lunes, 28 de noviembre de 2011

El Capitalismo en crisis contra una una humedad de nueva rebeldía


“Todos los progresos han sido, hasta ahora, progresos contra la masa de la humanidad, que se ha visto empujada a una situación cada vez más deshumanizada”. (Sagrada Familia. Carlos Marx).
Narciso Isa Conde
  Las grandes mayorías de más en más no se sienten representadas en las instituciones que conforman la sociedad mundial actual. La exclusión se impone desde el poder permanente, estrechando más sus filas y componentes, como resultado de la concentración del capital internacionalizado, desde sus centros de dominación y con una dirección de política única globalizada.
Los rechazos a esa política quedan de manifiesto, también como respuesta única y globalizada, con las movilizaciones y protestas a cargo de esas grandes mayorías pertenecientes al mayor segmento poblacional: la juventud, la que está tomando las calles a nivel mundial.
Las fuerzas hegemónicas del gran capital no tienen respuestas ni están en capacidad de resolver y/o contener la presente  crisis a través de las instituciones que conforman el poder permanente y las entidades mundiales bajo su control.
La imposición de la guerra y la violencia  desde los Estados y desde los organismos interestatales supranacionales es lo que han venido incrementado en forma impetuosa.
Ni banqueros, ni empresarios de las multinacionales, ni generales y organizaciones políticas, ni las iglesias -hoy compactados en organismos y mecanismos corporativos multinacionales y ejerciendo descarada y agresivamente la coerción (militar-política-jurídica-económica-ideoló;gica)-   pueden resolver su crisis.  Los centros hegemónicos que representa ese poder permanente actúan remendando su dominio y cargando sus efectos sobre los pueblos y las fuerzas del trabajo, generando a la vez situaciones socialmente explosivas.
Al mismo tiempo, cuando se piensa en la alternativa revolucionaria necesaria, hay que observar que el pensamiento de la clase dominante-gobernante, ha corroído y dispersado muchas de las estructuras e instituciones de las sociedades bajo su control, haciéndolas funcionales a  su hegemonía y debilitando las resistencias desde ellas; lo que pone a la orden del día la búsqueda de nuevas formas organizativas y programáticas, nuevos mecanismos y métodos de conducción.
Las organizaciones políticas, gremiales, no gubernamentales, sindicales, medios de opinión… reproducen en su gran mayoría estructuras orgánicas, ideas claves  y conductas de la clase dominante a nombre de la llamada modernización o de la post-modernidad, burocratizándose y/o ablandándose bajo los aires gerenciales de la corrupción.
El poder permanente ha incrementado el sistema de necesidades impuesta a la sociedad desde el mercado, vía  producción y el consumo, registrándose un aumento desmedido y especulativo del sector financiero, arropando sectores más débiles, multiplicando las ganancias a través de nuevos medios tecnológicos, incluyendo los de la comunicación masiva; multiplicando y profundizando  además la enajenación de las grandes masas, puesta en función de las necesidades del mercado.”
Se ha creado otro tipo de sujeto popular, de clases explotadas, subordinadas y excluidas, cambiando  hábitos y modos de vida del pueblo llano, con la pretensión de cambiar la naturaleza instintiva del ser humano a través de la ampliación de la enajenación y a  partir de la satisfacción de necesidades no adquiridas,  de las ofertas de  objetos de ese mundo aparente, que se objetiviza.
Ese sujeto no tiene historia ni la construye, mientras los medios de masas controlan mentalmente sus individualidades; asumiendo, parte importante del mismo y por largos periodos, un rol puramente contemplativo o la condición de clientela política.
En ese mundo invertido, a este nuevo sujeto y sus potenciales expresiones políticas, se les dificulta plantearse la destrucción de los engranajes que el modelo ha creado, pese a verse obligado de más en más a rebelarse, a luchar por sobrevivir. A él se agregan sectores medios y obreros recientemente empobrecidos con más conciencia respecto a las culpas del gran capital pero sin rumbo ni proyecto político definido.
De ahí que se observen la carencia programática, de una plataforma y de fuerza de vanguardia que  auspicie, facilite y dirija al derrocamiento del actual sistema y su modelo de gestión, aun en esta fase de auge de las luchas y movimientos sociales contestatarios.
Esto acontece en un momento en que la respuesta desde el poder permanente de las “grandes naciones”, bajo el ropaje humanitario de defensa de los derechos humanos, bombardea e interviene militarmente a naciones, sometiéndola a un nuevo pillaje estratégico.
La llamada democracia, resultado de la emancipación política en el plano del ejercicio la aplicación de los derechos humanos, promulgada hace 216 años, ha quedado trabada, como parte de la crisis. Como diría Marx: más porque la aplicación práctica de los derechos y  las libertades ciudadanas, todavía sigue siendo –como lo ha sido durante siglos- el derecho humano a la propiedad privada de los grandes medios y riquezas en detrimento de  la forma última de la emancipación humana representada en su socialización.
Se impone así la necesidad de una plataforma programática revolucionaria que reoriente el trabajo y la producción hacia metas distintas, bajo un nuevo sistema de necesidades, extinguiendo progresivamente el mercado: más cuando existen las condiciones técnicas productivas para superarlo, sacando del marco de la dominación el llamado progreso técnico, y pasando a resolver la contradicción entre los nuevos códigos que le sirven a la falsa superestructura del capital.
Estos planteamientos se materializaran solo con la lucha, con la destrucción y superación del modelo actual, para alcanzar el verdadero progreso humano, construyendo nuestro presente y futuro con el concurso de las fuerzas productivas desarrolladas que el capitalismo y todos los modelos y sistemas anteriores han usurpado para beneficio exclusivo de minorías.
(*) Intelectual comunista y artista plástico dominicano

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