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domingo, 8 de octubre de 2017

Supremacistas blancos marchan por Charlottesville semanas después del atropello masivo

Un grupo de nacionalistas blancos ha organizado una marcha en la ciudad estadounidense, que el pasado mes de agosto fue escenario de un atropello masivo durante una acción semejante.
Los nazis norteamericanos, al calor de la presidencia del ultraderechista Trump, vuelven a manifestarse en Charlottesville, en una marcha propagandística para intentar demostrar que son ‘no violentos’. La marcha contó con pocos seguidores y apenas si fue difundida para evitar la acción de grupos antifascistas que hubieran neutralizado a los supremacistas como ya ocurrió en agosto pasado.

La ciudad estadounidense de Charlottesville ha sido escenario este sábado de una marcha convocada por un grupo de 30 nacionalistas blancos encabezados por Richard Spencer, líder de la Derecha Alternativa.

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Spencer asegura en su cuenta de Twitter que la marcha —que denominó ‘Charlottesville 3.0’— fue “un gran éxito”, además de “muy divertida”. Asimismo, recalca que los participantes se limitaron a cantar, a corear y a pronunciar discursos, y que no hubo heridos ni “grandes confrontaciones”. De esta forma, asegura, han demostrado que sus marchas anteriores fueron pacíficas, y que han sido objeto de “maltrato”.
Los supremacistas decidieron reunirse allí semanas después del atropello masivo ocurrido en esta ciudad durante una marcha semejante y que dejó varios muertos y decenas de heridos.


miércoles, 23 de agosto de 2017

Assad: El “blanco” de la extrema derecha occidental, convertido de rebote en un “icono”

El supremacista blanco americano que embistió con su coche contra la multitud en Chalottesville el sábado 12 de agosto había subido una foto del presidente sirio en su muro de Facebook.
En sus móviles, las fotos de Bachar el-Assad reemplazan a veces a los posters de Hitler y de Mussolini que colgaban antes en las paredes de sus habitaciones.
El drama que sacudió violentamente la pequeña y tranquila ciudad de Charlottesville el sábado, en una demostración de fuerza de la extrema derecha americana, reveló de nuevo la fascinación que puede suscitar el dictador sirio en el seno de esas franjas de la población. James Alex Fields Junior, miembro de Vanguard America, un grupo de supremacistas blancos que organizaba el acto, fue inculpado de asesinato, heridas y delito de huida, tras haber embestido al volante de su coche sobre manifestantes antirracistas. Entre las fotos de cruces gamadas, de Hitler o de símbolos vikingos utilizados por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial, colocados por el asesino en su cuenta Facebook, figura la del presidente Bachar el-Assad, vistiendo uniforme militar y gafas de sol, con la mención “undefeated” (invicto).
Que un americano de a penas 20 años, originario de Ohio, muestre orgullosamente en las redes sociales el retrato del presidente sirio, con todo un signo; no es tan sorprendente como podría parecer. Desde el comienzo del conflicto en Siria, pero más aún durante estos últimos meses, Bachar el-Assad fascina a las corrientes de extrema derecha de Occidente, hasta el punto de haberse convertido en uno de sus símbolos. “La visión de la extrema derecha occidental del conflicto sirio es que hay un régimen que impone el orden y la estabilidad frente a indígenas de color, de raza inferior. Y Assad representa en este imaginario colectivo una figura, se ha convertido en uno de sus modelos”, según estima el politólogo Ziad Majed, especialista en Siria.
El FN no se queda atrás
En la Unión Europea, los ejemplos hacen legión. “Putin y Assad están de nuestro lado”, declara en noviembre de 2016 Paul Nuttal, antiguo líder del UKIP (Partido por la Independencia del Reino Unido), un partido de la derecha nacionalista y xenófoba. Y está lejos de ser el único: Amanecer Dorado en Grecia, Forza Nuova y Casa Pound en Italia, así como los nacionalistas polacos, españoles o belgas proclaman su apoyo al régimen de Assad. “Bachar se ha convertido para ellos en un símbolo a defender, tanto más en la medida que le ven como un hombre asediado por quienes estiman que son sus enemigos: los islamistas y los mundialistas”, analiza Karim Émile Bitar, director de investigación en el IRIS y especialista en Medio Oriente.
El Frente Nacional francés no se queda atrás. “Desde el comienzo del conflicto sirio dije, y era la única entonces, que contribuir a la caída de Bachar el-Assad es permitir al EI (Estado Islámico) gobernar Siria”, declaraba Marine Le Pen, entonces candidata a las elecciones presidenciales, en una entrevista concedida el pasado febrero a L´Orient -Le Jour (diario libanés). Las fronteras son porosas… Una parte de la derecha francesa no ha tardado en repetir algunos argumentos del FN, privilegiando sin embargo la teoría del “mal menor”. La caída de Alepo, tras una ofensiva del régimen y de sus aliados, alimentó los discursos de los pro-Bachar, aplaudiendo así una victoria de Damasco y de Moscú contra los terroristas. “Quienes combaten el terrorismo deberían felicitarse de la recuperación de Alepo”, se enorgullecía Thierry Mariani, diputado de Los Republicanos, en una entrevista concedida a Le Figaro, en diciembre de 2016. Este último ha seguido los pasos de Frédéric Poisson [candidato en las elecciones presidenciales en Francia], presidente del Partido Cristianodemócrata, que visitó a Bachar el-Assad en numerosas ocasiones. Estos dos últimos años, se ha desarrollado un incesante baile de diputados en los salones del palacio presidencial sirio, haciendo de una parte que la prensa francesa se riera de ellos y de otra que se pusieran los pelos de punta en el Quai d´Orsay.
“Desde el comienzo de la revolución siria, Damasco se ha convertido en una especie de lugar de peregrinaje para todos los sectores más extremos de la extrema derecha mundial, y más particularmente europea”, estima Karim Émile Bitar.
Traición de Trump
Este entusiasmo por el régimen de Bachar el-Assad no es nuevo, recuerda el investigador, puesto que varios movimientos de la extrema derecha se han acercado progresivamente a Damasco en más de 15 años, haciendo enormes elogios a su dirigente. Ya en 2005, en plena guerra de Irak, la visita a Siria de David Duke, antiguo dirigente del Klu Klux Klan, promotor de teorías racistas y revisionistas -que estaba presente en Charlottesville el sábado pasado- marcaba el tono y provocaba la ira de la prensa americana, y en particular israelí, aunque entonces Bachar el-Assad podía pasar por jefe de un Estado presentable.
Doce años más tarde, la intervención de Donald Trump en Siria ha provocado rabia entre los supremacistas blancos americanos. Los ataques americanos contra una base militar del régimen, tras el ataque químico de Khan Cheikhoun imputado a Damasco, fueron percibidos como una traición por los apoyos más extremistas del presidente americano, que repitieron que atacar al presidente sirio equivale a ser proterrorista. “Frente a una internacional islamista que combate al régimen, se encuentra una internacional nacionalista autoritaria de extrema derecha, ciertamente mucho menos importante numéricamente, pero igualmente determinada a combatir”, recuerda Karim Émile Bitar, refiriéndose a ciertos grupos fascistas y neonazis griegos, como Mavros Krinos (Black Lily), o Amanecer Dorado.
Según buen número de observadores, Damasco, con mucha inteligencia, incluso maquiavelismo, ha hecho evolucionar su propaganda durante el conflicto, para seducir a sectores de la extrema derecha occidental. “El régimen sirio no ha tenido ningún escrúpulo en instrumentalizar a esos grupos y en utilizarlos en su estrategia de propaganda”, afirma el investigador.
Icono de rebote
El régimen, que se presenta como un fiel heredero del baasismo y de la alianza establecida entre su padre Hafez con la Unión Soviética, siempre ha sabido seducir a los partidarios del antiimperialismo, los defensores de una izquierda árabe, antisionista. Pero desde el comienzo del conflicto sirio, más allá de la propaganda, es la propia imagen del régimen la que le ha permitido atrapar a estos nuevos partidarios.
Un atractivo que se podría resumir en cuatro puntos, según Ziad Majed: “1º, se trata en primer lugar de una fascinación por la violencia, por ese poderío sin límites de Assad que se abate contra gentes que merecen ser castigadas. 2º, la segunda razón es que consideran a Assad como su “blanco”. Es el supremacista blanco sirio que castiga a los indígenas. 3º, en tercer lugar, Assad es quien masacra a musulmanes, lo que para los racistas / islamofobos, es algo que está bien. 4º, y sobre todo, es el aliado de uno de los profetas de la extrema derecha: Vladimir Putin”, analiza el investigador. “Esta internacional nacionalista autoritaria está unida alrededor de la figura de Putin, que es hostil a lo que llama el mundialismo y a menudo está unida por cuestiones de identidad”, confirma Karim Émile Bitar. Como si el presidente sirio no fuera, de alguna forma, finalmente mas que un “icono de rebote”…
15/08/2017
Traducción: Faustino Eguberri para viento sur

martes, 22 de agosto de 2017

EEUU: Antifascistas se enfrentan al supremacismo blanco y al neonazismo en California


Los manifestantes ultraderechistas lo hicieron bajo el lema de Donald Trump -‘Estados Unidos primero’- y tuvieron que ser escoltados por la policía para evitar choques con grupos antifascistas que gritaban “vergüenza” y “no a la supremacía blanca”.
La Universidad de Austin también retirará las estatuas de líderes confederados
Manifestantes de extrema derecha y antifascistas se han enfrentado en Laguna Beach, una localidad de la costa de sur de California, en el marco de la escalada de tensión desatada la semana pasada en Charlottesville (Virginia) por la retirada de monumentos a la Confederación.
Decenas de personas se han movilizado bajo el eslogan de la campaña electoral de Donald Trump -‘Estados Unidos primero‘- y han tenido que ser escoltadas por la Policía para evitar choques con grupos antifascistas que gritaban “vergüenza” y “no a la supremacía blanca“.
“No somos un movimiento de supremacía blanca, somos un movimiento que apoya (la campaña gubernamental) ‘Estados Unidos primero'”, ha defendido Beverly Welch, un asistente sanitario de 56 años que protestaba contra la inmigración ilegal. “Estamos intentando salvar nuestro país”, ha sostenido.
Finalmente, las dos manifestaciones se han encontrado, lo que ha dado lugar a enfrentamientos, aunque sin alcanzar el nivel de violencia registrado en Charlottesville. La Policía ha intervenido para dispersar a la multitud y ha detenido a tres personas.
Los sucesos de este tipo se han repetido en otros lugares de Estados Unidos desde que el pasado 12 de agosto supremacistas blancos marcharan por Charlottesville para protestar por la retirada de la estatua de un general confederado. Los antifascistas convocaron una contramarcha que fue arrollada por un coche de un ultraderechista.
Los disturbios comenzaron el 12 de agosto, cuando supremacistas blancos y neonazis protestaron por la retirada de la estatua de Robert E. Lee. Los antifascistas reaccionaron con su propia marcha y James Alex Fields Jr., uno de los ultraderechistas, irrumpió en ella con su coche matando a una mujer. En los altercados de ese fin de semana fallecieron además dos policías -al caer el helicóptero en el que patrullaban- y hubo más de 30 heridos.

La Universidad de Austin retirará las estatuas de líderes confederados
El presidente estadounidense, Donald Trump, contribuyó a la polémica por equiparar a los grupos de ultraderecha con los manifestantes antifascistas. “No todos eran neonazis. No todos eran supremacistas blancos”, dijo y recriminó a la “izquierda alternativa” la violencia con la que respondió a las concentraciones de extrema derecha.
La Universidad de Austin, en el estado norteamericano de Texas, ha anunciado la retirada de cuatro monumentos a la Confederación, por considerar que son “símbolos modernos” de la ultraderecha, con lo que se suma a la lista de instituciones y ciudades que han adoptado la misma decisión tras la violencia desatada en Charlottesville (Virginia).
“La semana pasada, los horribles eventos de odio en Charlottesville impactaron y entristecieron a toda la nación. Han dejado claro, más que nunca, que los monumentos confederados se han convertido en símbolos modernos del supremacismo blanco y el neonazismo“, ha dicho el presidente de la Universidad de Austin, Greg Fenves, en un comunicado.
Una de las cuatro estatuas que retirará la Universidad de Austin es del general confederado Robert E. Lee, cuya estatua en Charlottesville desató la polémica y desencadenó violentos enfrentamientos entre grupos de la ultraderecha y manifestantes antifascistas.

lunes, 21 de agosto de 2017

(Yihadismo, supremacistas blancos, neonazis…) La Internacional del odio

El motor del yihadismo es el odio, como lo es en los supremacistas blancos de EEUU, los neonazis y toda esa caterva de movimientos fascistas que agitan el rechazo del otro.
Los ataques de Las Ramblas y Cambrils impactan y conmueven especialmente, más allá de la empatía con las víctimas, porque consiguen que todos nos sintamos vulnerables. El terror low cost emplea herramientas difíciles de detectar, como el alquiler de vehículos, que reducen casi a cero los espacios de seguridad mental. ¿Quién no ha caminado por un bulevar, la acera de un puente o una calle peatonal?
La mayoría de los atentados yihadistas en Europa los han cometido ciudadanos europeos. Las propuestas de cerrar las fronteras son inútiles. Es un hagamos algo porque no sabemos qué hacer. Son inútiles porque los terroristas no vienen de fuera, están dentro, han nacido aquí. Son belgas, franceses, británicos, españoles. No viajan en patera ni saltan vallas, porque entran por los aeropuertos con su pasaporte, como usted y como yo.
Cuesta manejar la idea de la existencia de un enemigo invisiblecomo los miembros de la célula de Ripoll porque multiplica nuestra vulnerabilidad. Para manejar ese sentimiento, tendemos a acotarlo en una raza, una religión, una nacionalidad. De ahí nacen la islamofobia y el racismo.
El objetivo del terror es aterrorizar, generar un pánico indiscriminado que anule la capacidad colectiva de pensar. Toda reacción desde las tripas representa una victoria porque nos iguala. Logra que todos, víctimas y verdugos, estemos juntos en un mismo espacio emocional.
De ahí la importancia del No tinc por. No solo es una declaración –no tenemos miedo–, es un grito que refuerza la pertenencia, nos ayuda a sentir que no estamos solos. Somos parte de una comunidad que no se rinde, que está dispuesta a la resistencia.
Antes de seguir, una pregunta: ¿qué es terrorismo?
Despreciar al enemigo, considerarlo bárbaro o tonto, es el camino más fácil hacia la derrota. Para vencer es necesario aceptar que nos enfrentamos a personas inteligentes que tienen un plan y unas razones. Atacan a nuestros civiles porque sienten que nosotros bombardeamos a los suyos. Atentan porque sienten que atentamos contra sus países. Es necesario enfrentar su narrativa con otra narrativa. No bastan las declaraciones pomposas, por lo general, huecas.
Una lectura obligada sobre estrategia: El arte de la guerra, de Tsun Tzu.
Nos movemos en una guerra de percepciones. La de la seguridad, la del miedo. La percepción de que todos somos objetivo. Es un campo propenso para la manipulación política.
Les recomiendo el artículo “As Vehicle Attacks Rise, an Ordinary Object Becomes an Instrument of Fear”, de Amanda Taub en The New York Times. Cita el trabajo de Marc Hetherington y Elizabeth Suhay, dos expertos en Ciencia Política. Sostienen que cuando las personas más propensas a confiar en el otro se sienten en riesgo de sufrir un ataque, suelen ser las más dispuestas a sacrificar parte de sus libertades a cambio de seguridad.
Recuerdan que en EEUU mueren entre 30.000 y 40.000 personas al año en accidentes de automóvil, muchos más que los muertos por terrorismo en todo el mundo. Pero nadie se siente amenazado al subirse a un coche. No percibimos el accidente de tráfico como un riesgo inminente. Pero nuestra cabeza no funciona igual con los atentados.
El miedo nos empuja a dividir el mundo entre “ellos” y “nosotros”, a levantar muros físicos y muros de prejuicios.  La primera victoria de los terroristas es que no sepamos diferenciar entre asesinos y víctimas.
Un estudio del think thank Chatham House, citado por Taub, revela que más de un 50% de los europeos están de acuerdo con prohibir la inmigración procedente de países musulmanes. Igual que Donald Trump. El virus de la intolerancia también está entre nosotros, no solo afecta a los yihadistas.
Por qué nos atacan
Para el universo salafista, del que surgen Al Qaeda y Estado Islámico, España pertenece a la coalición que libra una guerra contra el islam. José María Aznar nos puso en el mapa con su foto en las Azores. Es increíble que el hombrecillo insufrible tenga la indecencia de seguir dando consejos en lugar de pedir perdón e irse de una vez a su casa. España ha tenido tropas en Irak y en Afganistán, y mantiene instructores en Irak. Somos parte de “los cruzados”, como nos llaman.
Las empresas europeas del sector vendieron en 2016 armas por valor de 80.000 millones de euros. De esa cantidad, 25.000 millones proceden de ventas a Arabia Saudí, que apenas tiene 30 millones de habitantes. España vendió a Riad por valor de 116 millones de euros, de los que 34,7 fueron en municiones. Arabia Saudí es uno de nuestros grandes socios no importa quién esté en la Moncloa. Gran parte de esas armas y municiones sirven para matar personas en Yemen y Siria. No somos inocentes.
Francia y Reino Unido participan, junto a EEUU, en misiones de bombardeo en Siria. Por muy inteligentes que sean las bombas que lanzan, mueren civiles. Tan civiles como los nuestros.
Este vídeo de Vice sobre Estado Islámico de Irak y Siria (ISIS o Dáesh) sigue siendo esencial para captar el ambiente ideológico en el que se mueven:
Nuestros aliados en Oriente Próximo
Nuestro principal aliado en la zona es nuestro principal problema: Arabia Saudí. Le compramos petróleo y le vendemos armas sin preguntar demasiado. Parece un buen negocio. Arabia Saudí gasta miles de millones en extender por el mundo su versión rigorista del islam, el wahabismo, que empezó como una corriente herética dentro del islam suní, pero si tienes mucho dinero te puedes comprar que deje de serlo. El año que el ISIS conquistó Raqqa, su ‘capital’ en Siria, utilizó libros de texto saudíes para las escuelas. Están en la misma frecuencia ideológica.
Riad financia a miles de asociaciones políticas y organizaciones religiosas. De ese universo surgen los grupos armados y gran parte del terrorismo actual. Esa red tenía dos objetivos, extender el wahabismo y la hegemonía saudí en la región frente a Irán, el país de referencia de la otra gran corriente del islam, el chiísmo, y alejar lo más posible a los grupos más radicales. No funciona porque la monarquía saudí también es un objetivo de los más radicales.
Durante el mandato de Barack Obama se produjo un importante cambio estratégico. Tras la firma del pacto nuclear con Irán, este país obtuvo de Occidente el reconocimiento indirecto de aliado potencial. No puede ser automático porque aún pesan décadas de odio y animosidad. Pero la tendencia era reconocer que Irán es el país que mejor defiende nuestros intereses en la zona. Es la vanguardia, junto a los kurdos, de la lucha contra el ISIS en Irak y Siria. Irán y Arabia Saudí son enemigos mortales. Si nos acercamos a uno, nos alejamos del otro. Nadie trabaja los puentes.
La llegada de Trump a la Casa Blanca ha devuelto el protagonismo a los saudíes. Y la confianza como para lanzarse contra Qatar, al que ha impuesto sanciones y un embargo. Qatar tampoco es inocente en la financiación del salafismo y de grupos armados en Siria y Libia. El problema no es ese, sino que Doha apoya a los Hermanos Musulmanes, rivales del wahabismo. Además, Qatar comparte una gran reserva de gas con Irán y también algunas ideas sobre el mapa de la región, algo que irrita a Riad. En la partida por la hegemonía en el mundo árabe suní, Doha se mueve según sus propios intereses.
La Internacional del Odio
No es una guerra contra nuestro estilo de vida y nuestras libertades, como dicen algunos políticos especializados en el disparate.
De los 72.000 muertos en atentados yihadistas entre los años 2000 y 2014, más 63.000 son musulmanes. Un tercio de los 86 muertos en el atentado de Niza eran musulmanes. Entre las víctimas de Barcelona, muertos o heridos, hay musulmanes. ¿Contra qué tipo de valores atentan los yihadistas cuando matan musulmanes?

Los delitos no los cometen las religiones, las razas, los sexos o las nacionalidades. Los delitos los cometen las personas.
El motor del yihadismo es el odio, como lo es en los supremacistas blancos de EEUU, los neonazis y toda esa caterva de movimientos fascistas que agitan el rechazo del otro.
Lo llamo la Internacional del Odio porque están en la misma frecuencia ideológica y moral. Como lo están muchos de los tuiteros, políticos y periodistas que han tuiteado basura en las redes sociales. ¿Cómo vencer al odio con más odio? Muchos han quedado retratados.
Buscan mezclar terroristas con refugiados sirios, a los que hemos cerrado la puerta. Estos refugiados huyen de atentados como el de Barcelona o los del 11M. Solo existe una diferencia: los suyos son diarios. Más de la mitad de la población siria se ha visto forzada a dejar sus casas por la violencia de una guerra en la que tenemos mucha responsabilidad.
Tres lecturas necesarias:
– Siria, el país de las almas rotas, de Mónica García Prieto y Javier Espinosa.
– La semilla de odio, de la invasión de Irak al surgimiento del ISIS, de los mismos autores.
– Oriente Medio, Oriente roto, de Mikel Ayestaran.
Cuál puede ser la respuesta
No existen las soluciones mágicas. No existe una solución militar. Haber derrotado al ISIS en Mosul, y estar más o menos cerca de conseguirlo en Raqqa, no garantiza nada. Se trasladará a otra zona de Siria. Por si toda falla han activado el plan B: el ISIS busca la manera de asentarse en Afganistán en competencia con los talibanes.
Una hipotética pérdida total del territorio les dejaría sin una pieza esencial en la construcción de la narrativa del Califato, que es el principal atractivo del ISIS, y la principal diferencia con Al Qaeda. Su alternativa sería potenciar la vía del terrorismo masivo, como el que ya practicó en sus orígenes en Irak.
Puede dar la impresión de que el ISIS está más débil, pero no es lo que dicen los datos. En 2017 llevamos 3.950 muertos en atentados yihadistas: Afganistán (849), Irak (647), Siria (602). A cola de la lista, la Unión Europea (50), sin contar los de Barcelona y Cambrils. No somos el objetivo por mucho que se empeñen los supremacistas españoles.
Es necesaria una respuesta policial, anticiparse como se ha hecho en España desde 2004. Ha tenido éxito hasta el jueves. La seguridad total no existe.
Es necesario buscar la implicación de las comunidades musulmanas europeas. Los atentados de París y Bruselas pusieron de manifiesto la paupérrima cooperación entre las policías de un mismo país y entre las del resto de la UE. Esa cooperación y la de los servicios secretos es clave. Debería haber una especie de FBI europeo.
No puede ser que la gran mayoría de los imanes que predican en Europa estén formados en países extranjeros no democráticos. ¿Qué tipo de valores de tolerancia pueden predicar los que han sido educados en la intolerancia? Arabia Saudí es el principal controlador de esas mezquitas legales, como la de la M30. Hay que pactar con las comunidades musulmanas que los imanes se eduquen en Europa, en nuestros valores, para que puedan enseñar convivencia. La investigación de Ripoll ya tiene su imán salafista en el centro de la radicalización. Estos son los que vienen de fuera. Y están las mezquitas clandestinas.
¿Perseguimos a todos los imanes que predican el odio? ¿Haríamos los mismo con el arzobispo de Alcalá y otros que atacan derechos, leyes y personas?
Hay que trabajar en la educación y en el apoyo de los jóvenes sin empleo ni esperanza de tenerlo. Si nuestro gobierno no se preocupa de los jóvenes blancos, católicos o excatólicos, ¿cómo pedir ayudas específicas para vivienda y empleo en las comunidades magrebíes?
Es necesaria un política de integración mutua, que las dos partes recorran la mitad del puente para que el encuentro sea posible.
Los minutos de silencio ayudan a vencer el miedo, a sentir la pertenencia de la que hablaba al principio. Pero ayudan más cinco minutos de acción política más allá del postureo, la propaganda y los prejuicios.