sábado, 21 de mayo de 2016

A 145 años de la ‘Semana sangrienta’ de La Comuna de París

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La formación de la Comuna de París se originó durante el desarrollo de la Guerra Franco-Prusiana (guerra del II Imperio Francés contra el Reino de Prusia).
Durante la Guerra franco-prusiana, ocurrida entre los años 1870 y 1871, se enfrentaron las fuerzas francesas de Napoleón III contra los soldados prusianos del canciller prusiano Otto Von Bismarck.
La Comuna (el término commune designaba y aún designa al ayuntamiento) gobernó durante 60 días promulgando una serie de decretos revolucionarios, como la autogestión de las fábricas abandonadas por sus dueños, la creación de guarderías para los hijos de las obreras, la laicidad del Estado, la obligación de las iglesias de acoger las asambleas de vecinos y de sumarse a las labores sociales, la remisión de los alquileres impagados y la abolición de los intereses de las deudas.
Muchas de estas medidas respondían a la necesidad de paliar la pobreza generalizada que había causado la guerra.
Sometida casi de inmediato al asedio del gobierno provisional, la Comuna fue reprimida con extrema dureza.
Tras un mes de combates, la reconquista del casco urbano provocó una fiera lucha calle por calle, la llamada «Semana Sangrienta (Semaine sanglante) del 21 al 28 de mayo.
El balance final supuso unos 10.000 muertos, el destrozo e incendio de más de 200 edificios y monumentos históricos, y el sometimiento de París a la ley marcial durante cinco años.
La semana sangrienta de París se registró desde el 21 hasta el 28 de mayo de 1871.
Tras las jornadas de la Comuna de París iniciadas el 18 de marzo de 1871, las tropas de Versalles, lideradas por Adolphe Thiers, dieron pie a una campaña de ataques contra el pueblo revolucionario para acabar con el movimiento socialista.
Fue el 21 de mayo del año 1871 cuando se marcó el inicio de la “semana sangrienta” donde más de 100.000 soldados del ejército burgués invadieron el casco urbano de la ciudad de París con un enfrentamiento que dejó más de 20 mil muertos del lado parisiense y miles de exiliados en la Guinea Francesa, como saldo de la violenta represión al gobierno socialista.
La Comuna fue instaurada tras la aprobación de la III República, luego de que cayera preso el monarca Napoleón III en la guerra Franco-Prusiana (que perdió Francia) y aunque la instauración pareciese símbolo de libertad, fue un nuevo imperio el que tomó el poder y acabó en mayo de ese mismo año con la Comuna de París que se oponía al Gobierno de Defensa Nacional instaurado en Versalles por Thiers.
Thiers negoció con el gobierno de Prusia una alianza para derrotar al gobierno proletario “Comuna de París”. A cambio de concesiones para Prusia, el canciller de esa nación, Otto Von Bismarck, liberó a prisioneros de guerra para que pudiesen ayudar en el cerco a la ciudad de París.
El pueblo cerró París con barricadas para proteger la Comuna, sin embargo, el ejército burgués de al menos 180 mil hombres se lanzó a la conquista calle por calle. La defensa se organizó, LIDERADA por la Guardia Nacional y por el pueblo obrero en armas en las que lucharon tanto hombres como mujeres.
El enfrentamiento fue desigual ante el poderío militar del ejército burgués, el cual contó con el apoyo militar de sus aliados de la burguesía alemana a la que la unían comunes intereses de clase.
La batalla duró una semana, hasta el 28 de mayo, cuando cayó la última barricada. El gobierno burgués de Adolphe Thiers, en Versalles, anunció oficialmente la “liberación” de París, luego de una sangrienta ofensiva, que terminó con la vida de muchos compatriotas.
A partir de la fecha, cuando la Comuna había sido dominada por las fuerzas de Versalles comenzó una cruel represión. Personajes como el general Gastón Alexandre Auguste de Galliffet, se distinguieron por sobrevivir a una crueldad infinita.
Miles de obreros y simpatizantes de la Comuna fueron fusilados (entre otros lados en el famoso “Muro de los Comuneros” en pleno centro de París y lugar de conmemoración de los revolucionarios franceses hasta el día de hoy) a los que habría que sumar unas 40 mil personas enviadas a las colonias, con trabajos FORZADOS, en donde gran parte murió de enfermedades y malos tratos.
La Comuna de París fue la primera experiencia (1871) de Gobierno socialista en Europa instaurado con la integración del proletariado como líder y diversos sectores que apostaban por la proclamación de la III República en Francia, además del rol protagónico del pueblo en la dirección del país.
Posteriormente se realizaron elecciones en París y se creó un concilio comunal de al menos 92 delegados, obedeciendo a la conciencia colectiva del pueblo. Fue precisamente el sentir popular que levantó a la Comuna de París y en ello radica que sea uno de los hechos históricos más memorables del siglo XIX.
De los hechos históricos en la semana sangrienta nacieron para la humanidad los dos grandes símbolos del movimiento obrero mundial: la bandera roja, reseña oficial de los comuneros franceses y el himno por excelencia del movimiento obrero “La Internacional”, nacido al calor de la primera Asociación Internacional de Trabajadores establecida por Marx y Engels unos años antes, que fue escrito por el poeta y revolucionario francés Eugéne Pottier durante los días de la Comuna.
Se tomaron medidas para garantizar derechos fundamentales como la educación, la sanidad, la vivienda, la justicia y el trabajo digno para todas las personas.
Se requisaron los edificios públicos para aquellos que no tenían un techo bajo el que cobijarse. La educación pública era para todos, lo mismo ocurría con los teatros, los centros de cultura y aprendizaje.
A los trabajadores extranjeros se los trataba como hermanos y hermanas, como soldados de la “república universal del trabajo internacional”. Se celebraban reuniones día y noche, en ellas miles de hombres y mujeres normales debatían sobre todos y cada uno de los aspectos de la vida social y sobre cómo organizar la sociedad en interés del bien común.
El establecimiento de la Democracia directa como forma de gobierno, pasó a marcar el fin definitivo del absolutismo político en Francia.
La ampliación de las formas de participación política con la conformación de los primeros partidos políticos y la integración de las mujeres a la vida política reivindicó la igualdad de derechos mediante la participación en clubes políticos y permitió abrir el paso al sufragio universal moderno.
La insurrección de las clases oprimidas, el derrocamiento del poder y el establecimiento del primer Gobierno proletario del mundo planteó la posibilidad de una sociedad organizada.
La Comuna de París fungió como inspiración a la Revolución de los Bolcheviques en Rusia y también de la Revolución Socialista en China, como continuación y profundización de los alcances del movimiento insurreccional francés.
El espíritu reformista de la Comuna propició cambios en las formas de Gobierno de Europa, así, durante el II Reich en Alemania se establecieron horas máximas de trabajo y seguros sociales en caso de accidente y jubilación, garantizando a los alemanes niveles “básicos” de seguridad social.
Estas medidas fueron el inicio de lo que hoy se conoce como el Estado de Bienestar.
La Comuna de París fundó las bases de un sistema político fundamentado en la democracia participativa como eje de la administración política y social.
La Comuna de París (La Commune de París) fue la primera experiencia de Gobierno socialista en Europa.
Se instaló gracias a la integración del proletariado como líder y diversos sectores que apostaban por la proclamación de la III República en Francia, además del rol protagónico del pueblo revolucionario en la dirección del país.
Se realizaron elecciones en París y se creó un concilio comunal de al menos 92 delegados, obedeciendo a la conciencia colectiva del pueblo.
Fue precisamente el sentir popular que levantó a la Comuna de París y en ello radica que sea uno de los hechos históricos más memorables del siglo XIX.
Este año se cumplieron 145 de la proclamación de la Comuna de París.
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