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miércoles, 30 de mayo de 2018

Puerto Rico: Huracán María dejó setenta veces más muertos que los reconocidos por el Gobierno

Vista de una zona devastada por el paso del huracán María en Toa Alta (Puerto Rico). Foto: AP.
La cifra de muertes provocada por el huracán María en Puerto Rico asciende a por lo menos cuatro mil 645 personas, 70 veces más que el dato estimado oficial de 64 decesos, según un informe publicado hoy martes.
Difundido en la revista académica New England Journal of Medicine, el informe comparó el número de muertes reportadas en Puerto Rico tras María con la cifra del mismo periodo del año anterior, y encontró una diferencia de al menos cuatro mil 645 decesos.
Los autores del informe precisaron que tal cifra probablemente es una subestimación, y que el número real de muertes provocadas por María podría ser de cinco mil 740 personas. Asimismo, el informe no cuenta el número enorme de personas que emigraron de la isla tras el huracán.
“La tasa de mortalidad se mantuvo alta hasta fines de diciembre de 2017, y un tercio de las muertes se atribuyeron a la atención médica demorada o interrumpida”, señaló el informe titulado “Mortalidad en Puerto Rico tras el huracán María”.
Cofinanciada por la Escuela Chan de Salud Pública de la Universidad de Harvard, la investigación asentó que además de la atención médica insuficiente para enfermos tras el huracán, las muertes en Puerto Rico aumentaron por interrupciones de servicios básicos.
Asimismo, el fallido esfuerzo de recuperación también ha tenido un efecto devastador en la salud mental de las personas que viven en Puerto Rico: los informes de intentos de suicidio en la isla se triplicaron entre noviembre de 2017 y enero de 2018.
Aún el mes pasado, unas 30 mil personas en la isla todavía no tenían servicio eléctrico después del azote de Maria, lo que revela la fallida respuesta del gobierno federal.
Las conclusiones parecen apuntar en sentido contrario a las declaraciones de Trump, quien en octubre pasado congratuló a su gobierno por la respuesta ofrecida a Puerto Rico tras el huracán.
Trump además dijo a las víctimas que deberían estar “orgullosas” porque la cifra mortal en Puerto Rico, entonces calculada por el gobierno en 16 personas, era mucho menor a la causada por el huracán Katrina en Nueva Orleans, donde se registró la muerte de mil 833 personas.
Ahora, la cifra mortal en Puerto Rico, de acuerdo con el documento publicado este martes, es casi tres veces mayor a la provocada en 2005 por Katrina.
(Con información de Notimex)

Estudio cuestiona cifra oficial de muertos por huracán María en Puerto Rico

Las muertes ocasionadas en Puerto Rico tras el paso del huracán María en setiembre de 2017 habrían sido 4.645 y no 64 como sostiene el Gobierno de la isla, según un estudio publicado por la Universidad de Harvard y difundido este martes por el diario estadounidense The Washington Post.
“Nuestros resultados indican que la cifra oficial de muertos -64- es una subestimación sustancial” de las muertes ocasionadas por el fenómeno, sostienen los autores de la investigación, que publicaron sus resultados en el New England Journal of Medicine de la Universidad de Harvard.
Los científicos calcularon el número de muertes tras analizar unos 3.300 hogares en toda la isla y comparar la cifra estimada de fallecidos tras el paso de María con la tasa de mortalidad del año anterior.
La investigación reveló que la tasa de mortalidad entre el 20 de setiembre y el 31 de diciembre de 2017 fue de 14,3 cada 100.000 personas, 62 por ciento más que en 2016, lo que supone 4.645 fallecidos más que lo que señalan las cifras oficiales.
El Gobierno de Puerto Rico fue criticado desde los primeros días tras el paso del huracán, primero por no dar cifras oficiales y luego, una vez que se conocieron los primeros datos, por la sospecha de que los números aportados por las autoridades no se condecían con la realidad, señala el Post.
María tocó tierra en la isla el 20 de septiembre de 2017, con fuertes vientos, tormentas e inundaciones que provocaron muertes, la caída de árboles, severos daños en viviendas y el colapso de los sistemas de electricidad en todo el territorio.
Sputnik

sábado, 30 de diciembre de 2017

Casi la mitad de la colonia estadounidense de Puerto Rico sigue sin electricidad

Es la primera vez que el Gobierno publica estadísticas sobre la energía eléctrica, más de tres meses después del paso del huracán María.
Casi la mitad de los clientes de la compañía eléctrica de Puerto Rico aún no tienen servicio, a 101 días del paso del huracán María por la isla, confirmaron autoridades un hecho considerado como secreto a voces entre la población.
La estatal Autoridad de Energía Eléctrica (AEE) aseguró que poco más de la mitad de los abonados tiene luz después de proseguir la reparación de su sistema de fibra óptica que permite esa contabilidad.
Es la primera vez que la corporación pública especifica que se trata de clientes, porque siempre se refirió a generación de energía, lo que sembró confusión en momentos en que la casi totalidad del país permanecía a oscuras.
“Hasta el momento, la AEE solo podía reportar el porcentaje de generación de energía debido a que la fibra óptica quedó destruida con el paso del huracán”, sostuvo La Fortaleza, sede del ejecutivo, en una declaración de prensa.
Se indicó que la generación alcanzada ahora es de aproximadamente 70 por ciento.
El 55 por ciento de los casi 1,5 millones de clientes ya tienen suministro eléctrico, dijeron funcionarios.
El gobernador de Puerto Rico, Ricardo Rosselló, prometió que para el 15 de diciembre quedaría restablecido 95 por ciento del servicio, mientras el Cuerpo de Ingenieros del Ejército de Estados Unidos ha dicho que el trabajo se completará en mayo de 2018.

“Confiamos que con la llegada de más trabajadores de las compañías eléctricas de Estados Unidos y con un plan actualizado de restauración, veremos un progreso para la reconectar el servicio de energía a todos”, dijo como para aplacar la molestia de las comunidades, que ya han comenzado a manifestarse en las calles.

jueves, 21 de diciembre de 2017

Pobreza, desigualdad y violación de derechos humanos en la colonia de Puerto Rico: el sustrato de la catástrofe

El pasado domingo, 10 de diciembre de 2017, Puerto Rico recibió la visita del Dr. Philip Alston, Relator de las Naciones Unidas para Asuntos de Extrema Pobreza y Derechos Humanos, quien celebró una vista pública en el teatro de la Facultad de Derecho de la Universidad InterAmericana. En la misma Marcia Rivera hizo la presentación que publicamos a continuación, en representación del equipo de trabajo del Primer Informe sobre Desarrollo Humano de Puerto Rico.
Muy buenas tardes, Dr. Philip Alston, Relator de las Naciones Unidas para Asuntos de Extrema Pobreza y Derechos Humanos, distinguidos expertos que lo acompañan, representantes de organizaciones sociales que se encuentran en este cónclave; colegas, amigos y amigas. Soy Marcia Rivera Hernández, economista y socióloga, y hablo en representación del equipo que elaboró el Primer Informe sobre Desarrollo Humano en Puerto Rico; un equipo multidisciplinario de expertos que en forma voluntaria y solidaria nos dimos a la tarea de sentar una base de análisis para comprender dónde está Puerto Rico en cuanto a desarrollo humano; cuáles son sus urgencias y sus desafíos. Hemos analizado a fondo en el primer informe los temas de pobreza, desigualdad, trabajo, salud, educación y cultura; estábamos listos para presentar la versión final cuando se nos instaló la debacle más grande de nuestra historia.
En septiembre de 2017 dos huracanes de máxima magnitud, Irma y María, devastaron el archipiélago de Puerto Rico y develaron con claridad meridiana el conjunto de vulnerabilidades acumuladas durante muchos años. No atender a tiempo los diversos escenarios de fragilidad, que ya eran evidentes, ha llevado a una catástrofe en términos de desarrollo humano. Los datos incluidos en el Primer Informe reflejan la situación del país antes de la debacle. Pero el análisis, así como sus conclusiones, ayudan a captar el alcance de la vulnerabilidad que ya existía en diferentes ámbitos y permiten comprender el porqué de la tragedia, así como calibrar mejor los daños verificados.
Desde mediados de la década de 1970, numerosos estudios habían advertido sobre los nuevos problemas que estaban generando las estrategias económicas que se seguían en Puerto Rico, elaboradas con la anuencia del Congreso de los Estados Unidos, que tiene el poder ulterior sobre todo lo que acontece en este territorio no incorporado de los Estados Unidos.  La mayoría de las situaciones no se atendieron en su debido momento y fueron convirtiéndose en limitaciones serias, en problemas estructurales difíciles de superar, llegando a conformar un denso tejido de vulnerabilidad general para la economía y la sociedad puertorriqueña. Generaron una verdadera crisis multidimensional; fue el sustrato de la trágica catástrofe desatada tras las vientos huracanados de María.
La crisis fiscal creada por la enorme deuda pública, es uno de los problemas más complejos del país porque alcanza unos 72,000 millones de dólares, su crecimiento exponencial fue el resultado de la aplicación de las políticas de los Estados Unidos hacia sus territorios y gobiernos locales.  Por tanto, la misma no es exclusivamente responsabilidad del gobierno o del pueblo de Puerto Rico. Desde 1975 el Informe Tobin ya advertía del peligro del crecimiento de la deuda pública y recomendaba prudencia. En el crecimiento de la deuda jugaron muchos factores, incluyendo un mercado financiero e instituciones estadounidenses que indujeron a gobernantes de Puerto Rico a tomar préstamos; la disponibilidad de fondos federales a los que Puerto Rico desde los años ochenta pudo acceder con relativa facilidad si conseguía pareo; y normativa federal en todos los ámbitos de gestión, que obligó a Puerto Rico a crear nuevos programas para cumplir con determinaciones sobre las cuales nunca fuimos consultados.  Sin duda, no desconocemos que también hubo cuestionables procesos éticos y responsabilidad de los gobernantes que tuvimos, acá en Puerto Rico y en los Estados Unidos. Por todo ello, desde la ciudadanía se ha reclamado con insistencia que esa deuda se audite para determinar la procedencia y legalidad de la misma. La deuda tiene que reestructurarse, cancelando una suma importante, sino toda, dado los intereses usureros que su pago requiere y la forma en que fue generada. El pueblo de Puerto Rico claramente no está en condiciones de asumirla.
Además de la deuda pública, muchos otros problemas siguieron creciendo y complicándose hasta hacerse verdaderamente críticos.  Vale destacar, por ejemplo, que las estrategias de hacer pivotar la economía de Puerto Rico en la manufactura para exportación -instrumentadas con algunas variaciones durante más de 50 años- y el comercio fueron incapaces de generar suficientes puestos de trabajo en el sector privado. Esto llevó a tasas de desempleo altas y persistentes (11.7% antes de los huracanes), a una muy baja tasa de participación en el mercado laboral (apenas un 40% en agosto 2017), a que una tercera parte del total de empleados sólo gane un salario mínimo, y a la percepción generalizada de que el sector público padecía de “gigantismo” (en comparación con el privado) y había que achicarlo, como de hecho se fue haciendo. La progresiva reducción de personal gubernamental fue parte de una política pública neoliberal, que nunca buscó cortar los salarios, beneficios, incentivos a quienes más ingresos generan, sino  recortar puestos de trabajo en las escalas menores de la jerarquía gubernamental. Su resultado era previsible: una estructura gubernamental endeble, insuficiente, incapaz de ofrecer servicios imprescindibles, de llevar adelante controles que deben hacer los gobiernos, y de dar el mantenimiento necesario a la infraestructura del país.  El azote de los vientos de septiembre, y la secuela de adversidad que siguió, pusieron de relieve la precaria capacidad de respuesta del menguado aparato gubernamental de Puerto Rico y contribuyeron a profundizar la multidimensional crisis que ya el país enfrentaba.
En el primer huracán Irma, del 6 de septiembre de 2017, la electricidad falló en muchos sectores del país, pero el 20 de septiembre, con María, el sistema eléctrico colapsó y dejó huérfana de ese servicio a toda la población, en muchos casos durante varios meses, así como a industrias y negocios, escuelas, hospitales, y a las propias instancias gubernamentales y municipales. También cayeron casi la totalidad de las torres de telecomunicaciones y durante semanas la población estuvo sin radio, televisión, celulares y acceso a Internet. Ello significó una enorme pérdida económica, con un monto total estimado entre sesenta y noventa mil millones de dólares. No hay una cifra final todavía porque no tenemos certeza del número de abonados que aún siguen sin electricidad – que son miles- ni un desglose  de cuántos son abonados comerciales y cuántos residenciales. En todo caso, el costo de la recuperación parece rondar o superar el de la deuda pública de Puerto Rico. Ambas cosas, sumadas al estancamiento en el crecimiento económico que se verificaba desde hace una década y que se proyecta al futuro inmediato, hacen pensar que el Puerto Rico que conocimos no volverá a ser igual.  El impacto de esta catástrofe sobre el desarrollo humano ha sido de tal envergadura que obliga a repensar totalmente la dirección de las políticas públicas, la relación de Puerto Rico con los Estados Unidos y las estrategias para una imprescindible refundación del país.
La ausencia de electricidad y de telecomunicaciones trajo consigo pérdida de empleos y de ingresos. Entre los meses de septiembre y octubre 2017, desaparecieron unos 31,600 empleos asalariados no agrícolas, según los datos del Departamento del Trabajo y Recursos Humanos. Los sectores más castigados por la pérdida de empleos en el sector privado fueron turismo (15,800), comercio, transportación y utilidades (7,700), servicios educativos y de salud (3,400), servicios profesionales (2,300) y manufactura (1,200). Pero esta cifra pudiera ser mucho mayor, dado que al 31 de octubre, más de 175 mil trabajadores se mantenían a la espera de notificaciones patronales para retornar a sus puestos, pero la prolongación del período sin electricidad en los negocios y las dificultades con las telecomunicaciones que persisten seguramente significará una reducción en los llamados a retomar sus empleos.
El colapso energético también supuso mayores gastos para familias con cierta capacidad adquisitiva, al tener que comprar comida hecha fuera del hogar, adquirir agua potable, pagar por limpieza de sus hogares y costosas reparaciones, y conseguir fuentes alternas de energía (como lámparas solares, linternas, plantas generadora y pagar el alto costo de gasolina o diesel para hacerlas funcionar. Pero las familias pobres quedaron totalmente desprovistas. La combinación de incremento en gastos cotidianos de las familias con disminución o desaparición de ingresos incrementó significativamente el nivel de pobreza en Puerto Rico en los pasados dos meses.  El Centro de Información Censal (CIC) de la Universidad de Puerto Rico en Cayey estimó que el nivel de pobreza en la Isla aumentó de un 44%, antes de los huracanes, a un 52% tras ellos. Es altamente probable que muchas más personas crucen el umbral y caigan bajo el nivel de pobreza si el proceso de recuperación sigue tan lento como hasta ahora. El CIC afirma que es posible que las 254,905 personas que tenían un ingreso entre 25 y 50% superior al umbral de la pobreza antes de los huracanes también caigan bajo el nivel de pobreza, elevando la tasa potencialmente hasta 59.8%.
Vale resaltar que la población infantil puertorriqueña presenta una grave situación de vulnerabilidad. Cuando se analiza la pobreza por grupos de edad se verifica que antes de la catástrofe actual, los niveles de pobreza de los menores de 17 años era del 57%, encontrándose grandes disparidades regionales y municipios con 70 y 80 por ciento de niños, niñas y adolescentes bajo el umbral de pobreza.   Hoy, con toda seguridad, esa proporción es mayor, lo que nos plantea un desafío al que debe asignársele primera prioridad en el proceso de reconstrucción del país.
La ferocidad de los vientos huracanados destruyó 70,000 viviendas y otras 250,000 sufrieron daños significativos, según los datos ofrecidos por el Departamento de la Vivienda de Puerto Rico.  Hubo pérdidas muy grandes también en edificios públicos, carreteras, caminos, puentes, represas, bosques, parques, cuya recuperación supondrá un esfuerzo gigantesco para las familias y para el gobierno. Hasta ahora no se cuenta con un análisis pormenorizado de costos que conllevará reparar o rehacer viviendas y la infraestructura vial, recreativa y medioambiental.  Tampoco se ha elaborado un plan de reconstrucción integral, con participación de expertos y de los cientos de miles de afectados.  Ni siquiera tenemos un compromiso concreto de ayuda del Congreso de los Estados Unidos para la recuperación. Hasta ahora la ayuda brindada por los Estados Unidos se ha centrado en la limpieza, el restablecimiento de la red energética y la distribución de alimentos a familias necesitadas. Pero será imprescindible poner al país en condiciones de iniciar una ruta de recuperación del crecimiento económico, en el marco de una nueva estrategia de desarrollo integral, coherente y sustentada en la visión de desarrollo humano sostenible. Lamentablemente, respecto a eso, sólo organizaciones de la sociedad civil están hablando y actuando.
La merma en actividad económica tras el paso de los huracanes supondrá una reducción de al menos $1,300 millones de dólares en los recaudos del Fondo General del gobierno para el año fiscal 2017-2018, según ha expresado recientemente el Secretario de Hacienda de Puerto Rico, Raúl Maldonado. Ello quiere decir menos recursos disponibles del presupuesto de Puerto Rico para el funcionamiento del gobierno, lo que seguramente llevará a más restricción del gasto en nómina, reduciendo el ya magro personal que hay, y a contar con muy escasos recursos para la urgente fase de revitalización. Lo dramático de la situación es que Estados Unidos no ha comprometido ayuda relevante, pero tampoco permite que el sistema de Naciones Unidas movilice a sus agencias y a la cooperación internacional para el desarrollo, a fin de que ayuden a Puerto Rico en esta crisis multidimensional de grandes proporciones.
La catástrofe generó numerosos impactos más allá de los económicos. Profesionales de la salud han constatado que este proceso provocó, y sigue generando, altos niveles de angustia personal y colectiva, que se suman a una situación de salud mental colectiva precaria antes de los huracanes. También se han verificado incrementos en afecciones respiratorias debido a la contaminación del aire con partículas patógenas y alérgenos; aumento en enfermedades gastrointestinales por la contaminación de aguas; incremento en suicidios, entre otras patologías generadas o acentuadas por la debacle que estamos viviendo. Todo ello en un marco de un sistema de salud quebrado, asentado en la noción neoliberal de que la salud es un negocio, y que deja a buena parte de la población sin acceso real a este imprescindible derecho humano.
También hubo mayor pérdida de vidas que lo que inicialmente se estimó.  Estas ocurrieron en salas hospitalarias neonatales, de diálisis y de operaciones por falta de electricidad, en números que se han ocultado. En el espacio doméstico se confirmaron muertes por infarto y accidentes cerebro vasculares; también por accidentes en los procesos de preparar las viviendas para el huracán y en el uso de plantas de energía, así como por fuegos, deslizamiento de terrenos e inundaciones, entre otras.   Otras muertes correspondieron al ámbito laboral, mayormente producto de accidentes en tareas de restauración del sistema de energía eléctrica.  El proceso de certificar las muertes y sus causas ha sido fuertemente criticado por la sociedad y no tenemos aún una cifra certera y confiable; pero los estimados del total de muertes relacionadas al paso de los huracanes se acercan al doble del promedio de muertes en un septiembre u octubre “normal” en Puerto Rico. Nuestro cálculo coincide con investigaciones hechas por el Centro de Periodismo Investigativo de Puerto Rico, la cadena CNN de TV y un estudio realizado en la Universidad de Pennsylvania, por el demógrafo Alexis Santos y el epidemiólogo Jeffrey Howard, que ubican la cifra en más de mil muertos, cuando para el gobierno no llegan a 100.
Los desafíos que estamos enfrentando en este momento son enormes y complejos, dada la precariedad económica del país y la imposibilidad de conseguir la ayuda exterior que necesitamos.  La incertidumbre y la desesperanza se han instalado en la mayoría de la población y las opciones de quedarse en tierra boricua les resultan escasas. La fragmentación de familias es evidente; muchas debieron enviar a sus adultos mayores, a sus enfermos, y a menores de edad con necesidades especiales, a lugares fuera de Puerto Rico donde hay electricidad. Es difícil encontrar hoy a una familia en Puerto Rico que no haya sufrido el dolor de ver a uno de sus miembros partir con rumbo incierto hacia los Estados Unidos en busca de mejores perspectivas de vida.
Los datos más emblemáticos del impacto humano de los huracanes Irma y María se revelan al analizar la emigración. Según una proyección reciente del Centro de Estudios  Puertorriqueños de Hunter College, entre 114,000 y 213,000 residentes de Puerto Rico dejarán la isla anualmente después del huracán María. Se estimó que entre 2017 a 2019, Puerto Rico puede perder hasta 470,335 residentes, o el 14% de su población previo a septiembre 2017.  Algunos de quienes salieron tal vez volverán cuando haya regresado la electricidad y mejoren las condiciones laborales,  pero seguramente la mayoría sentará nuevas bases fuera de Puerto Rico. Vale señalar que en el proceso de emigrar podemos encontrar dos variables fuertes: i) las condiciones que efectivamente hay en Puerto Rico, que impulsan a salir;  y ii) las ofertas de atracción que están haciendo algunos estados como Florida, o Nueva York, relacionadas con cambiar el balance de poder electoral en esos estados y con atraer más recursos federales a sus arcas.  En esa lógica, Puerto Rico quedaría irremediable y fatalmente atrapado al convertirse en balón político de la pugna entre republicanos y demócratas por el control electoral de ciertos en los Estados Unidos donde las votaciones son cerradas.
El primer Informe sobre Desarrollo Humano en Puerto Rico da cuenta de que ya antes de los huracanes el país estaba inmerso en enormes contradicciones, paradojas, contrastes y desafíos y presentaba diversos frentes de vulnerabilidad. Ello era evidente en el acceso y distribución de recursos, en la alta proporción de desempleo en el país, las falencias en infraestructura eléctrica y de aguas, el bajo nivel de seguridad alimentaria, así como en la alta proporción de viviendas construidas en zonas de riesgo y sin seguir los códigos requeridos. El azote de los dos fenómenos naturales nos ha hecho retroceder varias décadas y la hoja de ruta para una salida digna requiere de una inversión masiva de recursos, de mucha capacidad de gestión, de frenar las coordenadas de corrupción que abundan, y de repensar colectivamente el qué somos, a dónde queremos ir, y el cómo lo haremos.
No se trata, pues, de poner parchos a la estructura de lo que fue Puerto Rico, de levantar al país como estaba, de negociar la deuda, o de “echar pa’lante”; no.  Hoy se requiere un cambio radical; una mudanza conceptual hacia una estrategia distinta, que sea coherente, integral, sinérgica; que establezca decididamente como prioridad el reducir significativamente la pobreza y la desigualdad social, que desde hace años viene limitando el desarrollo humano en Puerto Rico.  Tenemos que fijarnos metas concretas y crear un proceso de verificación permanente de su cumplimiento. Tenemos que aprender a hacerlo, como lo hacen más de 190 países que pertenecen a las Naciones Unidas y participan de intercambios, acuerdos, talleres que convoca la Organización para asegurar políticas sustentadas en el respeto a los derechos humanos fundamentales. Como bien es sabido, las medias de austeridad que implementan los Estados Unidos, y que se exigen a Puerto Rico, están creando una sociedad donde el 1% de la población tiene acceso ilimitado a todo y la gran mayoría de la población apenas sobrevive. No es esa la sociedad a la que aspiramos las y los puertorriqueños.
Queremos que la búsqueda de la equidad en todas sus dimensiones, junto con la solidaridad, sean el anclaje de la estrategia para lograr una reconstrucción verdaderamente transformadora. Puerto Rico tiene que refundarse – y puede hacerlo- buscando un desarrollo centrado en las personas y asegurando que sea sostenible en el tiempo. Tiene que encaminarse hacia políticas económicas y sociales basadas en la erradicación de la corrupción y el logro de transparencia; en la democracia participativa, el respeto a los derechos humanos, la igualdad de condiciones y oportunidades y la reconceptualización de nuestra relación con la naturaleza.  Poner en marcha una estrategia de desarrollo humano sostenible, integral y diversificada, requerirá mucho diálogo entre actores sociales clave y llevar adelante un proceso formal de concertación social. Quienes conformamos el equipo que generó el Primer Informe sobre Desarrollo Humano en Puerto Rico estamos profundamente comprometidos con ello y lo haremos, ojalá que con su ayuda, señor Relator.
Precisamos, de entrada, que usted pueda comunicar en su informe la necesidad de  lograr una cancelación o reestructuración con quitas muy grandes de la deuda pública de 72,000 millones de dólares que arrastra el país. No podemos pagarla, ni es justo que se nos exija hacerlo porque su generación fue mayormente inducida, porque no ha sido auditada, porque en muchas transacciones medió corrupción, porque sus intereses son usureros,  y sobre todo, porque se hizo a espaldas de la población, sin verificación ciudadana y sin posibilidad de revertirla.
Le solicitamos también que su informe acoja el planteo de la urgencia que reviste desarrollar una estrategia integral, dirigida a corregir los desequilibrios que existen en la economía de Puerto Rico, donde hay un dominio y control casi total de empresas transnacionales estadounidenses, cuya competencia ha reducido la capacidad productiva de las medianas, pequeñas y microempresas locales y han dificultado  el desarrollo de un sector de economía comunitaria y de economía social solidaria. También hay desequilibrios muy importantes entre sectores de producción y de tipos de incentivos que se ofrecen a los empresarios, e inexistencia de cadenas de valor que permitan articular el proyecto económico en su conjunto. Es evidente que se ha pagado un precio demasiado alto por esos desequilibrios y que para alcanzar un desarrollo humano sostenible, integrado y bien distribuido, se precisa generar una nueva ecuación.
Para avanzar en el objetivo de refundar a Puerto Rico sobre bases sólidas y sustentables, se necesitará también atender los reclamos de descolonización y de libre determinación que ha hecho la población puertorriqueña, a fin de llegar a un acuerdo final sobre cuál será la relación con los Estados Unidos y definir cómo se daría una transición a partir de esta coyuntura. Desde hace más de cuarenta años, el Comité de Descolonización de la Organización de Naciones Unidas ha aprobado sendas resoluciones llamando a la Asamblea General a tratar el caso colonial de Puerto Rico, sin que ello haya ocurrido. Estados Unidos siempre ha logrado detener la consideración del caso de Puerto Rico por parte de la Asamblea General de la ONU, aduciendo que eso quedó resuelto en 1952 cuando se creó el Estado Libre Asociado y  Estados Unidos quedó eximido de someter informes anuales sobre Puerto Rico. Pero desde entonces el control federal sobre una enorme diversidad de asuntos en Puerto Rico se ha expandido y afirmado consistentemente. Y lo sigue haciendo, como evidencian la aprobación de una Junta de Control Fiscal bajo la ley PROMESA para atender el asunto de la deuda pública en Puerto Rico y el propio manejo de la emergencia tras el huracán María desde septiembre.  El poder ulterior sobre Puerto Rico como un territorio no incorporado se ha reafirmado también a través de decisiones recientes del Tribunal Supremo de los Estados Unidos de América, hecho que limita seriamente la capacidad de tomar acciones autónomas sobre el futuro que se desea construir.
De hecho, como evidencia de ese proceder, tan reciente como la semana pasada, el Senado de Estados Unidos aprobó una reforma contributiva que va a reconfigurar la relación económica entre Puerto Rico y los Estados Unidos y afecta muy negativamente a nuestro país. Lo hizo sin la más mínima consulta y sin consideración de las necesidades de Puerto Rico.  Los análisis preliminares que hemos hecho apuntan a que las políticas que han promovido la actividad económica en Puerto Rico en el pasado, quedarán totalmente sepultadas,  al punto que los productos que se envíen a los Estados Unidos tendrán que pagar, por primera vez, una cuota de importación de 20%.  Puerto Rico, como usted bien sabe distinguido Relator,  no tiene un foro al cual acudir para presentar un reclamo sobre esta arbitrariedad. No lo tiene porque somos un “territorio no incorporado” de los Estados Unidos, y la Organización de Naciones Unidas se ha hecho de la vista larga de la dura realidad de que seguimos siendo una colonia del país que, precisamente, más resiste a la ONU.
Quiero reiterar que las condiciones de vulnerabilidad general previas al huracán plantearon una seria amenaza básicamente por dos razones: i) la falta de poderes que tiene Puerto Rico para construir una estructura económica guiada por principios de desarrollo humano sostenible; y ii) las severas medidas de austeridad neoliberal tomadas desde 2009, que redujeron las posibilidades reales de bienestar de la gran mayoría de la población y dejaron una estructura de gobierno sumamente débil, incapaz  de dar el mantenimiento adecuado a la infraestructura del país. Ambos factores llevaron a que la vulnerabilidad general del país se convirtiera en situación de altísimo riesgo frente a un desastre natural y a que la catástrofe se instalara cuando los vientos comenzaron.
Finalmente, señor Relator, como equipo insistimos en que no podrá haber un proyecto exitoso de desarrollo humano sostenible si Puerto Rico no corrige sus vulnerabilidades económicas y sociales, si no logra regenerar su quehacer político y poner en marcha un proceso de descolonización serio, monitoreado por las Naciones Unidas. Puerto Rico no podrá dejar de violar derechos humanos si no repiensa  su estructura institucional y su sistema de partidos. Pero también, si no resiste con fuerza el flagelo de la corrupción en la administración pública, que se verifica en Puerto Rico y también en los Estados Unidos. Queremos fundamentar el renacer de este país en la ética, la equidad y la solidaridad.
La catástrofe de septiembre de 2017 demostró que el mayor activo de Puerto Rico es su gente. En medio de la devastación y sin comunicaciones, ni posibles contactos con el mundo más allá del perímetro familiar o del vecindario, la gente salió a la calle a enfrentar la nueva adversidad, abriendo caminos, sacando escombros, con la autogestión y el intercambio solidario como únicos instrumentos para comenzar a labrar otro futuro. Los puertorriqueños hemos aprendido a ser fuertes a fuerza de palos que nos ha dado la historia; tenemos capacidad y condiciones de reinventarnos – lo ha debido hacer muchas veces.  Pero la comunidad internacional tiene que estar informada de la situación que estamos viviendo y la Organización de Naciones Unidas debe comenzar a actuar sobre el caso de Puerto Rico.  Es sumamente injusto que el Congreso de los Estados Unidos de América, en el marco de sus obligaciones de poder ulterior,  no haya adoptado a esta fecha las medidas necesarias e impostergables para apuntalar los esfuerzos que, contra viento y marea, estamos desplegando en Puerto Rico para construir un futuro más digno, equitativo y humano para, por y con nuestra gente. Su informe, distinguido Relator, avalando estos reclamos sería muy importante para nosotros. Muchas gracias.

martes, 19 de diciembre de 2017

Ciudadana capta en foto cómo policías municipales, en San Juan, son obligados a comer en la calle

Foto

Una conductora captó una foto que ha dejado ver la condición de maltrato que han venido denunciando los policías municipales de San Juan desde mucho antes del huracán Irma.

Al comisionado de la policía de la capital, Guillermo Calixto, y la alcaldesa Carmen Yulín, no les ha importado el trato inhumano hacia los policías que llevan trabajando 13 horas y sin días libres desde los huracanes. No les han pagado las horas extras, tampoco el bono de navidad ni la deuda de horas de enfermedad. Para colmo, los policías asignados a dar tránsito no son relevados para consumir sus alimentos, por lo que están obligados a comer en plena avenida valiéndose de sus propios recursos.

Aunque en los primeros días de la emergencia la alcaldesa otorgó un contrato millonario para suplir comida a los empleados municipales, esto se acabó pasada las primeras dos semanas desde el huracán. Las botellas de aguas que se les suplían a los policías que trabajan jornadas de 12 horas dejaron de llegar, esto a pesar de que en el Coliseo Roberto Clemente la alcaldesa mantiene toneladas de cajas de agua embotellada.


Para colmo, ayer una conductora captó cómo un policía, que no recibe relevo, parte a comer. Este tenía que agacharse en plena avenida para consumir alimentos. Esto causo tal indignación en la ciudadana que colgó un mensaje en las redes sociales, que ha conmovido a muchos.



Así las cosas; la alcaldesa que gastó casi 50 mil dólares en fotógrafos para que le tomaran fotos mientras “llevaba ayuda luego del huracán” no se ha pronunciado para nada en contra o a favor del trato que se les está dando a sus policías.

#Asínosepude

Opine usted.

jueves, 26 de octubre de 2017

Puerto Rico enfrenta genocidio

una colonia de los Estados Unidos, donde sin piedad el sistema más sangriento oprime a una población desesperada desprovista de recursos materiales.
genocidio


Lo que está ocurriendo ahora en Puerto Rico solo puede describirse como genocidio, ¡simple y llanamente!
Los huracanes Irma y María han descubierto la realidad puertorriqueña para que el mundo la vea: la crueldad asesina y obscena del capitalismo desnudo reflejado en la subordinación de un territorio poblado, una colonia de los Estados Unidos, donde sin piedad el sistema más sangriento oprime a una población desesperada desprovista de recursos materiales.
Así como los rayos X descubren lo que esconden los tejidos blandos, los huracanes han demostrado las terribles condiciones de miles de familias, que viven en la pobreza y sobreviven en viviendas inseguras que bordean las impresionantes laderas de las montañas, cubiertas por el exuberante verdor de esta región tropical. Ahora, con la vegetación derribada, han salido a la luz los olvidados y desesperados, demostrando que el sistema no ha logrado proteger a su pueblo.
Y si María aplastó la vegetación, han sido los planes de “recuperación” tanto del gobierno de Estados Unidos como de su subordinada administración puertorriqueña los que han causado la mayor devastación. El lema “Las acciones hablan más que las palabras” seguramente resume la situación.
Incluso se podría pensar que este es un plan bien ejecutado para destruir a Puerto Rico tal como lo conocemos, diezmar su población e imponer una agenda extranjera para beneficiar al capital, sin tener en cuenta las voces de las/os residentes. El plan “desmantela” y reestructura a Puerto Rico en beneficio de unos pocos – capitalistas.
Echemos un vistazo a una de las áreas para ilustrar esto.
Sector energético en juego
De todos los sectores, la electricidad es la más crucial. En esta isla tropical donde la ventilación y la refrigeración juegan un papel determinante para mantener los alimentos y los medicamentos a una temperatura segura, la pérdida de electricidad afecta a toda la población. Ninguna industria, ni hospitales, puede funcionar sin ella. Ya muchas personas han muerto por falta de electricidad para alimentar dispositivos que salvan vidas. La falta de electricidad también disminuye la capacidad de mantenimiento y suministro de agua potable.
Aunque se ha restaurado algo de energía eléctrica mediante el uso de generadores, hay muy pocos para mantener la energía necesaria y no todo el pueblo tiene acceso. Funcionan principalmente con diésel, que a su vez es más caro y depende del envío desde los EUA.
Después de la tormenta, el daño de las torres y los cables de energía caídos prevaleció. Pero no solo eso. La falta de materiales en el inventario expuso el plan fallido propuesto por la firma estadounidense Alix Partner, un plan por el cual la empresa eléctrica nacional, PREPA, contrató pagando alrededor de $45 millones.
Ese plan era “reestructurar” la agencia de energía eléctrica para pagar su parte de la deuda pública, que es de $9 mil millones. Esto significaba mantener un mínimo de inventario, desde el combustible hasta los postes, para mantener el presupuesto bajo. Este “ahorro” resultó ser no solo un error, sino una acción criminal contra el pueblo de Puerto Rico.
El sindicato de trabajadores de la electricidad, UTIER, había criticado repetidamente esta movida. UTIER decía que dado que Puerto Rico es una isla, solo podría obtener los materiales necesarios a través del envío por barco, lo que se entorpecería en situaciones de tormentas, algo que es ordinario en el Caribe. Exactamente.
Incluso antes de la promulgación de la ley PROMESA que impuso una Junta de Control Fiscal para hacer pagar al pueblo boricua la deuda ilegítima de $74 mil millones, hubo intentos de privatizar la AEE. PROMESA lo convirtió en uno de sus objetivos.
Trabajadoras/es sindicales se oponen a la privatización
Ahora, después de que María llegó a la isla, el gobernador Ricardo Roselló, bajo la dirección del Cuerpo de Ingenieros del Ejército de los EUA, el cual fue impuesto a Puerto Rico para restaurar el sector energético, contrató a varias empresas estadounidenses con el objetivo de privatizar la AEE a pesar de la firme oposición de los trabajadores de la UTIER.
El gobierno se niega a encender la planta de Palo Seco en la costa norte, cerca de San Juan, con la esperanza de que la desesperación del pueblo los obligue a aceptar la privatización. La planta de Palo Seco podría proporcionar la estabilización necesaria del sistema en esa área mientras se repara el resto.
En esta área se encuentra el Centro Médico de Río Piedras, el principal centro médico del país, donde se atienden los casos más severos de todo el archipiélago. Desde que se volvió a conectar la electricidad después de María, el Centro Médico ha perdido la energía eléctrica cuatro veces debido a la inestabilidad.
Ricardo Santos, ex presidente de la UTIER, ha expuesto estas interrupciones en cada programa de TV, radio e incluso en Facebook, y propuso un plan que podría evitar las interrupciones del servicio. Su solución y la de UTIER es encender la planta de Palo Seco, que se apagó antes que Irma y María con la falsa excusa de que no podía soportar un viento de 40 millas por hora.
La planta está en pie y operacional. Según Santos, el gobernador anunció un contrato con Weston Solutions para instalar un generador diesel para la región de Palo Seco que produciría 50 megavatios a un costo de $35 millones en alquiler por seis meses. En cambio, indicó Santos, dos unidades de la planta de Palo Seco podrían proporcionar tres veces más de energía, 150 MW, a un costo mucho más bajo.
Estados Unidos rechaza ayuda de Cuba, Venezuela, México
Otra acción criminal ha sido la negativa del gobierno de aceptar los servicios de la Asociación Americana de Energía Pública (APPA por las siglas en inglés), con sede en Washington, DC. Un artículo publicado el 6 de octubre en eenews.net informa que la APPA dijo: “En lugar de activar un acuerdo de ayuda mutua que podría haber acelerado el tiempo de recuperación, la empresa recurrió a Whitefish Energy Holdings, un pequeño contratista con sede en Montana, para coordinar la ayuda externa. La AEE no ha dado ninguna explicación para esa decisión”.
Al mismo tiempo, Estados Unidos ha rechazado la ayuda ofrecida por Cuba, Venezuela y México. El Sindicato Mexicano de Electricistas, el SME de México, que tiene vínculos fraternales con la UTIER, había ofrecido una brigada de trabajadores especializados. Cuba ofreció un hospital móvil con 35 médicos y otra brigada de electricistas. Venezuela ofreció un barco cargado con el tan necesario diesel. El gobernante colonial rechazó todas estas ofertas.
Mientras tanto, la “ayuda” de los EUA, la infame Agencia Federal para el Manejo de Emergencias – FEMA por sus siglas en inglés – el ejército, la policía y los contratistas, no están proporcionando lo que necesitan las personas más pobres ubicadas en lugares remotos de las islas.
Debido a la falta de comunicación, que incluye televisión, radio e Internet, la mayoría del pueblo boricua no tiene conocimiento de lo que sucede más allá de su vecindario. Muchas personas sospechan que los gobiernos de Estados Unidos y Puerto Rico han retrasado intencionalmente cualquier solución para mejorar la comunicación, de modo que puedan imponer cambios en las reglas que de otro modo habrían sido inaceptables y protestados por el pueblo y las organizaciones progresistas.
Uno de estos cambios es que el gobernador emitió una orden ejecutiva suspendiendo todos los contratos de negociación colectiva hasta el 28 de octubre. ¡No dio ninguna razón!
FEMA, el personal de “ayuda” juega mientras las/os puertorriqueños sufren
Rosa Clemente, una organizadora de la comunidad Boricua, periodista y artista de hip-hop que vive en la ciudad de Nueva York, fue a Puerto Rico para cubrir la situación, y asegurarse de que una persona Boricua progresista enviara informes desde la isla.
El 15 de octubre, Clemente fue al lujoso Hotel Sheraton frente al Centro de Convenciones donde el gobierno instaló el Centro de Comando, para registrar y transmitir desde el lobby lo que estaba sucediendo.
Lo que mostró fue escandaloso: el personal de FEMA, los militares de los EUA Y los contratistas, pasaban un estupendo rato, bebiendo, bailando, comiendo comida maravillosa y escuchando a un DJ tocar los últimos éxitos musicales. Mientras la gente moría de hambre en las montañas, moría de sed y falta de cuidado, se esforzaba por reparar lo poco que quedaba de sus casas, las personas presuntamente enviadas para ayudarles, en cambio retozaban en un hotel con aire acondicionado.
Si bien este artículo se ha centrado en la electricidad, debemos al menos mencionar la gravedad de otros problemas.
En términos de salud, la posibilidad de enfermedades transmitidas por el agua y por los mosquitos es una realidad. Ya han muerto personas por leptospirosis, una infección benigna en tiempos normales, causada por la orina de ratones y otros animales. Las inundaciones masivas en las que abundan los cadáveres de animales, junto con la falta de agua limpia para una higiene adecuada, han creado este último problema de salud.
El gobierno de EUA envió un “hospital flotante”, el USS Comfort, con 900 empleados y sofisticadas máquinas de salud e instalaciones quirúrgicas. Puede ver 1.000 pacientes por día. Pero desde el 3 de octubre, cuando llegó frente a la costa de San Juan, se han visto menos de 100 pacientes.
Las/os pacientes primero deben ser vistos en el Centro Médico de Rio Piedras, donde esperan durante horas, o días, para ser referidos al barco y ser entonces atendidos allí.
La burocracia también se extiende a la “ayuda” de FEMA. En un país de habla española, se requiere que una persona complete una solicitud larga en inglés. FEMA dice que las personas pueden llenar las solicitudes por internet o por teléfono. Por supuesto, tanto el internet como el teléfono son casi inexistentes ahora.
Otro crimen que debemos mencionar es el agua tóxica que se encuentra en sitios de “superfund”, es decir, agua muy contaminada. Según un informe de la CNN, esta agua se está distribuyendo a las personas.
Han pasado 119 años desde la invasión estadounidense a Puerto Rico. Su explotación ha destruido los medios de autosuficiencia del país, su economía. Ha aislado a Puerto Rico del mundo, imponiendo un sistema monetario extranjero y la marina mercante más cara del mundo como su forma exclusiva de comerciar.
Después de envenenar el agua, el aire y el suelo con bombardeos militares y fábricas farmacéuticas y petroquímicas, después de la represión del movimiento independentista puertorriqueño, después de la esterilización forzada de mujeres, después de la migración forzada y la separación de familias, después de estos y muchos más crímenes, Estados Unidos tiene una obligación con el pueblo puertorriqueño.
No es caridad, ni siquiera “ayuda”. ¡Es una deuda que tiene con el pueblo boricua! ¡Son REPARACIONES!
¡Cancelar la odiosa deuda!
¡Abrir las fronteras a la solidaridad internacional!
¡Revocar las leyes Jones y PROMESA!
¡Militares y FEMA fuera de Puerto Rico!
¡Ayuda y asistencia real para el pueblo boricua!
¡Libertad para Puerto Rico!
¡Todo el poder para el pueblo!

miércoles, 18 de octubre de 2017

Las únicas cenizas que queremos son las del coloniaje de Puerto Rico

Por José M. López Sierra – New York City
Oprima el siguiente enlace para ver un video sobre la lucha del pueblo deBorikén en su isla y en el exilio para lograr la descolonización de su patria:
Nuestra victoria vendrá cuando logremos orientar a nuestro pueblo de la historia que el imperio estadounidense nos ha ocultado para que pensemos que no podemos sobrevivir sin él. Pero ya mucha gente se ha dado cuanta que lo que el gobierno de Estados Unidos quiere es sacarnos de Puerto Rico para quedarse con nuestro territorio nacional.

¡Únete a la resistencia tan pronto te des cuenta de su plan, porque los que quieren robarte tu territorio nacional no creen en la LIBERTAD Y EN LA JUSTICIA PARA TODOS!

lunes, 16 de octubre de 2017

Puerto Rico: Algo no me cuadra con María

Benjamín Morales
Estamos a casi cuatro semanas del paso del huracán María por Puerto Rico. Poco menos de un mes ha pasado ya desde que el salvaje ciclón se empecinó con nosotros y provocó los mayores destrozos que hayamos sufrido nunca en nuestra isla.
En estos 30 días hemos visto de todo, desde un Puerto Rico completamente desnudo, desorganizado, vulnerable y desesperanzado, hasta un colectivo que ha aumentado sustancialmente los niveles de solidaridad, ha afianzado la nacionalidad puertorriqueña e incrementado considerablemente la frecuencia de las conversaciones entre vecinos que apenas se dirigían la palabra antes de la emergencia.
En el medio de esos dos polos hemos experimentado, igualmente, un catálogo de historias positivas o negativas que recopilarlas y ponerlas juntas resultaría imposible para el más eficiente de los historiadores.
También, claro está, hemos vivido los terribles desaciertos de dos gobiernos –el local y el federal- que evidentemente no saben cómo enfrentarse a un desastre de esta magnitud, lo que ha provocado el desasosiego de miles de personas que han visto decaer su calidad de vida a niveles insospechados y ha provocado una crisis humanitaria en la cual, al final del camino, contaremos los muertos por cientos.
¿Qué es lo que ha fallado? ¿Por qué estamos aquí?
Esas preguntas tienen una respuesta esencial y su raíz está en la crisis del sistema eléctrico del país. Mientras el 90 por ciento de la isla se mantenga a oscuras, el drama humano que vivimos no hará otra cosa que agudizarse y agudizarse.
La raíz de la mayoría de los problemas que tenemos hoy, desde la incomunicación hasta las muertes en los hospitales, tiene su punto de partida en la falta de electricidad. Y me parece inconcebible que a estas alturas sólo el 10 por ciento de la isla tenga energía, por lo que aquí algo no me cuadra.
La semana pasada viajé a la zona de Punta Santiago en Humacao. Allí me crucé con unos empleados de la Autoridad de Energía Eléctrica (AEE) que tomaban un descanso en sus largas jornadas de trabajo. Su tarea no era levantar postes o tender cables, tenían una asignación mucho más sencilla: recoger material que sirviera para poder ponerle la luz al hospital Ryder, cuya planta eléctrica colapsó.
“¿Recogiendo material?”, les pregunté medio confundido. “Sí, el material se acabó y estamos reciclando lo que encontramos en la calle”, me respondió uno de los obreros con un rostro de esos que pulula entre la vergüenza ajena y la pena.
¿Cómo es posible que la AEE no tenga material para, por lo menos, levantar el 50 por ciento del tendido eléctrico del país, de modo que se reactiven las actividades esenciales de la economía, el gobierno y la empresa privada?
Vuelvo y repito, a mí algo no me cuadra. Muchos amigos me han pedido que contraste lo que pasó en Puerto Rico con María con lo ocurrido en Cuba con Irma.
Dejando claro que fueron dos huracanes muy distintos, pero con efectos demoledores más o menos parecidos en ambos países, llama la atención que Cuba, a 20 días del paso del ciclón, contaba con una restitución del 99 por ciento de las operaciones eléctricas dañadas por Irma. Ese 1 por ciento se registra en pequeños pueblos costeros que fueron básicamente barridos por la marejada ciclónica de la tempestad.
He constatado ese dato personalmente, porque por acá ando, y he conversado con gente seria que vive en distintas partes del país o que tiene familia en las provincias y me han dado fe de que allí hay corriente.
¿Cómo es que en Puerto Rico no hemos podido, a casi un mes, levantar más de un 10 por ciento de nuestra capacidad?
Algo no me cuadra con María y está claro que Puerto Rico no se levantará hasta que el sistema eléctrico se restituya, una realidad que a los dos gobiernos a cargo parece importarles poco.

jueves, 12 de octubre de 2017

Puerto Rico. Enmascarados y con armas largas: empresas militares de seguridad merodean las calles de San Juan

Entre las empresas que tienen oferta para venir a la isla luego del huracán María se encuentra Academi, antes conocida como Blackwater.
Blackwater
Es la mañana del 7 de octubre y un hombre detiene el tránsito en la calle Antonsanti en Santurce, detrás del edificio de Ciudadela. Tiene puesto un casco, gafas, el rostro cubierto con pasamontañas, chaleco con municiones, guantes, straps plásticos de los que se usan en arrestos, botas, pantalón camuflado con rodilleras, cuchillo y pistola. En la mano lleva una ametralladora. No tiene placa ni identificación.
Trabaja para una empresa privada de seguridad que contrató el dueño del complejo multiusos Ciudadela, Nicholas Prouty, quien la semana pasada dijo al Centro de Periodismo Investigativo que recurrió a ese servicio luego del paso del huracán María.
“Con una reducción sustancial del número de policías en las calles (debido a la reasignación de recursos del gobierno para proteger el diesel y las cadenas de suministro), y la mayoría de las luces de las calles dañadas, Ciudadela ha tomado las medidas necesarias para hacer sentir a sus residentes y arrendatarios comerciales seguros”, dijo Prouty en un correo electrónico. No quiso revelar el nombre de la compañía de seguridad.
¿Para quién trabaja?, le preguntó el CPI al hombre armado que estaba en Ciudadela.
“Trabajamos con el gobierno”, contestó.
¿Con cuál división?
“Es una misión humanitaria, estamos ayudando a Puerto Rico”, dijo en español masticado.
¿Y por qué tiene la cara tapada?
“Porque si yo mañana voy con mi hija a comer a Burger King y alguien me identifica me puede matar”, contestó.
Otros dos hombres con indumentaria militar apostados en otra esquina de Ciudadela dijeron que trabajaban para una compañía privada, pero tampoco revelaron el nombre.
¿Por qué tienen la cara tapada?
“Porque queremos”, dijo uno de ellos alzándose el pasamontañas hasta la nariz para cubrirse mejor. En la mano tenía un arma larga: una escopeta plateada.
El CPI preguntó a Héctor Pesquera, secretario de Seguridad Pública de Puerto Rico, si se expidió un permiso especial para portación de armas largas a compañías de seguridad privada tras el paso del huracán María. “Estamos bregando con eso”, contestó al salir de una conferencia de prensa en el Centro de Convenciones. Al mostrarle la foto de los hombres que prestan seguridad en Ciudadela, dijo, “eso pueden ser militares”, y se retiró con prisa por la parte de atrás de la tarima de un salón en el Centro de Convenciones en San Juan, donde el gobierno de Puerto Rico montó su Centro de Operaciones de Emergencia (COE) luego del huracán María.
¿La ley federal de armas permite a guardias de seguridad privada portar armas largas?, cuestionó el CPI a Rosa Emilia Rodríguez, jefa de la Fiscalía Federal en Puerto Rico.
“Nosotros nos dejamos llevar por las violaciones a leyes que son federales e incluyen las armas largas, cargar un rifle automático y demás, si no tiene la licencia adecuada”.
¿Pero hay licencias que permiten portar armas largas?
“Depende [de] si son militares. O sea, es muy restringido. Me extraña que eso esté sucediendo. No sé si son policías que están fuera de servicio, no sé, tendría que ver las circunstancias. Un policía puede trabajar en una compañía de seguridad privada en sus horas libres”.
¿Y en ese caso pudieran tener armas largas?
“No sé, me ha picado la curiosidad así que lo voy a verificar. Pero me extraña, que tenga acceso nada más a las armas largas”, contestó Rodríguez.
Por su parte, la Fiscal General Olga Castellón dijo que Pesquera está tramitando una orden ejecutiva que detallará las reglas para las empresas de seguridad privada. Quizá a eso se refería el secretario de Seguridad Pública cuando dijo: “Estamos bregando con eso”.
Ambas funcionarias federales coincidieron en que la orden no debe permitir la portación de armas largas a guardias de seguridad privada. “Estarían yendo muy lejos”, dijo Rodríguez.
La Ley de Armas de Puerto Rico dice que “no se podrá… poseer, usar, traspasar o importar un Arma de Asalto Semiautomática”. Esta prohibición no aplica a “personas cuya licencia contenga la categoría de tiro al blanco, de caza o posea licencia de armero, de aquellas armas de asalto legalmente existentes en la nación de los Estados Unidos”. O a personas “con licencia de armero, para uso de estas armas en el cumplimiento del deber por los agente del orden público, del gobierno de Puerto Rico o de los Estados Unidos, o para el uso de las fuerzas armadas del Gobierno de los Estados Unidos o de Puerto Rico”.
Las armas que prohíbe la ley incluyen escopetas y rifles semiautomáticos.
Dos miembros de las Fuerzas Aéreas de los Estados Unidos consultados por el CPI dijeron que tanto la escopeta como la ametralladora que portaban los hombres de Ciudadela son armas automáticas o semiautomáticas, luego de ver una foto.
“En términos de armas de fuego, (las compañías de seguridad privada) tienen que regirse por la Ley de Armas de Puerto Rico y tener una licencia de portación de armas. Hasta donde yo sé, aquí las portaciones de armas son para armas cortas. Las armas largas se usan única y exclusivamente para la custodia de transporte de valores, de camiones blindados, y es una licencia especial que provee el gobierno de Puerto Rico. Todos los demás servicios armados tienen que ser con armas cortas. Las únicas personas que pudieran utilizar armas largas son los del Estado. No conozco ninguna autorización legal para portar armas largas en el servicio privado en Puerto Rico”, dijo Adalberto Mercado, vicepresidente de operaciones de la compañía de seguridad privada Ranger America.
“El Estado puede proveer licencias provisionales, pero tienen que gestionarlo y el Estado tiene que concederla. Si no, estarían portando armas ilegales dentro de territorio de Puerto Rico”, detalló Mercado.
La empresa de seguridad Academi, recordada por su anterior nombre, Blackwater, por haber obtenido un contrato por $21 millones con el gobierno de Estados Unidos para dar servicios de seguridad durante la guerra de Irak en 2003, ya tiene ofertas del gobierno local y federal y de la Cruz Roja para venir a Puerto Rico.
“Estamos listos par ir”, dijo Paul Donahue, Jefe de Operaciones de Constellis, la empresa dueña de Academi, en entrevista telefónica con el CPI. Detalló que, si el gobierno de Puerto Rico acepta la propuesta que le han hecho Academi a partir del acercamiento del gobierno, estarían dando servicios de seguridad en el transporte de agua. La empresa ya opera en las islas caribeñas de Dominica y San Martín, a donde llegaron luego del paso de los huracanes Irma y María. Esta empresa, descrita como un ejército de mercenarios por el periodista investigativo Jeremy Scahill, ha cambiado de nombre en tres ocasiones desde su fundación en 1997 por un ex oficial del Navy Seal (Equipos de Mar, Aire y Tierra de la Marina de los Estados Unidos).
Blackwater operó también en Nueva Orleans luego del paso del huracán Katrina en 2005. Allí trabajaron bajo un contrato federal y para personas millonarias que abandonaron la ciudad antes de que pasara la tormenta. Los contrataron para que protegieran sus propiedades.
Sobre la entrada de empresas de seguridad de Estados Unidos a Puerto Rico, Mercado, el vicepresidente de operaciones de Ranger America, dijo que “nosotros hemos hecho contratos de servicio con empresas de seguridad de los Estados Unidos que nos han contratado a nosotros para a su vez proveerle seguridad a clientes que tienen ellos aquí en Puerto Rico… Yo no te diría que son grandes cantidades (de compañías), pero sí hemos visto contrataciones (de seguridad estadounidense) en el área de las comunicaciones y en el área hotelera. Son compañías que nosotros realmente no las conocemos, no tienen presencia aquí en Puerto Rico, pero sí han llegado y sabemos que están dando servicio a algunas corporaciones y multinacionales”.
Mercado dijo que Ranger America está reclutando más empleados desde el paso del huracán, para dar servicios a detallistas, supermercados, almacenes al gobierno, y “más recientemente” con FEMA. No detalló los nombres de compañías ni de las agencias que los han contratado.
The Whitestone Group, otra empresa de seguridad estadounidense, publicó el 29 de septiembre un anuncio en la página de búsqueda de empleos Monster donde solicitan “oficiales jubilados con certificación de portar arma para respuesta inmediata en Puerto Rico”. Dice que el pago estimado será de $2,400 a la semana más dieta y hospedaje. El área de trabajo que indica la oferta dice “FEMA-Puerto Rico”.
“De verdad que no te sé la contestación”, dijo Alejandro De La Campa, director de FEMA en Puerto Rico, cuando el CPI le preguntó si la agencia había contratado a empresas de seguridad privada para trabajar en Puerto Rico y, en específico, a The Whitestone Group.
“Pero nosotros vamos a contratar… todas las contrataciones se hacen a través del Federal Protective Services, esa es la agencia federal que hace la contratación; ellos serían los que te podrían contestar. De que vamos a necesitar nosotros seguridad (privada) a través de la isla, eso es correcto”, dijo De La Campa en una salida rápida del COE.
Whitestone Group actualmente tiene “varios contratos” con los Departamentos de Defensa, Ingeniería, del Interior y Comercio de los Estados Unidos, así como con el Ejército, las Fuerzas Armadas y la Guardia Costera. Su primer contrato con el gobierno federal fue con el Cuerpo de Ingenieros del Ejército de los Estados Unidos, el Departamento del Tesoro y el Departamento de Veteranos en Nueva Orleans, luego del paso del huracán Katrina en 2005.
Las personas que observaban el espectáculo militar detrás de Ciudadela aquella mañana del sábado, no tenían cara de sentirse más seguras. Una mujer mayor a la que el hombre armado con una ametralladora le impidió el paso por la calle Antonsanti, lucía ansiosa, nerviosa y asustada. Pero aún así lo increpó a través de la ventana de su carro. Le pedía que la dejara pasar porque iba para una calle que estaba antes de donde estaba un camión descargando mercancía. La mujer estaba a punto del llanto. El hombre con aspecto de robot finalmente la dejó pasar y le dijo “gracias por interrumpir mi trabajo”.
Laura Moscoso colaboró en esta historia.

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