martes, 11 de noviembre de 2014

Teléfonos móviles: hechos de sudor y de sangre

Teléfonos móviles: hechos de sudor y de sangre
Los beneficios de los gigantes de la telefonía móvil, Nokia, Alcatel, Samsung, Apple se levantan sobre la sangre de los trabajadores. Es lo que muestran los reportajes de la emisión “Cash Investigation” de France 2, a través de las condiciones de producción de tres componentes de los móviles.
En una fábrica del centro de China donde se fabrican pantallas de Smartphone, la mitad de la plantilla está formada por niños, los más jóvenes de 12 años. Están sometidos a jornadas y noches de diez horas de trabajo, por salarios irrisorios. Los patronos de la fábrica recurren a esta mano de obra porque es más barata, pero también más dócil que los hombres y las mujeres que empleaban anteriormente.
Para fabricar los condensadores de los teléfonos, se utiliza el tantalio que es extraído en las minas de Kivu en la República Democrática del Congo (RDC). En una de estas minas, o más bien en uno de estos agujeros, en  Rubaya, 3.000 personas trabajan día  y noche. En el fondo de los pozos el calor es asfixiante, 43 grados y falta oxígeno.  Muchos mineros mueren en los desprendimientos.  Un superviviente de ellos, explicaba que en estos casos el túnel evita solamente el lugar donde ha tenido lugar el desprendimiento. “La mina es su tumba” decía.
Los imanes de los vibradores o de las micro-cámaras están hechos de neodimio, el elemento químico más magnético. En la principal mina del mundo de este mineral, en Baotou, China, se ha formado un lago de ácido. La radioactividad es insoportable y los compuestos peligrosos como el arsénico están presentes por todos lados. Los cánceres se han multiplicado y la ciudad vecina ha sido borrada del mapa.
Los principales fabricantes recurren a multitud de sociedades pantalla que les permiten lavarse las manos.  Esta explotación criminal no está en absoluto limitada a la telefonía móvil, sino que está en la naturaleza misma de un sistema ávido de beneficios.
Daniel Mescla
Traducción de Francisco Ponzán

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