martes, 31 de enero de 2017

¿Quién dijo que la miseria no es un gran negocio?


En Haití hay censadas unas 10.000 ONG aproximadamente. No hay ninguna organización caritativa en el mundo que no tenga allá una delegación.

Si multiplicamos 10.000 por cada uno de los miembros de esas delegaciones, nos sale una cifra muy larga de personas que han viajado hasta allá para “ayudar” en algo a la población. Si cada uno de ellos ha entregado un poco, sumadas esas pequeñas cantidades año tras año, el Producto Interior Bruto no sería tan bruto.
Lo que todas esas ONG ocultan es que Haití sólo tiene un problema que ellas no tienen ninguna intención de solucionar: el colonialismo. Haití fue el primer país de América Latina en levantarse contra la esclavitud y el colonialismo, y eso es algo que durante dos siglos les están haciendo pagar muy caro.
Para las ONG del mundo Haití es una fuente continua de ingresos. Están deseando que una desgracia vuelva a poner a aquel olvidado de país en las primeras planas de la prensa para seguir recaudando limosnas que, desde luego, jamás llegarán a los haitianos.
Cada pocos años Haití necesita alguna de las plagas de la Biblia (volcanes, terremotos, inundaciones, pandemias) para que el turismo humanitario ponga en marcha comedores, hospitales, escuelas, orfanatos…
Una fotógrafa que desde hace años viaja frecuentemente a la isla, Corentin Fohlen, ha publicado un libro de retratos de los paisajes, las calles y los habitantes de Haití. En él cuenta una escena que contempló horrorizada: un voluntario de una ONG que llevaba bombones para regalar a los ancianos de una residencia trató de introducirle a la fuerza una de las golosinas en la boca a uno de ellos, que se negaba a injerirla…
Las religiones están ligadas a la caridad como la caspa al pelo. Una ONG como Healing Haiti, que trabaja en la isla desde 2006, está creada por un matrimonio de Minessota cuyo lema resume exactamente sus pretensiones: “Nosotros no hemos elegido Haití; Dios ha elegido Haití para nosotros”.
Según cifras oficiales de la embajada de Estados Unidos en la capital, cada semana 200.000 voluntarios de Healing Haiti desembarcan para llevar chicle y chuches a los niños de las escuelas y orfanatos. Es el sueño de cualquier agencia de viajes: muchos vuelos de avión, una experiencia diferente para desconectar de la rutina diaria y luego enseñar las fotos, ponerlas en el muro de Facebook, contar en la oficina de Chicago que el viajero tiene un buen corazón, pedir limosna a los amigos, los colegas y los vecinos para ayudar a los pobres y olvidados haitanos… La máquina no puede parar nunca.
¿Quién dijo que la miseria no es un gran negocio? A todo y a todos se les puede sacar algún provecho.

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