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sábado, 22 de abril de 2017

Dos grandes islas de plástico se están formando en el océano Ártico

La mayoría de estas botellas, envases, juguetes, bolsas, envoltorios y partículas se están acumulando en dos zonas diferentes de la costa este de Groenlandia y el mar de Barents, el norte de Noruega y Rusia. Estos parches de basura plástica, que son como callejones sin salida, están creciendo rápidamente, hasta el punto que están empezando a empatar con la Gran mancha de basura del Pacífico.
Hemos sabido por mucho tiempo que todo el plástico que compramos, usamos y botamos va a dar a los océanos. También hay muchísimas personas que saben que en el océano Pacífico existen grandes manchas, como islas, compuestas de plástico cuyos restos se van disgregando por las corrientes hasta las costas occidentales de Sudamérica.
Ahora, parece ser que también en el océano Ártico, que alguna vez fue prístino e impoluto, se están formando nuevas manchas de plástico. Un nuevo análisis, publicado en la revista Science Advances, reveló que hay alrededor de 300 mil millones de piezas plásticas flotando en esa región oceánica.
La mayoría del plástico está siendo arrastrado desde las profundidades, por la circulación termohalina (CTH) o cinta transportadora oceánica, una corriente global controlada por la salinidad y los diferenciales de temperatura. Normalmente acarrea agua cálida hacia el Ártico, pero al parecer, el plástico que viene de las líneas costeras del Atlántico norte también está aprovechando el viaje.
La mayoría de estas botellas, envases, juguetes, bolsas, envoltorios y partículas se están acumulando en dos zonas diferentes de la costa este de Groenlandia y el mar de Barents, el norte de Noruega y Rusia. Estos parches de basura plástica, que son como callejones sin salida, están creciendo rápidamente, hasta el punto que están empezando a empatar con la Gran mancha de basura del Pacífico.

Un puñado típico de residuo plástico encontrado en el océano Árctico. Imagen, A. C. Cabañas/Science Advances
El cambio climático provocado por nosotros, está acabando también con la cubierta de hielo marina en esta zona, lo que significa que ahora hay menos barreras físicas al flujo entrante de basura. Lo que estamos viendo es, esencialmente, el reemplazo del casco de hielo marino por varias islas de envases y objetos desechables.
Más aun, esta basura en el Ártico constituye solo el 3 por ciento de todo el plástico flotante en la Tierra. El resto sigue prevaleciendo en cada cuenca oceánica del planeta. Esto es el Antropoceno.
Los resultados provienen de una extensa toma de muestras de dos acumulaciones de basura en las gélidas aguas del norte. El conductor del estudio, Andrés Cózar Cabañas, profesor de biología en la Universidad de Cádiz, España, dijo al New York Times que estaba sorprendido de la escala a la que habían llegado los resultados.
“El creciente nivel de la actividad humana en un Ártico libre de hielos y cada vez más cálido, con grandes áreas propicias para el avance de microplásticos, sugiere que altas cargas de contaminación plástica podría llegar a ser prevalente en el Ártico en el futuro”, escriben los autores en el estudio. “La unicidad del ecosistema del Ártico hace que las potenciales implicaciones ecológicas de exposición a los restos de plástico, sea especialmente preocupante”.
En general, el plástico toma unos 450 años en degradarse completamente y mientras eso no ocurre, los peces se lo comen sin saber que no es alimento. Como cada año sigue llegando el plástico a los océanos (unos 12,7 mil millones de kilos), todo esto significa que este material se está convirtiendo en parte de nuestra dieta. Como siempre, lo que daña al medio ambiente nos daña a nosotros.
El Ciudadano

martes, 7 de junio de 2016

INVESTIGACIÓN DEMUESTRA QUE LOS PECES SE ESTÁN HACIENDO ADICTOS A COMER PLÁSTICO

Un nuevo estudio revela que el plástico que se encuentra en los mares puede ser adictivo para los peces. Los peces jóvenes se convierten en adictos a comer plástico en los mares de la misma manera que los adolescentes prefieren la comida rápida poco saludable.
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Eso afirma un nuevo estudio publicado en la revista Science, que indica que la exposición a altos niveles de poliestireno hace que las larvas de las percas prefieran el plástico por encima de comidas más naturales.
La investigación, liderada por científicos de la Universidad de Uppsala, en Suecia, asegura que la dieta de plástico hace a los peces “más pequeños, más lentos y más estúpidos”.
Durante los últimos años, ha aumentado la preocupación de los investigadores por los altos niveles de contaminación de plástico en los océanos.
Un estudio publicado el año pasado estimó que unas ocho millones de toneladas de desecho de plástico son vertidas en los océanos cada año.
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El problema principal de contaminación lo ocasionan las micropartículas que se generan cuando pedazos más grandes se van degradando por efecto de las olas y los rayos del sol, así como las que se encuentran en muchos productos de belleza como pasta de dientes y pintalabios.
A los investigadores les preocupa que estas micropartículas se queden en los intestinos de los animales marinos y emitan químicos tóxicos y han hecho un llamado a que la industria cosmética deje de usarlas.
En el estudio, los científicos expusieron larvas de perca a diferentes concentraciones de poliestireno en unos tanques de agua.
En aguas limpias, el 96% de los huevos eclosionó.
En aguas contaminadas con grandes cantidades plástico esa cifra disminuyó a 81%.
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Cuando se las expuso 24 horas a la presencia de depredadores, la mitad de los peces jóvenes en aguas limpias sobrevivió, mientras que todos aquellos que fueron expuestos a mayores concentraciones de plástico murieron.
Quizás más sorprendente para los expertos fue la forma en la que el plástico modificó los gustos alimenticios de las jóvenes larvas.
“Todas las larvas tuvieron acceso a zooplanctony a pesar de ello prefieron comer plástico”, aseguró Oona Lonnstedt, quien lideró la investigación.
“Parece que el plástico tiene propiedades químicas o físicas que generan una necesidad particular de comida en estos peces”, explicó.
“Ellas creen erróneamente que se trata de comida de alto valor energético y que necesitan comer mucho”.
“Pero es algo parecido a lo que ocurre con la comida basura poco saludable en los adolescentes: están simplemente llenándose”, agregó.
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