A medida que el convoy cargado de residuos radiactivos se acercaba a su destino, el depósito de Gorleben, al norte de Alemania, las protestas anti-nucleares arreciaron produciéndose enfrentamientos entre policías y manifestantes. La oposición al paso del tren “Castor”, que transporta 150 toneladas de basura nuclear fue colorida y tuvo como protagonistas a jóvenes y viejos, a la población alemana misma: desde familias que iban cantando y ondeando banderas arcoiris, hasta pensionistas a bordo de andaderas con motor. Sin embargo a lo largo de las vías de ferrocarril por donde pasaban los once vagones tipo “castor”, con basura nuclear a bordo, los enfrentamientos entre policías y manifestantes eran más frecuentes y violentos.
Varios activistas en Harlingen, cerca de Gorleben, bloquearon las vías con neumáticos a los que les prendieron fuego. En Metzingen, localidad cercana al depósito, se registraron los peores incidentes. La policía informó que sus efectivos fueron atacados con coctéles molotov y piedras. Durante la víspera las fuerzas del orden utilizaron cañones de agua, pelotas de goma y gases lacrimógenos para dispersar a los activistas.
Unos 20 mil efectivos acompañaron el trayecto del convoy.
Movimiento fuertemente arraigado
Desde hace décadas la oposición a la energía nuclear se ha hecho sentir en esta región al norte del estado federado de Baja Sajonia. Pero los cálculos sobre el número de participantes no podían ser más distintos. Según la policía alrededor de 8 mil manifestantes acompañados de unos 400 tractores se reunieron en la localidad de Dannenberg. Según organizaciones anti-nucleares acudieron hasta 23.000 detractores del uso de energía nuclear provenientes de todo el país. En dicha localidad tuvo lugar un gran acto de protesta en el que los participantes demandaron que Gorleben no se convierta en depósito permanente.
“Para nosotros es importante contribuir al movimiento nuclear con una imagen pacífica”, dijo una joven madre que no quiso dar su nombre. Aunque las imágenes de policías arremetiendo con porras y cañones de agua contra los manifestantes la víspera no le impidió sumarse el sábado a las protestas, a sus dos hijos los dejó en casa. “Esta es una protesta muy importante”, afirma.
Varios centenares de personas trataron de ocupar las vías del tren, al parecer los manifestantes dañaron las vías del tren, desenterrando unos 20 metros de vías, una estrategia muy practicada por los activistas para detener el tren. Testigos oculares aseguraron que la policía utilizó bastones y aerosol pimienta para dispersar a los activistas. Entre el sábado y el domingo se espera la llegada del último cargamento de desechos reprocesados en Francia.
La región, en el norteño estado federado de Baja Sajonia, tiene una fuerte tradición anti-nuclear.
Temores entre la población
Desde 1984, en una mina de sal en Gorleben se almacenan de forma provisional los residuos de las plantas nucleares alemanas. Los manifestantes temen que la mina de sal se convierta en almacén permanente, también hay temor porque la sal pueda erosionar los barriles con el desecho nuclear y desatar la contaminación con sustancias radioactivas en las aguas freáticas del subsuelo formadas por la lluvia o nieve derretida. El depósito, manejado por los gigantes energéticos, E.On, RWE y Vattenfall, está ubicado en una zona escasamente poblada, a unos dos kilómetros de Gorleben, habitado por unas 642 almas.
Las protestas de 2011 son las primeras que se producen después del "apagón" nuclear acordado por la canciller Angela Merkel, después de la catástrofe en la central atómica de Fukushima, en Japón.
Autora: Eva Usi
Editor: José Ospina-Valencia















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