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lunes, 13 de febrero de 2017

14 de febrero ¿Día del Amor o del Dinero?

Por NAOV
El 14 de febrero se celebra el día del amor y la amistad o San Valentín, pero realmente es una fecha en la que se activa la economía por el consumismo de las personas, principalmente de los jóvenes.

miércoles, 23 de septiembre de 2015

Un anciano de 93 años se despide de su esposa moribunda cantándole una canción de amor

Dramática canción de amor: Un anciano despide a su esposa moribunda cantando
Por RT
El protagonista del video subido a YouTube, que rápidamente se ha hecho viral y ha superado el millón de visitas, se despide durante las últimas horas de vida de su mujer, cantando.
Howard y Laura llevan más de 73 años juntos y tienen 92 y 93 años respectivamente. En el video se ve cómo Howard llega al lugar donde está internada su esposa, que está muy débil y recibe cuidados especiales. Reconociendo a su esposo, ella comienza a cantarle la canción “You’ll never know”, pero ante su falta de fuerza, Howard continúa cantando por ella con voz temblorosa. Erin Solari, nieta de la pareja de ancianos filmó la emotiva despedida de Howard y Laura y publicó el video en Facebook.
El mismo se hizo viral inicialmente en Facebook y rápidamente ha superado el millón de reproducciones en YouTube por lo conmovedor de su contenido.
“Fui afortunada de capturar ese delicioso y emotivo momento entre los dos. Howard está cantando su canción de amor, la canción con la que Laura lo consoló cuando él partió para luchar en la Segunda Guerra Mundial”, comentó Erin Solari en su muro en la red social.
Pocos días después de la grabación del video, a Laura se le permitió el traslado a su casa, para pasar sus últimos días en compañía de su esposo y de su familia. 

martes, 28 de abril de 2015

El desahucio del amor

A la chiquilla no se le quitaba la tos desde que vino el agente judicial con la notificación de desahucio, se le había cronificado, una tos que no paraba en toda la noche, que la hacía llorar, que la asfixiaba, teniendo Julia que tenerla en los brazos, abrazarla suave, tranquilizarla en las madrugadas del dolor y la desesperación.


Guacimara solo tenía cuatro años, apenas había tenido contacto con su padre cuando lo ingresaron en prisión por varias causas pendientes, Ayoze estaba en el centro penitenciario de Juan Grande en Gran Canaria con una condena indefinida, pendiente de más juicios por agresiones y peleas, trapicheos de drogas en el barrio de Jinámar.


La tos no se quitaba, era imposible pararla, la casa no se podía pagar, a la joven madre la habían parado de aquel trabajo de cajera en el Hiperdino. En el Centro de Salud le habían mandado ya dos veces en un mes antibióticos pero era imposible, no sanaba y aquella noche que Ayoze estaba de permiso de fin de semana salieron hacia el Materno Infantil, antes en el consultorio del barrio un médico cubano le había mandado un nuevo jarabe que le hizo mal efecto, no paraba de vomitar, de gemir y casi había perdido el conocimiento en el taxi en plena autopista del sur de la isla.


Nada más llegar los enfermeros la metieron en la sala, solo pudo entrar su madre, allí le hicieron un lavado de estomago para después entubarla, dejarla en una camilla en un espacio recóndito de aquel espacio repleto de enfermitos


A las tres horas llamaron al padre por megafonía, el hombre estaba sentado con la cabeza entre las rodillas, desesperado, sin saber que pasaba dentro, la información era nula, no le daban datos en ventanilla, su aspecto carcelario generaba rechazo en parte del personal sanitario que esa noche estaba de turno.


Ayoze entró taciturno, se equivocó de habitación varias veces, hasta que una enfermera lo guió hasta la camilla. La niña estaba consciente con un muñequito de Mickey abrazado, la madre con la cara desencajada: “Parece que está mejor, fue el jarabe”, dijo. Los ojos de la niña hablaban, sus labios resecos se abrieron: “¿Papi te vas a quedar conmigo, no te vas a marchar?”.


El hombre llorando la abrazó: “¡Mi niña, mi amor, mi tesoro!”, con las lagrimas cayéndole por aquel rostro moreno y curtido en mil tristezas.


La chiquilla sonreía: “¿Jugamos un poco a los animales?” “Tú haces con tu mano el perrito, yo soy la ratita del cuento”.


La felicidad inundaba el corazón de aquella pareja destruida, la vida se llenaba de esperanza, los tres se quedaron tranquilos, jugando entre risas silenciosas, los ojos de Julia brillaban más que nunca, el resto no importaba, estaban juntos, se amaban como siempre, la lluvia caía fuera en San Cristóbal, cantaros de agua corrían por el asfalto, barranqueras hacia el cercano mar, ganas de desaparecer, de huir, no tener que entrar en la cárcel el lunes a primera hora de la mañana, que el desahucio anunciado del martes no se produjera, que la fantasía los enredara para siempre, los hiciera volar entre nubes de algodón hacia la ansiada libertad.

http://viajandoentrelatormenta.blogspot.com.es/



Desahucio de Rufina en Cáceres sin ingresos y con seis hijos, el menor de un mes


Publicado por Francisco González Tejera