miércoles, 13 de julio de 2016

Esto es EEUU: Los gravísimos problemas del racismo

racismo infografia telesur
Por Sebastián Royo Hazte, Catedratico y Viceprovost, Universidad de Suffolk en Boston
Otra semana más nos encontramos consternados por la tragedia del racismo y la violencia en EEUU. En los últimos días, la muerte de dos ciudadanos afroamericanos a manos de la policía, en circunstancias que han despertado todo tipo de inquietudes por la forma en las que tuvieron lugar (“¿hubiese pasado si fuesen blancos?” como preguntaba el gobernador de Minnesota), así como el asesinato brutal de cinco policías en Dallas, que se encontraban vigilando manifestaciones en contra de la violencia policial, por al menos un francotirador, nos muestran una realidad de un país todavía fracturado por la tensión racial y la violencia.
Durante las últimas horas, escuchando las reacciones de los políticos y observadores, no se cansaban de repetir que “esto no es América”. La realidad, sin embargo, demuestra lo contrario. La violencia y el racismo son todavía desgraciadamente problemas sistémicos y estructurales en este país y ha sido precisamente el error de minimizarlos y de no afrontarlos de forma valiente y decidida lo que nos ha llevado a este circulo vicioso del cual es difícil salir.
La elección del presidente Obama mostro el gran avance que ha hecho el país. Pero los eventos de los últimos días muestran claramente que todavía queda muchísimo por hacer. De hecho entre muchos afroamericanos, pese al gran cariño que tienen al presidente Obama, también hay una gran decepción de que no ha asumido un mayor liderazgo para avanzar en este terreno.
El problema tiene dimensiones múltiples. Por un lado hay un componente económico: los afroamericanos están desproporcionadamente afectados por la pobreza (las tasas de pobreza de los afroamericanos en 2014 fueron más del doble que la de los blancos no hispanos: 26 por ciento vs 10 por ciento, y el 12 por ciento de los afroamericanos vivían en la extrema pobreza en comparación al 7 por ciento de todas las personas en los EEUU); la inseguridad alimentaria (tienen más del doble de probabilidades de inseguridad alimentaria que los blancos no hispanos); y el desempleo (en 2014, los afroamericanos tenían más del doble de probabilidades de estar desempleados que los blancos no hispanos: 11 de cada 100 frente a 5 de cada cien blancos no hispanos).
Como resultado, hay una marginación de un gran porcentaje de la minoría afroamericana que se ve condenada a vivir en guetos y barrios deprimidos, con muy limitadas oportunidades económicas y con acceso a escuelas marcadas por el fracaso escolar y la violencia. Es fácil (e injusto) culparles a ellos, pero no nos puede sorprender que esta situación les lleve a la desesperación, y a veces a la violencia y al crimen.
Por el lado legal hay que reconocer que hay un problema estructural de racismo en los sistemas judicial y policial del país. Las cifras son escalofriantes. Estados Unidos tiene el nivel de encarcelamiento más alto del mundo: 500 de cada 100.000 residentes están en la cárcel. Pero la tasa entre los afroamericanos es casi seis veces mayor que la media: 3.074 por cada 100.000 residentes. Los varones afroamericanos entre los 20 y 30 años de edad son particularmente vulnerables con una tasa de encarcelamiento cercana al 40 por ciento: es más probable que acaben en la cárcel que trabajando. Sólo en este año han muerto 123 afroamericanos a manos de la policía en Estados Unidos. Estas muertes nos muestran, una vez más, que hacen falta reformas urgentes para hacer a las fuerzas del orden más profesionales y mejor preparadas para proteger a los ciudadanos, con independencia de su color, como es su deber.
Y hay abundantes datos que muestran racismo en el sistema judicial y policial: desde las tasas de detención de latinos y negros, que son mucho más altas que la media (en Nueva York son el 80 por ciento); las detenciones por drogas (representan un 37 por ciento de los arrestados por este motivo, pero un 56 por ciento de los que acaban en la cárcel por estos crímenes); la pobre calidad de defensa que tienen en juicios por la falta de medios; la exclusión mucho mayor de juicios por jurado; la excepción de juicios criminales (sólo entre el 3-5 por ciento van a juicio); o la duración de las sentencias (un 10 por ciento mas largas).
Es un gravísimo problema de racismo que tiene raíces históricas en el pecado original de la esclavitud, que sigue marcando la historia de Estados Unidos.
Por último, un reciente informe del Center for Policing Equity publicado por el New York Times muestra que aunque los policías emplean la fuerza en menos de un 2 por ciento de todas sus interacciones con la población civil, el uso de la fuerza por parte de la policía es desproporcionadamente alto contra los afroamericanos- es 3.6 mayor que para los blancos. El estudio encontró que la media global de uso de la fuerza para todos los residentes negros fue de 273 por 100.000, mientras que para los residentes blancos fue sólo de 76 por 100.000; y 2,5 veces mayor que la tasa global de 108 por 100.000 para todos los residentes. Para aquellos que fueron detenidos, la tasa media de uso de la fuerza contra los negros fue de 46 por cada 1.000 detenciones, en comparación con 36 por 1.000 para los blancos.
También es un grave problema la cultura de violencia y el fácil acceso a las armas. Los defensores del acceso a las armas se acogen a una interpretación literal (y cuestionable) de la segunda enmienda de la Constitución. Con un 5 por ciento de la población mundial, Estados Unidos es el país en el que los civiles tienen entre el 35-50 por ciento de las armas propiedad de civiles (¡tienen 270 millones de armas!). Es el país número uno en armas de fuego per cápita; y no hay prácticamente limitaciones a la posesión de armas semiautomáticas, militares y de asalto. No puede sorprender que también sea el país donde más personas mueran por armas de fuego: entre 2001 y 2013, 406.496 personas han muerto por armas de fuego, y el país ha sufrido 51 masacres desde 1997. Si no se controla el acceso a las armas es muy dudoso que esto pueda cambiar.
Por último, es un gravísimo problema de racismo que tiene raíces históricas en el pecado original de la esclavitud, que sigue marcando la historia de Estados Unidos. Uno de los libros más influyentes que se ha publicado últimamente sobre el problema del racismo ha sido Between the World and Me de Tai-Neishi Coates. Coates escribe el libro como una carta a su hijo en reacción a la muerte de Trayvon Martin.
Tenemos que dejar de pensar que estos eventos son excepcionales y admitir que tenemos un gravísimo problema en nuestras manos y que hay que resolver cuanto antes. Todas las vidas son igualmente valiosas, con independencia del color de la piel.
En este libro, de imprescindible lectura para entender el problema del racismo en Estados Unidos, Coates resume la terrible y dolorosa historia de la subyugación de la población afroamericana en Estados Unidos, y presenta la violencia contra el colectivo como el resultado de un modelo sistematizado y organizado para asaltarles y atacarles, una estructura que incluye entre sus pilares la esclavitud, la encarcelación masiva y la brutalidad policial.
Sin embargo la gran complejidad de estos problemas no es óbice para la urgencia en tratar de resolverlos. Nadie merece vivir en el miedo, ni los policías que hacen frecuentemente una labor heroica para protegernos, ni los ciudadanos con independencia de su raza.
Ya no es la hora de los sermones ni de la indignación pasiva que no resuelve nada. Este es un problema colectivo que nos afecta a todos en Estados Unidos y todos tenemos una responsabilidad en solucionarlo. Si de verdad queremos que “esto no sea América” tenemos que asumir al responsabilidad decidida de atacar de raíz estos problemas. Sólo así Estados Unidos puede ser la “luz en la colina” que tanto ansiaban los fundadores del país.
(Tomado de The Huffington Post)

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