes se lo dice a la AFP. Me refiero al viernes, ¿no? No, al sábado por la mañana. Se lo dice a la AFP, que a ti te han llevado para un lugar, y da el nombre allí; dice: a 100 km de Caracas, en dirección a Miranda más o menos. Y da el nombre del lugar donde estás.
PDTE. CHÁVEZ.- Turiamo.
CMDTE. EN JEFE.- Turiamo, exactamente. De eso yo me entero cuando termino un acto por la mañana, en que metimos duro, ¿no? Entonces, ya yo iba saliendo del acto, y me informan que ha salido un cable que indica el lugar donde tú estás. Allá.
Entonces, llamé allá. Tus padres habían oído a María. Por la noche, por la CNN, vieron todo. Entonces, tu mamá manda un recado. Nos llama, quiere hablar conmigo, porque quiere hacer una declaración ella también.
Entonces, yo la llamé primero a la Gobernación, pero me dejaron tres teléfonos y estaban en la residencia, allí donde estuvimos comiendo el pescado aquel.
PDTE. CHÁVEZ.- Sí. (Se ríe)
CMDTE. EN JEFE.- Entonces, estaba ella con muy buen ánimo. Pero allí me doy cuenta —porque hablé también con tu padre, y le pregunté cómo estaban las cosas. La relación con la jefatura militar estaba muy bien; se había reunido. Y entonces allí, el de Sabaneta también, muy activo. Ya ellos habían hecho contacto allá también con la gente de los paracaidistas, y tenían el control allí de la situación, y se organizó muy bien.
Entonces, ya empiezan las primeras noticias.
Yo, cuando terminé de hablar con ellos ya, llamé a María —era alrededor de las 10, 10 y tanto—, a ver qué noticias tenía, y yo le doy la información de que te habían llevado para esa base.
PDTE. CHÁVEZ.- Correcto. Ahí estuve esa noche. Ahí, bueno, descansé un rato; hablé con los muchachos, los comandos… Porque ellos son muchachos de comandos paracaidistas, aunque son de la Marina, y entonces resulta que me los voy ganando, me los voy ganando, van cogiendo confianza. Y en la mañana resulta que uno me propone salir de ahí, es decir, tomar la base esa y rescatarme, y salir de ahí hacia Maracay por tierra —porque el helicóptero no lo teníamos cerca, estaba en el apostadero, donde sí ellos lo tenían bajo control. Entonces, a mí me pusieron en una bahía con una unidad de comandos de unos 100 hombres; pero ellos me dijeron —un grupo de oficiales y sargentos—, me dijeron: “Mire, mi Comandante, estamos dispuestos a irnos de aquí con usted. Detenemos aquí a algunos oficiales que no están con nosotros, y nos vamos a Maracay, porque está mi general Baduel haciéndose fuerte allá, la gente en la calle, en Caracas la gente está en la calle. Así que, vámonos de aquí.”
Bueno, estaban haciendo el plan ya, y al rato llegan…
CMDTE. EN JEFE.- ¿Y por dónde hubieran llegado a Maracay ustedes?
PDTE. CHÁVEZ.- Por carretera, porque esa zona queda cerca de Maracay, queda como a dos horas de Maracay por tierra.
CMDTE. EN JEFE.- Pero, ¿Maracay está al este o al oeste de Caracas?
PDTE. CHÁVEZ.- Maracay está al suroeste de Caracas, y forma —con el lugar donde yo estaba— como un triángulo casi que equilátero entre…
CMDTE. EN JEFE.- Sí. Pero entonces la base esa, ¿está en la zona de Miranda, o al oeste de Maiquetía?
PDTE. CHÁVEZ.- No, al oeste de Maiquetía, en el estado de Carabobo, yendo hacia…
CMDTE. EN JEFE.- ¿La base esa?
PDTE. CHÁVEZ.- Turiamo, sí.
CMDTE. EN JEFE.- Claro, ahora entiendo, ahora entiendo.
PDTE. CHÁVEZ.- Y es del estado de Aragua, Turiamo está en Aragua, cuya capital es Maracay. Ellos cometieron un error allí, porque me llevaron al estado de Aragua.
CMDTE. EN JEFE.- Te llevaron cerca de donde estaban los paracaidistas.
PDTE. CHÁVEZ.- ¡Cerca! No se dieron cuenta de eso. Entonces yo ahí me sentía más sólido, y los muchachos listos.
Ahora, ¿qué pasa? En Maracay no sólo fue Baduel. Otro general que estaba conmigo aquí en el Palacio, García Mon­to­ya, resulta que él fue el que también me recomendó entregarme. Me dice: “No, usted tiene que preservar la vida. No­sotros nos encargamos aquí de la resistencia. Así que entréguese, pida garantías, y bueno, nosotros pendientes de exigir que le respeten la vida”.
Por una parte me estaban sacando a mí preso, y por la otra él se fue a Maracay, porque él es muy amigo de Baduel, y allá él, que es General de División, organiza el Comando de la Resistencia y la Dignidad. Y empieza ese comando, y los muchachitos míos de aquí, los jovencitos que tú conoces, se fueron para allá también, para Maracay, que queda como a hora y media de Caracas. Se fueron, se les escaparon a los jefes aquí, a los que asumieron.
Aquí tenían un plan ya. Unos se quedaron en el sótano escondidos.
CMDTE. EN JEFE.- Creo que Martínez estaba por allí también, ¿no?
PDTE. CHÁVEZ.- Sí, Martínez estaba. Todos estaban allí. Martínez…
CMDTE. EN JEFE.- Yo hablé con el general ese que tú dices.
PDTE. CHÁVEZ.- ¿García Montoya?
CMDTE. EN JEFE.- Sí, yo hablé primero con Baduel —porque todo eso me comunicó María. Me comunicó primero con el que estaba de Jefe de Comando, el que estaba de Comandante de la Fuerza Armada, Lucas.
PDTE. CHÁVEZ.- ¡Ah, Lucas, Lucas! ¿Hablaste con él?
CMDTE. EN JEFE.- Sí. Ella me comunica con él.
Era el período en que tú estabas en Orchila, ya a esa hora.
Eso fue por la tarde, a primera hora de la tarde más o menos. Yo le comuniqué.
Entonces, después María me dice que Baduel quiere hablar también, y me dio los teléfonos. Era muy difícil se cortó dos veces la comunicación— con Lucas, y entonces, a través de María, pude… Ella me dijo que Baduel quería hablar conmigo. Entonces, hablé con Baduel un rato, y estábamos en la enorme preocupación de dónde tú estabas y de presionarlos no fuera a ser que en la desesperación hicieran cualquier cosa, ¿tú entiendes?
Entonces, él me pone con ese general, este que estaba allí.
PDTE. CHÁVEZ.- García Montoya.
CMDTE. EN JEFE.- Montoya. Y entonces él pide también que ellos querían hacer una declaración pública.
Entonces, hablando conmigo ahí, yo le puse para grabarle la conversación, y le dije que la hiciera: ¡pam! Y entonces hizo un discurso dirigido a la opinión pública mundial y todo.
Inmediatamente la pasamos a la televisión y se la entregamos también a todas las estaciones aquí, un discurso que él hizo.
¡Figúrate!, tú no sabías lo que estaba pasando por acá, ¿no?
PDTE. CHÁVEZ.- No, yo no sabía nada de eso.
Claro, yo intuía la reacción popular y militar, pero me preocupaba, porque eso pudiera haber generado hasta una guerra civil. Pero resulta que…
CMDTE. EN JEFE.- No, Baduel y el otro tenían una posición muy clara —yo se la elogié—; estaban indecisos de si salir o no. Y entonces, yo decía: no, no conviene que haya combate. Les di mi opinión, pero ya ellos tenían pensado precisamente eso.
Entonces, sí yo hablé…
PDTE. CHÁVEZ.- Creo que dieron un ultimátum a esta gente de aquí de Caracas para que yo apareciera, si no, iban a venir sobre Caracas los paracaidistas.
CMDTE. EN JEFE.- Sí, pero el problema es que lo que hizo el general y lo que hizo Baduel —los dos— fue la táctica de no moverse, y apelaron a todas las unidades. Entonces, hablaron en ese mensaje que hicieron, que nosotros transmitimos a todas partes.
PDTE. CHÁVEZ.- Sí, eso se convirtió… Ellos convirtieron el Comando de los Paracaidistas en el Comando de la Resistencia. Entonces, fueron llamando a las unidades, a generales, a comandantes, y me dicen que tenían un cuadro en la pared. Y entonces, uno de los muchachos, de los míos acá, de los tenientes, tomando notas, y el general llamando y llamando: “Miren, ustedes con quién están, defínanse.” Entonces: “No, que estamos indecisos.” Entonces empezaban a hablarles, a decirles, y se fueron ganando poco a poco a toda la oficialidad otra vez, explicándoles que yo no había renunciado, que eso era una gran mentira, que esa era una traición, que estaban entregándole el país otra vez a FEDECÁMARAS, a los empresarios, a los Adecos, a los Copeianos —por­­que esos hicieron una fiesta aquí ayer.
CMDTE. EN JEFE.- Sí.
PDTE. CHÁVEZ.- Vinieron aquí al Palacio e hicieron unas fiestas.
CMDTE. EN JEFE.- Sí, sí, si los pescaron ahí. (Riéndose) Los pescaron ahí adentro a los ministros.
PDTE. CHÁVEZ.- Aquí tienen a unos presos, pero al fulano presidente este, y a todo el…
El negro Churio… ¿Te acuerdas de Churio?
CMDTE. EN JEFE.- Sí.
PDTE. CHÁVEZ.- Churio, el Mayor, ese muchacho es el jefe de los comandos míos. Ellos estaban en el sótano, y entonces… ¡Menos mal que no lo hicieron! Porque ellos, cuando estaban juramentando al supuesto presidente este, querían tomarlos de rehenes, hacer una toma de rehenes allí en el salón grande.
CMDTE. EN JEFE.- (Se ríe)
PDTE. CHÁVEZ.- Es que aquí es para escribir un libro, Fidel.
CMDTE. EN JEFE.- No, no, se puede hacer un libro.
PDTE. CHÁVEZ.- Un libro para la historia, mira, porque… Tú que tienes muchos más años que yo en esto; yo no recuerdo un ejemplo parecido…
CMDTE. EN JEFE.- No, no hay nada parecido, no hay nada, nada, nada parecido.
PDTE. CHÁVEZ.- Yo no quería creerlo.
Mira, Fidel, yo anoche estaba allá, estaba por allá con los muchachos de la bahía de Turiamo —porque allá hace mucho calor—, y entonces les dije: “Bueno, déjenme salir un rato para allá, yo no me voy a escaparme de aquí.” Y me puse a hablar con ellos.
¡Ah!, esa es otra cosa que me sirvió mucho, Fidel: hablar con los soldados, oírles sus quejas, los sargentos. Entonces, se quejan mucho de los jefes que han tenido en estos años con mi gobierno; que los han olvidado, ¡coño!, que ellos tienen problemas económicos, tienen allá las instalaciones muy viejas, les faltan recursos para el entrenamiento, para el mantenimiento de las armas. Entonces, me empezaban a contar todas esas cosas, ¿no? Y eso es una lección. Yo no puedo olvidarme de esos muchachos y contar sólo con los altos mandos y lo que a uno le dicen. Hay que meterse hasta abajo, y oírlos a ellos, sus problemas. Fue una noche muy bonita, que yo incluso les dije: “Miren, si a mí llegan a condenarme y a degradarme, les voy a pedir a los que me condenen y me degraden que me pongan de soldado raso a servir aquí en esta unidad; me quedo con ustedes aquí de soldado raso —porque yo lo estaba disfrutando mucho—, yo lo que soy es un soldado en verdad como tú” —un tipo que anda por ahí.
Vienen estos muchachos, y entonces ellos me hicieron un café allá, y me dejaron solo; se fueron allá y se pusieron un poco más lejos. Me quedé yo pensativo ahí, y me puse a mirar al cielo, y entonces yo digo: “No, yo estoy seguro de que esa siembra de tantos años en el pueblo, esas organizaciones populares que hemos estado empujando, organizando, impulsando —los Círculos Bolivarianos; los partidos, el MBR, el PPT, el MAS, el PCV, toda esa gente—, esa gente no se puede quedar quieta, porque si esa gen­te no hace nada, ¡coño!, es que no merecen esta vaina, no merecen una revolución todavía.
CMDTE. EN JEFE.- Sí, pero estaban engañados, confundidos p’al diablo, des­concertados con la campaña que hicieron.
PDTE. CHÁVEZ.- Sí, sí. Claro. Y además, a mí me cortaron la señal del canal del Estado, y unos traidores militares entonces tomaron el canal mío allá en la estación, y yo no tenía cómo comunicarme con el pueblo.
CMDTE. EN JEFE.- No, te dejaron incomunicado.
PDTE. CHÁVEZ.- Eso me indica que yo debo instalar en el Palacio un equipo de transmisión de una planta aquí mismo, aquí mismo en el Palacio. Son cosas de las que ahora yo estoy sacando conclusiones, voy a…
Claro, estoy aquí todavía —como te dije— estupefacto, que todavía estoy evaluando esta cosa, este huracán y este contrahuracán así. Fue todo tan rápido, que yo no creía creer. Todavía estoy aquí…
CMDTE. EN JEFE.- Es que ya, ayer viernes, desde por la mañana, era un río de gente para allá, hacia Palacio. Y rodearon el Fuerte Tiuna también. Había más de 100 mil gente.
PDTE. CHÁVEZ.- Todo, todo eso. Hicieron cadenas humanas y trancaron las carreteras en casi todo el país. Trancaron las carreteras. Pero sin violencia. Esta noche fue que se desataron unos saqueos aquí en Caracas, pero ya…
CMDTE. EN JEFE.- ¿Fue mucho o no? Porque todo el mundo estaba hablando… Quiero decir, la misma gente tuya, por la televisión, estaban hablando y hablando contra eso. Y después tú ha­blaste, que fue muy bueno el discurso tuyo, ¡excelente!
PDTE. CHÁVEZ.- ¿Tú lo oíste?
CMDTE. EN JEFE.- Sí, ¡cómo no!
PDTE. CHÁVEZ.- Ahí estuve…
CMDTE. EN JEFE.- Estabas tú ecuánime, bien, reflexivo. Me pareció excelente. A todos los que estábamos ahí. Estuviste hablando una hora aproximadamente.
PDTE. CHÁVEZ.- Sí, más o menos. Correcto.
Entonces, luego que terminé esa cadena, salí al balcón del pueblo. Estaba la gente concentrada afuera, y no se querían ir hasta que yo no saliera, pues.
CMDTE. EN JEFE.- ¡Ah!, ¿lograste saludar?
PDTE. CHÁVEZ.- ¡Claro!, yo salí al balcón del pueblo, después de la alocución, y ahí estuve con ellos.
CMDTE. EN JEFE.- ¡Ah!, pues yo creía que se había acabado todo, y en­tonces…
PDTE. CHÁVEZ.- No, no. Yo salí al balcón. Lo que pasa es que…
CMDTE. EN JEFE.- ¿Y eso salió por televisión también?
PDTE. CHÁVEZ.- No estoy seguro, Fidel. A lo mejor sí. No estoy seguro. Vi unas cámaras allá abajo, pero no sé si estaban transmitiendo. Fue muy rápido en verdad, fue muy rápido. Yo me pasé ahí unos minutos, porque…
CMDTE. EN JEFE.- No, si esa gente llevaban ahí… ¡desde por la mañana estaba esa gente ahí!
PDTE. CHÁVEZ.- Todo el día. Yo les hacía señas de que se fueran a dormir, y no…
CMDTE. EN JEFE.- Oye, pero cercaron el Fuerte Tiuna ese, ¡una multitud enorme!
PDTE. CHÁVEZ.- Sí, allí fue un cura, un cura que vino por ahí ahora, que es cura militar. Me dijo que había como unas 50 mil personas trancando, que no podían salir los militares del Fuerte Tiuna.
Entonces ahí es cuando comienzan —fí­­jate en la cosa—, es cuando llega un helicóptero allá a Turiamo. Ya los muchachos estaban preparando la operación, pero yo tenía dudas, ¿no?, porque yo les dije: — “Pero aquí no hay un teléfono por allí, que yo pueda hablar con Baduel?”. —“No, allí no hay señal de teléfono— me dijeron.
—“Entonces así no podemos salir ahí, sin una planificación con él, es difícil, porque puede haber un encuentro en el camino, y entonces se arma una batalla y un combate”.
Pero estábamos pensándolo. Yo estaba pensándolo en serio, porque está más cerca de Maracay —Y yo como conozco tanto Maracay y los paracaidistas, yo conozco… y ellos también, pues.
CMDTE. EN JEFE.- Ahora, esos dos, Montoya y Baduel, actuaron con mucha inteligencia. Fueron inteligentes. Mucha inteligencia política.
PDTE. CHÁVEZ.- Ellos son muy inteligentes, de los más brillantes amigos, y hombres de aplomo, de inteligencia… Y ahora, bueno, han despuntado como líderes militares y políticos también, con esa acción, porque ellos convirtieron a Maracay en la segunda… Pero tú sabes que esa es la principal plaza del país, porque, además el General de la base aérea donde están los aviones de combate F-16, todos, tomó la base y se puso leal a la Revolución.
CMDTE. EN JEFE.- Sí, ya tenían aviación, lo tenían todo ya, tanques, aviones, y la infantería.
PDTE. CHÁVEZ.- ¡Ah!, y los tanques de Valencia, donde está el General Rangel, que fue aquí jefe de la Casa Militar, y yo los visité hace apenas como 10 días, estuve con ellos allá.
Mira, pero me contaban ahorita los muchachos —¡una cosa impresionante, Fidel!—…
(Se dirige a su hijo: “Hugo, consígueme…”
Aquí está Huguito, te manda saludos, pronto va para allá.
CMDTE. EN JEFE.- Sí, sí, ya hablé con él.
PDTE. CHÁVEZ.- Va a estudiar. Hablaste con él ya.
CMDTE. EN JEFE.- Sí, sí le pregunté cuándo venía.
PDTE. CHÁVEZ.- Parece que va a ser ingeniero.
CMDTE. EN JEFE.- (Se ríe) Yo hablé con él y con Rosa.
PDTE. CHÁVEZ.- Mira, aquí está Rosita, te manda un beso. Y Hugo dice que el plan sigue en pie. Así me dijo.
CMDTE. EN JEFE.- Sí.
PDTE. CHÁVEZ.- Él hace muchos planes, lo que pasa es que casi ninguno funciona. (Se ríen)
CMDTE. EN JEFE.- Pero parecía embullado. Con este último parecía embullado.
PDTE. CHÁVEZ.- Este parece que sí va a funcionar.
Entonces, fíjate… Pero es que han pasado detalles de los muchachos aquí…
CMDTE. EN JEFE.- ¡Cuéntame! Yo estoy desesperado por que tú me cuentes. ¡Cuéntame!
PDTE. CHÁVEZ.- Pero es que son cuentos para escribir no sé cuántos libros.
Mira, me dijo uno de los muchachos ahorita, que ellos fueron a la Academia Militar, ¿no? Ellos andaban moviéndose por ahí. Los cadetes… Resulta que yo hace como dos semanas fui a darle una conferencia al Quinto Año, el último año ya para graduarse de Subtenientes, ¿no? Y, bueno, yo con ellos hablo mucho y les cuento cosas; bueno, a esos muchachitos uno los va formando. Y llegaron allá, y los cadetes estaban tomando la Escuela Militar, chico, y el Alférez Mayor tenía la llave de todos los parques y dijo: “No entrego nada.”
CMDTE. EN JEFE.- No tenían armas. (Se ríe) Estaban sin armas.
PDTE. CHÁVEZ.- No, las tenían en el parque, pero él tenía todas las llaves, listo por si acaso había que sacar.
Entonces, toman la Escuela Militar, toman el edificio del Comando del Ejército, y aquellos generales entonces —me imagino— dando carreras, no encontraban dónde meterse. ¡Los muchachos buscándolos, chico! Todos están presos. Los pusieron presos los militares subalternos, ¡a todos esos traidores! ¡Una lección de honor, chico, que a mí me…!
CMDTE. EN JEFE.- ¿Cuándo fue eso?
PDTE. CHÁVEZ.- Eso fue hoy, después del mediodía.
CMDTE. EN JEFE.- ¡Ah!, hoy al mediodía. ¡Ah, sí!
PDTE. CHÁVEZ.- Sí, y se llevaron allá —allá lo tienen— al fulano presidente de transición, preso allá en el Fuerte Tiuna. ¡Los muchachos! Junto con ese poco de generales.
CMDTE. EN JEFE.- ¿Y esa escuela está cerca del Fuerte Tiuna?
PDTE. CHÁVEZ.- Está dentro de la Escuela. Allá adonde fuimos el día de la toma de posesión, allá en el patio grande aquel. Esa es la Escuela Militar. Ahí tienen presos ahí al lado, cerca de ahí, en el Fuerte, al fulano presidente este y sus ministros.
CMDTE. EN JEFE.- A Mussolini, un Mussolini. (Se ríen) Porque cuando ha­bló —yo lo vi cuando tomó posesión—, se parecía a Mussolini.
PDTE. CHÁVEZ.- Lanzaron un decreto eliminando la Asamblea, eliminando el Ministerio de Justicia, eliminando los…
CMDTE. EN JEFE.- ¡Oye, pero, qué barbaridad! Ellos ayudaron, ¿sabes? Ellos ayudaron también, porque hicieron unos disparates del cará.
PDTE. CHÁVEZ.- Sí, no, ellos pusieron la cómica. Y además, teniéndome a mí preso sin renunciar. ¡Imagínate tú! Rompiendo con todo. ¿Cuál democracia? Decían que por rescatar la democracia. De esa manera, ¿quién les va a creer? Hasta los Estados Unidos tuvieron que rectificar hoy. Hoy en la tarde emitieron un comunicado rectificando la vaina.
Pero, fíjate, para terminar de contarte. Me llegan a buscar a Turiamo, un helicóptero. “Mire —me dijo un Al­mirante—, mire, Presidente…” Cuando me dijo “Presidente”, yo dije: ¡Ay, papaíto!”
—“Mire, Presidente, que me mandaron a custodiarlo, y además, que vayamos a la Orchila, para que esté…” —la Orchila es al norte, tú has ido a la Orchila; te la pasabas allá…
CMDTE. EN JEFE.- Sí, yo he ido ahí. ¿A cuántos kilómetros está?
PDTE. CHÁVEZ.- De Turiamo está…
CMDTE. EN JEFE.- No, de la costa, de la costa.
PDTE. CHÁVEZ.- Está como a 100 kilómetros.
Entonces, yo le digo: “Pero, bueno, Almirante, ¿para qué me viene usted a buscar aquí? Ya yo estoy aquí acostumbrándome con estos soldados aquí, estoy preso aquí, no se preocupe por mí.”
—“No, que allá está mejor, para que esté en la casa presidencial”.
Le dije: “No, chico, no me hace falta, yo me siento bien aquí.”
—“No, pero, mire, es que quieren hablar con usted”.
Yo, tanteando, porque eso era signo de debilidad, pues. Pero yo tanteándolo, ¿no?, a ver hasta dónde.
Entonces, yo le digo: “Pero, ¿qué quieren hablar conmigo? Si ya, cuando teníamos que hablar, no quisieron hablar, les hice una serie de condiciones, propuestas.”
—“No, no, pero es que ya ellos quieren… ahora sí, porque ya la cosa está más clara, quieren que usted se vaya para Cuba”.
Entonces yo le digo: “Mira…”
CMDTE. EN JEFE.- Sí, no quisieron aceptarlo aquella noche, ¿eh?
PDTE. CHÁVEZ.- Anjá, eso le dije yo: Le digo: “Mira, yo, incomunicado como estoy, no sé nada de lo que está pasando, tengo un poco de compañeros presos” —porque ya yo sabía que sacaron al Ministro del Interior, a Rodríguez Chacín, lo sacaron esposado de su casa, al gobernador Blanco de la Cruz lo sacaron de la Gobernación, al diputado Tareck, se lo llevaron siendo diputado, preso y todo—; entonces yo le digo: “Mira, no hay condiciones para que yo tome una decisión. Yo no puedo salir del país, de ninguna manera, dejando gente mía presa. Yo no tengo comunicación con nadie…”
CMDTE. EN JEFE.- ¿Y a qué hora fue eso?
PDTE. CHÁVEZ.- Eso fue hoy, o sea, ayer sábado, ya como a las 2 de la tarde.
CMDTE. EN JEFE.- Sigue.
PDTE. CHÁVEZ.- Entonces, de todos modos yo le dije: “Mira, yo puedo ir, pero llama allá y dile a quien te mandó —un Almirante que había sido nombrado Ministro de Defensa, que está preso ahorita—, dile al Almirante que yo voy sin condiciones. Yo no…”
—“No, porque quieren que usted fir­me la renuncia, y al firmarla usted, lo mandamos para Cuba”.
Le dije: “No, yo así no puedo firmar renuncia ni puedo salir del país, pero entiendo que allá tenemos un teléfono y podemos comunicarnos, así que me interesa que vayamos allá para tener alguna información. Y diles que se muevan ellos para allá, y allá conversamos, para ver qué es lo que ellos plantean.”
Y así lo hicimos.
Entonces, otro detalle bonito: cuando yo estoy vistiéndome ya, entra un soldado, chico, un cabo, entra al cuartico donde yo estaba. Y yo lo veo y me dice: “Mire, mi Comandante, yo soy el cabo Rodríguez, yo soy de Sabaneta.” Un muchacho de Sabaneta que estaba por ahí, de allá de mi pueblo. Y le digo: “Muchacho, ¿y qué haces tú aquí?”
—“Yo soy de la familia Rodríguez, pariente de su tío Antonio Chávez” —que él era Rodríguez también—.
PDTE. CHÁVEZ.- ¡Carajo! ¿Y qué haces tú aquí, muchacho?
Yo tenía años que no lo veía, y él llegó ahí escondido, porque él no tenía permiso para entrar a mi celda, ¿no? Aprovechó que yo pedí café, y se metió con el que llevó el café, el cocinero.
Entonces, me dice: “Mire, mi Comandante, ¿usted renunció?”
Yo le dije: “No, ni voy a renunciar” —le dije—.
Entonces, se para firme y saluda, y me dice: “Entonces, ¡usted es mi Presidente! ¡No vaya a renunciar! —me dice—, que lo vamos a sacar a usted de esa vaina.”
Entonces, yo le digo: “Bueno, okey, me quedan dos minutos aquí. Te voy a pedir un favor.”
—“Lo que usted me diga.”
—“Te voy a hacer un papel, una nota, para que tú…
(Se dirige a otra persona: “Buenas, Pedro, saludos. Saluda a tus viejos, Pe­dro. Okey.”)
Estoy aquí con Pedro, el novio de mi hija Rosa.
(De nuevo se dirige a Pedro: “Vaya, vaya a descansar, Pedro.”)
CMDTE. EN JEFE.- ¡Ah, sí, sí! (Se ríe)
PDTE. CHÁVEZ.- Entonces, él se llevó a los muchachos y los dejó por ahí…
CMDTE. EN JEFE.- Sí, estaban allá en su casa.
PDTE. CHÁVEZ.- Estaban por allá protegidos.
CMDTE. EN JEFE.- El jueves por la noche, y después se fueron para allá para donde está Reyes.
PDTE. CHÁVEZ.- Sí, estaban allá.
Entonces, el muchacho… Yo escribo rápidamente allí, y él me dijo: “Mire, yo no puedo estar aquí un minuto más. Escriba lo que va a escribir, y me deja el papelito en el basurero —en una cesta de papeles, una papelera—, meta el papelito allá abajo, que yo lo busco.” (El Comandante se ríe).
¡Fíjate la faena!
Entonces, yo escribo un comunicado a mano, corto: “Al pueblo venezolano y a quien pueda interesar.”
CMDTE. EN JEFE.- Sí, ese salió por la televisión.
PDTE. CHÁVEZ.- Bueno, chico, entonces yo dejo…
CMDTE. EN JEFE.- Que no he renunciado, y para siempre…
PDTE. CHÁVEZ.- “No he renunciado, ¡para siempre!”
Y firmé la página.
Entonces, yo dejo esa vaina en la papelera, y llegan a buscarme, agarro mis cosas, y me voy. Y, bueno, yo no supe más de ese papel. Yo dije: “Bueno, ese muchacho, ojalá que pueda hacer algo, pero ahí no hay ni fax…” Eso es una zona inhóspita, chico; eso es un comando allá de Marina, lejos, de comandos que entrenan y se tiran en paracaídas. Ahí no hay ni teléfono, ni llega la televisión ni hay fax ni eso. Unos galpones ahí —tú sabes—, de esas unidades de combate que están por ahí metidas en la montaña; una montaña, una bahía montañosa.
Resulta que, cuando yo llego aquí, ¡eso recorrió el mundo, chico! Ese papel, el muchacho lo agarró, yo no sé cómo hizo para salir de aquella montaña, y dos horas después estaba mandando fax a diestra y siniestra (Se ríen), como una ametralladora. Y aquí todo el mundo carga ese fax en la mano como… Ahí lo cargan, y tuve que firmar no sé cuántos ahí. Además de que tiene la firma, le metí otra firma a la gente que pidió le firmara.
CMDTE. EN JEFE.- ¡Qué cosa!
PDTE. CHÁVEZ.- Y ese fax, me dicen que recorrió el mundo.
Pero, fíjate tú qué capacidad de respuesta, ¡vale!
CMDTE. EN JEFE.- Sí, sí.
PDTE. CHÁVEZ.- ¡Una cosa impresionante!
Ahora, llego a la Orchila, Fidel, un vuelo en helicóptero como de una hora, y al rato llega la Comisión.
CMDTE. EN JEFE.- ¿Quiénes fueron allí? ¿Quiénes fueron?
PDTE. CHÁVEZ.- El Cardenal de la Iglesia Católica, uno, que fue uno de los firmantes del decreto napoleónico-mussoliniano ese ridículo que firmaron. Ellos pretendían que con ese decreto írrito iban a borrar de plano una lucha de años, sobre todo la Constituyente, y querían eliminar las 48 leyes habilitantes de un solo plumazo, y que la República no se llamara más Bolivariana, y que no le vendieran más petróleo a Cuba.
CMDTE. EN JEFE.- Eso tiene su historia a contar.
PDTE. CHÁVEZ.- Una vaina… ¡Eso es para la historia, chico!
Esta oligarquía insensata, imbécil e ignorante, no se da cuenta. Ellos se creen su propia mentira, de tanto repetirla, y terminan despreciando la realidad.
Entonces, vienen…
CMDTE. EN JEFE.- ¿Y quién más fue con el Obispo?
PDTE. CHÁVEZ.- Llegó el Cardenal este; un general, pero que es un Fiscal militar, que no tiene ninguna autoridad ni mando…
CMDTE. EN JEFE.- ¿Del Fuerte Tiuna?
PDTE. CHÁVEZ.- Del Ejército, sí, del Fuerte Tiuna.
Y un coronel, que es uno de los que impulsó esta conspiración, que es abogado, enviado, porque es muy amigo de los generales, compañero de ellos.
Bueno, nos sentamos a conversar, pues. Llevaban la renuncia lista.
CMDTE. EN JEFE.- ¿Y qué propusieron?
PDTE. CHÁVEZ.- Bueno, que yo firmara la renuncia —imagínate— con fecha atrasada, con un membrete y como un decreto presidencial.
Bueno, “en el día de hoy…”
CMDTE. EN JEFE.- Aunque ya ni eso los salvaba ya. Ellos estaban derrotados a esa hora ya.
PDTE. CHÁVEZ.- Sí, no, ya estaban haciendo un esfuerzo supremo. Pero me estaban montando una trampa para sacarme del país. Porque me dijeron: “No, ahí está el avión listo. Y, bueno, te vas a Cuba, pues.”
Yo les dije: “No, yo así no puedo, sin información fidedigna de lo que está pasando en el país, yo ni voy a firmar la renuncia —no tengo previsto renunciar—, y mucho menos voy a salir del país. Búsquenme un teléfono para hablar con el Presidente Castro, para coordinar con la familia. ¿Cómo ustedes creen que yo voy a salir del país y dejar a mis hijos, mi mujer, por ahí regados, mis compañeros en prisión?”
—“No, no, que ya los soltamos a todos, no hay ningún preso.”
—“Yo quiero hablar con ellos, yo quiero hablar con Diosdado, quiero hablar por teléfono con Bernal, quiero hablar con Rodríguez Chacín. Sólo si ustedes me permiten un teléfono para hablar con ellos, que me digan, me den información fidedigna, yo pudiera pensar en alguna actividad. Mientras tanto, no me muevo de aquí. Y si me van a dejar preso, me llevan otra vez a Turiamo. Yo no quiero estar preso en esta casa lujosa. No, me llevan a mi prisión…”
CMDTE. EN JEFE.- Pero ellos tenían un avión ahí, creo que tenían un avión ya.
PDTE. CHÁVEZ.- Allí ya tenían un avión, Fidel.
Incluso, yo mandé a investigar lo siguiente, porque José Vicente me dijo ahorita que había un avión norteamericano en la Orchila.
CMDTE. EN JEFE.- Creo que hasta hablaron, tuvieron que hablar con Shapiro ahí. Investiga bien hasta donde puedas, porque había hasta la idea de llevarte a Estados Unidos. Corrió ese rumor también.
PDTE. CHÁVEZ.- Bueno, y entonces, allá en la pista, yo vi el avión, de siglas… Claro, un avión privado, pero de siglas norteamericanas.
CMDTE. EN JEFE.- Era norteamericano.
PDTE. CHÁVEZ.- Entonces, fíjate todo lo que estaban planeando ahí, ¡quién sabe si hasta llevarme a Estados Unidos, o quién sabe a dónde!
CMDTE. EN JEFE.- Ese rumor corrió con fuerza. El rumor. Y a nosotros no llegó nada, nada. Y lo que me pidieron de allí de Palacio —que ya estaba tomado— es que hiciéramos una declaración allí. Hicimos una declaración de inmediato y la divulgamos, de que eso era una mentira más, y que si te llevaban por la fuerza a Cuba, en el avión más rápido que tuviera nuestra línea aérea regresarías de inmediato a Caracas, que te estaba esperando el pueblo. (Se ríen) Hicimos esa declaración.
PDTE. CHÁVEZ.- Pues yo, sin saber nada de eso, les dije algo parecido: “Miren, si ustedes me llevan a Cuba y me están mintiendo, y yo allá me entero entonces de que sí hay gente presa, o de que el pueblo está en las calles, y que la…” Porque entonces me estaban engañando: “No, no, la situación militar está totalmente controlada.”
Les digo: “¿Seguro?”
CMDTE. EN JEFE.- ¿Controlada por ellos, decían?
PDTE. CHÁVEZ.- Sí, decían ellos para engañarme.
Entonces, les pregunté: “¿Y qué pasa con el General Baduel?”
—“No, no, no, ya él aceptó, él está en su cuartel tranquilo.”
CMDTE. EN JEFE.- ¡Qué hijos de puta son!
PDTE. CHÁVEZ.- Sí. “No estoy tan seguro, ponme un teléfono para yo ha­blar con Baduel. Sólo después que me ex­pliquen, yo pudiera considerar.”
Y entonces, ganando tiempo, les hice otro texto…
CMDTE. EN JEFE.- Eso es discutiendo con la Comisión.
PDTE. CHÁVEZ.- Discutiendo con la Comisión.
Entonces, les dije: “Miren, no, yo no voy a firmar nada.”
Entonces después estaban nerviosos, porque parece que Baduel amenazó con irse con unos comandos de paracaidistas en helicópteros que tenía allá, a la Orchila, a rescatarme, si yo no aparecía.
CMDTE. EN JEFE.- Tenía un plan ya, lo tenía.
PDTE. CHÁVEZ.- Ah, sí.
CMDTE. EN JEFE.- Tenía el plan de tomar aquello, sí.
PDTE. CHÁVEZ.- Entoncesme dijo el Almirante…
Desplegaron posiciones de combate allá en la Orchila. Había un grupo pequeño, en verdad, pero, bueno, son comandos también, muchachos muy bien entrenados.
Entonces, el Almirante se me acerca y me dice: “Mire, no vaya a firmar nada. Lo más seguro es que venga Baduel a rescatarlo. Si él viene, aquí no va a haber resistencia, aquí nos iremos con él, y parece que vamos a Miraflores” —me dijo el Almirante, el que estaba conmigo desde Turiamo.
CMDTE. EN JEFE.- Sí.
PDTE. CHÁVEZ.- Bueno, entonces, aquella gente… La situación cambió totalmente. Me ponen a José Vicente por teléfono —ahí sí apareció el teléfono—, llaman a José Vicente y, bueno, entonces, ¡lo increíble! Yo no quería creer: “¿Dónde estás tú, José Vicente?”
—“No, aquí en el Ministerio de la Defensa, que ya lo rescatamos. (Se ríen)
CMDTE. EN JEFE.- Es la primera noticia que tú tienes de toda la situación.
PDTE. CHÁVEZ.- Es la primera noticia que yo tengo, la de José Vicente. Lo demás eran puras informaciones, contrainformaciones, muchas dudas. No, ¡coño!, pero yo decía: “No puede ser que tan rápido hayan retomado…” Bueno, y le pregunto: “¿Y dónde está el supuesto presidente?”
Me dice: “No, está preso, aquí lo tenemos preso, y un poco de generales presos.” (El Comandante se ríe)
—“Pero, ¿es que acaso hubo muertos, hubo batalla?”
—“No, no, ni un tiro, chico, ni un tiro. Una reacción fulminante del pueblo, de la juventud militar, y esta gente corrió como gaticos a esconderse. Los agarramos y ahí están presos la mayoría.”
CMDTE. EN JEFE.- Y ellos… ¿Con qué pretexto lograste que te dejaran hablar con Rangel?
PDTE. CHÁVEZ.- No, porque ya a esas alturas… Ya la Comisión que fue a buscarme cambió totalmente de actitud, y se sentaron allá calladitos los tres, y el Almirante es el que me informa, el Almirante que me estaba cuidando, que me trajo… Él es el Jefe de la Aviación Militar de la Marina. Me llamó aparte y me dijo: “Mire, Presidente, no vaya a firmar nada, no caiga en la trampa. Parece que usted va para Miraflores otra vez esta noche.”
Entonces el hombre empezó a pasarme información, pues, que él estaba obteniendo de su comando. Así que entonces yo me puse fuerte otra vez y empecé a hablar como Presidente, y ellos de una vez: Presidente p’acá, Presidente p’allá.
CMDTE. EN JEFE.- ¿Y cuándo te dieron el teléfono?
PDTE. CHÁVEZ.- Ese teléfono me lo dieron como a la medianoche más o menos, cuando hablé con José Vicente, y después hablé con el Gobernador Blanco de la Cruz, y me pasaron a otro Gobernador: “¡No, jodas, aquí está el pueblo en la calle!” Blanco de la Cruz retomó la Gobernación, él estaba enconchado; se declaró en resistencia en el Táchira y llamó al pueblo a la calle. Y aquel pueblo en la calle… acordonaron la Gobernación de donde lo habían sacado a él a empujones, la Policía, la parte de la Policía que se pasó, entonces, bueno, me dijo… (cambio de cara)
…Caracas.
Bueno, al ratico nos vinimos. Hablé también con Baduel, hablé con García Montoya, hablé con otros generales que estaban con Rangel allí, y entonces, bueno, llegaron cuatro o cinco helicópteros. Los de Baduel llegaron, llegaron los de Baduel llenos de paracaidistas de allá de Maracay.
CMDTE. EN JEFE.- ¡No me digas! (Se ríe)
PDTE. CHÁVEZ.- Y los Carajos. Los Carajos tienen un lema ahora, que es “Lealtad hasta la muerte”.
¡No, jodas, chico! Entonces, se unieron los comandos de la Marina, los comandos de la Fuerza Aérea, los comandos de los Paracaidistas, y nos vinimos en el vuelo triunfal de retorno, y aterrizamos aquí en Miraflores, donde estaba aquel pueblo en la calle…
CMDTE. EN JEFE.- ¿Tú no pasaste por Maracay?
PDTE. CHÁVEZ.- No, pero salgo mañana para allá.
CMDTE. EN JEFE.- ¿Vinieron directo de Orchila para…?
PDTE. CHÁVEZ.- Yo tenía que llegar a Palacio, porque tú sabes que es el símbolo del poder.
CMDTE. EN JEFE.- Sí, sí.
PDTE. CHÁVEZ.- Y había mucha gente.
CMDTE. EN JEFE.- No, pero por una noticia que le dieron a Germán, desde allí de Palacio… Porque hubo mucha confusión, incluso en un momento se dijo que tú estabas herido, y hasta la teoría de que te habían ido a rescatar y habías sido herido. También se habló mucho —eso sí— de que tu habías sido golpeado. Se regó mucho, sí.
PDTE. CHÁVEZ.- Había mucho temor, porque también… No, que le desprendieron el hígado, que no sé qué cosa…
CMDTE. EN JEFE.- ¡Eso también! Que el golpe era en el hígado. Pero tu propia gente por allí estaba con todas esas confusiones. Esas bolas se regaron. Y María se puso terriblemente afectada por el mediodía por la noticia esa.
PDTE. CHÁVEZ.- Pero, ¿tú sabes? Ahora me estoy enterando de que esas noticias eran echadas a rodar por los muchachos míos, que estaban haciendo entonces por teléfono una campaña psicológica, ¿no?, para que la gente, bueno, como que se enardeciera más, ¿no? Que está herido, que lo golpearon, y entonces: “¡Qué aparezca, qué aparezca, qué aparezca!” Entonces, aquella presión del pueblo: “¡Qué aparezca, qué aparezca Chávez!” No sé qué más.
Y, bueno, eso hace que cambien las cosas.
Bueno, llegué aquí y aquí estoy.
El regreso de Chávez a Miraflores en abril de 2002
El regreso de Chávez a Miraflores en abril de 2002
CMDTE. EN JEFE.- Sí, esa parte la vi yo por la televisión, cuando tú llegaste. Y unas imágenes impresionantes, las caras de la gente, la alegría, ¡algo nunca visto, Chávez! Es como para hacer cuadros, pinturas, cuando allí las cámaras sacaban a la gente detrás de una reja. ¡Unas fotos impresionantes! Hay que hacer una película de eso, algo, porque es…
Bueno, ¿y cuándo regresaron la Comisión de los tres?
PDTE. CHÁVEZ.- No, esos vinieron junto conmigo.
CMDTE. EN JEFE.- ¡Ah, vinieron contigo!
Es increíble lo que tú cuentas, ¡es increíble!
Ahora, tienes que investigar qué idea tenían. Pon a alguien que averigüe para dónde te querían llevar. Hay un momento en que hablaron de Santo Domingo, pero ahí había algo en eso, en lo del avión.
PDTE. CHÁVEZ.- No, ahí había algo extraño, sin duda, porque entonces, es una vaina muy extraña…
CMDTE. EN JEFE.- Porque con Cuba no habló nadie, que yo sepa, ni pidió permiso para ningún avión. Tienes que averiguar. Pon a alguien que te investigue qué plan tenían, para dónde te querían llevar.
PDTE. CHÁVEZ.- Sí. Ya yo mandé a investigar eso, pero mañana voy a seguirlo para tener claro eso, a ver hasta dónde es cierto el plan de llevarme a los Estados Unidos.
CMDTE. EN JEFE.- Sí, porque eso es degradante. Hay una perfidia en el engaño que te hicieron, ¡del carajo!
PDTE. CHÁVEZ.- Sí.
CMDTE. EN JEFE.- ¡Fue tremendo!
PDTE. CHÁVEZ.- Utilizando al Cardenal, tú sabes: “No, que yo soy el que va a garantizar la cosa, y que se cumpla…”
CMDTE. EN JEFE.- ¡No me digas!
PDTE. CHÁVEZ.- Le digo: “Tengo razones para dudar de usted también, si yo lo vi a usted ayer firmando el acta esa de Mussolini. ¡Qué vergüenza —le dije— para la Iglesia, Monseñor, usted, que aparenta que habla de democracia, firmando un decreto eliminando Con­greso, Asamblea, Gobernadores, Poder Judicial, Fiscal…”
Por cierto, que unas declaraciones que dio el Fiscal Isaías Rodríguez fueron…
CMDTE. EN JEFE.- Fueron decisivas. Pero como a las cinco de la tarde, las cuatro… Antes, antes, alrededor de las tres.
PDTE. CHÁVEZ.- Fue un rayo de luz.
CMDTE. EN JEFE.- Sí, sí, ese hombre fue valiente, oye, y utilizó una argumentación excelente, p’al diablo. Y muy sereno.
PDTE. CHÁVEZ.- Valiente.
CMDTE. EN JEFE.- ¡Ah!, pero no lo dejaron terminar. Lo engañó seguramente la televisión, porque empezó a hablar pero no lo dejaron terminar tampoco, ni a Lara lo dejaron terminar.
PDTE. CHÁVEZ.- Pero dijo lo que tenía que decir ahí en el momentico. Él dijo: “¿Dónde está la renuncia del Presidente? Yo quiero verla firmada. Y si acaso existiera…
CMDTE. EN JEFE.- Tiene que ser el otro. Y la renuncia tiene que ser ante la Cámara —dijo él—. Argumentos muy sólidos.
PDTE. CHÁVEZ.- Anjá. Entonces, el Vicepresidente es el que tiene que asumir la Presidencia. Pero yo quiero ver la renuncia del Presidente. Me parece que él no ha renunciado.
¡Oiga, aquello dio la vuelta al mundo! Eso fue el primer día. Eso fue un rayo de luz.
CMDTE. EN JEFE.- Sí, eso fue el viernes, alrededor de…
PDTE. CHÁVEZ.- Bueno, yo me voy a Maracay. Voy a Maracay mañana. No vamos a hacer Aló Presidente, porque aquí se perdieron hasta los equipos. Esta gente llegan robando. Se llevaron las cámaras, se llevaron unos equipos, saquearon esto aquí, la parte de telecomunicaciones. Se robaron un poco de cables, saquearon aquí…
¿Cómo sería? En un día saquearon aquí cosas…
CMDTE. EN JEFE.- ¿Qué pasaría si están un mes ahí? (Se ríen)
PDTE. CHÁVEZ.- Acaban con todo esto. En un día se perdieron equipos.
Entonces, vamos a hacer allá, en el comando de los Paracaidistas, donde está Baduel, una rueda de prensa. Estoy invitando a toda la prensa, porque hoy no quise responder preguntas por el tiempo, y porque tenía que salir a hablarle al pueblo al balcón. Entonces les dije que mañana, al mediodía, allá en el comando de Paracaidistas, porque ahora eso se convierte en un símbolo de la contra… Yo le llamo a esto la contra-contrarrevolución.
CMDTE. EN JEFE.- ¡Y de la lealtad y de la audacia, de la inteligencia, de todo ahí!
Ellos estaban perdidos desde que una sola unidad se levantara, porque no tenían fuerzas, porque no hubieran obedecido para atacar a sus compañeros allí. Ellos engañaron… Yo me di cuenta desde el momento en que estaba una unidad, y más una unidad como esa, que no tenían fuerza ya para reprimirla. Estaban perdidos ya desde ese momento.
PDTE. CHÁVEZ.- Sí, es lo que llaman el país virtual. Ellos creían que de esa manera, con una campaña mediática y de manera virtual, iban a desconocer a un país real, combativo —que tú sabes cómo está este pueblo…
CMDTE. EN JEFE.- Sí. Y que los soldados iban a combatir entre sí para defender al tipejo ridículo ese que habían puesto ahí en la Presidencia.
PDTE. CHÁVEZ.- Sí.
CMDTE. EN JEFE.- Creían que iban a morir los soldados e iban a atacar a sus compañeros para esa cosa.
PDTE. CHÁVEZ.- Pero fue una cosa, Fidel, bueno, para hacer historia. Ya yo te mandaré…
CMDTE. EN JEFE.- Hay que reunir todos los datos.
Nosotros vamos a reunir todo lo que tenemos, y reúne tú por allá lo que tú tengas.
PDTE. CHÁVEZ.- Sí, y ahora eso, bueno, hay que leerlo con atención, y darle un impulso nuevo al proceso revolucionario.
Tú sabes que yo decía… el día que salí, por supuesto muy triste, ¿no? ¡Carajo! Allá encerrado solo.
CMDTE. EN JEFE.- Oye, la amargura que nosotros teníamos aquí no era menor que la tuya allá. ¡Era terrible la amargura!
PDTE. CHÁVEZ.- ¿Sabes qué? Yo como… a lo mejor, si al final —yo decía: “Bueno, si tengo que salir al final de Venezuela, pues, me tengo que ir a Cuba. No hay…”
CMDTE. EN JEFE.- Yo pensaba —co­mo te hablaba— que esto sería para más tarde, ¿sabes?
PDTE. CHÁVEZ.- Sí.
CMDTE. EN JEFE.- No podía pensar en una cosa tan fulminante.
PDTE. CHÁVEZ.- No, yo también.
CMDTE. EN JEFE.- Yo dije: “Tienes que preservarte, y tienes que preservar hasta esa gente que son los más leales.”
PDTE. CHÁVEZ.- Claro, si yo pensaba también que, bueno, a lo mejor unos meses, a finales de año… uno tenía tiempo de organizar —tú sabes— una reacción de los patriotas. Pero esta gente…
Yo les dije hoy: “¡Coño!, pero no me dieron tiempo ni de descansar un día encerrado en una celda. Me sacaron muy rápido.” (Se ríe) ¡Qué cosa tan impresionante, vale!
Vamos a recoger evidencias y cosas, imágenes…
CMDTE. EN JEFE.- Yo voy a reunir todo, todo, todo. Porque hice amigos allí, bueno, con toda esa gente a los que…
PDTE. CHÁVEZ.- Claro que tenemos ahora que estar mucho más pendientes… La Inteligencia nuestra, por ejemplo, es muy mala, vale, ¡muy mala! Y los altos mandos militares se portaron muy mal, ¡muy mal! Me taparon cosas. Yo di unas órdenes ahí que, o no se cumplieron, o se cumplieron a medias, o como ellos más o menos las evaluaban. Los tenían presionados estos fascistas. Y entonces, bueno, la tendencia esa era a no tomar decisiones.
CMDTE. EN JEFE.- Te pusieron a la defensiva. Más con el truco de poner militares. Todo fue muy bien pensado por parte de ellos, poner a los militares a hacer declaraciones, a hacer declaraciones. Y fíjate que a favor tuyo, de ustedes, que ni uno solo de esos fue preso.
PDTE. CHÁVEZ.- ¿Quién?
CMDTE. EN JEFE.- De los que hicieron declaraciones. Algo que está a favor de ustedes como argumento es que ninguno de aquellos que hicieron declaraciones, que eran actos subversivos, conspirativos, ninguno de ellos fue preso. Es decir, a diferencia de lo que ellos hicieron en las 48 horas o menos, en 24 horas, la paciencia que han tenido ustedes, como argumento, como prueba de la diferencia que hay entre la humanidad y la generosidad de la Revolución Boliva­riana y lo que los fascistas hicieron en 24 horas.
PDTE. CHÁVEZ.- Así es.
CMDTE. EN JEFE.- ¡Es increíble! Disolvieron el Poder Judicial, el Par­la­mento, se apoderaron de todos los go­biernos, de casi todas las alcaldías.
PDTE. CHÁVEZ.- Yo dije: “¡Pobrecito este hombre! Si a mí me cuesta tanto gobernar, con tantos problemas, teniendo nada más que el Poder Ejecutivo, ¿cómo se hará este pobre hombre echándose encima todos esos poderes?” Pero, en verdad, ellos fueron muy torpes, ¡torpes! Ansias de poder…
CMDTE. EN JEFE.- Y se habrían fajado entre ellos inmediatamente. A los tres días estaban fajados entre sí todos ellos.
PDTE. CHÁVEZ.- No, ya estaban, ya estaban fajados unos contra otros, Generales… Que si el cargo… Entonces, unos que aspiraban a ser jefes y no los pusieron, se pusieron bravos y se fueron, no vinieron al acto. La gente de la CTV tampoco vino, porque quería ser este señor Ortega no sé si Vicepresidente o algo así, y no quisieron. Entonces, empezaron ellos a pelear y a desmoronarse muy rápido.
Pero de verdad que es una jornada para la historia, ¡vale!
CMDTE. EN JEFE.- No, ¡inolvidable! Mira, yo he vivido…
PDTE. CHÁVEZ.- ¡Increíble, inolvidable! Una cosa que hay que ahora darle el tratamiento que se debe, y sobre todo, proyectar ese caso al mundo para que se vea… Porque se ha demostrado, Fidel… Lo que te decía: que yo anoche, el día que salí, el día que salí —un poco triste, por supuesto—, allá en la celda decía: “¡coño!, parece que es verdad que una revolución pacífica es casi imposible, ¿no?, porque ¡cuántos esfuerzos!” Estaba en ese tipo de reflexiones, como dudando, ¿no?, dudando. Y dije: “Bueno, pero yo estoy seguro de que ese pueblo no se va a quedar así, ni esos militares jóvenes, sobre todo.” ¡Pero reaccionaron de inmediato! Yo saliendo preso, y ya ellos estaban conspirando contra lo que quedó por aquí. (Se ríe)
Se metieron en el Palacio y se escondieron por allí en pasillos, en sótanos, hicieron grupos, se comunicaban entre ellos con los cuarteles. Y, bueno, aquello reventó y tomó cuerpo en todo el país.
CMDTE. EN JEFE.- ¡Como hormiguitas trabajaron ellos! Se movieron por todas partes.
PDTE. CHÁVEZ.- ¡Y con un coraje! Bueno, pensaron hacer, incluso… Me dijo uno de los muchachos de la Marina que está aquí conmigo: “Mire, estábamos haciendo un plan, cuatro de nosotros por ahí, para agarrar al viejo este, a Mussolini, y llevárselo para allá para Catia, la zona populosa donde hay como tres millones de personas, las zonas más pobres, y entonces decir: “bueno, vamos a cambiarlo. Hasta que no nos traigan a Chávez no soltamos a este viejito de aquí.”
Gracias a Dios que no hizo falta eso, ¿no? Y todo terminó como ya tú sabes. Lo que pasa es que ahora hay que comenzar a reestructurar muchas cosas, a revisar muchas cosas, ¿no? Correctivos.
CMDTE. EN JEFE.- Muy bien, pues. ¡Me alegro, caramba, que pases un día…! Me alegro que hayas suspendido también eso, porque pienso que tú debías descansar, ¿no? Yo no sé cómo te la ibas a arreglar, pero por suerte se llevaron los equipos esos. (Se ríe)
PDTE. CHÁVEZ.- No, pero voy a ir a Maracay. Tengo que ir allá, y después voy a visitar algunas guarniciones que se mantuvieron leales, algunos pueblos.
CMDTE. EN JEFE.- Oye, tú no sabes qué conmoción produjo eso aquí en el pueblo. Es cuando yo he podido ver hasta qué grado te quiere la gente aquí. ¡Una verdadera conmoción!
PDTE. CHÁVEZ.- Me imagino la tristeza que sentirían.
CMDTE. EN JEFE.- Oye, ¡tú no sabes! Yo pocas veces en mi vida he estado tan amargado como al otro día. Yo quería… Tú sabes que yo siempre he sido optimista y todo, y seguimos en la pelea, porque apenas me levanté al poco rato, me llamó al otro día… Yo estoy durmiendo dos o tres horas, y ese día me acosté también como a las seis; a las nueve me despierto y me pongo a hacer cosas, y a las 10 y dos minutos me llamó María. Así fue.
PDTE. CHÁVEZ.- No, incluso, ¿sabes qué? Yo estaba pensando: “¡Cónchale!, si yo tengo que llegar a Cuba, con qué cara llego yo allá.”
CMDTE. EN JEFE.- Sí, sí.
PDTE. CHÁVEZ.- ¡Oye!
CMDTE. EN JEFE.- Bueno, tú sabes que tú llegabas y un avión a toda velocidad iba para allá. (Chávez se ríe) Claro, en el avión, pero fueron… Hay que investigar bien por qué hicieron toda esa porquería. Porque para mandarte a ti… Sí, por qué hicieron esa porquería, porque hay que pensar cosas peores, intenciones peores.
PDTE. CHÁVEZ.- Sí, yo estoy seguro. Había unas intenciones oscuras, porque yo estoy seguro de que para Cuba no me iban a llevar, estoy seguro. Lo que pasa es que el plan no les dio tiempo, porque fue tan rápido el plan de reacción patriótica, bolivariana… Y yo fui ganando tiempo, ganando tiempo, el documento, que sí, que no, que búsquenme el teléfono. Ganando tiempo, porque yo los veía a ellos en condiciones de debilidad, ¿tú sabes? Por los ojos, ¿no?, en los ojos, se consultaban cosas. Y apurados, estaban muy apurados porque yo firmara un documento. Y yo dándoles larga, dándoles larga, hasta que el Almirante me di­ce: “No vaya a firmar nada, que por ahí como que viene Baduel al rescate.” Y entonces, ahí me dieron a mí, pues, los aires de la victoria.
Pero, claro, esto no es victoria. Yo pienso que esto más bien es una lección, una lección, porque hay que ajustar cosas, hay que tomar unas decisiones que no se han tomado y que…
CMDTE. EN JEFE.- ¿Y dónde está el General que estaba allí en el Fuerte, el que estaba de Jefe del Ejército?
PDTE. CHÁVEZ.- ¡Ah!, ese está preso allá en el Fuerte.
CMDTE. EN JEFE.- Él debe saber el plan.
PDTE. CHÁVEZ.- ¡Claro!
CMDTE. EN JEFE.- Hay que tratar de que se franqueen. Y el otro… Los que te visitaron allá deben saberlo también.
PDTE. CHÁVEZ.- Sí. Ahora yo mañana, pues, comienzo a enterarme, a buscar más detalles y a tomar decisiones.
CMDTE. EN JEFE.- Okey.
PDTE. CHÁVEZ.- Bien, hermano.
CMDTE. EN JEFE.- ¿Y tú crees que te puedas dormir ahora, con la excitación que has vivido hoy?
PDTE. CHÁVEZ.- ¡Oye! Tengo que dormir un rato. Pero es una excitación maravillosa, como que embriaga.
CMDTE. EN JEFE.- Sí, sí. ¡Es increíble!
PDTE. CHÁVEZ.- Es una cosa como un… Ando embriagado, bueno, de amor de ese pueblo, pero sobre todo, Fidel, este es un mensaje de compromiso, es un compromiso con ese pueblo que salió a la calle, sin armas ni nada. Claro, apoyados por los patriotas militares…
CMDTE. EN JEFE.- Pero ellos empezaron por la mañana, desde temprano iba un río para allá de gente, y rodearon el Fuerte. Porque ya había mucha gente.
Bueno, ¡un millón de felicidades! ¡Te lo mereces!
PDTE. CHÁVEZ.- Bueno, hermano, ¡qué gusto haberte oído!
CMDTE. EN JEFE.- Oye, parece que una mano divina te lleva a ti.
PDTE. CHÁVEZ.- Bueno, el pueblo, chico. Dios y el pueblo y, ¿cómo es que tú dices?, ¡Ave María Purísima! (El Co­mandante se ríe) ¡Ave María Purísima, cómo pasó esto!
CMDTE. EN JEFE.- ¡Tremendo!
PDTE. CHÁVEZ.- Pero ahora tenemos que fortalecernos.
Saludos te mandan Rosita y Hugo, que está aquí, ya se durmió la nieta. Estamos todos aquí.
CMDTE. EN JEFE.- ¡Qué bien! ¡Qué sean muy felices!
PDTE. CHÁVEZ.- Dale un saludo a Felipe y a todos.
CMDTE. EN JEFE.- Ellos han estado todos, todos, todos, en esto.
PDTE. CHÁVEZ.- No, yo me imagino qué sufrimiento. Te prometo…
Ahorita me llamó Khadafi por ahí, muy alegre también.
Te prometo que haré todo lo que pueda para no darte otro susto y otra tristeza.
CMDTE. EN JEFE.- ¡Bien! Junto con la tristeza hemos tenido el privilegio de ser testigos de la cosa más extraordinaria que podía imaginarse.
PDTE. CHÁVEZ.- Bien. Y yo de vivirla.
Espero verte pronto, ¿eh?
CMDTE. EN JEFE.- Sí. Tenemos que vernos. ¡Bien!
PDTE. CHÁVEZ.- Bueno, Fidel.
CMDTE. EN JEFE.- Para hablar de todo este tema. Es lo más importante, es lo que nos interesa.
PDTE. CHÁVEZ.- Así es.
CMDTE. EN JEFE.- Okey
PDTE. CHÁVEZ.- Recibe un abrazo, hermano, un abrazo.
CMDTE. EN JEFE.- Un abrazo.
PDTE. CHÁVEZ.- ¡Hasta la victoria siempre!
CMDTE. EN JEFE.- ¡Hasta la victoria siempre!
PDTE. CHÁVEZ.- Un abrazo, hermano.
Bolívar cumplió. Más de cien años después, reencarnado en Chávez, fue fiel al compromiso de volver cuando despierta, esta vez más que nunca, la conciencia del pueblo venezolano.
Por mi parte, no deseaba ocupar un milímetro de las páginas del Granma. Por ello solicité se publicara un tabloide para acompañar al Órgano Oficial de nuestro Partido.
Fidel Castro Ruz
Marzo 27 2014
4 y 40 p.m.