miércoles, 22 de febrero de 2017

Exarchia, el barrio anarquista de Atenas que da ejemplo sobre cómo acoger refugiados

pesar del acuerdo con Turquía que supuso el cierre de las fronteras, cientos de refugiados siguen llegando cada día a las islas griegas y en pésima situación: muchos llegan ahora con partes del cuerpo literalmente congeladas. Espacios como Khora consiguen reconfortar parte del dolor que las familias sufren por llegar a una Europa en la que no acaban de encontrar la paz.
Hace algo más de un año tuvimos la oportunidad de visitar Exarchia, el barrio anarquista de Atenas pionero en la acogida de refugiados que se adelantó a cualquier Estado. Hemos vuelto para comprobar cómo gestiona el barrio la normalidad e impasividad con que esta Europa sigue tratando el drama de los migrantes y, cómo no, Exarchia sigue siendo un ejemplo con numerosos centros de acogida autogestionados en los que se esfuma el estigma de la caridad.
Paseamos con Nidzara Ahmetasevic, voluntaria del centro Khora Community y a la vez, una de los miembros de Are You Syriuos? el medio con la mejor información sobre la situación de los refugiados en toda la ruta hacia Europa a través de los Balcanes. A pesar del acuerdo con Turquía que supuso el cierre de las fronteras, cientos de refugiados siguen llegando cada día a las islas griegas y en pésima situación: muchos llegan ahora con partes del cuerpo literalmente congeladas. Espacios como Khora consiguen reconfortar parte del dolor que las familias sufren por llegar a una Europa en la que no acaban de encontrar la paz.
El edificio de la comunidad consta de 8 plantas que autogestionan tanto los vecinos del barrio como los refugiados recién llegados, de forma que al ser todos responsables se elimina el estigma que muchos sufren cuando ven que reciben sin parar sin “dar” nada a cambio. En el sótano del edificio se encuentra el almacén, donde se guardan sobre todo la ropa que ha sido donada y la comida. Allí se ha puesto también en marcha una “tienda gratis”, donde las personas pueden pasar un buen rato eligiendo lo que quieren y que se pueden llevar sin pagar nada, en vez de tener que agradecer cualquier cosa que les den, aunque no les guste o no se adapte a lo que necesitan.
Todo lo que se encuentra en Khora se ha producido con materiales reciclados de todo tipo. Para ello, hay una zona taller donde se construyen muebles, tanto para ellos como para otros asentamientos. Cualquiera puede usarlo y está dotado de herramientras para trabajar con madera y metal.
La planta más mágica es la baja, donde hay una zona de bienvenida y un espacio para niños. Los recién llegados tienen allí información sobre el apoyo legal que pueden recibir y cómo acceder a comida, duchas, ropa, vivienda o asilo en farsi, árabe, griego e inglés. Siempre hay alguien allí para recibir a quienes puedan llegar. La zona de los niños, diseñada y puesta en marcha en los talleres, les permite jugar en familia, conocer a otros niños y seguir aprendiendo.
Khora es una comunidad en la que todo se ve de otra forma, también la comida. Disponen de una cocina social que abre a las 10h y da desayunos y comida (desde las 13h) al café social que está una planta más arriba. Pero el espacio los pueden usar también otros grupos que quieran preparar una cena o comidas para distribuir en otros lugares. Evidentemente, la comida que se lleva al café es gratis para todo el mundo, incluidos voluntarios, para seguir borrando el estigma, y se aceptan donaciones de quienes puedan contribuir. Es un lugar perfecto para que todo el mundo se siente, converse, coma, se relaje y sobre todo socialice, la idea fundamental de Khora que busca juntar a la gente para empoderarla. También se organizan eventos como un cineclub, noches de música o clases de defensa personal.
La educación no podía faltar en este lugar casi mágico, donde los derechos humanos son por fin, sagrados. Hay 3 aulas, una librería y en marcha una sala de ordenadores. Se dan clases de griego, inglés, alemán y francés para adultos y niños de cierta edad y actividades artísticas para los más jóvenes. A cambio, muchos de los refugiados enseñan árabe a los voluntarios, para avanzar en la comprensión mutua y sentirse útiles.
Las dos últimas plantas están reservadas a un espacio seguro para las mujeres, donde pueden estar juntas, hablar, relajarse, aprender y compartir, un dentista que asiste gratuitamente gracias a Dentists in Athens y un sala de reuniones privadas que se puede usar para asistencia legal o psicológica. Ojalá espacios como este florecieran en cada barrio de cada ciudad, y los ayuntamientos los regaran.

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