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lunes, 15 de enero de 2018

Venezuela (Videos): Capturan al grupo liderado por el terrorista Óscar Pérez


Oscar Pérez. Foto: EFE.
Cuerpos de seguridad de Venezuela desmantelaron hoy el grupo terrorista liderado por Óscar Pérez, responsable de los ataques armados contra instituciones gubernamentales en junio del pasado año y que pretendía detonar coches bomba en lugares públicos.
“Estos terroristas, quienes estaban fuertemente pertrechados con armamento de alto calibre, abrieron fuego contra los funcionarios encargados de su captura e intentaron hacer detonar un vehículo cargado de explosivos”, indicó en un comunicado el Ministerio de Relaciones Interiores, Justicia y Paz.
El enfrentamiento dejó un saldo de dos agentes de la Policía Nacional Bolivariana fallecidos y cinco heridos graves; así como varios terroristas muertos y cinco detenidos, asegura la nota oficial.
El Ministerio de Relaciones Interiores señaló que el grupo terrorista pretendía explotar coches bomba en lugares públicos y la consumación de otros actos terroristas, los cuales anunciaron en redes sociales y medios de comunicación privados por integrantes de esta banda.
También detalla que los efectivos militares fueron atacados por los terroristas cuando se negociaba las condiciones de la rendición y que los integrantes de la célula violenta hicieron resistencia armada.
Recordó que este grupo criminal es responsable, luego de robar un helicóptero oficial, del ataque con artefactos explosivos y disparos contra las sedes de la propia institución y del Tribunal Supremo de Justicia el 27 de junio del 2017.




: El 28 de junio de 2017, en pleno contexto de una revolución de color violenta auspiciada por EEUU y partidos de extrema derecha venezolana, el ex funcionario del CICPC, Óscar Pérez, atacó desde un helicóptero dos sedes de poderes públicos con granadas y disparos.

Estas acciones pusieron en grave riesgo la vida de personas inocentes, incluso la de niños del preescolar que se encuentra en la sede de la máxima instancia judicial, rememoró en el texto divulgado por la prensa nacional.
Además, atacaron el destacamento de la Guardia Nacional situado en San Pedro de los Altos, población del estado Miranda, en diciembre de 2017, de donde sustrajeron armas de guerra para ser utilizadas en actos contra la paz del pueblo de Venezuela como las referidas anteriormente, refirió la nota oficial.
Otro hecho anexo a la figura criminal de Oscar Pérez ocurrió en agosto de 2017: el Fuerte Paramacay en el estado Carabobo fue atacado en una operación paramilitar denominada "Operación David". Estuvo dirigida por un ex oficial de la GNB, Juan Carlos Caguaripano. pic.twitter.com/nRYVhgiqtu
Óscar Pérez asumió estar vinculado a la "Operación David" y el pasado 19 de diciembre lideró un robo armado Comando de la Guardia Nacional Bolivariana, ubicado en Laguneta de la Montaña, San Antonio de los Altos, estado Miranda. pic.twitter.com/17w5gACfic



Ver imagen en Twitter




El perfil de Óscar Pérez

Óscar Pérez era funcionario del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (Cicpc) y es conocido por haber protagonizado la película Muerte Suspendida, destinada a propagandizar la acción de este cuerpo policial en los jóvenes de los barrios venezolanos, según declaró en una entrevista al diario Panorama del 25 de octubre de 2015 en el marco de la presentación de este largometraje en el que fue fotografiado junto a celebridades de la farándula venezolano.
De acuerdo a este testimonio al diario Panorama, Pérez es “miembro de la Brigada de Acciones Especiales de la institución y jefe de Operaciones Aéreas en la División Aérea”.
Su cuenta de Instagram muestra, por otro lado, una profusa producción y galería de videos en distintas locaciones mostrando sus virtudes “en combate”, manejo de helicópteros y armamento de guerra, mezclando su “carrera artística” con las labores habituales de un efectivo de las fuerzas especiales del Cicpc. Pérez es también apoderado de la Fundación GV Moral y Luces, donde ampliamente se proyecta su figura en actos de beneficencia.
El dato clave que vincula a Pérez con la trama política actual y lo identifica con sectores abiertamente antigubernamentales lo dio el presidente Maduro: Pérez fue piloto del ex ministro Miguel Ángel Rodríguez Torres, quien reconociera horas antes del hecho haber tenido contactos con la CIA mientras reclamaba “el rescate del Estado de Derecho en Venezuela”, en sincronía con los principales dirigentes de la oposición venezolana.
Tras un allanamiento realizado por el Sebin a la vivienda de Óscar Pérez encontraron uniforme militares, según lo informado por la periodista Madelein García.







(Con información de Prensa Latina y Misión Verdad)

domingo, 30 de julio de 2017

Venezuela: ¿La derecha perdió la calle?


Por tercer día consecutivo la realidad no fue la anunciada por la derecha. Según sus voceros iba a realizarse una masiva movilización en Caracas y todo el país: en los hechos el día transcurrió en una tensa calma que finalizó sin las imágenes esperadas y necesitadas por el plan de la oposición. Apenas algunas trancas en el este de Caracas, sin gente, sin legitimidad para la mayoría, casi desesperadas.

Tres días sin lograr elevar el nivel de confrontación es una derrota para una derecha que se propuso -y así todavía lo dice- impedir las elecciones de hoy domingo. Esta era la semana decisiva y se puede decir que no llegarán como habían declarado una y otra vez durante días y semanas.
La respuesta al porqué de esta situación puede buscarse en varios factores. En primer lugar la pérdida de legitimidad de las acciones violentas: parece existir un rechazo a los métodos de la derecha luego de más de cien días de acciones sediciosas.
En segunda lugar, relacionado con el primero, porque la mayoría de la población concibe que la resolución del conflicto político en Venezuela debe ser a través de mecanismos democráticos, como son, centralmente, las elecciones.
En tercer lugar, el bloque de la derecha parece inmerso en disputas internas debido al desacuerdo en cuanto a cómo continuar. Algunos voceros, como Henri Falcón, lo dejaron ver: las puertas al diálogo con el gobierno no están cerradas. Esta posición genera el rechazo de otros dirigentes y de la gran mayoría de la base social opositora: prometieron salir del gobierno de Nicolás Maduro por la fuerza. Cambiar esa posición generaría un costo político para la dirigencia, una pérdida de credibilidad siempre latente. El problema es que nunca tuvieron la correlación de fuerzas necesaria para lograr ese objetivo ¿Estuvieron administrando una mentira hasta hacerse insostenible y tener que negociar?
Lo cierto es tanto las 48 horas de paro, como la jornada del viernes, mostraron a una derecha que bien podría haberse titulado con la novela de Osvaldo Soriano: triste, solitaria y final.
Así como la masividad de la derecha ha sido la ausencia más notoria, también es cierto que mantuvieron acciones violentas focalizadas. Ataques con armas de fuego a fuerzas de seguridad del Estado en varios puntos de Caracas y el país, el ataque a una televisora comunitaria en Táchira, la quema de urnas de un centro electoral en Mérida, el asedio total a pueblos como Cabudare o Cordero. Para nombrar solo algunos ejemplos de lo que se ha dado cada día desde el miércoles.
¿Son parte de sectores desesperados que no aceptan la posibilidad de dialogar, una táctica para sostener la violencia mientras intentan volver a acumular fuerza callejera?
Estas acciones buscan además tener un efecto desmovilizador para el domingo, amedrentar a la gente, asustarla, impedirle el paso, amenazarla con atacarla en caso de ejercer su derecho al voto. Tanto en territorios de fuerte control paramilitar, como en Táchira –donde circulan volantes con las amenazas- como en zonas donde la derecha tiene su base social y ejerce presión y fuerza sobre los vecinos que irán a votar. El miedo como forma de política ha sido una práctica sistemática de la derecha en estos meses.
Esta posición disminuida de la derecha ocurre mientras la preparación para las elecciones de hoy continúan. Ya existe clima electoral en varias partes, cierres de campañas que mostraron fuerza del chavismo, un proceso constituyente que avanza. El desafío clave será lograr una alta tasa de participación, algo que le dará una legitimidad necesaria a la naciente Asamblea Nacional Constituyente(ANC) que será automáticamente atacada desde el frente exterior. Así lo anunció este viernes el presidente de Colombia, Juan Manuel Santos: no reconocerán la ANC.
Lo que está en juego es lograr la resolución del conflicto a través de las elecciones, de la democracia, y no entrar en el escenario de confrontaciónbuscado por la derecha. Esa paz política busca el chavismo, eso parece querer la mayoría de la población venezolana.
El otro objetivo será –a veces relegado por la urgencia ante el asedio – transformar la Constitución para avanzar en el proyecto histórico comenzado en 1999. Esos cambios necesarios ya se debaten en asambleas populares en las comunidades, tomarán toda su dimensión una vez instalada la ANC que tendrá entre sus manos una responsabilidad histórica. Será la segunda vez que ocurra desde 1999. El chavismo ofrece puertas de participación democrática que nunca permitirían en sus países los gobiernos que hoy la atacan.


(Tomado de teleSUR)

lunes, 8 de mayo de 2017

Venezuela en la hora de los hornos

"Bandas armadas destruyen y matan lo que sea ante una policía poco menos que indefensa", dice Atilio Borón sobre la siituación en Venezuela. Foto: Carlos Garcia Rawlins/ Reuters,
“Bandas armadas destruyen y matan lo que sea ante una policía poco menos que indefensa”, dice Atilio Borón sobre la siituación en Venezuela. Foto: Carlos Garcia Rawlins/ Reuters,
La dialéctica de la revolución y el enfrentamiento de clases que la impulsa aproxima la crisis venezolana a su inexorable desenlace. Las alternativas son dos y sólo dos: consolidación y avance de la revolución o derrota de la revolución. La brutal ofensiva de la oposición -criminal por sus métodos y sus propósitos antidemocráticos- encuentra en los gobiernos conservadores de la región y en desprestigiados ex gobernantes figurones que inflan su pecho en defensa de la “oposición democrática” en Venezuela y exigen al gobierno de Maduro la inmediata liberación de los “presos políticos”.
La canalla mediática y “la embajada” hacen lo suyo y multiplican por mil estas mentiras. Los criminales que incendian un hospital de niños forman parte de esa supuesta legión de demócratas que luchan para deponer la “tiranía” de Maduro.
También lo son los terroristas -¿se los puede llamar de otro modo?- que incendian, destruyen, saquean, agreden y matan con total impunidad (protegidos por las policías de las 19 alcaldías opositoras, de las 335 que hay en el país). Si la policía bolivariana -que no lleva armas de fuego desde los tiempos de Chávez- los captura se produce una pasmosa mutación: la derecha y sus medios convierten a esos delincuentes comunes en “presos políticos” y “combatientes por la libertad”, como los que en El Salvador asesinaron a Monseñor Oscar Arnulfo Romero y a los jesuitas de la UCA; o como los “contras” que asolaron la Nicaragua sandinista financiados por la operación “Irán-Contras” planeada y ejecutada desde la Casa Blanca.
Resumiendo: lo que está sucediendo hoy en Venezuela es que la contrarrevolución trata de tomar las calles –y lo ha logrado en varios puntos del país- y producir, junto con el desabastecimiento programado y la guerra económica el caos social que remate en una coyuntura de disolución nacional y desencadene el desplome de la revolución bolivariana.
Reflexionando sobre el curso de la revolución de 1848 en Francia Marx escribió unas líneas que, con ciertos recaudos, bien podrían aplicarse a la Venezuela actual. En su célebre El Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte, describía la situación en París diciendo que “en medio de esta confusión indecible y estrepitosa de fusión, revisión, prórroga de poderes, Constitución, conspiración, coalición, emigración, usurpación y revolución. el burgués, jadeante, gritase como loco a su república parlamentaria: ‘¡Antes un final terrible que un terror sin fin!’”
Sería imprudente no tomar estas palabras muy en serio, porque eso es precisamente lo que el imperio y sus secuaces tratan de hacer en Venezuela: lograr la aceptación popular de “un final terrible” que ponga término a “un terror sin fin.”
A tal efecto, Washington aplica la misma receta administrada en tantos países: organizar la oposición y convertirla en la semilla de la contrarrevolución, ofrecerle financiamiento, cobertura mediática y diplomática, armas; inventar sus líderes, fijar la agenda y reclutar a mercenarios y malvivientes de la peor calaña que hagan la tarea sucia de “calentar la calle” matando, destruyendo, incendiando, saqueando, mientras sus principales dirigentes se fotografían con presidentes, ministros, el Secretario General de la OEA y demás agentes del imperio.
Esto mismo hicieron hace unos años con gran éxito en Libia, en donde Washington y sus compinches inventaron los “combatientes por la libertad” en Benghasi. La prensa hegemónica difundió esa falsa noticia a los cuatro vientos y la OTAN hizo lo que hacía falta. El resultado final: destrucción de Libia bombardeada a mansalva durante meses, caída y linchamiento de Gadafi, entre las risotadas de Hillary Clinton. En Venezuela están aplicando el mismo plan, con bandas armadas que destruyen y matan lo que sea ante una policía poco menos que indefensa.
Por comparación, la ofensiva imperial lanzada contra Salvador Allende en los años setentas fue un juego de niños al lado de la inaudita ferocidad del ataque sobre Venezuela. No hubo en Chile una oposición que contratara bandas criminales para ir por los barrios populares disparando a mansalva para aterrorizar a la población; tampoco un gobierno de un país vecino que apañara el contrabando y el paramilitarismo, y una prensa tan canalla y efectiva como la actual, que hizo de la mentira su religión. Días pasados publicaron la foto de un joven vestido con uniforme de combate y arrojando una bomba molotov sobre un carro de policía y en el epígrafe se habla ¡de la “represión” de las fuerzas de seguridad chavistas cuando eran éstas las que eran reprimidas por los revoltosos!
El vandalismo de la oposición ha provocado decenas de muertes. Foto: Carlos Garcia Rawlins/ Reuters.
El vandalismo de la oposición ha provocado decenas de muertes. Foto: Carlos Garcia Rawlins/ Reuters.
Esa prensa proclama indignada que la represión cobró la vida de más de treinta personas pero oculta aviesamente que la mayoría de los muertos son chavistas y que por lo menos cinco de ellos policías bolivarianos ultimados por los “combatientes por la libertad”.
Los incendios, saqueos y asesinatos, la incitación y la comisión de actos sediciosos son publicitados como la comprensible exaltación de un pueblo sometido a una monstruosa dictadura que, curiosamente, deja que sus opositores entren y salgan del país a voluntad, visiten a gobiernos amigos o a instituciones putrefactas como la OEA para requerir que su país sea invadido por tropas enemigas, hagan periódicas declaraciones a la prensa, convaliden la violencia desatada, se reúnan en una farsa de Asamblea Nacional, dispongan de un fenomenal aparato mediático que miente como jamás antes, vayan a terceros países a apoyar a candidatos de extrema derecha en elecciones presidenciales sin que ninguno sea molestado por las autoridades ¡Curiosa dictadura la de Maduro! Todas estas protestas y sus instigadores están encaminadas a un solo fin: garantizar el triunfo de la contrarrevolución y restaurar el viejo orden pre-chavista mediante un caos científicamente programado por gentes como Gene Sharp y otros consultores de la CIA que han escrito varios manuales de instrucción sobre como desestabilizar gobiernos. [1]
El modelo de transición que anhela la contrarrevolución venezolana no es el “Pacto de la Moncloa” ni ningún pacífico arreglo institucional sino la aplicación a rajatabla del modelo libio. Y, por supuesto, no tienen la menor intención de dialogar, por más concesiones que se les haga. Pidieron una Constituyente y cuando se la otorgan acusan a Maduro de fraguar un autogolpe de Estado. Violan la legalidad institucional y la prensa del imperio los exalta como si fueran la quintaesencia de la democracia. No parece que la rehabilitación de Henrique Capriles o inclusive la liberación de Leopoldo López podrían hacer que un sector de la oposición admitiera sentarse en una mesa de diálogo político para salir de la crisis por una vía pacífica porque la voz de mando la tiene el sector insurreccional.
La derecha y el imperio huelen sangre y van por más, y medidas apaciguadoras como esas los envalentonaría aún más aunque admito que mi análisis podría estar equivocado. Desde afuera, gentuzas como Luis Almagro que emergen cubiertos de estiércol desde las cloacas del imperio orquestan una campaña internacional contra el gobierno bolivariano. Y países que jamás tuvieron una constitución democrática y surgida de una consulta popular en toda su historia tienen la osadía de pretender dar lecciones de democracia a Venezuela, que tiene una de las mejores constituciones del mundo y, además, aprobadas por un referendo popular.
Maduro ofreció nada menos que convocar a una Constituyente para evitar una guerra civil y la desintegración nacional. Si la oposición confirmara en los próximos días su rechazo a ese gesto patriótico y democrático el único camino que le quedará abierto al gobierno será dejar de lado la excesiva e imprudente tolerancia con los agentes de la contrarrevolución y descargar sobre ellos todo el rigor de la ley, sin concesión alguna. La oposición no violenta será respetada en tanto y en cuanto opere dentro de las reglas del juego democrático y los marcos establecidos por la Constitución; la otra, el ala insurreccional de la oposición, deberá ser reprimida sin demora y sin clemencia. El gobierno bolivariano tuvo una paciencia infinita ante los sediciosos, que en Estados Unidos estarían presos desde el 2014 y algunos, Leopoldo López, por ejemplo, condenado a cadena perpetua o a la pena capital. Su mayor pecado fue haber sido demasiado tolerante y generoso con quienes sólo quieren la victoria de la contrarrevolución a cualquier precio. Pero ese tiempo ya se acabó. La inexorable dialéctica de la revolución establece, con la lógica implacable de la ley de la gravedad, que ahora el gobierno debe reaccionar con toda la fuerza del Estado para impedir a tiempo la disolución del orden social, la caída en el abismo de una cruenta guerra civil y la derrota de la revolución. Impedir ese “final terrible” del que hablaba Marx antes del “terror sin fin.”
Maduro convocó a una Asamblea Constituyente, pero la oposición continúa sus violentos. Foto: @PresidencialVen/ Twitter.
Maduro convocó a una Asamblea Constituyente, pero la oposición continúa sus violentos. Foto: @PresidencialVen/ Twitter.
Si el gobierno bolivariano adopta este curso de acción podrá salvar la continuidad del proceso iniciado por Chávez en 1999, sin preocuparse por la ensordecedora gritería de la derecha y sus lenguaraces mediáticos que de todos modos ya hace tiempo vienen aullando, mintiendo e insultando a la revolución y sus protagonistas. Si, en cambio, titubeara y cayera en la imperdonable ilusión de que a los violentos se los puede apaciguar con gestos patrióticos o rezando siete Ave Marías, su futuro tiene el rostro de la derrota, con dos variantes. Uno, un poco menos traumático, terminar como el Sandinismo, derrotado “constitucionalmente” en las urnas en 1989. Sólo que Venezuela está asentada sobre un inmenso mar de petróleo y Nicaragua no, y por eso hay que desterrar el espejismo de que si los sandinistas volvieron al gobierno los chavistas podrían hacer lo propio, diez o quince años después de una eventual derrota ¡No! El triunfo de la contrarrevolución convertiría de hecho a Venezuela en el estado número 51 de la Unión Americana, y si Washington durante más de un siglo ha demostrado no estar dispuesto a abandonar a Puerto Rico ni en mil años se iría de Venezuela una vez que sus peones derroten al chavismo y se apoderen de este país y su inmensa reserva petrolera.
La revolución bolivariana es social y política y, a no olvidarlo, una lucha de liberación nacional. La derrota de la revolución se traduciría en la anexión informal de Venezuela a Estados Unidos. La segunda variante de una posible derrota configuraría el peor escenario. Incapaz de contener a los violentos y de restablecer el orden y una cierta normalidad económica una insurrección violenta aplicaría el modelo libio para acabar con la revolución bolivariana. No olvidar que ahora la número dos del Comando Sur es nada menos que un personaje tan siniestro e inescrupuloso como Liliana Ayalde, quien fuera embajadora de Estados Unidos en Paraguay y Brasil y que en ambos países fue la artífice fundamental de sendos golpes de estado. Una mujer de armas tomar a quien no le temblaría la mano a la hora de lanzar las fuerzas del Comando Sur contra Venezuela, derribar su gobierno y, como en Libia, hacer que una turbamulta organizada por la CIA termine con el linchamiento de Maduro como sucediera con Gadafi, y el exterminio físico de la plana mayor de la revolución. La dirigencia bolivariana, la obra de Chávez y la causa de la emancipación latinoamericana no merecen ninguno de estos dos desenlaces, ninguno de los cuales es inevitable si se relanza la revolución y se aplasta sin miramientos a las fuerzas de la contrarrevolución.

Nota:

[1] El más completo de esos infames manuales escrito por Gene Sharp es De la Dictadura a la Democracia publicado en Boston por la Albert Einstein Institution, una ONG pantalla de la CIA. Sharp se considera el creador de la teoría de la “no violencia estratégica”. Para comprender lo que significa esto, y para comprender también lo que está ocurriendo hoy en Venezuela, aconsejo fervientemente leer ese libro y sobre todo el Apéndice, en donde su autor enumera 197 métodos de acción no violentas, entre los que se incluyen “forzar bloqueos económicos”, “falsificar dinero y documentos”, “ocupaciones e invasiones”, etcétera. Todas acciones “no violentas”, como puede verse.
(Tomado del blog del autor)