La Oficina de Correos de Irlanda ha emitido un sello con la imagendel revolucionario argentino Ernesto Che Guevara para conmemorar el 50 aniversario de su muerte y recordar sus raíces irlandesas, una decisión que ha causado cierta polémica en este país.
La redes sociales se han convertido en un hervidero de comentarios a favor y en contra, pues muchos usuarios consideran que el pasado y el legado del guerrillerono constituyen un tema apropiado para esta estampilla de correos de 1 euro.
El Ministerio de Comunicaciones irlandés explicó hoy que la decisión de emitir el sello con la imagen del Che fue aprobada por el Gobierno de Dublín en 2015, después de seguir “los procedimientos normales en estos procesos”. “La temática de los diseños de los sellos se presenta al Gobierno con tiempo de antelación”, agregó un portavoz oficial para salir al paso de las críticas vertidas.
El sello de la discordia contiene la famosa imagen creada por el artista dublinés Jim Fitzpatrick a partir de la instantánea el “Guerrillero Heroico”, tomada por el fotógrafo cubano Alberto Díaz “Korda” en La Habana el 5 de marzo de 1960. La versión de Fitzpatrick es una de las más reconocibles en todo el mundo tras ser usada en pósters, chapas o camisetas y está considerada como una de las diez imágenes más icónicas del planeta.
Además del sello, An Post emitió como acompañamiento un sobre conmemorativo en el que se incluye una cita del padre del Che, Ernesto Guevara Lynch, un ingeniero civil con antepasados irlandeses, de ahí el segundo apellido. El texto del sobre dice: “… en las venas de mi hijo corre sangre de rebeldes irlandeses”.
En ese sentido, los antepasados del padre del Che eran del condado irlandés de Galway, siendo Patrick Lynch, nacido en 1715, quien se instaló en Argentina, dando lugar a una numerosa familia.
“Yo era como una niña rechazada. Iba de hogar de cuidado en hogar de cuidado. Fue una niñez muy dura.
“Pero cuando llegué al orfanato vi crueldad más allá de lo que podía imaginar.
“Yo era parte de un grupo de niñas y arribamos en la mañana.
“Nos desnudaron para revisarnos. Ahí estaba esa monja con una gran olla que contenía una cosa blanca y una brocha. Nos pintó de pies a cabeza con una suerte de loción, en caso que tuviésemos piojos o algo así.
“Luego nos llevaron a desayunar, y nos dieron avena. Pero era una avena con grandes grumos. Me dieron náuseas y vomité. Me sentí físicamente enferma. Y de repente me dieron un manotazo en la cabeza y escuché un grito que me dijo: ¡Cómetela toda!”
“Ese fue el primer día”.
Este es el relato de “Irene Kelly” de lo que fue su experiencia en el instituto dirigido por la Iglesia católica en Dublin, Irlanda, desde los 6 a 11 años de edad, durante la década de los 60.
Caos y crueldad
Image copyrightGetty Image caption“Era un caos. Bebés llorando todo el tiempo, por dolor o por hambre o porque querían que alguien los cargara”, relata Irene.
Irene, nombre escogido para proteger su identidad, cuenta que “eventualmente me llevaron a la guardería. Pero ahí fue donde comenzaron a abusarme sexualmente. Llegó un punto donde ya no podía aguantar más esa situación. Así que un día decidí meter mis dedos dentro de un enchufe de corriente.
Lo único que recuerdo es que desperté y estaba un doctor al lado de mi cama. El doctor me preguntó por qué lo había hecho.
Yo le dije que por toda la crueldad y el dolor. Y una monja me interrumpió y le dijo al médico: “se lo dije, esa niña es un demonio. El diablo está dentro de ella”.
Todo era caos recuerda Irene.
“Bebés llorando todo el tiempo, por dolor o por hambre o porque querían que alguien los cargara. Aun puedo escuchar esos gritos y llantos”, rememora.
Para ella, la Iglesia católica debería estar avergonzada de lo que ha ocurrido.
“Han destruido la vida de tantas generaciones de niños. Nunca quise una familia, ni casarme o tener niños, porque para mí el mundo era un sitio cruel”, refleja Irene.
Pero todo dio un vuelco cuando quedó embarazada por primera vez.
“El sentimiento de ese bebé me cambió. Me pregunté cómo alguien podía abusar de un ser tan pequeño que depende de ti para todo”.
“Estaba asustada de ser mamá. De herirlo o ser una mala madre”.
Las denuncias
En 1999 se registró una oleada de denuncias sobre abusos en escuelas, orfanatos e instituciones dirigidas por monjas católicas, curas y miembros de la comunidad eclesiástica en Irlanda.
Image copyrightGetty Image captionLa iglesia católica en Irlanda ofreció compensaciones financieras a cambio de que las víctimas guardaran silencio.
En el 2002 el gobierno de Irlanda estableció un comité especial para fijar compensaciones a las víctimas de abuso, con la condición de que no hablaran públicamente de lo ocurrido.
Los últimos reclamos fueron aceptados en septiembre de 2011.
Sin embargo, para diciembre de 2014 se habían recibido 16.626 denuncias, de los cuales 15.527 obtuvieron compensación financiera.
Los costos legales del proceso superan los US$215 millones.
“Cuando el comité se formó hablé por primera vez. Fue la primera vez que sentí que podía dejar todo atrás y seguir con mi vida, y que todo el mundo se enteraría de lo ocurrido”, dijo Irene.
“Esperaba que me dijeran ‘lo sentimos’, pero nada de eso ocurrió. El comité no estaba diseñado para eso. No había ni siquiera apoyo para las mujeres”.
“Me enfurecí tanto que dije en la última reunión: no estoy aquí por dinero. No quiero su maldito dinero. Lo único que quiero es una disculpa”, exclamó.
Pero nada pasó.
La BBC contactó a representantes de la Iglesia católica en Irlanda y a miembros del comité para obtener una respuesta sobre lo relatado por Irene, pero señalaron que debido a que había sido una entrevista utilizando un seudónimo no encontraban apropiado responder a los señalamientos.
Aprender a ser feliz
“Aún estoy aprendiendo a vivir con lo que pasó. Dios ha estado conmigo. Y tengo apoyo de consejeros. Todos los días tengo que vivir con esos recuerdos”, exclama Irene.
Image copyrightGetty Image captionIrene cuenta que con la ayuda de consejeros ha aprendido a dejar atrás lo vivido. Sólo espera una disculpa de la iglesia.
“Tengo días malos, cuando no quiero levantarme ni hacer nada, ni respirar”.
Pero el apoyo de los consejeros ha dado resultados, para como dice Irene, liberar a la pequeña niña que sufrió en el orfanato de ese pasado, y disfrutar ahora de su familia.
“Jennifer Kelly”, hija de Irene, cuenta que su madre ha cambiado desde que las sesiones comenzaron.
“Fue la primera que vez escuché lo que había pasado. Entonces comprendí que cuando mi mama había sido dura conmigo, esa experiencia había tenido que ver, y que lo había hecho porque no sabía cómo manejarlo. Y lo hizo para que no me enterara de lo que le había pasado”, explica Jennifer.
“Pero ahora todo ha estado muy bien en nuestra relación. Los últimos dos años han sido buenos”, comenta.
Al pensar en las otras niñas que pasaron por lo mismo y otras personas que han sufrido este tipo de experiencias, Irene advierte que hay ayuda disponible para aprender a vivir con ese pasado lo mejor posible.
“Soy una sobreviviente, y me siento mucho mejor conmigo misma. Y a cualquiera que tenga miedo de confrontar lo que vivió le diría que es muy difícil empezar y toma mucho tiempo llegar a sentirse feliz, pero yo lo he logrado. Hoy me siento feliz”.
Irene es autora de un libro titulado “Pecados de una Madre”, donde cuenta toda su experiencia en el orfanato de Irlanda.
Diez mil islandeses se han ofrecido a acoger a refugiados sirios en sus casas en el marco de una campaña lanzada en Facebook por la conocida escritora Bryndis Bjorgvinsdottir.
Bryndis Bjorgvinsdottir animó a sus conciudadanos a pronunciarse para ayudar a las personas que necesitan asilo después de que el Gobierno anunciara que permitiría la entrada de solo 50 refugiados. Al cabo de 24 horas de haberse hecho público el llamamiento de Bjorgvinsdottir, unas 10.000 personas de los 300.000 habitantes que tiene Islandia mostraron en Facebook su disposición a recibir a refugiados en su casas e instar al Gobierno a ampliar la cuota, informa el rotativo 'The Telegraph'.
"La gente está harta de ver noticias sobre personas que mueren en el Mediterráneo y en los campos de refugiados y quieren que se haga algo ahora", señaló Bjorgvinsdottir al canal islandés RUV.
"Soy madre soltera de un niño de 6 años. (...) Podemos acoger a un niño que lo necesite. Soy maestra y enseñaría al niño a hablar, leer y escribir en islandés y adaptarse a la sociedad islandesa. Tenemos ropa, cama, juguetes y todo lo que un niño necesita. El billete de avión, evidentemente, corre a mi cuenta", escribió en Facebook Hekla Stefansdottir como respuesta al llamamiento de Bjorgvinsdottir.
Como consecuencia de la campaña, el Gobierno islandés considera aumentar su cuota de refugiados. La ministra de Bienestar del país, Eyglo Hardardottir, dijo al canal RUV que las autoridades están examinando las propuestas hechas en el marco de la campaña y considerarían aumentar la cuota de refugiados que el país puede recibir.
Irlanda ha vuelto a ser escenario de masivas protestas a lo largo y ancho de su territorio contra la imposición desde el comienzo de este año de una nueva tasa por el disfrute del suministro público de agua.
“La gente está enfadada y tiene todo el derecho de estarlo, porque a la gente de este país los supuestos líderes políticos la han vendido”, protestó en la mañana del sábado a través de la emisora nacional de radio RTÉ el activista contra la tasa del agua Derek Byrne, conocido por haber llamado “enano parásito” al presidente irlandés, Michael D. Higgins.
Los organizadores de la protesta esperaban atraer a entre 20 y 30 000 personas en toda Irlanda, tanto en Dublín, la capital, como en otros veinte puntos del país, incluidas las ciudades de Cork, Waterford, Galway y Dún Laoghaire.
A diferencia de las protestas del mes de diciembre, organizadas por un comité central del colectivo ‘Righ2Water’ (“derecho al agua” en inglés) y partidos políticos como la ‘Alianza Antiausteridad’ (AAA) y ‘El Pueblo Antes que los Beneficios’, en esta ocasión han sido grupos locales quienes han dirigido la operación.
El diputado de la AAA, Paul Murphy, advirtió de que las protestas no van a amainar una vez que hayan entrado en vigor las tasas sino que, por el contrario, van a “explotar” cuando comiencen a llegar las facturas a los casas a partir de abril.
700 000 hogares no se han registrado para comenzar a pagar, publicó el viernes el diario local ‘Herald’, pese a que el Gobierno redujo el 20 de noviembre las tarifas inicialmente anunciadas, frente a 1 millón que, de acuerdo con el organismo gestor, sí han “validado sus datos”. El plazo límite, sin penalización prevista, es el 2 de febrero.
Según informes de RTÉ, las protestas están siendo en su mayoría pacíficas, aunque se han producido algunos incidentes menores cerca del Parlamento en Dublín, cuando varios manifestantes trataron de escalar las vallas para colgar un cartel e intentar posteriormente forzarlas.
La tasa va a suponer un gasto de 160 euros anuales para las personas que viven solas y 260 para los hogares de varias personas. El Estado irlandés ofrece ayudas de 100 euros.
En Irlanda, más de 750 000 personas (el 16,3 % de la población nacional) viven actualmente en la pobreza, incluidos 220 000 niños y 68 740 jubilados.
El pasado 2 de noviembre se produjo la primera gran movilización popular contra estas tasas en Irlanda, con más de cien manifestaciones por todo el país. A la protesta del 10 de diciembre acudieron entre 30 000 -según la Policía- y 100.000 personas, según los organizadores.
Decenas de miles de irlandeses salieron a la calle el sábado en casi cien manifestaciones por todo el país para protestar contra un nuevo sistema de cobro de tasas por el suministro de agua corriente introducido el mes pasado por el Gobierno.
“Esto no es solo por el agua, es por los últimos cinco años”, declaraba a la agencia de noticias Reuters un manifestante de 55 años de edad, llamado Paul, que explicó haber tenido que renunciar a su coche, a su seguro de vida y a su seguro de salud.
En las movilizaciones se exhibieron pancartas en las que se llamaba a los ciudadanos irlandeses a practicar la desobediencia civil negándose a pagar las nuevas tasas, que deberían suponer para cada familia un coste medio de entre 200 y 400 euros anuales, en un país extremadamente lluvioso y con ingentes recursos hídricos.
Según la cadena británica BBC, se han producido ya varias detenciones de personas que trataban de impedir la instalación de contadores de agua en el exterior de sus domicilios. Y esta semana, siete personas podrían ser enviadas a prisión por negarse a obedecer una orden judicial que les prohíbe “asaltar, intimidar o interferir” con los instaladores.
Las protestas constituyen la primera gran manifestación contra los recortes presupuestarios aplicados por las autoridades de la República de Irlanda desde la crisis bancaria iniciada en 2008.
En la mayor de ellas, celebrada en la capital, Dublín, las organizaciones populares locales -y no los principales partidos de la oposición parlamentaria- reunieron a más de 20.000 personas. La televisión estatal RTE estimó en 120.000 el número de manifestantes en todo el país.
“Me estoy pensando si este año voy a comprar un par de zapatos nuevos”, decía el manifestante Paul para mostrar su situación. “Hasta aquí hemos llegado… ¡Ya basta!”, exclamó hastiado.
La introducción de tasas por el suministro de agua forma parte del programa de “rescate” organizado en 2010 por la Unión Europea (UE) y el Fondo Monetario Internacional (FMI) ante la degradación de la situación económica.
Pese a que el año pasado Irlanda consiguió salir del programa y que el Gobierno del país pretende alcanzar el año próximo un crecimiento económico del 5 %, los manifestantes protestan porque las medidas de “austeridad” han perjudicado mucho más a los menos remunerados.
Un informe publicado por Irish Examiner en abril indica que más de 750.000 irlandeses (el 16,3 % de la población nacional) viven actualmente en la pobreza, incluidos 220.000 niños y 68.740 jubilados.