Mostrando entradas con la etiqueta organico. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta organico. Mostrar todas las entradas

jueves, 5 de enero de 2017

Científicos alemanes están elaborando plástico orgánico a partir de dióxido de carbono

Una de sus principales ventajas es que se elabora con un mínimo consumo de recursos y a bajo costo. Para esto se utiliza dióxido de carbono (CO2), una materia prima barata que está disponible en todos lados.



CO2 destacada
Un grupo de investigadores está probando un método económico y eficiente para producir un tipo de plástico orgánico a partir de dióxido de carbono.
Se trata de un material llamado ácido polihidroxibutírico (polihidroxibutirato), el que se consigue usando microorganismos que lo producen a partir de dióxido de carbono (CO2), aire y electricidad renovable. Este tipo de procesos abren nuevos caminos para que en el futuro se pueda generar biocombustibles o almacenar energía de fuentes renovables en forma de productos químicos, informa NCYT.

En la actualidad está aumentando la demanda por productos sostenibles y plásticos orgánicos para vasos desechables, materiales de embalaje o bolsas para basura. Por eso, y por la necesidad de reducir los  niveles de CO2 en la atmósfera, Johannes Gescher y Johannes Eberhard Reiner, del Instituto Tecnológico de Karlsruhe (KIT) en Alemania, son los conductores de este trabajo de creación de plástico orgánico.
Una de sus principales ventajas es que se elabora con un mínimo consumo de recursos y a bajo costo. Para esto se utiliza dióxido de carbono (CO2), una materia prima barata que está disponible en todos lados (y mucho más de lo que debería).
La nueva técnica opera con una tecnología relativamente nueva, llamada electrosíntesis microbiana. Hace algunos años, investigadores estadounidenses describieron por primera vez cómo crecen ciertos microorganismos en un cátodo, enlazándose a moléculas de CO2 y utilizando el propio cátodo como fuente de energía y de electrones.
Para producir los mismos resultados finales con un proceso químico convencional, se necesitan altas presiones y temperaturas, costosos catalizadores y mucha energía, pero la electrosíntesis microbiana ofrece una forma económica y sustentable.
La tácnica se ha utilizado principalmente para producir acetatos, pero ahora Gescher y sus colegas han mejorado el proceso para suministrar más energía a los microorganismos y así producir moléculas más complejas, como los polímeros.
Para el proceso, primero se mezcla eCO2 con aire. Luego, los microorganismos usan el oxígeno como aceptor de electrones, de una forma muy parecida a la respiración humana, en que el oxígeno también recibe electrones (que en el caso de los humanos viene de la metabolización de los alimentos, y no de de un cátodo, como ocurre en este procedimiento de elaboración de plástico orgánico). Estos electrones finalmente se transfieren al oxígeno, generando energía.
Los investigadores utilizan un microorganismo recientemente aislado como biocatalizador, el que se regenera de forma permanente. Como el CO2 puede provenir de cualquier chimenea industrial, se evita liberarlo en la atmósfera y no se requiere de otras fuentes de carbono orgánico.
El Ciudadano

sábado, 3 de septiembre de 2016

La paradoja de Monsanto: ahora quiere producir orgánicos

ScreenShot176
La multinacional Monsanto ahora estaría por inmiscuirse en la producción orgánica, denuncian ambientalistas.
De esta manera, la principal compañía del agronegocio estaría estudiando la posibilidad de certificar semillas de hortalizas para atender a la demanda del creciente segmento de productores estadounidenses volcados a la producción sin agroquímicos, según una publicación del periódico Valor Económico de Brasil.
Sin antecedentes en la producción de orgánicos, sino que por el contrario, siendo el principal referente en la creación de eventostransgénicos y agroquímicos, la estrategia de Monsanto sería tratar a los “orgánicos” como un producto más del mercado.
Según manifestó Kenneth Avery, vice-presidente global para Vegetales de Monsanto, la intención es buscar la certificación de pocas variedades como tomate y pimentón, a fin de testear los productos.
Actualmente, la empresa cuenta con 25 especies de hortalizas (no orgánicas) en 150 países, facturando en 2015 unos US$ 816 millones, lo que significa una tasa de crecimiento del 12% anual.
A pesar de la falta de certificación y aprovechando la tendencia creciente en el consumo de productos orgánicos, las semillas de Monsanto ya son vendidas para productores de los Estados Unidos a precios más caros que las semillas transgénicas, según el portal brasileño.
Durante el primer trimestre de 2016, la venta de alimentos orgánicos en Estados Unidos superó los mil millones de dólares. Los productos que más salen son los que en las etiquetas tienen la frase: No OMG (alimentos manipulados genéticamente) y los consumidores están más atentos a esto.
“…la conciencia de las personas va aumentando y cada vez hay más rechazo a los transgénicos…”
Como la conciencia de las personas va aumentando y cada vez hay más rechazo a los transgénicos, quizás este “as en la manga” pueda salvar a Monsanto de su inminente ocaso. Aunque hay que ver si realmente esos orgánicos lo son y no son otro “engendro de laboratorio”.
Las grandes corporaciones como Monsanto, necesitan hacerse paso para ganar más mercado y -en consecuencia- diversifican su matriz de productos y buscan nuevas alternativas, como en el caso de los “orgánicos”, que son justamente la antítesis de lo que saben hacer.

Algunos “engendros” de Monsanto

RoundUp: Durante la década de 1970, Monsanto fundó su división Agricultural Chemicals, para producir herbicidas, y uno en particular: RoundUp (a base de glifosato, potencial cancerígeno reconocido por la OMS). La propaganda de Monsanto es que puede erradicar las malezas un día para el otro y por supuesto la mayoría de los agricultores lo adoptaron de inmediato. El RoundUp fue hallado en muestras de aguas subterráneas, así como en el suelo, y el mar, e incluso en las corrientes de aire y las lluvias, pero por sobre todo en alimentos.
Agrobacterium CP4: los técnicos de Monsanto descubrieron que cierta bacteria asociada a la fisiología vegetal, como hay muchas, era inmune al poder letal del glifosato. El fragmento genético de Agrobacterium -que le otorgaba ese poder- fue aislado posteriormente (mediante la manipulación del ADN) y los científicos lograron insertarlo en la semilla genética de soja. De ese modo crearon en 1996 una planta resistente al glifosato,
permitiendo una producción de nivel industrial pleno. El truco consiste en arrojar el glifosato y matar todas las plantas que pudiesen competir con el cultivo sin dañar a la soja, logrando así el máximo rendimiento por unidad de superficie.
Aspartamo (NutraSweet / Equal): fue descubierto accidentalmente durante una investigación sobre hormonas gastrointestinales. Se trata de un producto químico dulce que es producido a partir de las heces genéticas de la bacteria E. coli modificadas. En 1985, Monsanto adquirió la empresa que fabricaba aspartame (GD Searle) y comenzó a comercializar el producto con el nombre NutraSweet. Veinte años más tarde, el Departamento de Salud y Servicios Humanos de los EE.UU. publicó un informe que enumera 94 problemas de salud causados por el aspartamo.
Agente Naranja: durante la década de 1960, Monsanto fue el principal fabricante del Agente Naranja, un herbicida /defoliante utilizado como arma química en la guerra de Vietnam. La fórmula de Monsanto tenía niveles de dioxinas mucho mayores que el Agente Naranja producido por Dow Chemicals, el otro fabricante (por lo que Monsanto fue el acusado clave en la demanda presentada por veteranos de la guerra en los Estados Unidos).
La lista es más larga, pero podemos dejarla acá y cada uno sacar sus propias conclusiones.
En su página web Monsanto habla de dos bandos. “El problema mayor con el debate sobre los cultivos ‘orgánicos’ y los ‘convencionales’ es que éste sugiere que sólo hay dos maneras de cultivar los alimentos: una manera “buena” y otra “mala”. Nada más lejos de la realidad”, enuncian en el portal de la trasnacional.
“…La buena es cultivar sin pesticidas, con fertilizantes orgánicos, sin contaminar el cielo y la tierra…”
Y sí, hay una “buena” y otra “mala” y a los hechos nos remitimos. La buena es cultivar sin pesticidas, con fertilizantes orgánicos, sin contaminar el cielo y la tierra. Y la “mala” es la que hace 20 años trajeron las grandes corporaciones del agronegocio con el método de siembra industrial y eventos transgénicos, que -a su vez- necesitan cada vez más agrotóxicos  para aumentar el “rendimiento” de los cultivos.
Estos agroquímicos -a su vez- está comprobado que son contaminantes y dañan la salud del hombre, los animales, las plantas y ponen en peligro al planeta Tierra.
Entonces claramente están  diferenciados los “dos bandos” y ciertamente cada uno puede elegir de qué lado quiere estar.